Reconstruyendo el perfil de la estructura social rural de Mendoza
Lavboratorio
Nueva Época
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Primer semestre de 2018

Año 18, No. 28

Reconstruyendo el perfil de la estructura social rural de Mendoza

Lilibeth Yañez

Facultad CPyS – UNCUYO


Rosa María Bustos

Facultad CPyS – UNCUYO


Andrea Benedetto

Facultad CPyS – UNCUYO

Resumen

En este artículo exponemos algunos de los resultados obtenidos en el proyecto “Estructura y movilidad social en Mendoza: Un examen de trayectorias ocupacionales y educativas en el modelo de la pos-convertibilidad” subsidiado por la Secretaria de Ciencia, Técnica y Posgrado de la Universidad Nacional de Cuyo. El trabajo revisa algunos enfoques destacados dentro de la sociología respecto a los criterios de determinación estructural de las clases sociales en el ámbito rural. El objetivo es mostrar las dificultades que se plantean al usar la ocupación como un indicador de la posición social.

Las transformaciones producidas en las últimas décadas en Argentina, en relación al modelo de extracción de excedentes y al mercado de trabajo, cuestionan la suficiencia de los indicadores ocupacionales disponibles en las fuentes de información al momento de reconstruir la estructura social agraria. Esto se debe a que a la estacionalidad y pluriactividad propias del trabajo rural, agregan nuevas combinaciones de empleo y modalidades diferentes de gestión del trabajo que complican la determinación de la posición social de los agentes. Es por ello que, en el marco de una heterogeneidad productiva - profundizada por el proceso de globalización - planteamos la necesidad de pasar de esquemas de clases basados en una ocupación, a otros que contemplen la diversidad de situaciones laborales vigentes.

El estudio analiza datos referidos a Mendoza-Argentina a partir de una recopilación de estudios previos, realizados en la provincia. Además se describen algunas limitaciones metodológicas y los avances que se obtienen al reconstruir la estructura de clases rural actual, mediante un análisis de los datos de la Encuesta Condiciones de Vida (2012).

Palabras claves: Ocupaciones – Estructura social – Territorio.

Summary

We present some of the results obtained in the project "Structure and Social Mobility in Mendoza: A review of occupational and educational paths in the model of post-convertibility" subsidized by the Ministry of Science, Technology and Graduate Studies, National University de Cuyo. The paper reviews some prominent approaches in sociology regarding the criteria for structural determination of social classes in rural areas. The aim is to show the difficulties that arise when using occupation as an indicator of social status.

The transformations in the last decades in Argentina, in relation to the model extraction of surplus labor market, question the sufficiency of occupational indicators available information sources when rebuilding the agrarian social structure. This is due to the seasonality and rural own work multiple jobs, add new combinations of different forms of employment and work management that complicate the determination of the status of agents. That is why, as part of a productive heterogeneity - deepened by the globalization process - raised the need to move from schemes based on an occupancy classes, others that consider the diversity of current work situations.

The study analyzes data concerning Mendoza-Argentina from a compilation of previous studies conducted in the province. Also some methodological limitations and advances obtained by reconstructing the structure of current rural classes, by analyzing data from the Survey of Living Conditions (2012) are described.

Keywords: Ocupations – Social Structure – Territory

 

Recibido: julio de 2017.

Aprobado: Septiembre de 2017.

 

Definiciones teóricas

La subdivisión de la población en un cierto número de grupos distintos, en términos de recompensas materiales, es lo que comúnmente se designa con el término “estructura de clase”. Dentro de los estudios que tienen como objeto esta temática hay que distinguir entre los esquemas que teniendo fundamento teórico, buscan incorporar en el nivel empírico las manifestaciones de las relaciones de clase y aquellos que sólo describen el perfil de la desigualdad ocupacional.

Entre los esquemas que tienen fundamento teórico están los estudios basados en el materialismo histórico. Estos tienen relevancia porque en ellos se inserta la problemática de las clases en el marco conceptual del desarrollo del modo de producción capitalista, contexto que nos permite interpretar las transformaciones de la estructura social.

En la visión de Marx las clases sociales corresponden a las relaciones sociales de producción y están por consiguiente esencialmente ligadas a ese proceso; se originan en él y no pueden entonces ser analizadas sino en directa y estrecha conexión con la oposición entre capital y trabajo. Los intereses de clase se definen por lo tanto, dentro del proceso productivo y más concretamente, refieren a la extracción de plusvalor que configura la explotación. En el nivel abstracto del modo de producción capitalista, se distinguen por ello, dos clases fundamentales: la burguesía y el proletariado. Cuando se pasa a analizar una formación social concreta estos conceptos adquieren una significación particular. Para interpretar procesos históricamente situados, se tienen que reconocer otras clases y fracciones de clase que actúan con relativa autonomía en la persecución de sus intereses.

Al respecto, es ilustrativo señalar cómo Lenin (1920) preocupado por la lucha de clases en Rusia, en el “Esbozo de las tesis sobre el problema agrario” que elabora para el II Congreso de la Internacional Comunista, identifica quiénes son “las masas campesinas laboriosas” que “el proletariado de las ciudades debe conducir al combate”. A saber, “el proletariado agrícola”, “los semiproletarios y campesinos que trabajan en calidad de obreros contratados en diversas empresas (...) o cultivando un pequeño pedazo de tierra propio o arrendado y que no les produce más que el mínimo necesario para sobrevivir con sus familias”, “Los pequeños propietarios, (...) que poseen o arriendan pequeños lotes de tierras y que pueden trabajarlos y satisfacer a sus propias necesidades y a las de su familia, sin necesidad de contratar trabajadores asalariados”. Lenin distingue además, a los campesinos medios incluyendo así, a los pequeños agricultores que poseen, ya sea a título de propiedad o en arriendo, pequeñas parcelas de tierra, que por regla general, no sólo proporcionan el rendimiento necesario para sostener pobremente a su familia y su hacienda, sino también la posibilidad de obtener cierto excedente, que puede convertirse en capital, permitiendo recurrir al empleo de mano de obra asalariada. Otro grupo que el autor señala está constituido por los campesinos ricos, quienes son los patronos capitalistas en la agricultura, que explotan su hacienda, como norma, contratando varios jornaleros. Estos campesinos ricos sólo están relacionados con el ‘campesinado’ por su nivel cultural poco elevado, por su modo de vivir, por su trabajo personal manual en su hacienda. Finalmente, menciona a los terratenientes y grandes latifundistas, siendo estos quienes en los países capitalistas explotan de un modo sistemático, ya directamente o por medio de sus arrendatarios, a los obreros asalariados y a los pequeños campesinos - a veces incluso a los campesinos medios-, sin tomar ellos parte alguna en el trabajo manual y perteneciendo en su mayor parte a familias descendientes de los señores feudales (Lenin: 1961, 238).

En relación a América Latina, podemos decir con Eduardo Azcuy que no es el “destino mercantil de la producción, sino el predominio a escala social del sistema salarial, el epicentro de la instalación del nuevo régimen de producción capitalista” (2004: 8). Ello permite distinguir en el agro a burgueses y a proletarios puros, coexistiendo con un campesinado subsistente que se va dividiendo en fracciones de clase. “La polarización y diferenciación social -y la descampesinización- se remontan a los orígenes del capitalismo, se trata de rasgos que forman parte de la dinámica básica de la evolución histórica capitalista” (2004: 9). Tomando en cuenta este proceso, contamos con los elementos para explicar la existencia de distintas estructuras de clases agrarias en América Latina. Aunque poseen elementos comunes (capitalistas), también muestran discrepancias significativas en torno al peso que mantienen las explotaciones familiares o campesinas como agentes de la producción social de alimentos y materias primas.

Con respecto a la pequeña burguesía, Lemmi considera que el marxismo tal como aparece en la obra de Marx (1872) ha teorizado a este grupo como una clase en transición, en tendencia constante a la desaparición. Si bien esto es cierto que la dinámica del capitalismo tiende a su eliminación progresiva, aclara que también siempre aparece de nuevo. Esto significa que es una clase que se descompone y recompone constantemente con tendencia a su desaparición definitiva.

En cuanto a la supervivencia de la pequeña burguesía rural, encontramos investigaciones de la estructura de clases en el agro argentino que al focalizar las diferencias regionales existentes, encuentran zonas donde domina la agricultura familiar. Así, Murmis (1974) señala que - a diferencia de economías de diferente grado de desarrollo para la época -al iniciar la década de los 70, el agro argentino con diferencias regionales significativas, se caracterizaba por una proporción intermedia de trabajadores por cuenta propia, una alta participación de asalariados y una presencia significativa de capas medias de la burguesía.

Focalizando las diferencias regionales encontramos el trabajo de Adriana Chazarretta (2013) quien analiza en Mendoza, la existencia de una burguesía provincial que históricamente ha estado ligada a posiciones de poder en el nivel político y gubernamental ocupando cargos importantes en el Gobierno Provincial. Define esta clase social a partir de su posición estructural dada por la propiedad y control de los medios de producción y sus diferenciaciones internas a partir de la magnitud y características de sus recursos y por las formas de organización socio- productiva de sus empresas. En este sentido plantea como un dato interesante la recomposición de la burguesía vitivinícola, ya que en su interior se pueden distinguir, en la actualidad, aquella burguesía asociada a capitales nacionales y extranjeros y la nueva burguesía producto de la transnacionalización de la vitivinicultura.

Sintetizando los aportes teóricos podemos rescatar que las contradicciones propias del capitalismo agrario adquieren rasgos particulares en las distintas épocas y territorios. Ello se manifiesta en la estructura de clases. Son las relaciones de clases las que posibilitan un modelo u otro de acumulación/crecimiento determinando la expansión o descomposición delos grupos sociales.

Retomando ahora la distinción propuesta al principio, entre los autores que se destacan por realizar descripciones empíricas de la estructura social rural argentina encontramos a Gino Germani (1987). Este autor parte de la idea de que la estructura económica condiciona la estratificación social y que por lo tanto, su trabajo constituye apenas una clasificación estadística de la población económicamente activa. Así, se refiere al concepto de clase social cuando analiza la distribución de esta población en categorías ocupacionales. Las clases sociales están constituidas entonces, por grupos de ocupación donde cada grupo de ocupación esta ordenado valorativamente en una serie jerárquicamente ordenada. Estos grupos de ocupación tienen una misma forma de vivir y tradiciones comunes. Desde el punto de vista psicosocial, los mismos se auto identifican y tienen valores, actitudes y normas comunes. Esto resulta de procesos histórico- sociales que dan forma a la estructura social de una sociedad por lo que están en perpetuo movimiento. Según Germani, la clasificación de la población de un país en clases sociales requiere los siguientes datos: estructura ocupacional, una jerarquía de las ocupaciones y su agrupamiento en clases, nivel económico e instrucción, auto identificación con una clase social y diferentes sistemas de actitudes, valores y normas que los diferencian. Reconociendo, que es casi imposible reconstruir la clase real, fundamenta su elección de considerar a las clases como grupos ocupacionales en el hecho de que la estructura económico- técnica es determinante en la conformación de las clases. Estas son jerarquizadas en base a su posición dentro de la estructura económica y el tipo de actividad. Germani clasifica a la población rural en clases sociales teniendo en cuenta el control sobre la tierra y el tamaño de la misma, estableciendo algunas correlaciones respecto al nivel de superficie donde extienden su control y también algunas características de su nivel de vida. De acuerdo a ello distingue los siguientes grupos ocupacionales en la PEA activa del sector primario:

  • Clase alta: incluye a los grandes propietarios con un mínimo de 2.00 a 3.000 Has.
  • Clase media autónoma que se divide en:
    • . superior: agrupa a propietarios y otros patrones medios cuyas explotaciones oscilan entre 2.000 y 200 Has. y emplean personal remunerado.
    • . inferior: comprende a los pequeños propietarios, arrendatarios, medieros y sus explotaciones son inferiores a 200 Has. y no emplean personal remunerado.
  • Clase media dependiente:
    • . superior: administradores y personal directivo
    • . inferior: empleados subalternos de explotaciones rurales
  • Clases populares: trabajadores por cuenta propia, trabajadores dependientes y personal fijo y transitorio.

Una investigadora que combina ambas estrategias: la teórica y la empírica, realiza una descripción de las clases sociales en Argentina, se trata de Susana Torrado. Reconoce los aportes de Germani y pretende operacionalizar las clases sociales desde la concepción marxista. Considera que el término relaciones de producción designa la distribución de los agentes en un sistema de posiciones sociales definido en base a prácticas concernientes al control del proceso productivo. Los subconjuntos de agentes sociales que ocupan una posición social análoga constituyen una clase y se subdividen en fracciones y capas sociales. Afirma que en Argentina, el sistema de posiciones implica la articulación de relaciones capitalistas y relaciones mercantiles simples. Con estos elementos, elabora un indicador de la Condición Socio-ocupacional (CSO) (Torrado, 1994: 25). Según Sacco (2011), en la construcción de la Condición Socio-Ocupacional como así también, en distintos estudios sobre estratificación social en la Argentina, la "ocupación" dominó siempre el lugar central ya sea porque era la única variable con la que se contaba, ya sea porque, en combinación con la categoría de ocupación, provee la información básica para establecer cualquier diferenciación social. La variable Condición Socio-Ocupacional constituye un indicador probado que da cuenta de las características del sistema de posiciones sociales que caracterizaba la división social del trabajo en la Argentina. Los estratos socio-ocupacionales son así definidos a partir del tratamiento simultáneo de seis variables o "características económicas": Condición de Actividad, Grupo de Ocupación, Categoría de Ocupación, Sector de Actividad, Tamaño del Establecimiento y Rama de Actividad. Las categorías de la variable ocupación se agrupan con el propósito de definir grupos ocupacionales que tienen la mayor homogeneidad, delimitando así tres clases: clase alta, clase media (autónoma y asalariada) y clase obrera (autónoma y asalariada).

Respecto al análisis de la estructura de clases agraria, lamentablemente el Censo de Población y Vivienda (1980), objeto de estudio de Torrado, no discriminaba “rural/urbano” en lo referido a la distribución de la condición socio-ocupacional del universo, lo que limitó su trabajo. Además de ello, la autora encuentra otras dificultades que son insolubles en el marco de las fuentes que utiliza (Censos de Población y Vivienda y Censo Agropecuario). Las mismas no permiten captar el rol que asume la renta de la tierra y las diferentes formas de apropiación. Sumado a esto, la producción agraria (agricultura y ganadería) tiene características productivas muy disímiles en lo que concierne al uso y tipo de inserción de la fuerza de trabajo y la articulación de esas actividades toma diversas formas a lo largo del tiempo. Por otra parte, la producción agropecuaria en la Argentina es muy heterogénea desde el punto de vista regional. A lo que se añade la gran heterogeneidad ecológica existente dentro de cada región.

Finalmente, Torrado señala que los censos argentinos de los últimos cincuenta años, son muy discontinuos y presentan falencias de validez, confiabilidad y comparabilidad. Por todos estos motivos, la autora se limita a dar un panorama del estado de conocimiento de la materia. Así, enumera las variables que frecuentemente son utilizadas para discriminar las explotaciones agropecuarias: régimen de tenencia, tipo de mano de obra utilizada, tamaño de la explotación, dotación de capital, nivel de innovación tecnológica, tipo de mercado sobre el que opera la unidad y pertenencia de la unidad a un conglomerado. Y afirma que dada la complejidad de medición de tales variables, en los estudios de estructura social agraria prevalecen el uso de “tipologías de unidades productivas”, por sobre las mediciones empíricas de tipo estadístico (1992:155-157).

Hasta aquí, hemos expuesto aportes teóricos y dificultades metodológicas y de información que están presentes en los estudios de la estructura social rural. Cabe resaltar que existe una coincidencia en todos los autores mencionados: todos aceptan el papel estructural de la ocupación única. Respecto a ello Murmis, Bendini y Tsakoumagkos (2010), critican el modo en que el tema de la ocupación es tratado en la sociología considerando que atado a una visión limitada del desarrollo capitalista deja de lado la significación de la ocupación múltiple. Lo que se habría perdido en el camino es la mirada clásica de la expansión capitalista como proceso histórico de heterogeneización creciente. Esta limitación llevó a dejar de lado la importancia de la pluri-inserción ocupacional en un conjunto de situaciones históricas. Retomando esta preocupación, en los próximos capítulos expondremos brevemente el escenario de la reestructuración productiva consolidada en la década de los 90 en Mendoza y las complicaciones metodológicas que emergen cuando intentamos incluir en las clasificaciones de la población ocupada el problema de la diversificación ocupacional ocurrida en las últimas décadas.

La reestructuración productiva

Durante los años ’90 en el sector agrícola argentino se sucedieron una serie de cambios productivos en el marco de políticas nacionales que ponían al trabajo agropecuario en un escenario de características renovadas. Fueron evidentes entonces, procesos tales como la subordinación de la producción a la dinámica del capital en los países centrales; la capitalización o desplazamiento de las unidades de producción existentes y del campesinado; la inconsistencia de la presencia estatal y de las organizaciones rurales tradicionales; el debilitamiento de lazos sociales previos y el deterioro del medio ambiente. Los cambios macroeconómicos y tecnológicos incrementaron notoriamente los volúmenes de producción para muchos rubros durante la aplicación de las políticas de ajuste, sin embargo, paralelamente, ocasionaron también un significativo desplazamiento de los pequeños productores. Hay evidencias de que no solo intensificaron la asalarización parcial o total de los mismos, sino que también produjeron su exclusión (Rofman, 2000).

En Mendoza, las transformaciones productivas que acompañan a los procesos de globalización tienen su expresión más acabada en la vitivinicultura. La “modernización vitivinícola” iniciada en los 90, una vez finalizada la etapa caracterizada por el modelo “productivista”, se caracteriza por ser un modelo de producción orientado al desarrollo de la “calidad” y destinada a los mercados de exportación que viene acompañado por un mayor control de la agroindustria sobre las materias primas, la incorporación de tecnología y la orientación de la estructura productiva. Esto redefine la organización social y productiva (Bocco, 2007).

Los cambios registrados a partir de los 90 y que se consolidan a partir de la pos-convertibilidad, luego de la crisis del modelo neoliberal del 2001, implican: una diversidad mayor en el pluriempleo ( Bustos, Yáñez, 2013), la disminución del empleo no calificado, la disminución del empleo permanente y el aumento del empleo transitorio (Bocco,2007), (Heredia y Poblete, 2013) (Poblete,2011), la disminución en términos cuantitativos de pequeños y medianos productores y al mismo tiempo, su permanencia asociada a una gran heterogeneidad de la formas de producción (Bustos, 2009) (Bustos, et. al 2013a), el incremento del peso de las propiedades medianas en contraposición a las pequeñas, el “desplazamiento” de los sectores medios rurales ( Bustos, et. al 2013 b), el crecimiento de las ocupaciones rurales no agrícolas y de la incorporación de la mano de obra a la agroindustria, la radicación de la mano de obra rural en áreas urbanas y el crecimiento de empleos relacionados con servicios para la producción primaria ( Scoones, 2012) (Foti, Obschatko, 2009).

Los cambios ocupacionales producidos por la reestructuración productiva de la agricultura en Mendoza se podrían expresar entonces, tal como lo muestran Heredia y Poblete (2013) para la industria vitivinícola, en una nueva jerarquía socio-ocupacional y también en la consolidación de un modelo dual de producción (Bustos, 2009) como es el caso señalado por Bocco, Dubbini, Rotondo y Yoguel (2007) para la vitivinicultura. El incremento del empleo registrado estuvo asociado a la política devaluacionista y al desarrollo de un nuevo modelo industrial ligado al mercado exportador. En este sentido, Heredia y Poblete (2013) muestran que , asociados a este nuevo esquema y con el objeto de convertir el vino en algo singular, se incorporan una serie de nuevos profesionales, una gran variedad de personal calificado en actividades contables, administrativas y en el sector del turismo y del comercio internacional, que exigió competencias nuevas (arquitectos, publicistas, chefs, especialistas en hotelería y turismo cultural, etc.), produciendo una verdadera reconversión laboral. Sin embargo, dentro del sector, se produce una flexibilización de las relaciones laborales de los trabajadores no calificados y temporarios y la de trabajadores permanentes no calificados, como es el caso en la producción vitivinícola de los contratistas de viña (Bocco y Neiman, 2005), (Poblete, 2012). La incorporación de nuevas técnicas de gerenciamiento vino acompañado de la “externalización de la mano de obra como instrumento privilegiado de flexibilización de las relaciones laborales” (Heredia, Poblete, 2013: 12) que se tradujo en el aumento de trabajadores transitorios contratados a través de agencias de empleo eventual (Fabio, 2010), trabajadores autónomos (Poblete, 2008), miembros de cooperativas de trabajo (Poblete, 2011) o como integrantes de cuadrillas. (Neiman y Blanco, 2005).

Heredia y Poblete (2013) señalan también que se han producido modificaciones en tres categorías socio-ocupacionales consideradas. En la cúspide de la pirámide, la figura del bodeguero ya no corresponde con la del propietario/gerente, en las franjas intermedias aparecen nuevos actores como el ingeniero agrónomo y el enólogos, y en la parte más baja se observa una fuerte segmentación entre los calificados y los no calificados, que se corresponde con la categorías de trabajadores permanentes y temporarios. La participación de estos últimos en el mercado de trabajo se caracteriza por la informalidad y discontinuidad.

En relación a la disminución de las formas de organización familiar de la producción, que caracterizan principalmente a las propiedades de menos de 10 Has., se observa una disminución de la cantidad de explotaciones agropecuarias de este tamaño, entre los Censos Agropecuarios de 1988 y 2002. Así, en Mendoza, las explotaciones agropecuarias de menos de 10 Has. ascendieron a 20.996, representando el 63% del total. En 2002 son 17.278, representando el 60%. Por el otro lado, se observa un aumento de las propiedades de más de 100 Has, representativas de las nuevas formas que asume la producción vitivinícola orientada a mercados externos. En el Censo del 1988, representaban el 4% (1549 explotaciones) mientras que en el Censos de 2002 ascendieron a un 6%. Esta tendencia se acentúa en los territorios vitivinícolas de los departamentos de Luján y Maipú, que reflejan un avance hacia un nuevo modelo agroindustrial, basado en la optimización de las condiciones agroecológicas que poseen estas zonas (Bustos, et al. 2013a).

En cuanto a la evolución de la superficie cultivada con viñedos, se puede ver cómo en el período de tiempo entre 1980 y 2001, de acuerdo a datos de los Censos Vitivinícolas, va disminuyendo la superficie cultivada de viñedos de propiedades menores a 10 Has. En cambio, se observa la expansión de la superficie cultivada de las propiedades mayores a 10 Has y las de más de 50 Has. (Bustos, 2011).

La transformación del modelo de producción vitivinícola tiene su impacto en las formas de organización familiar de la producción. En Mendoza, en zonas vitivinícolas donde estos cambios son más que evidentes, como en el Departamento de Maipú, se ha producido una disminución de explotaciones de tipo familiar entre los Censos Agropecuarios de 1988 y 2002 ya que para el Censo de 1988 los familiares del productor representan el 51% del total de personas que trabajan en las EAPs y los no familiares representan el 49% restante. En cambio, para el de 2002, los familiares del productor representan un 31% del total y los no familiares el 69% restante (Bustos, 2011). De esa manera, se puede decir que la permanencia de las pequeñas explotaciones familiares se da en un escenario donde se observa un proceso de medianización de las propiedades, respondiendo al incremento de superficie de algunas de las explotaciones familiares o a la instalación de grandes empresas transnacionales extranjeras y nacionales, como lo muestra el aumento constante de la superficie con viñedos de cepas finas, especialmente de Malbec, y en menor cantidad Cabernet Sauvignon - y Merlot (desde el año 2000 hasta la actualidad).

Según Bustos et.al. (2013) el “desplazamiento” de pequeños productores está asociado a la disminución del compromiso de la familia en las tareas productivas, reducidas a la gestión y administración de la unidad productiva, y a la ocupación de miembros de la familia fuera de la explotación entre otros. Esto plantea interrogantes acerca de las nuevas formas que toman estas prácticas de explotación familiar y si ellas suponen o no nuevas posiciones en la estructura social o el surgimiento de nuevas pautas de movilidad social.

La exclusión de unidades productivas pequeñas supone la disponibilidad de tierras para el arriendo o para la compra (en los territorios más valorizados por sus capacidades diferenciales en tierra y agua), o simplemente quedan abandonadas. Por otro lado, hay un avance de la urbanización que tiende a dificultar la delimitación entre zonas urbanas y rurales Aparecen cambios ligados a nuevas actividades y servicios, como algunas actividades terciarias (comercios, restaurantes, servicios de turismo rural, espacios de esparcimiento) y donde la mayor superficie está dedicada a usos urbanos (Bustos, Scoones, 2010).

Con relación a los cambios producidos en relación al aumento del trabajo extrapredial Bustos y Yáñez (2013) obtuvieron los siguientes resultados a partir de datos del Censo Agropecuario de 2002. Los productores o socios que trabajan para las EAPs en Mendoza son 22.228 y de éstos los que también trabajan fuera de las EAPS son 9.165, o sea, un 41%. De los que trabajan afuera, un 43% trabaja en el sector agropecuario, donde la categoría ocupacional más relevante es la de cuenta propia o asalariado con el mismo peso, mientras un 58 % lo hace fuera del sector agropecuario. En este sector, la categoría ocupacional más relevante es también la de cuenta propia o la de asalariado en igual importancia.

El análisis de las transformaciones antes descriptas muestran el carácter heterogéneo, dual y desigual que presenta la dinámica de acumulación en la actual fase capitalista. Tal como Agustín Salvia observa, esta “ heterogeneidad se asocia a la existencia, por una parte, de un sector de productividad media del trabajo relativamente próxima a la que permiten las técnicas disponibles y, por otro lado, una amplia gama de actividades rezagadas, de bajo nivel de productividad donde se manifiestan habitualmente altos niveles de subempleo, informalidad, y diversas estrategias de subsistencia”(Salvia, 2013: 2 ) Existe una estrecha relación entre la vigencia de una matriz económico-institucional heterogénea, desigual y subordinada a las dinámicas del capitalismo financiero globalizado, con el funcionamiento segmentado de la estructura socio-ocupacional. En este esquema, las formas de inserción ocupacional precarias e informales son emergentes de la heterogeneidad estructural que caracteriza a la economía argentina. Muchas aparecen como prácticas que se implementan en pos de conseguir competitividad y otras tantas como estrategias de mantenimiento y subsistencia.

Transformaciones estructurales y problemas metodológicos

Como ya se anticipó, a las tradicionales complicaciones que plantea el análisis de las posiciones de clase que toman como indicador la ocupación, se agregan nuevas dificultades que provienen de los cambios en las condiciones productivas y las estructuras agrarias sucedidos en los años 90.

Teniendo en cuenta esta situación, para avanzar en el análisis de la estructura ocupacional de la población rural mendocina actual, consideraremos datos que proporciona la Encuesta Condiciones de Vida (ECV) 2010 y 2012, con objeto de juzgar la pertinencia de algunas variables en la determinación de las posiciones de los agentes en la estructura social. La unidad de análisis será el jefe de familia, ya que ello resulta un indicador adecuado de las condiciones de vida de los que residen en el hogar. Puesto que el objeto es conocer la distribución de los agentes en el proceso productivo, no desecharemos la comparación entre zonas urbanas y rurales. La articulación existente entre ambas resulta un dato relevante en la vida social mendocina.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de los hogares urbanos y rurales de la provincia de Mendoza es un relevamiento realizado por la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE). Tiene por finalidad caracterizar las condiciones objetivas de los hogares mendocinos y de sus integrantes. Abarca aspectos tales como: características de la vivienda y de su entorno, características socio-demográficas de los miembros del hogar, salud, educación formal y capacitación no formal, inserción en el mercado de trabajo, estrategias de los hogares para hacer frente a sus necesidades, seguridad ciudadana y utilización de los medios de comunicación.

La ECV abarca los 18 departamentos de la provincia de Mendoza, teniendo en cuenta la división de los mismos en zonas urbanas y rurales. Esta división parte del supuesto de que las condiciones de vida, específicamente las posibilidades de acceso a recursos y servicios para el logro de la satisfacción de las necesidades, son diferentes según la zona de residencia de los hogares. La clasificación en zonas urbanas y rurales a nivel de radios censales, se realiza en base a la densidad poblacional y el porcentaje de población ocupada en actividades agropecuarias, comerciales y/o industriales. La muestra incluye 8.000 hogares.

De acuerdo a estos criterios, se consideran rurales los radios que tienen las siguientes características:

  • -Radios con una densidad menor de 500 habitantes por km2
  • -Radios con una densidad igual o mayor de 500 habitantes por km2 y con
  • -Población mayoritariamente ocupada en actividades agropecuarias
  • Se consideran urbanos los radios con las siguientes características:
  • -Radios con una densidad igual o mayor de 500 habitantes por km2 y con
  • -Población mayoritariamente ocupada en actividades no agropecuarias (industria,construcción, comercio, servicios, administración pública, etc.)

Iniciando el análisis consideramos adecuado situar la ocupación dentro de lógicas productivas particulares. Enmarcadas en un proceso de heterogeneidad creciente, estas lógicas presentan distintas y contrapuestas racionalidades e intereses. Puesto que el trabajo es una fuente de extracción de excedentes, su organización es para las explotaciones dinámicas un factor de competitividad. En cambio, para las explotaciones medianasy/o familiares el trabajo es la posibilidad de crecimiento o de mantenimiento y para los obreros rurales es el medio de subsistencia.

En relación con ello, un indicador útil a la hora de definir las jerarquías ocupacionales es el tamaño del establecimiento donde las actividades laborales se llevan a cabo. Y esto porque el trabajo en el sector dinámico no tiene la misma productividad, ni los mismos beneficios que en el sector donde no hay posibilidades de capitalización. Con objeto de alcanzar una mirada comparativa de lo que sucede en distintos ámbitos de la provincia observamos el tamaño del establecimiento no sólo en las zonas rurales sino también en las zonas urbanas. Por otra parte nos detendremos en los jefes de hogar puesto que las oportunidades de vida se consiguen en ese ámbito.

Cuadro nro. 1: Tamaño de establecimiento donde trabajan los jefes de hogar según zona de residencia. Mendoza. ECV 2010.
Tamaño del establecimiento Total Zona
Urbano rural
Total 293.510 197.019 96.491
Usted solo 69.163 48.982 20.181
De 2 a 5 92.294 55.346 36.949
De 6 a 15 42.582 26.401 16.181
De 16 a 40 34.104 23.808 10.297
De 41 a 200 31.741 24.113 7.629
Más de 200 18.151 14.261 3.891
Ns/Nr 5.474 4.109 1.365
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Cuadro nro. 2: Tamaño de establecimiento donde trabajan los jefes de hogar según zona de residencia. Mendoza. ECV 2010.
Tamaño del establecimiento   Zona
Total urbano rural
Total 100,00 100,00 100,00
Usted solo 23,56 24,86 20,91
De 2 a 5 31,45 28,09 38,29
De 6 a 15 14,51 13,40 16,77
De 16 a 40 11,62 12,08 10,67
De 41 a 200 10,81 12,24 7,91
Más de 200 6,18 7,24 4,03
Ns/Nr 1,87 2,09 1,41
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Estos cuadros muestran la heterogeneidad productiva de la provincia, existiendo una concentración de establecimientos productivos en las zonas urbanas. En cuanto al tamaño se evidencia una importante participación de los pequeños establecimientos: unipersonales: de 2 a 5 representan el 52.95% en radios urbanos y 59,2% en rurales.

Otra situación que hay que atender es el dinamismo de las economías locales debido a que muchas veces ello tiene más significación que la situación específica de los establecimientos.


Cuadro nro. 3: Tamaño de establecimiento según regiones. ECV 2010.
Tamaño del establecimiento Total Regiones
Gran Mendoza Noreste Este Valle de Uco Sur
Total 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00 100,00
Usted solo 23,56 23,10 16,58 20,28 20,47 30,14
De 2 a 5 31,45 30,07 40,39 33,73 31,91 32,39
De 6 a 15 14,51 13,91 14,13 19,67 16,89 12,05
De 16 a 40 11,62 11,44 11,69 13,10 14,64 10,03
De 41 a 200 10,81 11,96 9,85 9,84 9,61 8,25
Más de 200 6,18 7,25 5,91 2,12 5,19 5,90
Ns/Nr 1,87 2,26 1,46 1,26 1,29 1,24
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Los porcentajes del tamaño de los establecimientos entre 1 y 5 personas oscilan, en las distintas regiones, entre el 50 y el 60%, esto implicaría que la heterogeneidad productiva es una característica provincial. En algunas regiones como Valle de Uco (16.89) y el Este (19.67) existirían establecimientos que teóricamente podrían estar asociadas a procesos de capitalización.

En el marco de la heterogeneidad, hay que considerar la “condición de actividad” y la “categoría ocupacional”. Como dice Rosati (2011) estas variables resultan muy difíciles de operacionalizar en el ámbito rural .Ello se debe a la existencia de figuras mixtas, no puras, muy frecuentes en el mercado de fuerza de trabajo agropecuario. Los productores pluriactivos, son quizás el ejemplo más claro de la complejidad. La pluriactividad implica la combinación de situaciones ocupacionales diversas: ocupaciones bajo la forma de asalariado, cuenta propia o patrón, dentro o fuera del sector agropecuario (Rosati, 2011: 8). Es decir, dependiendo del momento del año que se trate, los agentes se encuentran sujetos con distintas inserciones en el mercado de fuerza de trabajo correspondiendo así a categorías ocupacionales tan diversas como trabajador asalariado, trabajador por cuenta propia o trabajador familiar. El relevamiento de la ECV se lleva a cabo, habitualmente, en el mes de octubre, cuando se registra una actividad menor en comparación con lo que sucede en épocas de cosecha, por lo que la información que recaba al respecto es limitada.


Cuadro nro. 4: Población ocupada por categoría ocupacional según zona de residencia. Mendoza. ECV 2010.
Departamento y zona Categoría ocupacional
Total Patrón Trabajador por su cuenta Trabajador sin remuneración fija Obrero / empleado Mediero / Aparcero / Al Tanto / Contratista Otros
  %
Total 100 5,2 20,7 4,1 67,8 2,0 _
Rural 100 4,3 17,6 6,9 65,1 5,9 0,1
Urbano 100 5,6 22,1 2,8 69,0 0,3 _
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Los datos muestran que el 67% de los jefes de hogar ocupados son asalariados, esto quiere decir que no controlan el proceso productivo, en tanto que se evidencia un porcentaje interesante en la categoría patrón dado que la estructura productiva cuenta con una presencia importante de pequeños establecimientos.

Además, hay que observar las combinaciones laborales de empleo agrario con actividades no agropecuarias en contextos de residencia rurales y ocupaciones agropecuarias con residencia urbana o periurbana. Los estudios de estratificación rural suelen presentar como unidad de análisis a los hogares que habitan en zonas rurales, lo que deja de lado a la población que trabajando en la actividad agropecuaria vive en zonas rurales. Esto es algo negativo, en situaciones donde hay una relativa continuidad entre lo rural y lo urbano como es el caso de Mendoza, donde la producción agraria es de oasis y se encuentra limitada prácticamente a las zonas bajo riego en las que conviven, en una misma vecindad, fincas, clubes, emprendimientos industriales pozos petroleros y barrios populares y/o privados. Dado que la ECV incluye radios urbanos y rurales podemos ver lo siguiente:


Cuadro 5: Ocupaciones de los jefes de hogar según zona de residencia. Mendoza. ECV 2010.
Rama de actividad Total Zona
urbano Rural
Total 100,00 67,14 32,86
Agricultura, ganadería y silvicultura 100,00 12,25 87,75
Explotación de minas y canteras 100,00 67,91 32,09
Industria manufacturera 100,00 72,83 27,17
Electricidad, gas, agua 100,00 68,64 31,36
Construcción 100,00 73,75 26,25
Comercio 100,00 81,47 18,53
Hotelería y restaurantes 100,00 88,31 11,69
Transporte, almacenamiento, comunicaciones 100,00 76,82 23,18
Intermediación financiera 100,00 89,44 10,56
Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler 100,00 88,77 11,23
Administración pública 100,00 75,58 24,42
Enseñanza 100,00 85,47 14,53
Servicios sociales y de salud 100,00 86,95 13,05
Servicios comunitarios, sociales y personales 100,00 81,72 18,28
Servicio doméstico 100,00 79,88 20,12
Servicios de organizaciones extraterritoriales 0,00 0,00 0,00
Actividades no bien especificadas / Sin respuesta 100,00 69,20 30,80
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Del 100% de los jefes de hogar que trabajan en actividades primarias, el 12,25% reside en zonas urbanas. En tanto que, a modo de ejemplo, un 32,09% de los que residen en zonas rurales está ocupado en actividades extractivas.

La pluriactividad alude a la articulación de, al menos, una actividad permanente con una temporal, aunque en otros casos solo involucra la combinación de trabajos temporales. Para analizar este fenómeno, se suele distinguir a la actividad principal de la secundaria. Por lo general se considera la principal actividad a la que genera mayores ingresos o a la que absorbe mayor tiempo de trabajo. Sin embargo para los análisis de estructura de clases esto no es suficiente: la inserción laboral múltiple implica que los agentes están ligados funcionalmente a la economía en más de una forma y por lo tanto, hay que analizar la combinación de actividades y cómo esa combinación define condiciones de vida e intereses particulares. Un mismo agente, en distintas época del año puede insertarse en distintos sectores y ramas de actividad y ejercer en cada actividad distintos grados de control del proceso productivo. Tal como se muestra en el siguiente cuadro, la ECV no es sensible a la pluriactividad, releva únicamente algunas características de la ocupación principal y sólo pregunta si tiene otra ocupación.


Cuadro nro. 6: Cantidad de ocupaciones de los jefes de hogar según residencia urbana/rural ECV 2010.
Cantidad de ocupaciones Residencia % Total
Urbana Rural
1 92.1 90.2 90.7
2 7.1 8.2 7.9
3, 4 y 5 0.9 1.6 1.4
Total 100 100 100
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

En suma, la complejidad ocupacional que la pluriactividad incorpora puede darse dentro de la actividad agrícola y fuera de ella, mediante la combinación de actividades agrícolas y no agrícolas e implicar situaciones de empleo formal con informal, y precarias legales con ilegales.

Si bien la combinación ocupacional se facilita por un rasgo propio de la actividad agraria, como es la estacionalidad; como fenómeno en ascenso, se explica en parte por el hecho de que actualmente las explotaciones dinámicas no cumplen una función social como lo hacían explotaciones agrícolas de antes de la reconversión. La inestabilidad laboral es, por ello, uno de los rasgos que caracterizan la diversificación de actividades.

Teniendo en cuenta que la tendencia del mercado laboral actual es hacia mayores requerimientos de competencias y calificaciones con menos estabilidad, para delimitar un sistema jerárquico de ocupaciones se hace necesario también analizar las diferencias en cuanto a competencias y calificaciones ocupacionales.


Cuadro nro. 7: Población ocupada por calificación ocupacional según zona de residencia. Mendoza. ECV 2010.
Departamento y zona Calificación ocupacional
Total Calificación profesional Calificación técnica Calificación operativa Sin calificación
  %
 
Total 100 4,8 15,9 51,6 27,8
Urbano 100 6,5 18,2 47,5 27,8
Rural 100 0,9 11,0 60,4 27,7
Fuente: Elaboración propia en base a datos ECV 2010.

Según este cuadro, sólo un 0.9% de los jefes de hogar que componen la PEA en las zonas rurales realizan tareas con calificación profesional, un 11% efectúa actividades técnicas y un amplio 88.1% realiza trabajos operativos y que no requieren calificación.

Las dificultades metodológicas surgen entonces, en un contexto de desigualdad dinámica, donde la posición en la estructura social depende de la cantidad y diversidad de ocupaciones que los agentes de la producción tienen a lo largo del año. Esta variabilidad exige, un registro de la totalidad de los trabajos que los mismos desempeñan durante el año. Lo que metodológicamente impone pasar de un esquema de clases estático a otro dinámico, en el que las trayectorias son los factores delimitantes de la posición de clase.

Además, la pluriactividad puede ser vista como un atributo individual o como atributo colectivo: de las explotaciones y/o familias. Esto complejiza el análisis de la estructura agraria ya que pueden haber varias familias vinculadas a una misma explotación, por lo que es necesario revisar los patrones de asignación de los miembros de la familia a las tareas dentro y fuera de la explotación. La supervivencia de los hogares rurales como unidades productivas muchas veces sólo es posible por un aumento importante en el número de jornales vendidos por sus miembros.

Cualquiera sea la importancia respectiva de las actividades agrarias y no agrarias en la pluriactividad lo cierto es que se trata siempre de una diversificación del sistema ocupacional. Estas combinaciones van más allá del clásico esquema de carrera ocupacional con ocupación única.

Operativamente, las fuentes de censales tradicionales no son capaces de captar estadísticamente las actuales dinámicas de los asalariados rurales ya descritas: transitoriedad, estacionalidad, no registro e informalidad de las actividades, multiocupación entre otras. Sin embargo, en análisis antes realizado nos hace pensar que con la información disponible, se puede avanzar hacia la construcción de un esquema de clases que dé cuenta de la heterogeneidad de estructura productiva y las desigualdades que se reproducen en la provincia. Este esquema sería así, resultado de la combinación de tres variables estructurales: tamaño de establecimiento, categoría ocupacional (control del proceso productivo) y calificación.

La ventaja de la aplicación de este esquema es que hace comparables los datos correspondientes a la estructura social urbana y la rural, dando una idea global de la composición social de la provincia.


Cuadro nro. 8: Distribución de los jefes de hogar según clase social y residencia urbana/rural Mendoza. ECV 2012.
Tipo de radio Total
Rural Urbano
Clases sociales Directivos y patrones de grandes establecimientos 0,7% 1,8% 1,5%
Directivos y patrones de pequeños establecimientos 3,3% 3,6% 3,5%
Cuenta propia calificados 2,2% 5,5% 4,6%
Asalariados calificados en grandes establecimientos' 5,6% 15,0% 12,4%
Asalariados no calificados en grandes establecimientos 33,9% 31,6% 32,2%
Asalariados calificados en pequeños establecimientos 2,2% 2,5% 2,4%
Asalariados no calificados pequeños establecimientos 30,9% 18,6% 22,0%
Cuenta propia no calificados y eventuales 17,4% 16,6% 16,8%
Trabajo en hogares 3,9% 4,7% 4,5%
Total 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Proyecto “Estructura y movilidad social en Mendoza: Un examen de trayectorias ocupacionales y educativas en el modelo de la pos-convertibilidad” (2013)

Este cuadro, entonces, reflejar las relaciones de clase que sustentan el modelo productivo posconvertibilidad. Poniendo en evidencia además, cuestiones que a lo largo del tiempo consolidaron un modelo productivo heterogéneo y una estructura social desigual.

Conclusiones

La relación entre estructura económica y estructura de clases está mediada por la estructura ocupacional. Las clases como posiciones que implican intereses, actúan incidiendo en la economía y por lo tanto en las condiciones del mercado laboral. El modelo de crecimiento impuesto en la década de los 90, consolidó una estructura ocupacional particular. La heterogeneización producida en el agro ha dado lugar a una intensificación de la diversificación ocupacional.

En este escenario, sería necesario analizar la estructura social rural incorporando la problemática de la pluriactividad. Pero la inserción plural en la producción, presenta dificultades para los análisis estructurales puesto que la observación de combinaciones de atributos y de conductas en los distintos agentes y momentos del ciclo productivo es compleja.

Sin embargo, el esquema de clases obtenido de la combinación de tres variables estructurales: tamaño de establecimiento, categoría ocupacional y calificación permite relativizar el problema de la pluriactividad. Los datos muestran que el único grupo que presenta probabilidad de desplazarse hacia arriba o hacia debajo de la estructura social y de encontrarse en una situación contradictoria de clase, es el de los pequeños productores rurales. Según los datos de la ECV este grupo no supera el 3.3% del total de los jefes de hogar. Contrariamente, el 78% de los jefes de familia asalariados rurales son no calificados, lo que hace difícil que su inserción laboral plural de lugar a posiciones socioeconómicas contradictorias.

La reconstrucción del perfil de la estructura de clases en las zonas rurales requiere conocer el carácter de la estructura económica. La heterogeneidad productiva permitiría detectar no sólo la desigualdad económica sino también cuáles son las combinaciones ocupacionales que se asocian a desplazamientos en la estructura social.

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