Debatir sobre el genocidio y las formas de discriminación desde el paradigma de los derechos humanos nos obliga a reflexionar sobre una serie de supuestos que deben ser puestos en cuestión. Junto al imprescindible camino de justicia que reclama la permanente atención de los actores internacionales y el fortalecimiento progresivo del derecho internacional, las lógicas genocidas también interpelan las bases fundamentales de nuestra propia materialidad como sociedades modernas. En este sentido, junto a la denuncia de los genocidios, la voluntad política de desarticular sus causas debe prestar atención a las múltiples intersecciones de las lógicas genocidas con el problema de la alteridad. Sin poner en cuestión las infinitas formas de exclusión que nuestras culturas han creado en torno a lo diferente y lo diverso —y en relación a las cuales las propias lógicas de constitución del Estado han tenido un rol central— será imposible comenzar un verdadero camino de desarticulación de las prácticas violentas, racistas y discriminatorias que legitiman toda masacre de potencia genocida.