Espacio Abierto

QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos.
Núm. 25 (2026)
DOI: 10.62174/quid16.i25_a404

Transición urbana

Una aproximación socioecológica y relacional entre las ciudades y el territorio

Fernando Vanoli a;b ORCID
fer.vanoli@unc.edu.ar

a Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina. ROR
b Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), Argentina. ROR

Resumen

Este trabajo analiza críticamente el rol del urbanismo desde aproximaciones socioecológicas y relacionales como vía para la transición ambiental urbana. Se indaga el vínculo con la ruralidad y el territorio; se analizan diversas aproximaciones globales, con especial atención en Latinoamérica y, en particular, en Argentina. En las últimas décadas, un amplio debate ha consolidado un consenso sobre la centralidad de la crisis climática en las sociedades actuales, donde las ciudades tienen una responsabilidad primaria. Se exploran nociones como antropoceno, urbanoceno y urbanormatividad para problematizar el escenario contemporáneo, y ser parte del supuesto que en la ruralidad persisten prácticas relacionales posibles de recuperar como camino de transición ambiental urbana. Se propone la metáfora de ruralizar las ciudades, con el fin de elaborar algunas mediaciones, categorías y estrategias urbanas que cuestionan la dicotomía entre cultura y naturaleza, y promueven la recuperación de la relacionalidad y vínculos que trascienden lo humano. Es decir, ya no con centro en la humanidad, sino en un sistema de múltiples focos, donde la vitalidad de estas redes interdependientes permite viabilizar transformaciones orientadas a mejorar la vida cotidiana.

Palabras claves: Transición urbana; Relacionalidad; Crisis ambiental; Ruralizar.

Abstract

This paper critically analyzes the role of urbanism through socio-ecological and relational approaches as a pathway for the urban environmental transition. It explores the link with rurality and territory; it analyzes diverse global approaches, with a particular focus on Latin America and, in particular, Argentina. Over the past decades, an extensive debate has established a broad consensus on the centrality of the climate crisis in contemporary societies, where cities bear primary responsibility. To critically engage with this contemporary scenario, the study explores concepts such as the Anthropocene, Urbanocene, and Urban Normativity. It posits that certain relational practices persist in rural contexts and could be reclaimed as a pathway toward urban environmental transition. The metaphor of ruralizing cities is introduced as a framework for developing mediations, categories, and urban strategies that challenge the culture-nature dichotomy and foster the restoration of relationality and connections that extend beyond the human. That is, rather than centering humanity, this perspective considers a system of multiple relational nodes, where the vitality of these interdependent networks enables transitions aimed at improving everyday life.

Keywords: Urban transition; Relationality; Environmental crisis; Ruralizing.

Recibido: 2025/2/13; Aceptado: 2025/11/20; Publicado en línea: 2026/4/1.

Introducción

La actualidad se encuentra atravesada por un periodo de múltiples crisis con un amplio consenso sobre la centralidad del colapso ambiental que revela un planeta cada vez más inhóspito (Svampa y Viale, 2020). Uno de los escenarios argumentales se establece a partir del concepto de Antropoceno que, en palabras de Svampa, “designa un nuevo tiempo en el cual el ser humano se ha convertido en una fuerza de transformación con alcance global y geológico” (Svampa, 2019, p. 104). Supone que se ha atravesado un umbral peligroso, capaz de provocar cambios bruscos e irreversibles para la vida, sustentado por el calentamiento global y el cambio climático, las alteraciones en los ciclos biogeoquímicos —fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas—, la degradación de los ecosistemas y del tejido de la vida, así como la pérdida de biodiversidad.

Estas transformaciones no pueden comprenderse sin atender a los procesos sociohistóricos ligados a los modelos de desarrollo que han orientado la relación sociedad-naturaleza. En ese marco, el aumento de la población mundial ha generado una huella ecológica global que excede la capacidad de regeneración de los ecosistemas atravesados por periodos de largo aliento como la Revolución Industrial o el capitalismo neoliberal (Svampa, 2019). Rockström et al. (2009), señalan límites planetarios que representan puntos críticos más allá de los cuales existe un riesgo significativo de que los sistemas terrestres se vean alterados de forma irreversible.1 Estos límites están estrechamente relacionados con las ciudades ya que estas son núcleos de actividad humana (concentran población, alto consumo de recursos y emisiones) con efectos directos sobre los procesos biofísicos. A partir de estos debates, resulta pertinente considerar el concepto de urbanoceno para problematizar el papel de las ciudades en las dinámicas globales.

El urbanismo aborda los desafíos inherentes a las ciudades, presentes desde hace siglos, pero estudiados sistemáticamente recién hacia fines del siglo XIX con el surgimiento de la disciplina. La Revolución Industrial y las migraciones masivas a los centros urbanos plantearon los primeros grandes retos que, a inicios del siglo XX, consolidaron al urbanismo como campo académico y profesional. Desde mediados del siglo XX y, especialmente a partir de 1970, los temas urbanos adquieren centralidad en las políticas públicas, los medios y la vida cotidiana (Castells, 1974). Posteriormente, la desindustrialización genera una sobreacumulación de capital que encuentra en la urbanización una salida atractiva (De Mattos, 2018; Harvey, 2018).

El auge del automóvil y de las autopistas impulsa la expansión suburbana, frecuentemente justificada como un retorno a la naturaleza frente a la contaminación urbana. Hacia fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, las áreas metropolitanas se expanden aceleradamente a la vez que el territorio rural se transforma por la inserción de la agricultura en los mercados globales. Más recientemente, las ciudades asumen un rol protagónico en la agenda climática; surge un urbanismo ambiental, impulsado por la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que integra sostenibilidad ambiental y desigualdades sociales. Otras perspectivas críticas incorporan enfoques socioecológicos, como los desarrollados por la ecología política urbana (Swyngedouw y Heynen, 2003).

Lo urbano se transforma así en una racionalidad que excede a las ciudades y conduce a una urbanización total de la sociedad (Lefebvre, 1978). Brenner (2013) señala que el urbanismo enfrenta una profunda crisis epistemológica. La expresión, propia de este siglo, de que la ciudad está en todos lados y en todas las cosas trasciende la discusión sobre los límites difusos de las ciudades y alude a una racionalidad urbana que permea a la sociedad en su conjunto. El concepto de urbanormativadad (Fulkerson y Thomas, 2022) problematiza la normalización de lo urbano como estándar de lo deseable, es una visión dominante de lo urbano que afecta las políticas públicas y el desarrollo económico y, además, cómo se representan y experimentan cotidianamente los espacios. Esta narrativa de superioridad urbana construye una jerarquía entre lo urbano y cualquier otra organización territorial.

Las ciudades poseen grandes virtudes y una notable capacidad transformadora sobre la sociedad. Existen ciudades de todos los tamaños y formas, forjadas a partir de diversos procesos históricos, exponentes de múltiples culturas y asentadas en las más variadas geografías. En un contexto de urbanización planetaria (Brenner, 2013), se han convertido en el escenario de los principales conflictos contemporáneos, pero también en laboratorios de posibles soluciones. Por lo tanto, resulta acuciante imaginar una transición urbana que responda a las crisis y demandas actuales.

Consideraciones metodológicas

El objetivo del trabajo es analizar críticamente el rol del urbanismo desde aproximaciones socioecológicas y relacionales con el fin de superar la dicotomía cultura-naturaleza y orientar el debate hacia la perspectiva de ruralizar las ciudades como vía para la transición ambiental urbana.

Se organiza en cuatro partes; la primera se dedica a construir un marco teórico sobre debates urbanos y cuestión ambiental con el fin de problematizar los imaginarios urbanocéntricos y situar nociones como urbanoceno y ruralizar las ciudades. Para ello, se conformó un corpus integrado por estadísticas demográficas (ONU-Hábitat, 2022), datos del INDEC [Link] y bibliografía académica seleccionada por su relevancia para los estudios urbanos-ambientales, y su pertinencia latinoamericana con textos clásicos de mediados del siglo XX hasta la actualidad. El análisis combinó un abordaje cuantitativo-descriptivo a partir de datos demográficos para cuestionar la centralidad de las metrópolis con una revisión bibliográfica estructurada en ejes temáticos que permitió construir una base conceptual para el análisis posterior sobre relaciones territoriales y modelos urbanos desde una perspectiva socioecológica y relacional.

Luego, dos apartados que se asientan sobre la perspectiva de ruralizar las ciudades, como propuesta de transición ambiental urbana seguido por reflexiones sobre lo que persiste en la ruralidad que hace posible esta transferencia. Estas secciones se apoyan en resultados de investigaciones previas sobre hábitat y territorio rural desarrolladas por el autor y su equipo en la provincia de Córdoba entre 2016 y 2024. Dichos estudios incluyeron trabajo de campo con observaciones, entrevistas y análisis de dinámicas socioespaciales y ambientales cuyas sistematizaciones y análisis permitieron reconocer relaciones significativas entre cultura-espacio y cultura-naturaleza. En el marco de este artículo, estos antecedentes no se desarrollan en detalle metodológico por exceder sus objetivos, sino que se retoman algunos hallazgos y conclusiones relevantes para fundamentar la perspectiva planteada.

En el tramo final, el trabajo incorpora un componente proyectual orientado a nutrir las categorías propuestas. Para ello se analizaron y sistematizaron ensayos proyectuales de tesis de grado en arquitectura desarrolladas entre 2023 y 2024 en la Universidad Nacional de Córdoba seleccionadas por su abordaje explícito de la relación entre ambiente y ciudad y por ofrecer exploraciones formales y espaciales que interrogan los modelos urbanos contemporáneos. El criterio de inclusión priorizó su capacidad prospectiva para imaginar futuros urbanos y territoriales alternativos y su pertinencia a las categorías discutidas. La lectura de estos casos se realizó mediante un análisis cualitativo interpretativo centrado en los conceptos, las estrategias espaciales y los modos de relación con el ambiente que proponen con el objetivo de relevar su potencial heurístico y crítico más que su factibilidad técnica.

Reorientar debates urbanos

Un argumento poco cuestionado a favor de la importancia de las ciudades se sustenta en la demografía. En el mundo, la mayoría de las personas viven en ciudades, un fenómeno posiblemente irreversible que los pronósticos estiman en continuo crecimiento. Según Naciones Unidas (ONU-Hábitat, 2022), el 56,7 % de la población mundial vive en áreas urbanas y proyectan que para el 2050 este porcentaje aumentará al 68 %. En ese marco, si bien no hay datos precisos, es posible estimar que entre el 11 % y el 18 % de la población urbana global reside en grandes ciudades y áreas metropolitanas de más de 5 millones de personas. En consecuencia, es posible señalar que, si bien hay un predominio de población urbana, el mayor porcentaje no reside en las grandes metrópolis.

En América Latina, existen 8 lugares considerados megaciudades2 donde reside el 15 % de la población total; incluso si se suman otras grandes urbes, el porcentaje asciende alrededor del 25 %. Esto implica que existen al menos tres cuartos de población que se distribuye en ciudades intermedias, medianas, pequeñas, pueblos rurales, áreas dispersas, y múltiples formas de ocupación del territorio. Argentina es uno de los países con mayores tasas de población urbana, alrededor del 92 % (INDEC, 2010); el porcentaje en grandes ciudades3 crece al 42 %, mientras que el 58 % se distribuye en otros sitios del país. Esta interpretación de datos busca ampliar las discusiones basadas en los argumentos demográficos.

Además, es posible agregar que el imaginario urbano es construido a partir de las representaciones de las grandes ciudades, usinas de las teorías y prácticas dominantes. Si se repasan bibliografías reconocidas de las últimas décadas sobre los estudios urbanos es posible ver, por ejemplo, que: La cuestión urbana, de Manuel Castells (1974) analiza París, Los Ángeles, Chicago, Madrid y San Pablo. La ciudad global, de Saskia Sassen (1991) analiza Nueva York, Londres y Tokio. Ciudades rebeldes, de David Harvey (2012) analiza Johannesburgo, Bombay, Nueva York y San Pablo. Muerte y vida de las grandes ciudades, de Jane Jacobs (1961) analiza Nueva York. Planeta de ciudades miseria, de Mike Davis (2006) analiza Lagos, Bombay, El Cairo, ciudad de México, Caracas, Nairobi. En busca de la justicia espacial, de Edward Soja (2014) analiza Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Bogotá, Buenos Aires y Medellín. La arquitectura de la ciudad, de Aldo Rossi (1966) analiza Roma, Berlín, París. La imagen de la ciudad, de Kevin Lynch (1960) analiza Boston, Jersey y Los Ángeles. El derecho a la ciudad, de Henri Lefebvre (1978) analiza París, entre otras.

Sin pretensión de exhaustividad, esas referencias señalan la tendencia de estudiar grandes ciudades,4 si bien son centrales para entender las transformaciones globales del último siglo, en términos demográficos representan alrededor del 2 % de la población mundial. Aunque de forma parcial e ilustrativa orienta una premisa evidente: el urbanismo tiende a adoptar una perspectiva urbanocéntrica al analizar y planificar el territorio. Sin embargo, no todo tipo de territorio es urbano o potencialmente urbano, por lo tanto, estudiar o gestionar la diversidad de espacialidades requiere evitar una visión sesgada y limitada de los problemas contemporáneos. De lo contrario, el urbanocentrismo se convierte en un urbanismo dominante que suele tomar como modelos las grandes metrópolis tratando de extrapolar intervenciones, políticas e instrumentos. Aunque se trate de experiencias, muchas veces exitosas, no siempre son viables en ciudades menores, cada una con sus propias dinámicas socioespaciales.

La noción de urbanocentrismo tiene cierta deriva de la idea de la urbanización planetaria (Brenner, 2013), un proceso global que se extiende más allá de los límites físicos de las ciudades; es “una de las metanarrativas dominantes, a través de la cual se interpreta […] nuestra actual situación planetaria” (2013, p. 39). Reduce la diversidad territorial a las resoluciones urbanas al mismo tiempo que obtura las posibilidades de imaginar otra urbanidad posible. Estos datos poblacionales y el modelo urbano dominante son parte de las problemáticas asociadas a las múltiples crisis que estamos atravesando, principalmente vinculadas a desigualdades sociales y ambientales. Brenner (2013) advierte que la urbanización planetaria no es un fenómeno homogéneo, sino un proceso desigual centrado en el impacto ecológico de las ciudades. Señala que los entornos urbanos del planeta contribuyen:

a establecer transformaciones trascendentales en la atmósfera, los hábitats bióticos, las superficies de uso de la tierra y las condiciones oceánicas, lo que produce consecuencias a largo plazo para el metabolismo de las formas de vida humana y no humana (Brenner, 2013, p. 40).

Como se señaló en la Introducción, Antropoceno es un término propuesto para designar una nueva era geológica caracterizada por el impacto global de las actividades humanas sobre la tierra, noción que enfatiza el papel central de la humanidad como fuerza geológica. Algunos investigadores consideran posible señalar esta nueva era como Urbanoceno (Grinberg, 2023; Svampa y Viale, 2020; West, 2017), término que subraya que la intervención humana está profundamente vinculada a los procesos de urbanización, los cuales han alcanzado un nivel de influencia tan significativo que han transformado de manera integral la biosfera, los ecosistemas y las estructuras socioeconómicas. West (2017) enfatiza la brusca transición de una época caracterizada por el auge exponencial de las ciudades que ahora dominan el planeta en un periodo breve e intenso que comenzó con la Revolución Industrial. Este concepto va más allá de la expansión física de las ciudades y enfatiza la reorganización sistémica de la naturaleza y la vida humana como resultado directo de la actividad urbana.

Si bien el foco del impacto ambiental de las ciudades es propio de este siglo, el fenómeno de urbanización total fue planteado a fines de los años 60 por Lefebvre (1978). Anunció que la sociedad se había vuelto urbana como parte de un proceso del capitalismo que transformó la ciudad en herramientas de control y explotación alcanzando a dominar todos los aspectos de la vida social. La ruptura en la tradicional relación campo-ciudad, señala Grinberg, es “una completa transformación del agro asociada a la producción industrial donde la misma urbe se convierte en fuerza productiva. El binomio antropoceno urbano, entonces, viene a referir a esta particular mixtura y sus múltiples vasos comunicantes” (Grinberg, 2023, p. 224). Los cambios en el uso del suelo de la economía de commodities es una de las claves que explica por qué Argentina tiene una población urbana del 92 % (Grinberg, 2023).

Esta revisión permite reconocer que la mirada urbana, independientemente de su escala, suele estar permeada por imaginarios y proyecciones de las grandes ciudades. Los datos demográficos requieren desanclarse de la jerarquización cualitativa de las metrópolis, de lo contrario son idealizaciones que no permiten atender las complejidades y superar los problemas socioespaciales actuales. Estos pliegues revelan una dimensión analítica relevante para los estudios urbanos sobre el rol de las ciudades intermedias o las pequeñas y medianas ciudades.5 En América Latina, las dinámicas de crecimiento urbano han cambiado notablemente en las últimas décadas; actualmente las ciudades intermedias están liderando el crecimiento demográfico (Finck, 2018; Manzano y Velazquez, 2015). Funcionan como puntos de conexión entre zonas rurales y urbanas, ofrecen otras perspectivas para las relaciones territoriales y mejores estrategias para una transición hacia modelos más sostenibles.

Por otro lado, los procesos desiguales de la globalización han sostenido y profundizado las desigualdades históricas del planeta, las caracterizaciones y problemáticas de las grandes ciudades latinoamericanas son radicalmente diferentes a las del norte global. Como señala Merlinsky: “alrededor del 20 % de la población mundial —el grupo de más altos ingresos que vive en los centros urbanos de los países más ricos— consume ya el 77 % de todos los bienes y servicios que se producen” (Merlinsky, 2021, p. 48). Para sostener este consumo es necesario un flujo creciente de extracción de energía y materiales a través del mercado internacional lo que intensifica la presión sobre los bienes naturales en los países del llamado Tercer Mundo. Las estructuras desiguales del planeta sostienen estos desequilibrios al mismo tiempo que han garantizado una mejor calidad de vida para las ciudades del norte global.

A pesar de todos los esfuerzos, el tiempo transcurrido y de todas sus virtudes, las grandes ciudades de América Latina enfrentan enormes dificultades para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Svampa y Viale (2020) señalan que la planificación a través de la especulación inmobiliaria ha profundizado la emergencia habitacional, la carencia de espacios verdes y es cada vez más excluyente con las clases bajas que habitan en los márgenes y en viviendas precarias. Además de factores como la insuficiencia de servicios básicos, la saturación de los sistemas de movilidad, transporte público ineficiente y altos índices de violencia, se le suma el deterioro ambiental con problemas sanitarios y de contaminación. Los problemas ambientales y de desigualdad suelen superponerse a raíz de una distribución desigual de los costos ambientales que resultan en zonas de sacrificio ambiental (Vanoli, 2022b).

Convivimos con un progresivo deterioro de la calidad de vida mientras las catástrofes ambientales se vuelven cada vez más recurrentes. El término urbanoceno está estrechamente relacionado con el cambio climático y subraya la urgencia de redefinir la relación entre las ciudades, el territorio y el ambiente. En este contexto, cualquier transformación socioecológica implica reconsiderar las interacciones entre lo rural y lo urbano, así como las escalaridades y modelos urbanos.

Ruralizar las ciudades

En los años treinta el grupo Austral6 postuló en un Manifiesto (Nuestra Arquitectura, 1939) la necesidad de un plan regional. Motivados por las primeras expresiones de las vanguardias modernas en Argentina, este plan suponía urbanizar la ruralidad como camino al progreso, es decir, dotar de cualidades urbanas a los sectores rurales (modular espacios para animales, zonificar, incluso construir bloques de viviendas para campesinos). Una mirada moderna que extendía la urbanización como “forma de domesticar a la naturaleza, considerada salvaje y no humana; lo urbano como punto de llegada del progreso humano, un espacio conquistado y separado del entorno natural” (Merlinsky, 2021, p. 52).

Trasladar la mirada urbanizadora a la planificación de cualquier forma territorial es, desde comienzos del siglo XX, un ejercicio recurrente de las políticas públicas. Este enfoque urbanocéntrico simplifica las complejidades y singularidades de los sistemas territoriales, relegando las interrelaciones, flujos e intercambios entre los ámbitos urbanos y rurales. En la actualidad, el giro ambiental (Svampa, 2019) provocó un cambio de época respecto a cómo imaginamos el futuro, y abrió debates sobre las transiciones ecológicas7 en los diferentes planos de la vida. Una “crisis multidimensional que requiere de respuestas urgentes y radicales que apunten a una transformación general de la sociedad y se orienten hacia un horizonte de sostenibilidad y de cuidado de la vida”, (Página web del Equipo Transiciones, [Link]). La idea de transición tomó protagonismo con los debates energéticos, pero desde una perspectiva integral se extendió a temas productivos, alimentarios, laborales y, lo que interesa aquí, urbanos.

Para repensar los modelos de urbanización como estrategia de transición socioecológica, es posible incorporar la metáfora de ruralizar las ciudades (Svampa y Viale, 2020), supone recuperar aquellas racionalidades ambientales que persisten en esos territorios. No se busca “proponer los modos de vidas rurales como un absoluto replicable, sino, a través de su ejemplo, habilitar una propuesta de recuperación de lo relacional” (Vanoli, 2022a, p. 130). Wang et al. (2023) proponen pensar en nuevas geografías rurales planetarias y ofrecen otras miradas para las relaciones rurales-urbanas en la búsqueda de la construcción de lugares sostenibles, impulsados inicialmente por las redes alimentarias, pero, además, con temas como energía, conservación y servicios ambientales. Reconocen que las resoluciones basadas en la naturaleza de los paisajes rurales aportan beneficios frente al cambio climático.

Escobar (2017) señala que la recuperación de prácticas arquitectónicas vernáculas son una vía para hacer frente a problemas sociales y degradación ambiental; no desde un tradicionalismo rígido, sino como espacio de posibilidades que integran prácticas vernáculas, paisajes concretos, restauración ecológica y tecnologías ambientales. Reconocer los procesos socioterritoriales que producen espacio en la ruralidad implica “una ruptura con las continuidades del pensamiento moderno-colonial, para habilitar formas de pensar desde racionalidades situadas” (Vanoli y Mandrini, 2023, p. 138). Para Svampa y Viale ruralizar la urbanidad “alude a una política ambiental, productiva, alimentaria, social y sobre todo cultural que supone una reconciliación urbana con la naturaleza”, donde “los espacios verdes urbanos deben ser concebidos como sistemas ambientales integrados, favoreciendo corredores biológicos y la reproducción de la flora y fauna locales” (Svampa y Viale, 2020, p. 529). La transición urbana también implica prestar atención a los pueblos rurales, semirurales y ciudades intermedias para brindar las herramientas económicas, educativas, sanitarias, conectivas y jurídicas para promover el arraigo de la población (Svampa y Viale, 2020).

Es importante considerar que el concepto de territorio no se reduce a límites geográficos o políticos y requiere una definición a partir de elementos tanto materiales como inmateriales. En ese sentido, representa un sistema multidimensional complejo donde las relaciones sociales componen formas específicas de producción de espacio con sus límites, fronteras y conflictividades. Es decir, en su diversidad, configuran diversos tipos de territorios (Mançano Fernandes, 2005). Esto lo vuelve un concepto dinámico como señala Haesbaert (2013), el territorio y las relaciones de poder se construyen mutuamente, considerando el espacio como parte integral de las dinámicas sociales y no como un elemento independiente.

La expresión de ruralizar consiste en una mirada amplia sobre las relaciones territoriales en las cuales hoy las grandes ciudades presentan los mayores desafíos. Resolver los problemas urbanos no equivale a afrontar necesariamente los problemas territoriales o socioespaciales de mayor escala. La transición urbana se plantea en el marco de los debates de las transiciones socioecológicas para detener el colapso ambiental; ruralizar las ciudades es una incitación a recuperar perspectivas relacionales que persisten en la ruralidad para pensar en modelos urbanos que recuperen las relaciones territoriales y la vitalidad ecosistémica.

¿Qué persiste en la ruralidad?

Cómo se señaló en la metodología, este apartado se apoya en resultados de investigaciones previas sobre hábitat y territorio rural en el noroeste de la provincia de Córdoba. Se retoman algunos hallazgos y conclusiones relevantes para fundamentar la perspectiva de ruralizar las ciudades y destacar los aspectos relacionales que persisten en la ruralidad.8

Uno de los matices de la cuestión demográfica descrita es que la ruralidad ha perdido población residente y sus dinámicas territoriales se han transformado. En América Latina, desde los años setenta las políticas neoliberales promovieron la liberalización económica y la desregulación estatal, favoreciendo el avance del agronegocio. En los noventa, la incorporación de la soja transgénica y el monocultivo profundizó el proceso. El capitalismo agrario, los mercados globales y las nuevas tecnologías transforman aceleradamente el territorio rural, desplazando la ganadería y la agricultura de pequeña escala. Este modelo productivo resultó incompatible con los modos de vida de pequeños productores, campesinos e indígenas. Un vaciamiento social de la ruralidad con la finalidad de promover lógicas de territorios eficientes (Svampa y Viale, 2014).

La intensificación de estos procesos fortaleció resistencias campesinas organizadas, en un comienzo, por el derecho a permanecer en sus tierras y, luego, por una defensa integral del sostenimiento de sus formas de vida. Con diferentes grados y formas de organización, el habitar rural persiste, y su valor para nuestro futuro radica en que sus prácticas, saberes y técnicas suponen formas de producción de espacio y territorio asociados a racionalidades ambientales y vínculos con cada uno de los elementos vivos y no vivos (Cejas y Vanoli, 2025); una pragmática propia para los desafíos ecosistémicos contemporáneos.

En la ruralidad esto puede observarse en prácticas materiales (constructivas, productivas y organizativas) de las comunidades en vínculo con las dimensiones simbólicas (deseos, necesidades, disputas). Donde se ponen en juego una multiplicidad de prácticas interdependientes (vínculos con la naturaleza, lo humano y no humano) para la reproducción de la vida (Haraway, 2019). Se despliega una trama relacional y situada pero también de diferentes escalas, que implica, entre otras cosas, una racionalidad ambiental de las prácticas rurales (Vanoli y Mandrini, 2021). Es posible reconocer, entre otros aspectos, la producción de alimentos a pequeña escala, los materiales y formas de construcción locales, la mixtura de funciones, las prácticas comunitarias, el cuidado de bienes naturales y la fuerte impronta identitaria y paisajística local.

Particularmente, la materialización de los espacios tiene características singulares arraigadas al territorio, reflejan y reproducen formas de interacción con el ambiente; el uso de materiales locales no es solo una técnica, sino una forma de relacionarse con el entorno. Históricamente, según cada lugar, se han utilizado elementos naturales como plantas, cañas, madera, piedra, arcilla y arena, junto con materiales de producción local como cueros, lana, grasas y pinturas vegetales. Esto también configura un tipo de paisaje de texturas, alturas y colores que recrea la ecorregión de la cual forman parte.

Prevalecen prácticas y perspectivas relacionales, éticas de cuidado, pensamiento situado y economías locales. Variables de amplio consenso en la agenda actual como horizontes para remediar y superar las múltiples crisis y construir las posibilidades de un mundo más habitable. El hábitat y el territorio rural conforman un entramado asociativo donde los espacios y las prácticas campesinas integran lo cultural, lo natural y lo construido en un diálogo constante (Vanoli, 2022a). Se considera que persiste porque aún mantienen, con enormes dificultades, sus formas de habitar como una micropolítica frente al avance del capitalismo agrario y políticas como la erradicación de viviendas rancho.

Para Kazic (2024) los campesinos establecen vínculos animados y afectivos con las plantas, reconociéndolas como seres sensibles e inteligentes; esta lectura podría replantear nuestras relaciones con el territorio, en contraposición a las prácticas extractivas y productivistas dominantes. Estas formas de habitar el territorio sostienen y actualizan lo comunitario como forma de resistencia, son expresiones y luchas cotidianas donde se despliegan diversas tramas vinculares tendientes a garantizar condiciones materiales y simbólicas para la reproducción de la vida en su conjunto.

Caminos posibles: categorías y ensayos proyectuales para imaginar la transición urbana

Para introducir este apartado se propone tender un puente entre la crítica teórica y la propuesta proyectual, y se recurre a una concepción del diseño que, como plantea Escobar (2017), cuestiona el paradigma dominante: históricamente funcional al capitalismo, al colonialismo y a la modernidad por su tendencia a homogeneizar las formas de vida y a priorizar la eficiencia, la producción y el consumo. Fisher advierte que “fue la homologación del diseño con el modo de producción capitalista lo que hace parecer al capitalismo como la única forma de modernidad posible” (Fisher, 2016, p. 138), lo que evidencia, a la luz de las múltiples crisis actuales, tanto el fracaso del diseño dominante como su potencial para ofrecer salidas alternativas (Escobar, 2017). Se propone entender el diseño como una práctica profundamente relacional y política, orientada a la construcción de mundos alternativos; una herramienta clave para las transiciones hacia formas de vida poscapitalistas, decoloniales y ecológicas. Así, estos “movimientos epistemológicos, anclados en el pensamiento proyectual, permiten habilitar gestos políticos en la arquitectura para incorporar un pensamiento crítico y situado” y una capacidad transformadora (Vanoli y Mandrini, 2023, p. 139).

Se propone organizar categorías que orienten estrategias frente a la crisis socioecológica, desde la perspectiva de una transición urbana guiada por la metáfora de ruralizar las ciudades. Para nutrir estas categorías se incluyen aportes de ensayos proyectuales elaborados en el marco de tesis de grado en arquitectura.9 Los caminos posibles requieren una atención especial a las relaciones entre la ciudad y el territorio en tanto reflexión sobre las relaciones entre lo humano, lo no humano, la tecnología y los sistemas sociales, para pensar en las conexiones, híbridos y ensamblajes que conforman la realidad contemporánea (Haraway, 1995). Las categorías que se proponen no son exhaustivas, mantienen relaciones entre ellas y dentro de cada se pueden considerar diferentes aportes, los títulos son solo una referencia: continuidades ecosistémicas, producción de alimentos y, por último, infraestructuras de remediación.

Continuidades ecosistémicas

La relevancia de los espacios naturales urbanos ha sido objeto de estudio desde hace décadas. Los espacios públicos no necesariamente cumplen funciones ecosistémicas y, cuando incluyen vegetación, esta suele limitarse a la capa superficial. Los desafíos ambientales actuales exigen ampliar las superficies de absorción y la continuidad de los ecosistemas locales, considerando, también, su dimensión vertical en los distintos estratos del suelo y subsuelo. Un ecosistema es una comunidad dinámica de organismos vivos (plantas, hongos, animales, etc.) que interactúan entre sí y con los elementos no vivos (agua, sol, minerales, etc.) de su entorno. Estas interacciones son las que permiten el sostenimiento de la vida, mantienen equilibrios y la funcionalidad del sistema.

Es posible trazar un paso del concepto de ecología, de tono biológico, al de ecosistema con un alcance mayor e interdisciplinar; supone hablar de híbridos entre naturaleza y cultura como sistemas complejos (Tavares, 2024). Preservar los ecosistemas locales en las ciudades es una manera de mejorar la habitabilidad y la calidad de vida de manera recíproca entre personas y biodiversidad. Esto implica poner en relación las particularidades ambientales, sociales y culturales de cada ciudad.

Uno de los ensayos analizados, La continuidad de los bosques; inventario multiescalar para una ciudad ecosistémica biodiversa, de Camila Liandro (2024), toma como caso la ciudad de Córdoba, plantea la ruptura cultura-naturaleza como la fractura ciudad-bosques y proyecta la superación bajo un paradigma futuro de ciudades ecocéntricas. En otras palabras, una desantropización que induce a pasar de las dicotomías a lo híbrido, una perspectiva transversal que pone en diálogo la justicia ambiental con la justicia social. A partir del estudio de la ecorregión donde se sitúa la ciudad (mayormente espinal) el trabajo propone una matriz territorial que busca crear una red ecológica al conectar fragmentos de hábitat natural a través del paisaje como se muestra en la Figura 1. Esto enfatiza el funcionamiento urbano y en red de la naturaleza y las personas, mientras que, en una escala territorial, implica integrar la ciudad a biocorredores regionales que respondan a la continuidad ambiental, retomando un punto central en la relación ciudad-territorio.

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Figura 1. La continuidad de los bosques
Fuente: Camila Liandro, 2024. Editada por el autor

La matriz es una malla que se superpone sobre el plano urbano con cuadrados de 1000 metros cuadrados, una distancia que permitiría dar continuidad ecosistémica a lo largo de la ciudad. Funciona a partir de identificar a través de los cuadros si existen o no continuidades del bosque y, en caso negativo, proponer intervenciones para revertirlo. Esto supone un estudio de indicadores ambientales fundamentales para identificar, gestionar y conservar paisajes y biomas. El modo de intervención propone distintos formatos (nodos de biodiversidad, conectores lineales y zonas de amortiguación), y estrategias de intervención urbano arquitectónicas (espacios naturales en sectores residuales, biovías, transición del asfalto a una matriz natural, estructuras obsoletas para nuevos espacios públicos, epífitas sobre edificios existentes, tipologías de programas mixtos y equipamiento socioambiental). La dimensión cultural y social en este tipo de intervenciones es fundamental, pues no solo restituye los debates ambientales bajo perspectivas relacionales y no antropocéntricas, sino también constituyen la sostenibilidad en el tiempo de estas propuestas.

Producción de alimentos

Otro aspecto potencial de la perspectiva ecosistémica es su posible articulación con la producción de alimentos; el cultivo de frutas, verduras y hortalizas puede integrarse a los sistemas naturales urbanos y periurbanos. Bajo la premisa de ruralizar la ciudad, la producción de alimentos se vuelve un tema central del debate. Kazic (2024) recupera, en términos de relaciones animadas, la afectividad que generan los campesinos con las plantas (alimenticias y medicinales); da cuenta de los múltiples vínculos sensibles que mantienen con la vegetación y, a su vez, confronta la desanimación que provocan los regímenes de producción de la economía capitalista al hacer de la naturaleza un recurso natural o un objeto escindido de lo social. Esta forma de producción no ha hecho más que agudizar la distinción entre cultura y naturaleza.

Una de las propuestas, Parque agroalimentario permacultural; infraestructuras para ruralizar la urbanidad, de Luna Lava, Carolina Maggi y Milagros Matach (2024), ensaya un parque agroalimentario en la ciudad de Neuquén (Figura 2).

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Figura 2. Parque agroalimentario
Fuente: Luna Lava, Carolina Maggi y Milagros Matach, 2024. Editada por el autor.

Esta localidad se ubica en un territorio históricamente conocido como valle productivo, caracterizado por su actividad agrícola y el desarrollo de sistemas de riego. Sin embargo, el acelerado crecimiento poblacional de la última década, con un incremento superior al 30 %,10 ha provocado una expansión de la trama urbana con un cambio de matriz económica que implica cambios en el uso de suelo y la pérdida de áreas agrícolas.

La propuesta plantea como eje estructurador al arroyo Durán, cuya intervención busca articular estrategias de reconstrucción y consolidación mediante la sistematización de espacios abiertos. Asimismo, propone integrar espacios residuales y vacantes al sistema hídrico orientando las acciones a través de tres objetivos: generar y consolidar espacios abiertos accesibles y funcionales para la comunidad; implementar áreas destinadas a la mejora de la calidad del agua; y crear espacios vinculados a la producción de alimentos y la educación ambiental. La función principal del parque urbano es la producción alimenticia y su diseño respeta principios de la permacultura; este enfoque de diseño toma como referencia los patrones y procesos propios de los ecosistemas naturales.

La propuesta posiciona al parque como una pieza clave en la reintroducción de áreas productivas al tejido urbano y en búsqueda de restaurar el vínculo entre los habitantes y los ciclos productivos. También incorpora principios de agricultura regenerativa y la gestión eficiente del agua. La estructura hídrica del parque define la organización de parcelas productivas y, a partir de la topografía del sitio, se establecen sistemas para capturar y almacenar agua de lluvia para maximizar su infiltración y reducir la erosión del suelo. La propuesta reconoce cuatro unidades de paisaje preexistentes que aportan identidad ecológica al espacio (pastizales espontáneos, laguna Reko, arroyo Durán y setos vivos). A estas se suman cuatro nuevas unidades integradas al programa, pero diversificadas en áreas de producción (huertas comunitarias y experimentales, huertas urbanas destinadas a la producción alimentaria local, zonas complementarias de producción frutal y bosque comestible).

El parque es también un lugar para actividades colectivas (talleres, asambleas, espectáculos, comercio y encuentros vecinales). Entre los cuales se destaca el espacio destinado a un mercado para la comercialización de productos locales que opera como punto de encuentro entre productores y consumidores. Estas articulaciones en torno a la alimentación son vitales para integrar comunidades urbanas al tejido social y ecológico.

Infraestructuras de remediación

La remediación ambiental es una de las estrategias orientadas a restablecer funciones ecológicas asociada a la justicia ambiental; es una de las maneras de revertir las desigualdades en torno a los problemas ambientales. Además de los aportes ecosistémicos de la renaturalización de espacios, las tecnologías permiten profundizar en esta categoría, no desde la perspectiva de un progreso tecnológico salvador, sino en tramas relacionales como herramienta aliada a procesos de transición socioecológica. Una apropiación crítica puede habilitar conexiones entre lo humano y lo tecnológico para construir nuevas formas de existencia y resignificar perspectivas ecológicas (Haraway, 1995). En otras palabras, un objeto técnico es algo en la medida que pertenece a una red de relaciones (Deleuze y Guattari, 2002), por lo tanto, las tecnologías pueden ser reapropiadas por una racionalidad ambiental.

Se presenta un trabajo: Producción de paisajes. Infraestructuras de remediación para el agua, de Luca Nicolás Grasso Silvero Saiach (2024) que tiene al agua como eje, situado en el Parque Nacional Iberá en la provincia de Corrientes, la segunda reserva de agua dulce más grande del mundo. El Acuífero Guaraní se encuentra amenazado por la actividad arrocera debido a la magnitud de las transformaciones espaciales, el alto consumo y contaminación del agua requeridas para el cultivo. El Parque se encuentra asociado a pequeñas localidades y el proyecto se articula con Colonia Carlos Pellegrini, pero, principalmente, desarrolla una infraestructura paisajística capaz de cuidar el agua y sostener actividades productivas y recreativas, como se aprecia en la Figura 3. En este caso hay un apoyo en el desarrollo tecnológico como viabilizador de la transición socioecológica; gran parte del proyecto se concentra en el diseño de una torre de acumulación de agua como punto de inicio de un sistema que se convierte en paisaje. La tecnología se diseña luego de un profundo estudio del territorio que se interviene.

FIG_03
Figura 3. Infraestructuras de remediación para el agua.
Fuente: Luca Nicolás Grasso Silvero Saiach, 2024. Editada por el autor.

La torre organiza el proyecto, permite acumular agua además de ser un elemento reconocible en el paisaje. Es la primera fase de acumulación que luego envía agua con presión al sistema que consta de tres fases más: la circulación, el tratamiento y la devolución. La circulación abarca canalizaciones sobre tierras públicas (caminos) y privadas (actividades agrícolas), además de estaciones de monitoreo sobre calidad y consumo de agua. Esto permite el sostenimiento de actividades productivas controladas, y recorridos para ciclistas por caminos que bordean las acequias.

El tratamiento se realiza a través de humedales artificiales donde el agua agrícola atraviesa piletas y sistemas de filtros naturales para devolverla a su circuito natural con características lo más parecidas posibles a como fue recolectada. Incorpora áreas para la investigación y espacios públicos. Aquí se despliegan grandes paisajes, algunas áreas funcionan a modo de reserva solo para la reproducción y conservación de especies con acceso restringido; y otras áreas funcionan como grandes parques públicos. La última fase corresponde a la devolución del agua tratada a las cuencas y flujos naturales. La salida del agua también supone una pequeña infraestructura regulada que configura muelles y soportes para las actividades turísticas preexistentes.

Estas categorías son un acercamiento a propuestas que permiten explorar posibilidades de transformación de los modelos urbanos y territoriales. Los casos comentados son propuestas con una mirada situada ante problemáticas globales; si bien pretenden ser ejemplificadores, sería equívoco trasladar sus lógicas a cualquier latitud.

Conclusiones

Estos ensayos son propios de las disciplinas proyectuales, como su nombre lo indica, tienen un sesgo prospectivo, es decir, tratan de imaginar un futuro. El valor de estas propuestas no reside en la utopía, sino en las formas de relación y acción que promueven en el presente. Aun siendo parciales, representan un esfuerzo significativo para aproximarse a respuestas.

La transición del siglo XX al XXI en torno a las ciudades enfatizó la crítica del automóvil y el funcionalismo para brindar más protagonismo a las personas y la mixtura. Mucho se ha discutido sobre la escala humana o la ciudad de los 15 minutos, pero esto requiere una revisión desde las perspectivas críticas al antropocentrismo. El desplazamiento de las ciudades centradas en el mercado hacia ciudades que prioricen la reproducción de la vida supone además poner de relieve la importancia de pensar las interdependencias entre lo humano y lo no humano. Es decir, ya no la humanidad en el centro, sino en un sistema de relaciones de múltiples focos (alimentos, infancias, agua, monte nativo, etc.), la vitalidad de estas redes interdependientes son las que pueden viabilizar transiciones que resulten en una mejora de la vida cotidiana de las personas (baja en los costos de alimentos, disminución de tiempos de movilidad, bienestar climático, reducción de problemas de salud, etc.).

Desde esta perspectiva, el diseño no solo define posibilidades, sino que también encuentra sustento en enfoques que desestabilizan la noción de un tiempo progresivo. Entender el diseño como un proceso continuo implica concebirlo como una práctica abierta e imaginativa orientada a la construcción de formas de vida. Diseñar de manera relacional es reconocer que somos parte de una red interdependiente que abarca tanto a otros seres humanos como a la tierra y a diversas entidades no humanas. Estas conexiones no solo vinculan el presente con el futuro, sino también con las narrativas que construimos sobre ellos, las cuales influyen de manera decisiva en nuestra forma de habitar el mundo (Escobar et al., 2024). En otras palabras, habilitar un diálogo con algún tipo de futuro, no para salvar a la humanidad, sino para establecer relaciones que sostengan la reproducción y calidad de la vida.

Ruralizar las ciudades es una metáfora que no pretende retornar a una dicotomía, sino pensar en términos más amplios el territorio y sus relaciones; es una crítica al antropocentrismo imperante en las ciudades que busca pensar el presente asociado a posibles caminos que recuperen las relaciones cultura y naturaleza que persisten en las espacialidades y formas de vida rurales. Pero también, esta metáfora es una reivindicación de aquello que existe y fue signado como atrasado y, por tanto, arrasado; “el sostenimiento de un pensamiento eurocéntrico y moderno […] promueve la desaparición de paisajes históricos, bajo el enfoque urbanocéntrico asentado sobre la dicotomía urbana-rural que supone la metropolización o vaciamiento de las ruralidades habitadas” (Vanoli y Mandrini, 2023, p. 139).

Como señala Brenner (2013), transitamos una crisis epistemológica en torno al campo del urbanismo, nuestro presente está teñido por una concepción omnipresente de la ciudad. Esto representa no solo la idea de límites físicos y materiales difusos, sino también un aspecto simbólico, una racionalidad urbana que impregna a la sociedad contemporánea. Bajo esta óptica, el urbanismo pierde especificidad. Un primer desafío al abordar el estudio de la ciudad radica en la definición de sus límites, tanto físicos como conceptuales. Definirla como una unidad aislada resulta equívoco, su comprensión se enriquece al vincularla con nociones de redes, complejidades, relaciones y sistemas. Así, se evidencia que no opera de manera autónoma, sino bajo complejas relaciones entre sus áreas metropolitanas, otras localidades, sistemas regionales, el campo, el territorio, la movilidad y sus gentes.

Hoy tenemos la certeza de que los espacios urbanos se han vuelto determinantes para definir las condiciones ambientales del mundo. Bajo estas perspectivas ecosistémicas, lo que se procura es que las ciudades brinden calidad de vida a las personas y esto es resultado de perspectivas interdependientes, de las relaciones humanas y no humanas, que no tienen un centro, sino varios. El foco bajo esa perspectiva no está en las personas, aunque el resultado suponga la mejora de la calidad de vida. Son transformaciones desafiantes que plantean transiciones socioecológicas de las ciudades y el territorio en la encrucijada de las múltiples crisis.

Vanoli: Conceptualización (Conceptualization); Curación de datos (Data curation); Análisis formal (Formal Analysis); Investigación (Investigation); Metodología (Methodology); Validación (Validation); Visualización (Visualization); Redacción - preparación del borrador original (Writing – original draft); Redacción - revisión y edición (Writing – review & editing).

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  1. Estos límites comprenden: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la interferencia en los ciclos biogeoquímicos, el cambio en el uso del suelo, la acidificación de los océanos, el uso de agua dulce, la carga de aerosoles atmosféricos, la contaminación química y la degradación de la capa de ozono.↩︎

  2. Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires, Río de Janeiro, Lima, Bogotá, Santiago y Bello Horizonte.↩︎

  3. AMBA, Córdoba, Rosario y Mendoza.↩︎

  4. En esta selección las más estudiadas son París (11 millones de habitantes), Chicago (9 millones), Nueva York (20 millones), Los Ángeles (13 millones), Londres (9 millones), Barcelona (5.5 millones), Tokio (37 millones), Shanghái (28 millones), Ciudad de México (22 millones) y Berlín (6 millones).↩︎

  5. SMESTO por sus siglas en inglés (Small and Medium-Sized Town), un campo de estudio emergente, centrado en el norte global. También referenciadas como Aglomeraciones de Tamaño Intermedio (ATI).↩︎

  6. Grupo de arquitectos argentinos que tuvo una gran influencia en la difusión de la arquitectura moderna.↩︎

  7. Pueden encontrarse posiciones diferenciadas entre transiciones y transformaciones, discurren entre posiciones gradualistas o radicales. Para este trabajo se optó el uso de transiciones, por su semántica más clara respecto a la cuestión ambiental, hablar de transformaciones urbanas supone un amplio campo de temas no necesariamente asociados a la crisis climática.↩︎

  8. Las investigaciones fueron desarrolladas por el autor en conjunto con el Área de Estudios Socioterritoriales del Hábitat del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE-CONICET, AVE).↩︎

  9. Son trabajos finales de grado que han estado bajo la tutoría del autor en la materia Arquitectura VI (cátedra B) de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba.↩︎

  10. Este crecimiento, uno de los mayores índices en el país, se debe a un proceso migratorio traccionado principalmente por el yacimiento petrolífero Vaca Muerta, sumamente controversial en la agenda de los conflictos socioambientales.↩︎

QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos. Área de Estudios Urbanos (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Gino Germani).
ISSN-e: 2250-4060.

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