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Salud mental en adolescencias y juventudes: incertidumbres, exclusiones, consumos problemáticos y violencias múltiples

 

CONVOCATORIA A PRESENTACIÓN DE ARTÍCULOS

En los últimos años, y con el impulso ineludible que supuso la pandemia por COVID-19, la salud mental adquirió una visibilidad creciente en la agenda pública global. Aunque la incidencia de la pandemia en los diagnósticos psiquiátricos se concentró principalmente en dos nosologías: depresión y ansiedad. Estas dos clasificaciones están lejos de agotar las expresiones del sufrimiento psíquico que se identificaron desde entonces con ritmo creciente. El aumento de consumo de psicofármacos –y más ampliamente psicotrópicos–, por un lado, y el alza en la tasa de suicidios, por el otro, constituyen indicadores insoslayables de malestar. En cuanto a las subpoblaciones más afectadas durante la pandemia, distintos estudios e informes documentaron ya para entonces una afectación diferencial más marcada en niños, niñas, adolescentes y jóvenes, junto con las mujeres y los integrantes de equipos de salud mental. 

A nivel nacional, la coyuntura de la pandemia-postpandemia se inscribió en un contexto más amplio que vino a realimentar condiciones previas ya atravesadas por múltiples vulnerabilidades tanto en el área de salud como en el ámbito de la escuela y el trabajo; como así también de nuevas sociabilidades mediadas por las tecnologías y el retroceso de derechos sociales, económicos, culturales y ambientales, cuyo proceso devino exponencial en los años siguientes.

Esa visibilidad que dejó la pandemia respecto de la agudización de problemáticas de salud mental dio lugar a recomendaciones de organismos internacionales y regionales sobre la necesidad de ampliar servicios de salud mental de calidad a todos los niveles, y asimismo de llevar adelante políticas de protección social y en espacios de intercambio social cotidiano, entre otros aspectos de la vida individual y colectiva. En ese sentido, sondeos de opinión pública realizados en el universo de adolescentes y jóvenes ubican a las demandas de trabajo, de acceso a servicios de salud mental y la incidencia de consumos problemáticos entre los principales problemas identificados por esta población. 

En nuestro país, lejos de ser atendidas estas recomendaciones y demandas, la postpandemia ocurre en un escenario de múltiples retracciones, eliminaciones y desarticulaciones de programas y políticas públicas y legislaciones, y en un marco de desregulación y desfinanciamiento estatal. A este panorama pueden sumarse la precarización laboral y el deterioro de los sistemas de salud y educativo, en simultáneo con la deslegitimación de los marcos normativos que regulan la atención de salud mental, la salud sexual y reproductiva, la discapacidad y las violencias de género. 

A lo anterior se añaden problemas que surgen del ámbito legislativo, como el incremento de nuevas regulaciones de carácter punitivo o bien restrictivo, tal como las recientemente sancionadas leyes de régimen penal juvenil o de la así llamada modernización laboral, que coexisten con la falta de sanción de leyes que regulen y controlen las apuestas; y el desconocimiento de las ya sancionadas leyes de emergencia en discapacidad, de emergencia sanitaria en salud pediátrica y de financiamiento universitario, entre otras. 

La multidimensionalidad de estos factores constituye, sin lugar a dudas, escenarios propicios para que estallen problemáticas que estaban latentes. Adolescentes y jóvenes son el segmento poblacional en donde los efectos de estas decisiones de políticas por acción u omisión se hacen más crudamente patentes en relación con su salud mental.

Además del impacto distintivo de este panorama, la centralidad de las problemáticas acerca de la salud mental convive con enfoques que tienden a individualizar el sufrimiento y a desvincularlo de las condiciones sociales en las que se produce y desarrolla. Esta individualización asume distintas caras, desde la patologización hasta la discriminación y el estigma, pasando por diferentes formas de violencias, exclusiones, marginalidad, bullying y violencias digitales.

Frente a esto, resulta necesario reponer una mirada que, desde las ciencias sociales y humanas, pueda resituar y jerarquizar el análisis e intervención en las problemáticas y sufrimientos de salud mental que atraviesan a adolescentes y jóvenes en tramas más amplias, asociadas a las formas de vida, las transformaciones de la escuela, el trabajo, el tiempo libre, los modos de habitar el espacio público y las distintas formas de participación social, comunitaria, política que se inscriben en las dinámicas contemporáneas de producción de subjetividad.

Este número de Revista Sociedad propone abordar las diferentes problemáticas de salud mental que están atravesando a jóvenes y adolescentes desde una perspectiva que articule condiciones de vida, trabajo, educación, experiencias cotidianas y también al sistema penal; porque es bien sabido que cuando las problemáticas sociales se tornan complejas e inmanejables, el gobierno a través del sistema penal cobra protagonismo, sea a partir de la persecución por parte de las fuerzas de seguridad, sea a través de la aplicación de fáciles opciones punitivas en lugar de estrategias preventivas. 

En un contexto marcado por la precarización laboral, la intensificación de los ritmos de vida, la incertidumbre económica, la volatilidad política y la expansión de entornos digitales como vertebradores que configuran nuevas formas de sufrimiento, así como también nuevos lenguajes para nombrarlo, tramitarlo y tratarlo, el dossier invita a reunir contribuciones que, desde una mirada crítica y transdisciplinar, indaguen, entre otras cuestiones, sobre:

  • Los padecimientos y las formas de malestar psíquico vinculadas a las exigencias de rendimiento social y la incertidumbre económica y política: ansiedad, depresión, suicidio e intentos de suicidio, autolesiones, problemas de la conducta alimentaria, etc.

  • Las situaciones y emociones no necesariamente entramadas con diagnósticos psiquiátricos: soledad; aislamiento, tristeza; desamor; ausencia de expectativas; problemas para dormir; deterioro de las relaciones interpersonales, conflictividad y violencias; sufrimiento personal y familiar; etc.

  • La incidencia de la precarización y el teletrabajo en la organización del tiempo vital y el bienestar.

  • El papel de las redes sociales y las tecnologías digitales en la configuración de las subjetividades, los vínculos afectivos, educativos, laborales y terapéuticos, y las formas de exposición, comparación y reconocimiento entre pares. 

  • Las nuevas formas virtuales de socialización adolescente y juvenil, y los consumos problemáticos (sustancias psicoactivas, apuestas online, etc.).

  • Los consumos de psicofármacos, tanto como opciones terapéuticas en el contexto de un diagnóstico, como bajo distintas modalidades de consumo no inscripto en un tratamiento clínico ni mediado por profesionales: automedicación, circuitos legos de recomendaciones y accesos a psicofármacos, consumos no terapéuticos –especialmente recreativos–, como parte de itinerarios de consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, etc.

  • El desmantelamiento o contracción de políticas públicas orientadas a adolescentes y jóvenes y salud mental, como así también las respuestas colectivas, institucionales y comunitarias frente a estos procesos: las políticas públicas en salud mental, las tensiones entre distintos modelos de atención, las experiencias territoriales y las prácticas de cuidado que emergen en contextos de creciente fragilidad social.

  • El gobierno de las problemáticas vinculadas a la salud mental y los consumos problemáticos mediante el sistema penal: criminalización, encierros terapéuticos y responsabilidades parentales.  

Así, más que enfocarse en la salud mental como un problema individual o exclusivamente clínico, este número propone situarla en el cruce entre condiciones materiales de existencia, organización social de la educación y el trabajo, y tramas de la vida cotidiana, recuperando su carácter profundamente social y político.


Coordinación del dossier: Eugenia Bianchi (CONICET, IIGG, UBA), Silvia Guemureman (CONICET, IIGG, UBA) y Martín Romeo (UBA)

 

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Publicado: 2026-05-07