En 1996 el historiador Francis Oakley identificó que entre los y las historiadoras dominaba una angustia de la influencia. Es decir, un temor a señalar que determinado autor había influenciado a determinado otro. Sin embargo, negar toda posibilidad de relaciones de influencia en la historia del pensamiento parece disparatado. Pero ¿cómo rastrear una relación de influencia? ¿Es posible encontrar elementos que diferencien una similitud azarosa en el pensamiento de dos autores o autoras de la utilización directa de ideas de un autor A por parte de otro B?, ¿cuándo y cómo decir que un autor A influenció a un autor B? Para hacerlo, presentamos dos precauciones que, más que señalar el camino lineal para el estudio de toda influencia, indican las coordenadas a partir del cuales las relaciones de influencia se mueven. Primera precaución: además de la comparación de ideas, conceptos e historia. Segunda precaución: antes que comparar obras completas, rastrear irrupciones singulares.