Cuadernos de Marte
Año 10 / N° 17 Julio – Diciembre
2019
https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/cuadernosdemarte/index
1966,
universidades y anticomunismo: antecedentes y actores de una guerra fría
también propia. El
caso de la Universidad de La Plata
1966,
Universities and Anti-communism: background and actors of an own Cold War. The case of
the University of La Plata
Nayla Pis Diez*
Universidad Nacional
de La Plata / CONICET
Recibido:
26/9/2019 – Aceptado: 18/11/2019
Cita sugerida: Pis Diez, N. (2019). 1966, universidades y anticomunismo: antecedentes y
actores de una guerra fría también propia. El caso de la Universidad de La
Plata. Cuadernos de Marte, 0(17), 83-111. Recuperado de https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/cuadernosdemarte/article/view/5136/4260
Resumen
Este trabajo tiene
por objetivo reconstruir lo sucedido en 1966 en la UNLP, tanto en su movimiento
estudiantil como en su vida y organización institucional. Para ello, se tomará
la coyuntura de 1966 como un episodio signado por el clima político, ideológico
y cultural de la Guerra Fría cuyas características se visualizan en, por un
lado, las políticas del régimen militar hacia las universidades. Por otro, en
las disputas internas de un movimiento estudiantil atravesado desde la década
anterior por divergencias en torno al significado de la Reforma Universitaria y
su relación con la política universitaria (y en particular, el comunismo y el
peronismo).
Palabras clave
Universidad, Guerra Fría, 1966, La
Plata, Movimiento estudiantil
Abstact
This article aims to reconstruct what happened
in 1966 at the UNLP, both in its Student Movement and in its life and
institutional organization. To this end, the 1966 situation
will be taken as an episode marked by the political, ideological and cultural
climate of the Cold War, whose characteristics are visualized in the policies
of the military regime towards the universities. On the
other hand, in the internal disputes of the Student Movement (with divergences
around the meaning of the University Reform and its relation to university
policy).
Key
Words
University,
Cold War, 1966, La Plata, Student Movement
1. Introducción
El 28 de junio del año 1966
comenzó la primera etapa de un régimen militar autodenominado como “Revolución
Argentina”. Con importantes apoyos de la Iglesia, las Fuerzas Armadas y no
pocas organizaciones y corporaciones de la sociedad, el gobierno del general
Juan C. Onganía proponía un proyecto de “modernización” del país por vía
autoritaria. Este contenía objetivos específicos para el ámbito de la economía
(su racionalización, por ejemplo), de la política y la vida sindical (su
supresión o disciplinamiento, de acuerdo al caso) y de la cultura. Una buena
parte de las transformaciones proyectadas a esos ámbitos fue realizada desde la
óptica de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional, otorgando a la
“lucha contra el comunismo” prioridad absoluta dentro de la actuación de
Fuerzas Armadas. En este marco, las universidades y el movimiento estudiantil
se convirtieron en epicentro de aquella lucha contra la subversión.
Ahora bien, descripto este
panorama inicial, varias cosas deben decirse. Primero, dicha concepción sobre
las universidades no comenzó en 1966 ni fue contestada exclusivamente con
represión. Durante buena parte del gobierno del radical Arturo Illia
(1963-1966) en todas las universidades del país se vivieron protestas masivas,
por razones de índole universitaria (como el aumento presupuestario) o más bien
política, nacional e internacional. De
acuerdo al especialista Pablo Buchbinder, durante esos años se impuso la doble
percepción del movimiento estudiantil: como una amenaza al orden; y de las
universidades como centros de “infiltración comunista”[1].
Ya profundizaremos en esto, sólo cabe agregar que si una primera respuesta
oficial fue exclusivamente represiva, hacia 1968/1970 se constituyó una segunda
línea de acción que buscaba el reordenamiento y la modernización de las
instituciones, cristalizada en la creación de más de una decena de nuevas
universidades para 1973[2].
Esta segunda línea se asentaba en un diagnóstico que observaba el enorme
crecimiento de las matrículas, el bajo número de egresos, y una estructura
universitaria considerada vetusta. Pero estos debates tampoco eran una novedad,
ya desde fines de la década de 1950 cuestiones como la modernización y la
recepción de fondos extranjeros para apuntalar la investigación científica
habían sido largamente debatidas y criticadas por una parte del estudiantado,
siempre bajo un esquema que encontraba en aquellos fondos una forma más de
imperialismo.
En
segundo lugar, no todo lo sucedido en 1966 en las universidades se explica por
el accionar de las Fuerzas Armadas pues existían, en esa coyuntura y desde
mucho antes, grietas internas que el golpe vino a atizar. Ya desde fines de
1950, el movimiento estudiantil estaba marcado por disputas, insertas en la
lógica de la Guerra Fría pero atravesadas y resignificadas en función de
importantes elementos locales, como fueran la Reforma Universitaria, el
nacionalismo y el peronismo. Recientemente, Juan Califa realizó un análisis
para la Universidad de Buenos Aires (UBA) encontrando que la colaboración de la
derecha universitaria antirreformista resultó central para que la intervención
de 1966 se asentara en sus primeros meses[3].
Para él, ni el golpe ni la intervención universitaria actuaron como factores
meramente “externos”. En el campo de estudios sobre la Guerra Fría en América
Latina, son diversos los y las referentes que proponen una perspectiva atenta a
los factores internos (políticos, históricos, culturales) que habrían dado
forma a un impacto nacional y particular de aquella contienda global[4].
Esto nos resulta sumamente útil para pensar los debates principales del
movimiento estudiantil en el período y lo que en otros trabajos hemos
denominado la “guerra fría reformista”, que no comenzó en 1966 ni se explica
exclusivamente por el accionar norteamericano en la región[5].
De alguna manera, nos proponemos recuperar el interrogante propuesto por Marina
Franco[6],
respecto de cómo las ideologías de la Guerra Fría permearon las
prácticas de los sujetos (en nuestro caso, en la universidad), dotando de
significado acciones, posiciones políticas y tradiciones identitarias clásicas
(como la reformista, cristiana y peronista).
En síntesis, buscamos articular elementos del campo de
estudios sobre la Guerra Fría en América Latina (en particular, sus aspectos
culturales, educativos y sus formas de la “batalla por las mentes”) con
aquellos referidos a las universidades y el movimiento estudiantil en la
historia reciente argentina. Esto nos permitirá colocar la coyuntura de 1966
como un episodio signado por el clima político, ideológico y cultural de la
Guerra Fría cuyas características se visualizan en, por un lado, las políticas
del régimen militar hacia las universidades. Por otro, en las disputas internas
de un movimiento estudiantil atravesado desde la década anterior por
divergencias en torno al significado de la Reforma Universitaria y su relación
con la política universitaria (y en particular, con el comunismo y el
peronismo).
Considerando lo dicho, hemos organizado el trabajo en
dos apartados. Uno primero se ubica en los finales de la década de 1950, para
recuperar debates en torno a la relación entre universidades, ciencia,
desarrollo e imperialismo; como también, los posicionamientos estudiantiles que
nos permiten observar esquemas típicos de la Guerra Fría aplicados a ese campo
de disputas, incluida una de sus entidades claves, la Federación Universitaria
de La Plata (FULP). Luego, el segundo apartado se encuentra enteramente
dedicado a lo sucedido en 1966 en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y
reconstruye sus repercusiones iniciales: las medidas de resistencia de la
comunidad; así como los cambios que van a introducirse en aquel mapa de
posicionamientos estudiantiles. Este trabajo se basa en fuentes documentales
escritas y orales. Han sido de enorme utilidad registros de diarios locales;
también el acceso a los documentos de espionaje elaborados por la Dirección de
Inteligencia de la Policía de Buenos Aires (DIPBA), desclasificados por la
Comisión por la Memoria (CPM); y por último, la palabra de protagonistas del
período, con gran predisposición a compartir sus experiencias y recuerdos.
2. Modernización e imperialismo: dos
ejes de debate en las universidades de los tempranos sesentas
Existe un consenso en el campo de
estudios sobre universidades argentinas respecto de que durante el inicio de
los años sesenta transcurrió una suerte de edad dorada, de renovaciones
curriculares y de crecimiento de la investigación científica. En la UNLP,
fueron las presidencias del químico Danilo Vucetich (1958-1961) y el abogado
José Peco (1961-1964) las que mejor representaron aquella etapa, con, por ejemplo,
el incremento de los profesores con dedicación exclusiva (instituido en 1958);
la promoción a la investigación mediante programas de becas financiadas con
CONICET y la Comisión de Investigaciones Científicas; la creación del
Departamento de Extensión a fines de 1959; o la creación de cátedras y carreras
“modernas” como Sociología (1957) y Psicología (1958). No obstante, debemos
matizar y colocar grises sobre esta etapa. Por un lado, porque el mapa de las
universidades nacionales amerita un estudio profundo, a completarse de acuerdo
con la realidad de las unidades académicas y los sectores que, con distintos
intereses y visiones estratégicas, convivían en ella. Además, los conflictos
internos en torno al cómo realizar esos cambios no fueron pocos. Uno de ellos
fue el suscitado en 1959 y 1960 alrededor de la recepción de fondos
norteamericanos, a través de la Comisión Nacional
de Administración del Fondo de Apoyo al Desarrollo Económico (CAFADE), entidad
encargada de ordenar los convenios y programas de inversiones con Estados
Unidos.
Durante 1959 y 1960, la oposición al
Plan CAFADE fue la bandera de los jóvenes reformistas de izquierdas de Buenos
Aires, La Plata y Córdoba[7]. En
la UNLP, el tratamiento del tema, supuso dos posturas reformistas encontradas y
una votación favorable a la aceptación de los fondos en mayo de 1960, por 14
votos contra 13 (con una cláusula que indicaba que no debían afectarse la
autonomía y el autogobierno)[8]. El
día de la votación, la dirección de la FULP caracterizó a CAFADE como “una
imposición de EE.UU. para controlar nuestro desarrollo cultural”. En los
pasillos de Humanidades y Derecho, facultades que compartían edificio con el
Rectorado, las paredes estaban repletas de carteles con los lemas “CAFADE no,
mayor presupuesto” y “Abajo el imperialismo yanqui”. Luego de la votación, los
consejeros reformistas que apoyaron la recepción de fondos fueron, no solo
abordados a golpes, sino también acusados de “vendepatrias” y “traidores” a la
posición antiimperialista de la juventud reformista. Como bien indica la
bibliografía especializada, el Plan CAFADE resultaba ser la primera muestra de
una nueva etapa en la política de Estados Unidos hacia América Latina.
Según Leandro Morgenfeld, la Revolución
Cubana marcó un antes y un después en la Guerra Fría en el continente.
Orientado por la necesidad de Estados Unidos de abortar la potencial expansión
de la influencia cubana, junto a las estrategias (económicas, diplomáticas o
terroristas) de desestabilización de la experiencia revolucionaria, el gobierno
de John F. Kennedy lanzó en agosto de 1961 la Alianza para el Progreso[9].
Para Adriana Puiggrós, esta suerte de Plan Marshall en versión latinoamericana,
expresó una nueva concepción expansionista norteamericana en la que la reforma
económica y social aparecía como una vía para enfrentar la subversión,
complementaria a la acción represiva directa[10].
Organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la OEA, la UNESCO y la Comisión de Estudios para
América Latina (CEPAL) fueron los vehículos fundamentales de tal orientación.
En esta concepción, la educación y la cultura tuvieron un lugar clave. Y esto
tanto en términos de erradicación del analfabetismo y elevación del nivel
educativo promedio de la población, como de formación de élites educadas, de
acuerdo a los patrones de vida y consumo norteamericanos. En plena guerra fría
“cultural”, la promoción de recursos estadounidenses hacia la educación
latinoamericana se empalmó, en nuestro país, con el proceso de modernización
institucional y de impulso a las
actividades científicas en las universidades. Y si bien el grueso de los fondos
fue de origen público, algunos núcleos más orientados por las políticas
renovadoras recibieron fondos de las Fundaciones Ford y Rockefeller y se
articularon con los organismos mencionados. Los casos de las facultades de
Filosofía y Letras y Ciencias Exactas de la UBA, la Facultad de Medicina de
Cuyo, el CONICET o la Comisión Nacional de Energía Atómica son algunas de las
entidades públicas y estatales señaladas como receptores de tales fondos, a las
cuales podemos agregar a las privadas Instituto Torcuato Di Tella o Fundación
Bariloche[11].
Un breve repaso por la prensa platense
nos muestra una fuerte presencia en la UNLP de ofertas de intercambio y
convenios de financiación, acompañadas de un clima ideológico marcado por las
preocupaciones en torno al desarrollo, la educación y la proliferación del
comunismo. Entre 1960 y 1965, las convocatorias para realizar intercambios de
grado o posgrado fueron constantes, abarcando áreas diversas como las de
estadística y finanzas, sociología, geografía e historia, o geología y
planeamiento urbano. En la mayoría de los casos, estamos hablando de becas que
formaron parte de programas de intercambio pertenecientes a institutos y facultades
ligadas a la OEA como la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
o el Centro Interamericano de Enseñanza de Estadística Económica y Financiera.
Los convenios anunciados vía UNLP con instituciones extranjeras fueron de
varios tipos. Con organismos internacionales como la ONU para, por ejemplo,
poner en funcionamiento un instituto en la Facultad de Agronomía; con
fundaciones de grandes empresas internacionales como Ford, Rockefeller o Fiat
para recibir fondos[12]; con
un organismo gubernamental como fuera la Oficina Científica de la Fuerza Aérea
de los Estados Unidos que habría otorgado fondos a la UNLP para el desarrollo
de investigaciones en física nuclear. Asimismo, diversas notas aparecidas en
los diarios platenses informaban sobre el crecimiento de los fondos y los
programas de becas en el mismo período, siempre positivamente y a modo de
propaganda. Otras notas, con más contundencia, llamaban directamente a combatir
el comunismo. Títulos como “Penetración
comunista en la universidad” de abril de 1961, “Comunismo, todos le temen pero lo están provocando” de julio de
1962[13]
o incluso toda una serie aparecida a razón de la Alianza para el Progreso y sus
aportes a la educación y el desarrollo en el continente, nos ayudan a ilustrar
el clima.
Es que no solo el marco político y
cultural internacional explica la serie de posicionamientos de los medios
platenses. El mismo contexto político de la ciudad es otra clave, pues la
oposición estudiantil al imperialismo estadounidense y al Plan CAFADE fue
continuada con fuertes manifestaciones de apoyo a la Revolución Cubana. Dos
cosas deben decirse sobre el impacto de Cuba en la UNLP. Primero, durante los
años 1960-1962, este acontecimiento se constituyó en un parteaguas, reavivando
viejas disputas en torno a la relación entre reformismo, comunismo y peronismo
y definiendo una suerte de “guerra fría reformista”. Esto es, una batalla
constante entre las organizaciones estudiantiles en torno al tema, con acciones
que fueron desde las simples declaraciones, las contiendas electorales, hasta
los enfrentamientos armados. Tres “bloques” hacían parte de esta “guerra”: los reformistas de izquierdas ubicados en un “cubanismo”
antiimperialista (identificados como socialistas, comunistas, trotskistas y con
espacios de la “nueva izquierda”); las agrupaciones del reformismo
“democrático” que, con sus críticas a las posiciones políticas de los primeros,
representaban un anti comunismo renovado; tercero,
organizaciones ubicadas en el antirreformismo como la cristiana Federación
Universitaria de Estudiantes Libres (FUEL) o la nacionalista Tacuara, que
coincidían en que la universidad atravesaba una “crisis moral” cuya causa
radicaba en el avance de grupos liberales y marxistas. En segundo lugar, debe mencionarse la
ofensiva represiva desatada sobre el movimiento universitario. La ola de
discriminación, denuncias y detenciones sobre los jóvenes de izquierda; la
represión policial y diversos atentados perpetrados por organizaciones
anticomunistas hacia los Centros de Estudiantes reformistas, dan cuenta de un
ataque hacia el reformismo de izquierdas que transcurrió por lo menos durante
todo 1961. Esto marcó un repliegue en los jóvenes de izquierda y de 1963 en
adelante, el actor predominante en aquel mapa fue el reformismo “democrático”[14].
3. El golpe de 1966 y la guerra fría
“interna”: cambios y continuidades
El 28 de junio de 1966
Arturo Illia fue desalojado del gobierno, erigiéndose un régimen militar sin
plazos pero con objetivos claros: transformar la estructura económica y el
orden político del país. Una de sus medidas iniciales fue la supresión de toda
actividad política, por lo cual fueron prohibidos los partidos, cerrado el
Congreso e intervenidas las universidades. Tal como describe Alain Rouquié, el
golpe militar se dio en un contexto de nula resistencia y reacciones sumamente
débiles. Casi la única manifestación inmediata de hostilidad se dio en las
universidades, ya colocadas en la mira de la opinión pública debido a las
denuncias de “infiltración marxista”. Se inició así una “dictadura técnica” que
dio cuerpo a un Estado “burocrático-autoritario”, cuyos puestos gubernamentales
fueron ocupados casi exclusivamente por miembros de grupos católicos, de las
Fuerzas Armadas y dirigentes de grandes empresas extranjeras[15].
Ahora bien, la
caracterización del bloque de fuerzas que realizó el golpe no puede obviar el
contexto de ideas, es decir, la lógica de la Guerra Fría latinoamericana,
comandada por Estados Unidos y sus nuevas concepciones de “enemigo” respaldadas
en la Doctrina de Seguridad Nacional. De acuerdo a esta, la acción de las tres
armas tenía la finalidad de preservar los valores y el orden occidental,
democrático y cristiano fronteras adentro, misión fundamental para un Ejército
ya convertido a la lógica del combate del “enemigo interno”[16].
Durante 1965, la ambigua actitud de Illia frente al desembarco de tropas
norteamericanas en República Dominicana radicalizó a las Fuerzas Armadas. La
presión de la opinión pública, del movimiento estudiantil y de las organizaciones
de izquierda movilizadas contribuyeron a la decisión presidencial del no envío
de tropas al país caribeño. Para los altos mandos, significó una subestimación
de la amenaza comunista a nivel latinoamericano, una inacción frente a la
infiltración subversiva en los aparatos del Estado y las universidades y una
inoperancia frente a la extensión de las guerrillas en el territorio argentino.
La bibliografía suele
señalar dos elementos centrales para comprender las acciones ejercidas sobre
las universidades tras 1966. Primero, durante el inicio de la década, el
movimiento estudiantil y también una buena parte de la comunidad universitaria
protagonizaron enormes protestas por mayor presupuesto. Las movilizaciones
constituyeron una suerte de ciclo durante los años 1962-1965, logrando además
articularse con las acciones del Plan de Lucha de la CGT entre 1963 y 1965 o
las opositoras al envío de tropas argentinas a República Dominicana. De aquí,
la noción de universidades como focos de “infiltración marxista”, tan extendidas
en una parte de la política, las Fuerzas Armadas y la opinión pública. En
segundo lugar, el aumento de la matrícula y la deserción estudiantil,
constituyeron otro eje de problemas. La masificación de las universidades
nacionales así como la eficiencia de los trayectos educativos, llevaron a la
elaboración de políticas restrictivas hacia el ingreso, de creación de nuevas
universidades y descentralización del sistema universitario, sustentadas en las
nociones de planificación y modernización. Y si bien ambas constituyeron
estrategias para despolitizar las universidades, la bibliografía señala que
tras una primera fase fundamentalmente represiva, le siguió una segunda, más
orientada a introducir cambios estructurales en el sistema universitario, con el
“redimensionamiento” de las universidades tradicionales, protagonistas de la
politización[17]. Nos enfocaremos
aquí en la primera etapa mencionada.
I. Las primeras posiciones: contra el golpe y “todos
los totalitarismos”
El mismo 28 de junio, la UNLP fue clausurada
e intervenida militarmente. A los pocos días, el primero de julio, la actividad
comenzó a reanudarse con la sesión de su Consejo Superior. Las posiciones
respecto del cambio de gobierno fueron más bien ambiguas pues los consejeros no
acordaron si la casa de estudios debía emitir una declaración como tal, menos
lograron una caracterización común respecto de si se había dado un golpe de
Estado o una Revolución. Finalmente, se aprobó una declaración que puso el
énfasis no tanto en la situación del país sino más bien en la defensa de la
autonomía, el cogobierno y las libertades públicas; es decir, en la defensa del
ordenamiento interno de las universidades[18].
El 30 de julio fue
sancionado el Decreto-Ley n. 16.912, al tiempo que el primer día de agosto se
suspendieron las clases, que recién se reanudarían en septiembre. La normativa suprimía el gobierno
tripartito y obligaba a los rectores y decanos a transformarse en interventores
del Ministerio del Interior[19]. En Buenos Aires, la facultad de
Exactas, tomada por estudiantes y profesores, fue desalojada violentamente,
dejando como saldo un grupo considerable de detenidos y fuertes imágenes del
hecho luego conocido como la “Noche de los bastones largos”. Rápidamente, la
Federación Universitaria Argentina (FUA) repudió
la normativa y convocó a la lucha contra un régimen militar que caracterizó
como “al servicio del imperialismo, los monopolios y la oligarquía”. Por su parte, la FULP emitió un documento algo más ambiguo, en
correspondencia con la orientación de las agrupaciones reformistas que la
presidían. Luego de afirmar que “el
país marcha hacia un régimen autoritario en lo político, con el cercenamiento
de las libertades públicas y favorecidos del privilegio en lo económico”,
se declaraba un rechazo a la intervención y una fuerte defensa de la autonomía
universitaria y el cogobierno. Todo esto, aclarando también que eran
sobredimensionadas las denuncias en torno a la “infiltración marxista” y
recordando su oposición a “los
totalitarismos de izquierda o derecha”[20].
La
declaración de FULP no era aislada, realmente el lugar del marxismo en las
universidades estaba puesto en debate, no exclusivamente por el gobierno,
también por las agrupaciones más extremas en eso que llamamos la “guerra fría
reformista”. Durante los primeros días de agosto, podemos contar alrededor de
una docena de declaraciones de espacios que saludaban la intervención. Esta
posición entre los estudiantes existía desde mucho antes que 1966. Es decir que
era esperable de los espacios cristianos, como los Ateneos (de Humanidades,
Económicas y Veterinarias), las agrupaciones Integralistas (de Medicina o
Derecho) y los desprendimientos de la FUEL, desaparecida en 1964 y ubicada en
el cruce entre el nacionalismo justicialista y el cristianismo. Todas ellas,
ubicadas además en el antirreformismo, coincidían en la necesidad de desterrar
al liberalismo y al comunismo de las universidades. La novedad en el mapa
estudiantil radicó en el surgimiento de espacios con un fuerte tono de apoyo al
golpe militar que, aprovechando una coyuntura de apertura política y
oportunidad para el reconocimiento de su discurso, venían a fortalecer aquel
bloque.
Ahora bien,
la cantidad no hace necesariamente al peso real, por lo cual, cabe establecer
algunas distinciones. Por un lado, tres de estos espacios conducían Centros de
Estudiantes: Lista Facultad (independiente, antirreformista y con algunos
referentes cristianos) en Agronomía, la cristiana Ateneo en Veterinarias y
Lista Independiente de Derecho (no reformista y de centro derecha). Ellas sí
lograrán marcar el ritmo de las acciones y asambleas en sus Facultades, además
de tener un lugar en la dirección de la FULP. Por otra parte, algunas serán
realmente activas, participando de asambleas e intentando que sus discursos calen
en ellas. El Comando de Recuperación Universitaria es uno de esos espacios, así
como también la articulación de organizaciones peronistas que durante ese año
se dio a conocer como Federación Universitaria para la Revolución Nacional
(FURN). La FURN surgió en 1966 como tal, aunque los grupos que hicieron parte
de ella venían actuando desde por lo menos 1962 y muchas veces, en conjunto con
el reformismo de izquierdas. La coyuntura de 1966 hizo que modificaran su
posicionamiento[21].
Por último,
cabe mencionar que muchos de esos espacios surgieron en 1966, haciendo “uso” de
la oportunidad política que se abría, emitiendo sendas declaraciones pero sin
lograr aumentar su participación real ni incidencia[22]. Quizás una excepción
está dada por un grupo de profesores y graduados que afirmaron su apoyo a la
Ley universitaria, bajo el argumento de que la universidad había padecido un
período de decadencia y se encontraba en medio de “una verdadera guerra subversiva contra la comunidad nacional”.
La misma tiene la firma de 29 personas, algunas pertenecían a ex miembros de
FUEL[23].
II. La “resistencia activa” de la
universidad platense
Si bien se ha caracterizado la
coyuntura de 1966 como un “parte aguas” en la historia de las universidades,
son diversos los estudios que hoy proponen no generalizar a partir de una
imagen demasiado asociada a los sucesos acaecidos en Buenos Aires. En este
marco, Claudio Suasnábar encuentra para la UNLP un escenario caracterizado, por
un lado, por la inexistencia de renuncias masivas; por otro, por una
“convivencia obligada” entre los interventores y un claustro de profesores casi
intacto que manifestaba abiertamente su desacuerdo con el régimen[24].
Según el autor, la actitud del claustro de profesores fue resultado tanto de la
presión ejercida por las organizaciones estudiantiles como del debate interno
expresado en asambleas y posicionamientos colectivos. Al mismo tiempo, cabe
decir que no tuvo lugar en la UNLP un hecho similar al de la represión ejercida
en la UBA, lo cual de alguna manera, ayuda a explicar la posición asumida por
aquel claustro, con un margen de acción mayor al que tenían sus pares porteños.
A tono con este escenario
general, podemos decir que el desacuerdo masivo con el régimen militar se
expresó a través de tres líneas de acción que representaron, a su vez, tres
formas de resistencia. Primero, al nivel de las autoridades sí existieron
renuncias importantes. Entre el 30 de julio y el 4 de agosto renunciaron el
rector Roberto Ciafardo y todos los decanos de las nueve facultades, también
los directores de las Escuelas Superiores de Bellas Artes y Periodismo y de los
cuatro colegios universitarios. A las renuncias se sumaron las autoridades de
Radio Universidad, de la Biblioteca Pública y de diversos institutos; incluso,
renunció también el rector de la Universidad Tecnológica Nacional, Juan Sábato.
En segundo lugar, se
establecieron asambleas interclaustro permanentes en la mayor parte de las
facultades, en algunos casos incluso los Consejos Académicos se declararon en
sesión permanente. Por ejemplo, el día 6 de agosto, El Día informa que
varios núcleos de profesores, Jefes de Trabajos Prácticos (JTP) y ayudantes de
diversas facultades se pronunciaron. En Derecho, 35 profesores firmaron contra
el golpe pero llamando a permanecer en las aulas, Silvio Frondizi entre ellos;
en Naturales, 53 docentes declararon el apoyo a la renuncia de Ciafardo; en
Humanidades, un grupo de 50 ayudantes y JTP llamó a la “resistencia activa” y a
la permanencia en las cátedras; en Ingeniería, 30 docentes emitieron una
declaración que enfatizaba “el daño
irreparable que dejará al país la aceptación de renuncias”. Con el
correr de los días se sumaron espacios de graduados de Derecho y Arquitectura,
de investigadores de Medicina (con una declaración de 54 firmas), de
Humanidades (con 46 firmas, Rodolfo Agoglia y Joaquín Pérez, entre ellos) y 63
docentes de Química y Farmacia se posicionaron contra el golpe, solicitando
además el rechazo de las renuncias en la Facultad de Exactas de la UBA[25]. Siguiendo el día a día del mes de agosto,
contabilizamos alrededor de veinte declaraciones firmadas por un total de 500
docentes (de todas las jerarquías) y personal de investigación que, en general,
llamaban a no adoptar la renuncia como medida de lucha.
La excepción la encontramos en
Arquitectura donde entre los días 12 y 13 de agosto renunciaron 80 docentes
dejando prácticamente paralizada a una Facultad que tenía 1.500 estudiantes
activos. La medida además, contó con apoyo del Centro de Estudiantes que la
definió como “una actitud ejemplar
para el comienzo de la lucha”[26]. Se sumaron a ellos, tres
profesores de Humanidades que también hicieron públicas sus denuncias, entre
ellos, el jefe del Departamento de Ciencias de la Educación, Ricardo Nassif. En
ambas Facultades, los Centros de Estudiantes estaban conducidos por
agrupaciones reformistas de izquierda, donde primaba el comunismo. No obstante
el apoyo prestado a estas decisiones, las organizaciones estudiantiles
platenses no propiciaron las renuncias[27].
Debemos introducir una tercera forma de resistencia: la
actividad estudiantil, heterogénea, pero encabezada por una FULP que asumió una
actitud opositora inmediata. Como se dijo, tanto el reformismo como el
movimiento estudiantil platense se encontraban atravesados por diversas líneas
que, luego del golpe militar, continuaron e incluso se acentuaron. Por un lado,
los cinco Centros de Estudiantes de Humanidades, Bellas Artes, Arquitectura,
Medicina y Naturales, dirigidos por agrupaciones reformistas de izquierdas,
elaboraron sus declaraciones en conjunto, con un tono menos corporativo y menos
universitario de las emitidas por la FULP. Mediando agosto, tuvo lugar un
fuerte debate en su Mesa Directiva que separó aún más las aguas. Estos habían
llevado la propuesta de regresar a la FUA y de conformar una conducción mixta
(es decir, que integrara a aquellos cinco centros) que fue rechazada por una
parte del bloque “democrático”[28]. A pesar del cambio de gobierno,
los espacios y acciones del estudiantado platense continuaban delimitados por
aquella “guerra fría reformista”.
Al cierre del mes de agosto,
cuando era inminente el nombramiento de nuevas autoridades, la situación se
agudizó. La FULP convocó actos, manifestaciones y asambleas en todas las
facultades con un comunicado que afirmaba, antes que nada, su “posición democrática y de oposición a los
totalitarismos”, de lo cual se desprendía la defensa de la autonomía, la
libertad de cátedra y el cogobierno. También defendía “el alto contenido moral de las renuncias” pero considerando que
debían primero agotarse todas las instancias de lucha; por último, llamaba a la
presencia activa de estudiantes en sus facultades[29].
Pero como podemos suponer, una afirmación como la que iniciaba la declaración
dejaría en disconformidad a actores claves de la resistencia a la intervención,
como fueron los Centros de Estudiantes conducidos por la izquierda reformista
que no formaban parte de la FULP “democrática”. Casi en simultáneo, este
espacio elaboró una solicitada en El Día
que caracterizaba la situación de las universidades al tiempo que proponía un
plan de lucha a seguir:
1) La
acción del movimiento estudiantil, orientado por la línea política de la FUA al
impulsar las luchas por el aumento del presupuesto en 1964, contra el envío de
tropas a Santo Domingo (...) infligieron una seria derrota a los grupos de
privilegio en el país y a sus personeros en la universidad. 2) La intervención
tiene como objetivo cortar ese proceso. La Ley rompe la estructura democrática
e ilegaliza al movimiento estudiantil (…) Se elimina la libertad de cátedra y
se establece la discriminación ideológica (…) Se marcha a reducir el número de
estudiantes por universidad e impedir el acceso de los sectores populares (…)[30]
Finalizaba con una serie de
puntos para la acción, entre los que se encontraban, la reapertura de las
universidades y la reanudación de las clases; la realización de asambleas y
actos desconociendo el Decreto Ley n. 16.921 y la articulación con los sectores
del sindicalismo que ya habían pasado “de
la expectativa a la desconfianza” respecto del gobierno.
III. Posiciones que cambian: radicalización reformista
y un nuevo “bando” para cristianos y peronistas
En este contexto, particular
impacto tuvo lo sucedido en Córdoba, donde, el 18 de agosto la represión a una
manifestación dejó 200 detenidos y una importante cantidad de heridos. El mismo
día, un grupo de estudiantes integralistas decidió comenzar una huelga de
hambre contra el régimen en la Parroquia Cristo Obrero. Con el correr de los
días, la medida se replicó en Chaco, Corrientes y San Luis. En La Plata,
manifestaron su solidaridad con la osada medida los Centro de Estudiantes de
Medicina y Humanidades, los Movimientos Socialcristianos de La Plata y los
Ateneos de Humanidades y Química y Farmacia. A partir de aquí, en cada
manifestación estudiantil las iglesias de la ciudad contarán con guardia
especial.
El 25 de agosto tuvo lugar además
el nombramiento de nuevas autoridades universitarias, del rector-interventor
Santiago Gorostiague y los decanos de buena parte de las Facultades. A los
pocos días, las casas de Gorostiague y Antonio Bonet (interventor de
Humanidades) fueron atacadas con bombas de alquitrán. Es que, ambas cuestiones,
la radicalidad del estudiantado nacional y los cambios locales, colaboraron en
radicalizar las posiciones del estudiantado platense. Los días 26 y 27
estuvieron marcados por continuos actos relámpagos en diversas arterias de la
ciudad: en todos ellos los estudiantes se agrupaban y dispersaban rápidamente,
arrojando volantes de la FULP o, por caso, un cerdo pintado con frases críticas
hacia la dictadura. La fuerte represión sobre los actos e intentos de
movilizaciones fue una constante, el día 27 cuatro estudiantes fueron
apresados. Al día siguiente, fueron detenidos 23 estudiantes latinoamericanos
(16 de Perú, el resto de Bolivia y Honduras) al cierre de una misa en la
Iglesia San Ponciano pues la policía había sido alertada por “extraños
movimientos”.
El día 29 asumieron Gorostiague y
los decanos de siete Facultades en una universidad prácticamente amurallada por
la presencia policial. La FULP había convocado una “marcha del silencio” que,
al ser impedida, adoptó la forma de manifestaciones y actos relámpagos bajo la
consigna “Junto a la FULP para
resistir a los interventores y su séquito de obsecuentes”. La represión
fue también la nota del día, dejando el saldo de treinta detenidos[31]. Al día siguiente, nuevas
escaramuzas entre los estudiantes y las fuerzas represivas acabaron con otros
quince detenidos, dos periodistas heridos y la Iglesia San Ponciano (donde un
grupo de estudiantes se había refugiado) desalojada.
A partir del primero de
septiembre y con autoridades ya nombradas, las clases debían reiniciarse. En
este nuevo contexto, la FULP convocó a asambleas en todos sus Centros y a una
manifestación que luego de ser reprimida con golpes y gases lacrimógenos, dejó
otros tres detenidos y varios heridos. Las asambleas definieron la realización
de huelgas estudiantiles que paralizaron por los días siguientes la UNLP. En la
Facultad de Naturales la asamblea estudiantil repudió el nuevo decano y acordó
no asistir a clases. Luego de esto, el interventor presentó su renuncia y la
Facultad fue cerrada bajo custodia policial. Cabe decir que los Centros de
Estudiantes de Agronomía, Veterinarias y Derecho fueron las excepciones en este
escenario dominado por las posturas de resistencia a las intervenciones.
Recordemos que los tres Centros estaban conducidos por agrupaciones no críticas
del gobierno militar. Las huelgas, en el resto de la UNLP, se sucedieron hasta
el día 7 de septiembre. Ese mismo día, una nueva manifestación dejó ocho
detenidos, entre ellos, las estudiantes de Humanidades Liliana Galletti y
Martha De Pierris.
Las medidas de lucha continuaron
durante todo septiembre. En Humanidades, la policía intentó apresar a Néstor
Brutti al momento de abrir la cooperativa del Centro de Estudiantes; Brutti se
resistió a los gritos, los estudiantes salieron de las aulas y hubo forcejeos
con la policía. El resultado fue de tres estudiantes presos (Brutti, Julio
Nolazco de Perú y Danni R. Laguna de Bolivia), una huelga estudiantil y una
convocatoria a la comisaría para exigir la libertad de los detenidos. Luego de
esto se sucedieron asambleas masivas en las facultades de Medicina, Arquitectura,
Derecho, Naturales, Química y Farmacia e Ingeniería. El día 10 de septiembre,
Humanidades estuvo paralizada por un paro estudiantil y por una fuerte
presencia militar que se mantuvo toda la jornada[32].
En este marco, llegó el 12 de
septiembre la noticia de la muerte del cordobés Santiago Pampillón. Las
actividades estudiantiles en su repudio se repitieron en todas las facultades,
menos en Agronomía y Veterinarias; un grupo de estudiantes organizó una
ceremonia religiosa en San Ponciano, al tiempo que la UNLP suspendió las
actividades por duelo. El día 13, un acto organizado por la FULP terminó con
nuevos incidentes. Producto de los golpes policiales, una estudiante de
Periodismo cayó inconsciente al piso. Coincidimos con Pablo Bonavena en que la
muerte de Santiago Pampillón modificó las posiciones en el mapa estudiantil[33].
Es decir que una parte de las fuerzas que habían apoyado el gobierno militar, o
habían tomado posturas realmente ambiguas al respecto, pasaron al “bando” de
quienes lo repudiaban. Un ejemplo claro lo encontramos en el Centro de
Estudiantes de Agronomía y la Lista Facultad, que se plegaron a la huelga
general convocada por FULP al cumplirse un mes de la muerte de Pampillón. Las
excepciones continuaron siendo los Centros de Estudiantes de Veterinarias y
Derecho cuyas posiciones no cambiaron. Otro caso, quizás más resonante, está
dado por grupos identificados con el peronismo y agrupados en la FURN, que
surgió “oficialmente” mediando el 1966. Estos habían pasado, de articular con
la izquierda reformista en 1963-1965 a criticarla abiertamente en 1966 y, más
aún, colocarse en una posición de “apoyo expectante” al golpe militar. El
correr del año y el asesinato de Pampillón modificaron esa posición.
Durante 1966 y los años
siguientes, las posturas estudiantiles no iban a hacer más que complejizarse,
entre otros motivos, porque la represión gubernamental obligaba a buscar nuevos
aliados. Por caso, en septiembre de 1966, una campaña por la apertura del
Comedor realizada por la FULP, encontró en la Asociación Obrera Textil y en el
gremio de los obreros de Correos y Telecomunicaciones importantes aliados que
abrieron incluso las puertas de sus locales para recibir donaciones. Para fines
de septiembre de 1966 nos encontramos con un reformismo unido en la necesidad
de afianzar dicha relación pues quedaba claro que “a través de este gesto, se ha abierto una ancha puerta que los
estudiantes no sabíamos aún como transponer”, es decir, los
desencuentros de “los últimos 20 años
entre obreros y estudiantes”[34].
Ya cerrando el año, cuando las medidas de fuerza estudiantiles comenzaban a
mostrar signos de desgaste, tuvo lugar otro gesto importante como fue el apoyo
de la FULP a la huelga general convocada por la CGT para el 14 de diciembre, en
medio de fuertes protestas de los gremios portuarios, ferroviarios y azucareros
de Tucumán. En dicha ocasión la entidad estudiantil no dejó de posicionarse en
favor de “superar pasados desencuentros” con dicho actor así como también
definir objetivos comunes y realizar actos de unidad concreta.
4. Palabras finales
Dos objetivos han guiado este trabajo. Por un lado, se
buscó reconstruir lo sucedido en la coyuntura de 1966 en la UNLP, tanto en su
movimiento estudiantil como en su vida y organización institucional. Seguro
esta segunda línea deberá profundizarse con indagaciones que, por ejemplo,
observen las acciones moleculares (en cada unidad académica) o que sigan el
correr de 1967 y los efectos en la UNLP de los planes de modernización. Pero
además, intentamos colocar esa reconstrucción empírica en una perspectiva de
análisis cruzada: atendiendo al campo de estudios sobre universidades y
movimiento estudiantil argentino (los factores internos y locales) y, a su vez,
al que trabaja la Guerra Fría cultural en América Latina. ¿Cuánto de ese clima
político, ideológico y de índole internacional, nos permite visualizar debates,
problemas y posiciones de actores locales? ¿Qué mediaciones, usos y
resignificaciones existieron en 1966 y antes?
Como vimos, el esquema Comunismo vs. Anti comunismo o
Imperialismo vs. Latinoamericanismo no llegó a la UNLP en 1966, pues desde
fines de 1950 ordenaba el mapa estudiantil reformista. Algo similar ocurría con
esos binomios aplicados al debate en torno a las funciones de la universidad y
la ciencia. Esto nos permite colocar un matiz en aquella imagen tan repetida
por la bibliografía que propone a 1966 como un “parte aguas” en las
universidades argentinas: ¿En qué sentido, cómo y para quiénes 1966 constituyó
un antes y un después? Primero, no hay dudas de que la legislación sancionada
en 1966 sí supuso una ruptura en la forma de cómo las casas de estudio se
ordenaban internamente al suprimir los principios más básicos de la Reforma
Universitaria. Por esta razón, muchas organizaciones adquirieron una nueva dinámica
cotidiana (quizás más clandestina, con nuevos repertorios de acción y otros
espacios de encuentro y circulación) que se inició como respuesta a aquella
política universitaria y represiva del régimen. Pero esto no quiere decir que
el reformismo como eje de reivindicaciones haya quedado también suprimido u
obsoleto. De hecho, los posicionamientos estudiantiles mayoritarios durante el
año dicen lo contrario. Ahora bien, sí hubo desplazamientos que cabe
considerar, por su peso posterior: tras el asesinato de Santiago Pampillón, un
sector cristiano y la FURN se colocaron en una posición tan crítica del régimen
como del reformismo. Para este segundo espacio 1966 sí actúo como “momento
fundacional”, pues crecerá ocupando un espacio político que estaba vacante en
la UNLP.
Sin embargo, esto no nos
permite concluir que 1966 haya constituido una ruptura de peso cuantitativo en
el mapa global de fuerzas estudiantiles, al menos no lo fue en el corto plazo y
los tres “bloques” de posiciones continuaron ordenando actores y posiciones.
Bibliografía
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Fuentes
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de la Universidad Nacional de La Plata.
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- Diario El Día, La Plata. Consultado de enero a diciembre de 1966.
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- H. Carriquiriborde y U. Jáuregui. Entrevista realizada el 30/05/2016 en
La Plata, Buenos Aires, Argentina. Entrevistadora: Nayla Pis Diez.
- S.
Amaral. Entrevista realizada el 2/06/2016 en La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Entrevistadora: Nayla Pis Diez.
- Documento Federación Universitaria de La Plata en: CPM – Fondo
DIPBA, División Central de Documentación, Registro y Archivo. Mesa A, Carpeta
Estudiantil, Leg. 1.
* Centro de Investigaciones
Socio-Históricas/Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias
Sociales (CISH/IdIHCS). Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET). Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Universidad Nacional de La Plata.
[1]
Buchbinder, P. (2005). Historia de las universidades argentinas.
Buenos Aires: Sudamericana.
[2]
Mendonça, M. (2015). “Cómo resolver el problema universitario: nuevos
diagnósticos y cambios en la agenda política durante el Onganiato (1966-1970)”.
Revista História da Educação, Vol. 19, n°47, (pp. 229-248). Río Grande
do Sul.
[3]
Califa J. (2018). “La amenaza roja. La intervención a la UBA durante
1966 vista desde el golpismo interno”. Contemporánea, año 9, vol. 9 (pp.
35-49). Montevideo.
[4] Rey Tristán, E. (2012). “Estados
Unidos y América Latina durante la Guerra Fría: la dimensión cultural” en
Benedetta, C. y Franco, M. (comps.) La guerra fría cultural en América
Latina (pp. 51-66). Buenos Aires: Biblos.
[5]
Pis Diez, N. (2018). “Frondizismo, comunismo y
“guerra fría” reformista: politización y fragmentación ideológica en la
Universidad de La Plata”. Archivos de Historia del Movimiento Obrero y la
Izquierda, n°12 (pp. 53-71).
Buenos Aires.
[6]
Franco, M. (2012). “Anticomunismo,
subversión y patria. Construcciones culturales e ideológicas en la Argentina de
los 70” en Benedetta, C. y Franco, M. (comps.) La guerra fría cultural en América Latina (pp. 195-210). Buenos Aires: Biblos.
[7]
Ver, por ejemplo, para Buenos Aires: Califa, J. (2014). Reforma y
Revolución. Buenos Aires: EUDEBA, p. 203.
[8]
La reconstrucción de este debate, aquí resumida, se realizó en base a
las Actas Taquigráficas del Honorable Consejo Superior de la UNLP, Acta nº746,
5 de mayo de 1960, La Plata, pp.10-55. Las posiciones estudiantiles fueron
recogidas en El Argentino de abril y mayo de 1960.
[9]
Morgenfeld,
L. (2012). “Desarrollismo, Alianza para el Progreso y Revolución Cubana
(1961-1962)”. Ciclos en la historia, la economía y la sociedad nº40 (pp.
133 – 163). Buenos Aires. De acuerdo al autor, el plan de ayuda para
América Latina no implicó de ninguna manera el abandono de las formas
“clásicas” del intervencionismo militar. El inicio de la guerra de Vietnam,
sumado al asesinato de Kennedy, hicieron que la estrategia de “contención del
comunismo” en América Latina privilegiara las intervenciones militares y,
fundamentalmente, el compromiso de las fuerzas armadas de cada país en la lucha
contra el comunismo.
[10]
Puiggrós, A. (2015). Imperialismo, educación y neoliberalismo en
América Latina. Buenos Aires: Colihue.
[11]
Plotkin, M. y Neiburg, F. (2004) (comps.). Intelectuales y expertos. La constitución del conocimiento
social en Argentina. Buenos Aires: Paidós, p. 234; Estebanez, E.
(2010). “La modernización en Exactas: los subsidios de la Fundación Ford
durante los años '60” en Prego C. y Vallejos O.
(eds.) La construcción de la ciencia
académica: actores, instituciones y procesos en la Universidad argentina del
siglo XX (pp. 253-266). Buenos Aires: Biblos, p. 258.
[12]
Para Alberto Bozza, fundaciones como Carnegie, Ford y Rockefeller
compartían la estrategia internacional de Estados Unidos, participando en una
red de organizaciones políticas, económicas y culturales empeñadas en la
defensa del sistema capitalista. Bajo ese signo epocal, se instrumentaron
investigaciones sociales aplicadas a casos regionales que, por lo general,
entrañaban situaciones potencialmente conflictivas. El más renombrado fue el
Proyecto Camelot (1964), enfocado en Chile. La Fundación Ford fue el nexo para
reclutar los equipos de investigadores sociales. Bozza, J. A. (2012). “Ciencias
Sociales y Guerra Fría. Del anticomunismo a la contrainsurgencia”. Ponencia
presentada en las VII Jornadas de Sociología. La Plata: Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación.
[13] Respectivamente las citas son: El
Argentino (1961). “Penetración
comunista en la universidad”. La Plata, 11/04; El Argentino (1962). “Comunismo, todos le temen pero lo
están provocando”. La Plata, 8/07.
[14]
No obstante, las mayores novedades políticas en el reformismo de esos
años tuvieron lugar en su ala de izquierdas pues a partir de 1963/1964
ubicamos, no solo el surgimiento de grupos ligados a organizaciones nacionales
de la “nueva izquierda”, también de otros que se identificaban con el peronismo
y que acabarán conformando la FURN, como veremos.
[15]
Rouquié, A. (1982). Poder militar y sociedad política en la
Argentina. Buenos Aires: Emecé; O´ Donnell, G. (2009). El Estado
burocrático autoritario. Buenos Aires: Prometeo.
[16]
La presidencia de
Arturo Frondizi estuvo marcada por la intensificación del anticomunismo, a
partir del año 1959 y con la sanción del Plan Conintes, que enfocaba el
problema de la seguridad en clave de guerra interna. Asimismo, se destaca el
crecimiento de organizaciones anti comunistas no estatales y la persecución a
espacios y personalidades no vinculadas con el partido, pero sí con posiciones
consideradas subversivas. Bohoslavsky, E. y Vicente, M.
(2014). “Sino el espanto. Temas, prácticas y alianzas de los anticomunismos de
derecha en Argentina entre 1955 y 1966”. Anuario del Instituto de Historia
Argentina nº14 (pp. 1-17). La Plata.
[17]
Mendonça, M. (2015). “Cómo resolver el problema universitario: nuevos
diagnósticos y cambios en la agenda política durante el Onganiato (1966-1970)”,
op. cit.
[18]
La declaración fue aprobada pero no votada, aunque dos estudiantes del
comunismo (Jáuregui, de Arquitectura y Jmelnitzky de Medicina) se posicionaron
en contra. Barrena (estudiante de Veterinarias), una parte de los graduados y
algunos profesores se manifestaron a favor de la “revolución”, afirmando que se
abría una “gran esperanza para la
unión nacional”. Otro bloque de profesores se posicionó enérgicamente en
contra del golpe. El Día (1966). “Reafirmó el consejo superior las bases
del gobierno universitario”. La Plata, 30/06. A comienzos de julio el
debate se repitió, protagonizado por los estudiantes. Uno de ellos, Llerena de
Agronomía, comenzó señalando la necesidad de apoyar la “revolución” a quien
respondió Malacalza afirmando que “no
se resuelven los problemas del país con un golpe de Estado”. Luego,
Llerena aclaró que apoyaba la “Revolución
Nacional y no el golpe militar” y el público estudiantil arrojó sobre la
mesa volantes firmados por el Comando de Recuperación Universitaria. El Día (1966).
“En reunión especial, el Consejo Universitario dio un comunicado”. La Plata,
2/07. Malacalza integraba el Centro de Estudiantes de Naturales y el espacio de
izquierda MENAP. Llerena pertenecía a la cristiana Lista Facultad y al Centro
de Estudiantes Peruanos.
[19]
Los rectores de las universidades nacionales de Cuyo, del Nordeste y del
Sur aceptaron transformarse en interventores, mientras los de Tucumán, Litoral,
La Plata, Córdoba y Buenos Aires rechazaron la disposición. Buchbinder, P.
(2005). Historia de las universidades argentinas, op. cit., pp. 189-190.
[20]
El Día (1966). “Declaración de FULP”. La Plata, 30/07.
[21]
Crearon la FURN grupos de Derecho (MUR), Veterinarias (MAV), de
estudiantes peruanos, de Bellas Artes, Humanidades y Ciencias Naturales. Dice
en entrevista S. Amaral, miembro fundador: “La característica de toda esta gente era que veíamos con simpatía el
Golpe de Onganía -para decirlo de alguna manera-, cosa que seguramente no
reconocería, pero era el fin de la partidocracia, del lenguaje, y eso duró muy
poco, junio, julio, agosto (…) Lo que se pensaba en ese momento era que el
peligro de exclusión de Perón había terminado, se sabía que iba a existir una
negociación con Perón. Entonces, por eso el apoyo a Onganía”. (S. Amaral. Entrevista realizada el 2/06/2016 en La Plata, Buenos
Aires, Argentina. Entrevistadora: Nayla Pis Diez.) Un testimonio
recogido por Ana Barletta dice: “Nosotros
estábamos en el Centro de Estudiantes de Ciencias Naturales, cuando el MURN
plantea el apoyo a Onganía, querían una declaración pública del Centro de
Estudiantes de Ciencias Naturales; no se la aceptamos. Se votó en ese momento,
había gente que no estaba en el Centro y que exigía el apoyo, con mucha
prepotencia. Y bueno...¡No!”; Barletta, A. (2000). “Universidad y
política. La peronización de los universitarios (1966-1971)”. Ponencia
presentada en XXII International Congress de Latin American Studies
Association. Miami, p. 6.
[22]
Contabilizamos alrededor de diez. Todas ellas hacían explícita alusión a
la necesidad de combatir la “infiltración marxista” y al régimen reformista que
le hacía de “máscara”. Ver también: Bonavena,
P. (2012).
“Conflicto social y protesta en la ciudad de La Plata: el caso del movimiento
estudiantil frente a la irrupción de la “Revolución Argentina”.” en Castillo,
C. y Raimundo, M. (comps.). El 69 platense (pp.15-78).
Buenos Aires: Estudios Sociológicos, p. 20.
[23]
El Día (1966). “Declaraciones”.
La Plata, 11/08.
[24]
Suasnábar C.
(2004). Universidad e
intelectuales: educación y política en la Argentina (1955-1976). Buenos Aires: FLACSO Manantial,
pp. 76-77.
[25]
Las notas del párrafo provienen de El Día (1966). La Plata, 6/08,
7/08 y 10/08.
[26]
El Día (1966). “Centro de
Estudiantes de Arquitectura”. La Plata, 14/08.
[27]
En entrevista, los estudiantes y ayudantes de Arquitectura, U. Jáuregui
y H. Carriquiriborde (militantes del comunismo) recordaban respecto de la
renuncia del decano Jorge Chute y los profesores: “Siendo Decano en una reunión del Consejo Superior, debe haber sido
cuando se hizo la intervención del ‘66 en Buenos Aires y hubo una discusión muy
fuerte y él dijo que dejaba todo e iba a agarrar las armas. ¡Se iba a agarrar
las armas! Nosotros decíamos “¡está loco! ¿Qué está haciendo?”. Fue ahí y
renunció, nos dejó a todos desorientados porque lo que queríamos era quedarnos
adentro, mientras se pudiera, que nos echaran si nos querían echar. El tipo
renunció y al final se discutió qué se hacía y los profesores estaban de
acuerdo con renunciar, entonces nosotros que éramos ayudantes alumnos
renunciamos. ¿A qué nos íbamos a quedar?” (H.
Carriquiriborde y U. Jáuregui. Entrevista realizada el 30/05/2016 en La Plata,
Buenos Aires, Argentina. Entrevistadora: Nayla Pis Diez). Recuerda
también O. Pagnutti de Humanidades, también del PC: “Y así es que se da esa situación durante el golpe, donde nosotros
tratamos de mantener la estructura de la universidad, tratar de evitar que se
desmembrara. Porque muchos profesores querían abandonar y llevamos un planteo
de resistencia dentro de la universidad.” (O.
Pagnutti. Entrevista realizada el 25/02/2016 en La Plata, Buenos Aires,
Argentina. Entrevistadora: Nayla Pis Diez).
[28]
De acuerdo al informe de la DIPBA, el 20 de agosto dos delegados
comunistas se acercaron a la Mesa de FULP con el pedido de integrarla. Los
miembros “democráticos” de FULP se negaron con el argumento de que nunca habían
sido aliados. Los delegados afirmaron que sus cinco Centros se retiraban para
conformar una “Federación Antiimperialista”. El informe ubica un tercer sector
que intentó mediar, el “grupo Kraiselburd”, con integrantes de Unión
Universitaria-Derecho e Impulso-Humanidades (radicales del pueblo con posiciones
“extremas”, anti golpe y anarquistas), afirmando que había que enfocar el
problema de forma global y luchar contra el gobierno. El grupo gobernante de la
FULP, según el informe, estaba conformado por “gente más pacífica”, reformistas
democráticos, de centro derecha, socialistas e incluso socialcristianos. Con el
correr del mes la FULP agudizó sus posiciones por lo cual, podemos suponer que
se llegó a un plan conjunto con el “grupo Kraiselburd”, no así con el bloque de
izquierdas que, aun plegándose a los planes de acción de FULP, actuaba y emitía
declaraciones de forma más autónoma. En: Documento Federación Universitaria de
La Plata en: CPM – Fondo DIPBA, División Central de Documentación, Registro y
Archivo. Mesa A, Carpeta Estudiantil, Leg. 1.
[29]
El Día (1966). “Universidad:
aguárdanse nombramientos locales. Declaración de FULP”. La Plata, 21/08.
[30]
El
Día (1966). “Solicitada: ante la intervención a las universidades nacionales”.
La Plata, 22/08.
[31]
La declaración de la FULP al cierre de la jornada nos permite ilustrar
el clima: “Decenas de estudiantes y
ciudadanos han sido detenidos hoy. Sin ningún motivo, solo para demostrar que
la intervención llegó a la UNLP (…) El interventor asumía su cargo mientras se
detenía a decenas de estudiantes que cometían el delito de expresar su
desacuerdo con un régimen universitario cuyos objetivos son anti algo: están
contra el sistema del Comedor que permite estudiar a jóvenes de la más diversa
extracción social, es decir, al pueblo; están contra el ingreso libre en las
facultades porque en Argentina sobran profesionales, dicen (…) Pero cada calle
se convertirá en un aula. Cada esquina será una tribuna aunque ello nos cueste
la libertad. Más de mil policías debieron tomar la Universidad para que
asumiera el interventor. Eso señala cuál es la autoridad que representa:
revólver, machete, bastón.” El Día
(1966). “Declaración de FULP”. La Plata, 30/08.
[32]
La FULP emitió un comunicado ante los sucesos en Humanidades afirmando
que estos profundizaban el enfrentamiento de las autoridades y la policía con los estudiantes; reivindicaba la actitud
de los profesores de Humanidades, al negarse a dar clases hasta el retiro de
los policías y la liberación de los detenidos. Exigía además la libertad a los
estudiantes detenidos y el retiro de la policía de la UNLP. El Día (1966). “No hubo actividades en Humanidades,
Naturales y Arquitectura. Declaración de FULP”. La Plata, 10/09.
[33]
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[34]
El Día (1966). “Nota de la
FULP”. La Plata, 28/09.
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Cuadernos de Marte, Revista latinoamericana de Sociología de la Guerra es una publicación oficial del Insituto de Investigaciones Gino Germani, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.
ISSN 1852-9879
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