Lo público y la diferencia: cultura y Estado

Autores/as

  • MARÍA PÍA LÓPEZ

DOI:

https://doi.org/10.62174/sed.3264

Resumen

En el capitalismo gran parte de la producción cultural se nos presenta bajo la forma de mercancías. Destinadas al consumo, vinculadas al ocio, con el deber de ser rentables, semejantes a las que ya demostraron su adecuación a los compradores. Gran parte de las obras pretenden entrar en las galas de los más vendidos o del best seller o el disco de oro o romper la taquilla o ganar el rating. Se realizan, como todas las mercancías, en el momento de su venta. Y en ese terreno no dejan de circular obras interesantes, a veces novedosas, innovaciones que surgen de recoger lo que se produjo incluso contra la lógica serializadora del mercado. Obras del teatro off que se convierten en éxitos comerciales y empiezan a dejar sus enseñanzas estéticas en ese plano; escritores que experimentan lenguajes en pequeñas editoriales y que en algún momento se convierten en plumas centrales de los grupos trasnacionales. Y no porque en las obras esté inscripto ese destino, ni porque haya traición alguna hacia las propias lógicas de la experimentación, sino porque si hay un fluir constante de capturas y apropiaciones es eso que llamamos mercado. Captura también un tipo específico de plusvalor: el de la creación colectiva, la innovación general. Pero la mayor parte del tiempo, su cotidiano, funciona sobre lo ya dado.

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Publicado

21-12-2018

Número

Sección

Notas