QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos.
Núm. 25 (2026)
DOI: 10.62174/quid16.i25_a402
a Universidad de Costa Rica, Escuela de Arquitectura (EAQ), Costa Rica.
Este artículo analiza la utilización del concepto de espacio público en San José, capital de Costa Rica, en el marco del Programa de Regeneración y Repoblamiento desarrollado entre 2003 y 2018. Se parte de la premisa de que el espacio público no es solo una realidad física urbana, sino también una construcción discursiva moldeada por las ideas que circulan ampliamente en la sociedad, especialmente aquellas vehiculadas por los medios de comunicación. Con este propósito, se examinaron editoriales y columnas de opinión publicadas en La Nación, diario de circulación nacional, que hicieron uso explícito del concepto durante el período de estudio y que fueron firmadas por agentes vinculados al programa. Los resultados muestran que el término fue apropiado por planificadores urbanos, empresarios y periodistas, y que su uso se intensificó en el contexto de las políticas neoliberales del siglo XXI. Se concluye que el espacio público fue resignificado mediáticamente como un concepto asociado a procesos de especulación inmobiliaria, securitización del entorno y promoción de ciertos modelos de urbanidad.
Palabras claves: Concepto; Espacio Público; San José; Discursos mediáticos; Políticas urbanas.This article examines the use of the concept of public space in San José, the capital of Costa Rica, within the framework of the Urban Regeneration and Repopulation Program implemented between 2003 and 2018. It starts from the premise that public space is not only a physical urban reality but also a discursive construction shaped by ideas that circulate broadly in society, particularly those conveyed through the mass media. To this end, editorials and opinion columns published in La Nación, a nationally circulated newspaper, were analyzed. The corpus included texts that made explicit use of the concept during the period under study and that were authored by actors linked to the program. The results show that the term was appropriated by urban planners, business actors, and journalists, and that its use intensified in the context of twenty-first-century neoliberal policies. The article concludes that public space was resignified in the media as a concept associated with processes of real estate speculation, the securitization of the urban environment, and the promotion of particular models of urbanity.
Keywords: Concept; Public Space; San José; Media discourses; Urban policies.Recibido: 2024/10/25; Aceptado: 2025/6/30; Publicado en línea: 2026/4/1.
El concepto de espacio público ha adquirido un papel central en las discusiones sobre las ciudades, y ocupa una posición privilegiada en los debates culturales y políticos. A menudo, este concepto es presentado como una categoría histórica que ha estado integrada de manera constante en las agendas de desarrollo urbano y en los planes de estudio en disciplinas como el urbanismo, la arquitectura y las ciencias sociales y humanas (Weiner, 2016). En otros casos, es concebido como un término con raíces en un pasado idealizado, casi mítico, según lo señala el sociólogo chileno Rodrigo Salcedo (2002). El arquitecto ecuatoriano Fernando Carrión (2016), por su parte, subraya que el concepto de espacio público se encuentra en una posición ambigua y que en las últimas cinco décadas ha sido utilizado de manera diversa y con significados polisémicos:
Por eso, en muchos casos pierde especificidad o, en su defecto, es tan particular que incluye un recorrido que va por la plaza, el parque, la calle, el centro comercial, el café y el estadio, así como la opinión pública, la totalidad de la ciudad o ciertas funciones urbanas.
Esta consideración lleva a pensar que el concepto se caracteriza por ser polisémico, en el sentido que —según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE)— la polisemia hace relación a la “Pluralidad de significados de una palabra o de cualquier signo lingüístico” o a la “Pluralidad de significados de un mensaje, con independencia de la naturaleza de los signos que lo constituyen”. Esta condición del concepto espacio público proviene de los múltiples significados y mensajes que históricamente se han construido (Carrión, 2016, p. 194).
Se puede afirmar que el concepto de espacio público reúne una pluralidad y densidad de sentidos, elaborados por los diferentes agentes que lo enuncian desde sus diversas posiciones y capacidades. La relevancia de destacar esto radica en la necesidad de confrontar aquellas tendencias que, de manera consciente o inconsciente, tratan los conceptos como cosas desprovistas de una vida, de una trayectoria o, en última instancia, de una historia propia (Wolosky, 2014). Por lo tanto, resulta pertinente formularse las siguientes preguntas: ¿Cómo se ha construido el concepto de espacio público? ¿Cuándo surge y de qué manera? ¿A qué agendas económicas, sociales y culturales responde? Y, tal vez más importante aún, ¿qué nos revela el concepto de espacio público sobre el destino de las ciudades en el siglo XXI?
Adrían Gorelik, historiador de la arquitectura argentino, en un esfuerzo por responder preguntas similares, ha dicho que:
Se trata, por cierto, de una categoría muy especial, una de esas escasas categorías puente, que ponen en un mismo recipiente conceptual dimensiones de la sociedad, la política y la ciudad, conectando esferas fuertemente diferenciadas. Pero el problema es que, mientras seguimos hablando de espacio público y organizando nuestra agenda urbana en torno a este tema, ya no podemos garantizar que la conexión se produzca. ¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos del espacio público? (Gorelik, 2006, p. 34).
El trabajo de Gorelik, precisamente, muestra que el espacio público, como concepto espectral, puede y debe ser problematizado, ya que en muchos casos enmascara fuerzas políticas y oculta las profundas transformaciones y tensiones que atraviesan la ciudad contemporánea. Por lo tanto, una de las tareas fundamentales del pensamiento crítico, en palabras del geógrafo estadounidense Neil Brenner (2019), es desnaturalizar esta noción, al evidenciar que su significado, sus formas de uso y sus funciones no son universales ni estáticas, sino que han cambiado significativamente a lo largo del tiempo y en distintos contextos geográficos. Esta hipótesis permite cuestionar los discursos políticos, mediáticos y urbanísticos que recurren al concepto de espacio público como si fuera una categoría neutral y abre la posibilidad de estudiarlo discursivamente.
En este sentido, el espacio público puede entenderse como un concepto que ha experimentado mutaciones significativas en un contexto caracterizado por la fragmentación espacial, la mercantilización de lo común y la redefinición de los vínculos sociales. Así, el uso contemporáneo del término parece responder a nuevas funciones políticas y económicas: puede operar como instrumento de legitimación de políticas urbanas, como dispositivo de marketing territorial o incluso como escenografía de la ciudadanía, más que como un espacio efectivo de lo público (Sequera, 2014). En este marco, el espacio público ya no se presenta, necesariamente, como el lugar privilegiado del encuentro y la deliberación democrática (Botana, 2022), sino que puede ser analizado como un campo de conflictos y disputas (Di Masso et al., 2017).
Considerando lo anterior, este artículo1 tiene como objetivo analizar la utilización del concepto de espacio público en San José, capital de Costa Rica, en el marco de la implementación de políticas orientadas a la reactivación económica, turística y cultural del centro urbano. El recorte temporal abarca desde la creación del Programa de Regeneración y Repoblamiento en el año 2003 hasta 2018, fecha que marca el cierre de un ciclo de gobierno municipal caracterizado por un fuerte impulso a esta política. Se parte del supuesto de que dicho programa funcionó como una herramienta político-territorial que, a través de sus discursos, propuestas y proyectos concretos, ayudó a configurar las condiciones estructurales necesarias para propiciar un giro neoliberal en la gestión urbana (Jiménez, 2024). En este contexto, el concepto de espacio público comenzó a usarse de manera extendida, y adquirió un carácter instrumental que respondía a intereses específicos de transformación urbana, alineados con lógicas de mercado, seguridad y consumo.
A partir de este marco, el artículo adopta la premisa de que el espacio público no se limita únicamente a una dimensión material o física de la ciudad, sino que también se construye a través de las representaciones, imágenes y narrativas que circulan en el ámbito social (Montes, 2021). En particular, se analiza cómo este concepto ha sido activado y resignificado en distintos discursos mediáticos, especialmente en editoriales y columnas de opinión publicadas en La Nación, uno de los principales periódicos de circulación nacional en Costa Rica. Este enfoque permite una aproximación crítica que no se centra en el espacio público como entidad empírica delimitada, sino en el concepto mismo: cuándo aparece, en qué contextos discursivos se enuncia, con qué sentidos se asocia y qué agentes lo utilizan. Así, se busca comprender el papel que juega el concepto de espacio público en su relación con los procesos de transformación urbana y los intereses sociales, económicos y políticos que lo atraviesan.
Para alcanzar este objetivo, se llevó a cabo una revisión detallada de reportajes periodísticos, notas editoriales y columnas de opinión del diario La Nación que hicieron uso explícito del concepto durante el período de estudio (2003-2018) y que fueron firmadas por agentes vinculados al programa. Es importante destacar que La Nación es el periódico de mayor circulación en el país y, como ha señalado el sociólogo costarricense Pablo Carballo (2011), pertenece a un grupo de poder hegemónico. Además, como ha demostrado la antropóloga costarricense María del Carmen Araya (2010), desempeña un papel fundamental en la difusión de los imaginarios urbanos. El trabajo de archivo se realizó en la Biblioteca Nacional “Miguel Obregón Lizano” y en la Biblioteca Universitaria “Luis Demetrio Tinoco”, donde se sistematizaron 294 publicaciones, las cuales fueron ordenadas, clasificadas y analizadas mediante tablas y matrices de datos, como se muestra en la Figura 1:
El tratamiento de los datos se estructuró de acuerdo con la metodología del análisis crítico del discurso propuesta por el lingüista neerlandés Teun van Dijk (2005), y abordó tres aspectos clave. Primero, el análisis de contexto, que examinó las circunstancias políticas, normativas y mediáticas que favorecieron la emergencia del concepto de espacio público. Este enfoque permitió entender cómo las políticas neoliberales y las estrategias de regeneración urbana influenciaron la discursividad en torno a dicho concepto. En segundo lugar, se desarrolló un análisis de agentes, con el fin de identificar grupos sociales clave (gestores urbanos, periodistas y empresarios), responsables de la creación y difusión del concepto, así como su influencia en las transformaciones urbanas de la ciudad. Finalmente, el análisis de contenido, como lo establece el lingüista estadounidense Norman Fairclough (2003), se centró en estudiar el discurso y las declaraciones específicas con énfasis en los temas de seguridad, especulación y urbanización.
La estrategia analítica empleada permitió comprender tanto la utilización histórica del concepto de espacio público como su funcionamiento en momentos específicos. Desde la perspectiva diacrónica, se rastreó la evolución del concepto entre 2003 y 2018, y se identificaron longitudinalmente sus desplazamientos, resignificaciones y consolidaciones en el marco de las políticas urbanas implementadas en San José. Paralelamente, se incorporó un enfoque sincrónico para examinar transversalmente cómo el concepto fue articulado en discursos concretos, atendiendo a quienes lo utilizaron, en qué contextos y con qué fines. Esta estrategia permitió cruzar información al revelar no solo las intensidades, sino también las tensiones, usos estratégicos y disputas simbólicas que emergen en torno al espacio público en distintos momentos del periodo analizado.
El artículo, en adelante, se organiza en tres secciones. La primera, titulada “Una historia reciente”, introduce el enfoque de la historia de los conceptos como herramienta metodológica fundamental para estudiar el desarrollo y las transformaciones del espacio público. La segunda sección, “Una lectura diacrónica”, examina el uso del concepto durante las dos últimas décadas, y se identifican tres momentos clave en los que su presencia se intensificó. La tercera sección, “Una lectura sincrónica”, se centra en formas específicas en que el concepto es empleado, y se ofrece un análisis detallado de su significado e intencionalidades comunicativas. Finalmente, el artículo concluye con una síntesis de los principales hallazgos, junto con reflexiones orientadas a futuras líneas de investigación en los campos temáticos abordados.
La historia de los conceptos, iniciada en la década de los ochenta por el historiador alemán Werner Conze y el historiador austríaco Otto Bruner, ha planteado la posibilidad de realizar una semántica temporal de los conceptos. Esto implica la reconstrucción de la génesis, la lógica y el cambio en los significados de los conceptos, así como sus complejidades. La historia conceptual, también conocida como Begriffsgeschichte en alemán, se ha centrado en los cambios de los sistemas de valores culturales y políticos en diferentes periódicos, en algunos casos de larga duración. En particular, el historiador alemán Reinhart Koselleck (2004) propone un enfoque que permite comprender los campos semánticos que rodean a los conceptos, así como sus orígenes y desapariciones. El autor recuerda los diferentes modos en que los conceptos representan experiencias históricas:
1. El significado de la palabra, así como el de las circunstancias aprehendidas en ella, permanece sincrónica y diacrónicamente constantes.
2. El significado de la palabra permanece constante, pero las circunstancias cambian, distanciándose del antiguo significado. La realidad, así transformada, debe ser nuevamente conceptualizada.
3. El significado de la palabra cambia, pero la realidad previamente aprehendida por ella permanece constante. Por lo tanto, la semántica debe encontrar una nueva forma de expresión con el fin de ajustarse de nuevo fielmente a dicha realidad.
4. Las circunstancias y el significado de las palabras se desarrollan separadamente, cada una por su lado, de manera que la correspondencia inicial no puede mantenerse por más tiempo. Solo a través de los métodos de la historia conceptual es posible entonces reconstruir qué realidades solían corresponderse con qué conceptos (Koselleck, 2004, p. 39).
De modo que, cuando se plantea la tarea de explorar la historia de un concepto, en realidad, se están desentrañando las múltiples redes de significado que lo posibilitan, así como las oportunidades del concepto para influir en las circunstancias extralingüísticas que lo constituyen. También, se están analizando los contextos institucionales que permiten diferentes formas de apropiación y uso por parte de agentes que, por lo general, ocupan posiciones que les capacitan y legitiman. Por lo tanto, una historia reciente del concepto de espacio público lleva a pensar que este término, tan frecuentemente utilizado en la jerga mediática y académica, ha sido concebido y articulado en el ámbito social, y no, como a menudo se cree, como un concepto “objetivo”, “puro” y “positivo” que las autoridades urbanas utilizan para mejorar, intervenir o renovar la ciudad, como muestra Salcedo (2002), anteriormente citado.
Pensando en conjunto con la historiadora alemana Margrit Pernau (2019), el espacio público es un concepto que posee una carga política, estética y técnica, ya que representa y proyecta relaciones de poder y desigualdad, configura maneras de ver y concebir la ciudad, y refleja prácticas profesionales y académicas que lo norman y estructuran. La autora señala que es crucial revelar cómo los conceptos son traducidos, adaptados y versionados, no con el fin de evaluar si estas acciones fueron correctas, sino para comprender las genealogías que revelan qué conceptos se impusieron y cuáles tradiciones persistieron o desaparecieron. De este modo, el devenir del concepto de espacio público no es lineal ni uniforme, sino que se entrelaza con una serie de significados asimétricos que varían según los contextos históricos y los agentes involucrados en su definición y uso.
En este esfuerzo por historizar el concepto de espacio público, resulta fundamental considerar el enfoque propuesto por el sociólogo francés Pierre Bourdieu (2000) sobre la economía de los intercambios lingüísticos. Este marco permite afinar la comprensión de las diferencias entre el uso cotidiano y el uso académico del término, al mostrar que el lenguaje no opera en un vacío, sino que se encuentra profundamente imbricado en estructuras sociales y relaciones de poder. Según Bourdieu, la fuerza de un concepto no reside únicamente en su contenido semántico, sino en el capital simbólico del enunciador y en el campo específico en el que se emite. Así, cuando el concepto de espacio público es activado por agentes políticos o circula en medios de comunicación, adquiere una autoridad específica y efectos concretos.
Además, Bourdieu (2000) advierte que los conceptos no deben entenderse como unidades “vacías” de análisis, sino como instrumentos de intervención en el mundo social. Su sentido está condicionado por la posición que ocupa quien los enuncia dentro de un campo social determinado. Esta perspectiva permite complejizar el análisis conceptual al mostrar que el lenguaje no solo representa la realidad, sino que también la construye. De esta forma, la historia conceptual, lejos de ser una mera cronología del uso de los términos, se convierte en una herramienta crítica que permite identificar las disputas en torno a los significados y sus efectos sociales. En el caso del espacio público, esto significa que su definición no es fija, sino que está en constante combate simbólico con efectos siempre extralingüísticos (Koselleck, 2004).
En consonancia con esto, la historia conceptual también se enriquece al incorporar los aportes del sociólogo estadounidense Jeffrey C. Alexander (2011). Mientras Koselleck, anteriormente citado, sostiene que los conceptos condensan experiencias históricas específicas, Alexander enfatiza su eficacia performativa en contextos públicos, en especial en declaraciones abiertas de posturas. Es decir, los conceptos no solo expresan pasados compartidos, sino que también producen efectos en el presente y contribuyen a la organización del futuro. Alexander, refiere el trabajo del lingüista estadounidense J. L. Austin, y recuerda las cualidades de lo performativo:
Cultural practices are not simply speech acts. John Austin (1957) introduced ordinary language philosophy to the idea that language could have a performative function and not only a constative one. Speaking aims to get things done, Austin denoted, not merely to make assertions and provide descriptions. In contrast to simply describing, the performative speech act has the capacity to realize its semantic contents; it is capable of constituting a social reality through its utterance. On the other hand, it can fail. Because a performative may or may not work —it may or may not succeed in realizing its stated intention— Austin keenly observes, its appropriate evaluative standard is not truth and accuracy, but “felicitous” and “infelicitous” (Alexander, 2011, p. 9).
En este sentido, el concepto de espacio público no puede aislarse de los medios que lo vehiculan ni de los agentes que lo utilizan estratégicamente, en este caso, de medios de comunicación masiva. Quién lo define, desde dónde, con qué intenciones y con qué efectos son preguntas centrales para comprender no solo su evolución histórica, sino su poder para modelar prácticas urbanas, políticas y culturales. A continuación, se abordan estas cuestiones.
En esta segunda sección corresponde mostrar los resultados bibliométricos de las tendencias en el uso del concepto. Durante la revisión de las 294 publicaciones, se identificó, inicialmente, que durante la segunda mitad de la década de los noventa y la primera década de los dos mil, rango fuera del periodo estudiado en este artículo, el concepto se utilizó poco o no se mencionó. Al explorar su contenido, se encontró que las referencias existentes no guardaban relación con la ciudad o presentaban ejemplos ajenos a la realidad nacional; por ejemplo, la reseña de un proyecto europeo de mejora urbana o una discusión sobre esferas públicas políticas. Posteriormente, se evidenció la aparición de tres momentos en los que el concepto se utilizó de manera destacada, que coincidían, a su vez, con tres iniciativas enmarcadas en el desarrollo de políticas, programas y proyectos de regeneración y repoblamiento. Ver (Figura 2).
En el primer momento, que abarca desde el año 2003 hasta el 2004, el concepto de espacio público se menciona veintinueve veces. Durante este, comenzó a cobrar relevancia como uno de los elementos clave del Programa de Regeneración y Repoblamiento de San José, el cual tenía como objetivo expulsar lo que se denominaban “patologías sociales” y fomentar el regreso de la clase media y alta al centro de la ciudad, que se consideraba “abandonado”, “caótico” y “deteriorado” (Araya, 2010). Al mismo tiempo, buscaba promover la reconstrucción tanto material como simbólica de San José. En este contexto, el concepto de espacio público se convirtió en un elemento que expresaba, en un lenguaje común para todos los agentes involucrados, ya fueran públicos o privados, las necesidades de intervención en la vida de la ciudad.
En este momento se hacen referencias al aumento y la remodelación de las áreas de recreo y esparcimiento, así como a una mayor inversión en esos espacios. Una columna de opinión, firmada por La Nación, describe el “negocio” del espacio público de la siguiente manera:
Esto significa contar con espacios verdes atractivos y generosos, con plazas de diferentes tipos, con amplias aceras, con sombra y protección de la lluvia, con una arquitectura de calidad, con escala humana y consideraciones ambientales, con espacios para actos culturales, con seguridad y con un sistema eficiente de transporte de personas y mercancías. En síntesis, crear espacios públicos atractivos que provoquen placer a nacionales y extranjeros para que permanezcan en ellos alargando las horas de su estadía. Un buen negocio general (La Nación, 30 de enero del 2004).
El segundo momento, que cuenta con sesenta y tres menciones, coincide con la creación del proyecto San José Posible en el año 2007 y se extiende hasta el año 2014. Este fue propuesto por el Gobierno local, la Municipalidad de San José, y ejecutado por el Instituto de Arquitectura Tropical, una organización sin fines de lucro compuesta por personas arquitectas y otras profesionales. San José Posible, desde su concepción hasta su implementación en el año 2014, cuando se finalizó la construcción de un paseo peatonal adoquinado y arborizado que atravesó la ciudad de este a oeste, generó una considerable cantidad de notas editoriales y columnas de opinión (Durán, 2023). En estas publicaciones, se pueden identificar tanto apoyos explícitos a la iniciativa como opiniones de personas involucradas en el proyecto. Jimena Ugarte, quien estuvo a cargo del proyecto, expresó en una columna de opinión titulada “San José Posible”, publicada en La Nación:
¿PORQUÉ POSIBLE? El Proyecto San José Posible, surge como una iniciativa del Instituto de Arquitectura Tropical, como seguimiento del llamado municipal a formar parte de la Comisión de Regeneración y Repoblamiento de San José. Porque se han dado varias acciones novedosas: la remoción paulatina de rótulos, la erradicación de vendedores ambulantes, la arborización implementada, la red de alumbrado subterráneo, la ley de contingencia energética y la creación de varios tramos peatonales que han sido exitosos.
Porque se trata de recuperar en una zona de 53 manzanas (las más deterioradas del casco central), los espacios públicos y ordenar el transporte privado y público de manera que entre con restricciones a la zona regenerada.
Porque les llegó el momento a los ciudadanos de exigir su derecho a tener una ciudad decente digna de sus habitantes y no el basurero en ruinas plagado de indigentes y drogadictos existente en la actualidad (La Nación, 3 de agosto de 2007, [Link]).
En este contexto, el concepto de espacio público surgió como un elemento fundamental de la renovación urbana, ya que permitiría el control de actividades consideradas incorrectas y promovería aquellas percibidas como correctas. En otras palabras, se trataba de distinguir entre los buenos y los malos usuarios del espacio público. En particular, se hacía referencia a la posibilidad de llevar a cabo una especie de limpieza general que implicaba la eliminación de cualquier elemento que obstaculizara la recuperación de la ciudad. Este enfoque estaba en línea con lo propuesto en el Programa de Regeneración y Repoblamiento, que tenía como objetivo reconstruir los lazos afectivos-emocionales y de sentido de pertenencia de las personas de clases medias y altas, con el fin de incentivar su regreso definitivo a la ciudad de San José.
El tercer momento, con noventa y tres menciones, se extiende desde el año 2016 hasta el 2018 y se enmarca en las discusiones sobre la implementación de un nuevo enfoque de urbanismo inteligente en San José. Este se materializó a través de la creación de Ciudad Tecnológica, Ciudad Gobierno y el Distrito de Innovación T24, con el objetivo de atraer empresas relacionadas con la creatividad y la tecnología. Cabe destacar que dichos proyectos se encuentran estrechamente relacionados con la conceptualización e implementación de ciudades sostenibles y creativas, promovidas y financiadas por organismos de cooperación internacional y banca multilateral como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la UNESCO, los cuales impulsaron modelos neoliberales que debían articularse con adecuaciones del Gobierno local (Jiménez y Zagt, 2022); es decir, que dichos proyectos representan una estrategia del Gobierno local para revitalizar San José y posicionarlo como un centro de inversión internacional con distintos incentivos.
En este contexto, el espacio público se menciona repetidamente como el lugar de la innovación y la conexión, un espacio crucial para hacer que la ciudad sea competitiva en comparación con otras ciudades del país y de la región. Por ejemplo, un artículo titulado “Municipalidad de San José traza plan para atraer empresas a ‘ciudad tecnológica’”, publicado en La Nación, planteó:
El paquete denominado como “estándar” incluye la exención de impuestos a la importación de insumos y exportación de bienes y de impuestos municipales, a cambio cánones a Promotora de Comercio Exterior (para el desarrollo de la Ciudad Tecnológica). Al encontrarse dentro de la zona destinada al repoblamiento de la capital, el proyecto también brindará incentivos para la construcción, como autorización de alturas a cambio de retiros para recuperar espacio público. Con todo esto, se espera reunir empresas e iniciativas con características particulares en innovación, en áreas como ciencias de la vida o tecnología, por ejemplo (La Nación, 31 de mayo del 2018, [Link]).
Una última anotación sobre esta lectura diacrónica es que, en todos los casos identificados, el concepto de espacio público se refiere a dinámicas que se proyectan sobre un espacio delimitado formal y socialmente: el centro histórico de San José. Este territorio, identificado como núcleo simbólico y funcional de la capital, opera como un objeto de disputa tanto en la escala local josefina (Araya, 2021) como en la escala regional latinoamericana (Delgadillo, 2011), donde su resignificación se asocia con imaginarios de modernización constante. Las fronteras imaginadas que delimitan este centro permiten entender cómo el concepto de espacio público, durante casi dos décadas, “se posa” sobre un espacio concreto, y genera impactos tangibles a través de acciones de moralización, vigilancia y control, que serán desarrolladas en la siguiente sección.
En esta tercera sección corresponde realizar una lectura de naturaleza sincrónica de los reportajes periodísticos, notas editoriales y columnas de opinión. Esta aproximación permite comprender el espacio público no solo como un concepto polisémico que cumple diversas funciones culturales, sociales, políticas y tecnocráticas, como se ha dicho anteriormente (Carrión, 2016), sino también como un instrumento discursivo cargado de intencionalidades. En este sentido, el análisis identifica no solo los significados atribuidos al concepto, sino también las formas en que estos significados son movilizados estratégicamente por distintos agentes para legitimar determinados posicionamientos. De este modo, el concepto de espacio público se presenta como un campo de acción simbólica donde convergen tres intenciones fundamentales: el deber ser, la securitización y la urbanidad, todos ellos atravesados por disputas de sentido.
En la primera, el concepto de espacio público se convierte en el receptor de todas las virtudes de la ciudad y opera como una categoría omniexplicativa para los responsables de la administración urbana. Frecuentemente, se considera como un concepto que ofrece una amplia gama de promesas y soluciones optimistas. Autores, como el anteriormente citado Gorelik y la socióloga mexicana Patricia Ramirez Kuri (Ramírez Kuri, 2010), han señalado que este tipo de uso del concepto de espacio público puede llevar a un enmascaramiento de las desigualdades existentes. Algunos titulares de noticias afirman, por ejemplo: “La recuperación del espacio público está transformando la ciudad”, “Espacio público: una oportunidad única para darle a San José carácter y distinción”, “Más espacio público para la ciudadanía”, “El espacio público combate la inseguridad” y “Los parques de los barrios josefinos están cambiando la cara de la ciudad”, entre otros.
En el cuerpo de las publicaciones, también es común encontrar frases como “el espacio público es para todos”, “el espacio público es ese espacio que es de todos” “el espacio público pertenece a los ciudadanos”, “el espacio público democratiza la vida urbana”, “el espacio público es el lugar de la gente”, “espacios para una cultura urbana”, así como frases que describen acciones orientadas a mejorar/intervenir dicho espacio, como “hemos devuelto el espacio público a la gente”, “El regreso de la inversión del espacio público de San José es una ganar-ganar”, “hemos cumplido nuestro objetivo de devolver el espacio público a la ciudad”, “se ha embellecido y limpiado el espacio público” y “hemos recuperado el espacio público”. Este tipo de sentencias, como ha mostrado el antropólogo catalán Manuel Delgado (Delgado, 2011), pertenecen a un esfuerzo “ciudadanista” que hace ver el espacio público como un ámbito neutral, democrático y abierto al diálogo entre ciudadanos, siempre pensados como iguales.
En la segunda, el concepto de espacio público está estrechamente ligado a la seguridad y se presenta como un “espacio policiado”, como lo mencionó el filósofo francés Michel Foucault (Foucault, 2006). Esta noción de espacio público asociado a la policía es de particular importancia, ya que ha ocupado un lugar predominante en el pensamiento general sobre la ciudad (Dávila y Durán, 2023). En este sentido, se plantea que el espacio público debe estar sujeto a una intensa vigilancia y se percibe como una institución de control en un sentido amplio. Se espera que promueva comportamientos adecuados y una moralidad aceptable, y se considera legítimo identificar, castigar y sancionar comportamientos inapropiados. El espacio público parece reflejar formas de autoridad que a lo largo del tiempo han servido para moldear, legitimar, entrenar, moralizar, domesticar, adaptar, disciplinar y controlar ideas, objetos y personas.
Sobre esto, una sugerente nota periodística titulada “Vigilancia electrónica en San José desde hoy”, publicada en La Nación, afirmó:
Desde hoy, las autoridades policiales cuentan con una nueva arma contra el hampa y empezó a funcionar en espacios públicos estratégicos de la ciudad. Y es que diferentes sectores de San José amanecieron bajo el ojo de un sistema de vigilancia electrónica instaurado por el Ministerio de Seguridad Pública. La red está constituida por unas 20 cámaras de vídeo colocadas en el sector comercial capitalino y en sitios donde se ha detectado alta incidencia delictiva. Las cámaras pueden grabar al hampa cuando ejecuta sus acciones, y las imágenes serán pruebas en las diligencias judiciales (La Nación, 8 de diciembre de 2003, [Link]).
En la tercera, el concepto de espacio público retoma y actualiza la idea de urbanidad, la cual está relacionada con los buenos modales, así como la noción de ornamentalidad, vinculada al mantenimiento, la belleza y la higiene de los espacios públicos. Ambas ideas, como ha señalado la historiadora costarricense Florencia Quesada, se han difundido desde finales del siglo XIX como conceptos que reflejan la naturaleza excluyente del progreso urbano promovido por las empresas civilizatorias. En un reportaje periodístico titulado “La ciudad que merecemos”, escrito por una persona relacionada con proyectos de desarrollo urbano, y publicado en La Nación, se propone una visión idealizada del futuro de San José:
Imagino un paisaje en donde la estación se ha ubicado subterráneamente, dando lugar a plazas urbanas en la superficie, verdaderos sitios de encuentro para las personas, espacios en los cuales también desembocan paseos peatonales. El tren, al detenerse, da lugar al intercambio de pasajeros, cuya algarabía no hace más que reflejar el éxito de esta opción ágil y económica de transporte público.
El entorno urbano es envidiable, tantas veces imaginado y ahora convertido en realidad. La concepción de su diseño ha logrado integrar el transporte con actividades comerciales y oficinas, en una forma muy bien concebida del espacio.
Cientos de personas, como usted o yo, disfrutan una taza de café en la plaza o a lo largo del paseo peatonal acordonado con árboles de colores llamativos y nativos de la zona. El sabor del café y el convivio humano son más agradables gracias a la planificación de una buena ciudad y a un adecuado diseño y uso del espacio público (La Nación, 6 de mayo del 2007, [Link]).
Es importante destacar que el concepto de espacio público se presenta como un espacio dual que naturalmente implica la promoción o el control de las personas que lo utilizan y las formas en que lo hacen. Por un lado, señala las prácticas y los usuarios ilegítimos, como se mencionó, que incluyen vendedores ambulantes, personas sin hogar, trabajadoras sexuales y migrantes, entre otros grupos que a menudo no son reconocidos como habitantes o ciudadanos plenos. En su lugar, a menudo se les considera obstáculos para el desarrollo y, como resultado, son objeto de represión y vigilancia. Por otro lado, están las prácticas y los usuarios legítimos, que incluyen a ciudadanos respetados que pueden acceder, hacerse presentes y ser parte activa del espacio público. Estos incluyen a inversores, empresarios, jóvenes profesionales, personas de clase media, personas de clase alta, profesionales, extranjeros estadounidenses o europeos, turistas y consumidores (Mora y Durán, 2022).
La lectura sincrónica de los discursos mediáticos permite evidenciar una instrumentalización estratégica del concepto de espacio público. Lejos de constituir una noción “vacía”, con frecuencia asociada a lo meramente físico, el espacio público se configura como una arena simbólica cargada de valores normativos, prácticas de exclusión y mecanismos de legitimación. La tríada de intencionalidades en su uso —el deber ser, la securitización y la urbanidad— muestra cómo dicho concepto se articula con matrices de sentido neoliberal que naturalizan proyectos coloniales de orden y progreso, usualmente en detrimento de formas de habitar subalternizadas, como ha mostrado descrito el geógrafo escoces Neil Smith y la antropóloga estadounidense Setha Low (Smith y Low, 2006). En este sentido, el concepto de espacio público no solo refleja una visión particular de ciudad, sino que también participa activamente en su producción y regulación, y redefine los límites de lo deseable en la vida urbana.
Este artículo examinó la utilización del concepto de espacio público en el contexto del desarrollo de políticas de regeneración y repoblamiento en San José, Costa Rica, desde su aparición en el año 2003 hasta el 2018, cuando se produjo un cambio en la alcaldía del Gobierno local que había respaldado dichas políticas. Se enfatizó su construcción no solo como un fenómeno físico-material, sino como una red de significados que circularon en la sociedad. Con este propósito, se identificó, por una parte, un uso recurrente del concepto en momentos específicos, especialmente cuando se vinculó con la implementación de proyectos urbanos de gran escala. Por otra parte, se evidenció cómo su definición fue objeto de apropiaciones estratégicas, al operar como una categoría flexible que articuló intereses institucionales, narrativas de ciudad y procesos de reconfiguración territorial en el centro capitalino.
Para cerrar es necesario retomar una sugerente idea de Delgado (2011) que, en sintonía con la apuesta de Gorelik (2006), identifica las maneras en la que el concepto de espacio público está siendo empleado:
Para urbanistas, arquitectos y diseñadores, espacio público quiere decir hoy vacío entre construcciones que hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, que suelen ser los mismos, por cierto. En este caso se trata de una comarca sobre la que intervenir y que intervenir, un ámbito que organizar para que quede garantizada la buena fluidez entre dos puntos, los usos adecuados, los significados deseables, un espacio aseado que deberá servir para que las construcciones-negocio o los edificios oficiales frente a los que se extiende vean garantizada la seguridad y la previsibilidad (Delgado, 2011, p. 19).
Con esto en mente, se puede reconocer que, para los agentes con una voz oficial en la discusión sobre la ciudad y el desarrollo urbano (intelectuales, técnicos, políticos, gobernantes e inversionistas), el concepto comenzó a utilizarse en San José como una parte fundamental de los discursos mediáticos. A medida que se consolidaba su apropiación, se empleaba para resaltar su capacidad de transformar los entornos urbanos y su capacidad para generar inversiones. No es casualidad que, como señala Delgado, la noción de espacio público se haya vuelto popular entre los planificadores a raíz de las grandes iniciativas de reconversión urbana, ya que se convirtió en una forma de hacer que estas iniciativas fueran atractivas para la especulación, el turismo y las demandas institucionales en términos de legitimidad.
Así, y siendo parte de una red de enunciaciones, el concepto les permite a los agentes que lo emplean organizar semánticamente los flujos de capital, los flujos de personas y los flujos de morales: las inversiones, los usos adecuados, los significados deseables, la seguridad y la higiene, todo para fomentar nuevas construcciones-negocios. Por lo tanto, es necesario proponer un alcance analítico que logre, como afirmó el filósofo francés Henri Lefebvre (1975), desfetichizar el concepto de espacio y hacer visible las relaciones sociales que lo producen. Es decir, construir un entendimiento del concepto de espacio público que, lejos de las lógicas de enmascaramientos que se revisaron, permita entender las condiciones asimétricas del poder y del conflicto en la ciudad. Desfetichizar el espacio público, apropiando las ideas de la geografía británica Dooren Massey (1999), significa, por consiguiente, adoptar un giro espacial que cuestione la aparente naturalidad de las relaciones espaciales y revele las dinámicas sociales y políticas subyacentes.
Como invitación para investigaciones futuras, resulta crucial avanzar hacia una macro geografía de los conceptos, es decir, una geografía política de su circulación y transformación a escala transnacional, como lo ha realizado el historiador costarricense Alejandro Bonilla (2021) sobre la circulación de saberes técnicos urbanísticos en América Latina y el Norte Global. O, por ejemplo, abordar otros conceptos del urbanismo, como el de las supermanzanas o la ciudad de los 15 minutos, que se difunden en ambos sentidos a través de agencias internacionales de cooperación o instituciones financieras multilaterales entre San José y ciudades europeas como Barcelona. Además, en el futuro será necesario explorar una historia que vaya a contra pelo, como sugería el filósofo alemán Walter Benjamin (1989), una historia que examine otras formas de enunciar el concepto que puedan contradecir las que se han descrito anteriormente. Estas dos tareas aún están por realizarse.
Finalmente, como recuerda la psicóloga costarricense Laura Álvarez Garro (2024), historizar los conceptos abre un extenso panorama de investigación no solo para el campo de la historia, sino que permite revisar, ampliar y poner en duda concepciones familiares y conceptos guía que se encuentran asociados con otros campos del conocimiento y los estructuran. En este sentido, el reconocimiento del espacio público como concepto articulador del pensamiento y la acción en la ciudad hace una invitación no solo a su estudio, sino también a la identificación de otros conceptos que han dado sentido a dichos universos disciplinares.
Durán Segura: Conceptualización (Conceptualization); Curación de datos (Data curation); Análisis formal (Formal Analysis); Adquisición de Financiamiento (Funding acquisition); Investigación (Investigation); Metodología (Methodology); Redacción - preparación del borrador original (Writing – original draft); Redacción - revisión y edición (Writing – review & editing).
El presente artículo expone algunos de los resultados del proyecto de investigación “Emergencia y consolidación del concepto de espacio público”, desarrollado con el apoyo de la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica. Una versión preliminar de este trabajo fue presentada como ponencia oral en el III Congreso de la Asociación Iberoamericana de Historia Urbana, celebrado en Madrid, España, en 2022.
Expreso mi agradecimiento a Helga von Breymann Miranda y a Zuhra Sasa Marín, de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica, por su acompañamiento en el proceso de investigación que dio origen a este artículo.
Este artículo muestra algunos resultados del proyecto de investigación “Emergencia y consolidación del concepto de espacio público”, apoyado por la Vicerrectoría de Investigación de la Universidad de Costa Rica y realizado en conjunto con Helga von Breymann Miranda y Zuhra Sasa Marín de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica. Una versión preliminar de este texto se presentó en el III Congreso de la Asociación Iberoamericana de Historia Urbana, celebrado en Madrid, España en el año 2022.↩︎
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos. Área de Estudios Urbanos (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Gino Germani).
ISSN-e: 2250-4060.
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