En el mundo griego antiguo, no existía nada parecido a la identidad sexual. Las etiquetas o categorías que nos individualizan son propias de los derechos humanos, un concepto muy alejado de las sociedades antiguas donde prima la colectividad. Además, la historiografía se ha sentido incómoda a la hora de analizar la finalidad y la frecuencia entre personas del mismo sexo, especialmente en la pederastia propedéutica. No obstante, en ciudades como Atenas o la Tebas del siglo IV, tuvieron un valor esencial en la educación de los ciudadanos. En este artículo analizaremos la importancia del afecto y las relaciones entre los seres humanos para la consecución de los ideales políados. La polis fomenta relaciones afectivas entre la elite y las sublima en las fiestas cívicas, permitiendo así que los valores se transmitan de generación en generación.