¿Debe el proceso de exterminio de opositores ocurrido en la Argentina hacia 1974- 1983 ser conceptuado como un “genocidio”? El término se ha instalado en los espacios públicos identificado con un reclamo de memoria, verdad y justicia respecto de los crímenes de esa etapa de terror de Estado, y pareciera que se ha vuelto imprescindible para comprender el período y obtener las reparaciones posibles luego de tantos años. Representándose el genocidio como el mayor crimen imaginable, parece que quienes no califican así esos delitos exculparían a la última dictadura militar o serían más blandos en su condena. En esa tesitura, el concepto aparece como una categoría que se puede precisar taxativamente, a la que se le daría un contenido preciso y que sería imprescindible tanto para interpretar las violencias sufridas como para la acción político-legal subsecuente.