En el contexto del sostenido déficit habitacional cuantitativo en Argentina, el acceso a la vivienda por la vía estatal conforma una alternativa significativa para una porción considerable de los hogares que se ven impedidos de otras formas de acceso restrictivas como las demandadas por el mercado inmobiliario. La producción de viviendas terminadas del tipo “llave en mano”, conformó una modalidad central de la política habitacional de carácter federal en las últimas décadas. A su vez, los organismos públicos responsables en las jurisdicciones subnacionales enfrentan grandes desafíos para la localización de las operatorias en las ciudades y, asociado a ello, para la resolución de aspectos clave como la dotación de las infraestructuras y equipamientos para los conjuntos habitacionales generados. Esto, además, incide en las dinámicas de urbanización expansiva. Desde un enfoque cualitativo y apelando a distinto tipo de fuentes, el artículo tiene el objetivo de revisar la política habitacional de producción de vivienda nueva, impulsada por el Instituto Territorial de Vivienda y Urbanismo (INTEVU) (hasta 1991) y del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) (1991 en adelante), desde fines de 1970 hasta la actualidad en la ciudad de Rio Grande (Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (AIAS). En relación a las operatorias, se observa, por un lado, el contexto institucional de carácter multinivel (nacional, territorial/provincial) de su ejecución y, por otro, las condiciones de acceso al suelo y la relación con las dinámicas urbanas expansivas. El caso permite observar la multidimensionalidad propia de la implementación de la política y el rol que ésta tiene para explicar los procesos de ocupación del espacio de una ciudad intermedia.
In the context of Argentina’s ongoing quantitative housing deficit, state-provided housing represents a significant alternative for a large number of households that are otherwise excluded by restrictive private-market requirements. Over the past few decades, the construction of “turnkey” housing units has become a central component of federal housing policy. However, public agencies at the subnational level face considerable challenges in siting these developments within cities, including the provision of essential infrastructure and services for the resulting residential complexes. These issues, in turn, influence the patterns of urban sprawl. Using a qualitative approach and a variety of sources, this article aims to analyze the housing policies implemented by the Territorial Institute of Housing and Urbanism (INTEVU) until 1991, and subsequently by the Provincial Institute of Housing (IPV) from 1991 onward, spanning the period from the late 1970s to the present in the city of Río Grande (Province of Tierra del Fuego, Antarctica, and South Atlantic Islands). The analysis focuses on two key aspects: the multi-level (national and provincial) institutional framework that shapes the implementation of these policies, and the challenges surrounding land access and urban dynamics. This case highlights the multidimensional nature of housing policy implementation and the role it plays in shaping spatial occupation patterns within a mid-sized city.
Río Grande fue fundada oficialmente en 1921 como Colonia Agrícola. En la actualidad es una ciudad intermedia (
Desde una perspectiva geoestratégica, aquel diseño se correspondía con una nueva instancia de políticas de promoción de radicación de población en esa porción del territorio, incorporado al Estado nacional en pleno proceso de consolidación hacia 1880. Tierra del Fuego, junto a otras jurisdicciones, fue incorporado como Territorio Nacional en 1884 por la
En el marco de las regulaciones sobre esa porción del espacio nacional, Río Grande y Ushuaia, capital provincial, fueron reconocidas como municipalidades en 1957 (
El estado interviene en relación con el suelo urbano por distintas vías, una de ellas es como agente inmobiliario por ser propietario de grandes parcelas de suelo y ser productor de espacio construido (
La participación estatal en el mercado de vivienda respondió a atender una problemática bifronte. Por un lado, se la comprendió como una política de desarrollo económico que promovía dinámicas de movilización de submercados como el de la producción y compra venta de materiales, así como la generación de empleo (
Desde 1970 se destaca en Argentina la sanción de dos leyes relativas al financiamiento de la producción de viviendas:
Es clave advertir que, pese a los esfuerzos públicos, la diversificación y ampliación de fuentes de financiamiento y actores, no fueron suficientes para resolver el déficit habitacional persistente a nivel nacional (
En el ámbito fueguino, desde fines de 1970 y durante la década 1980, lo habitacional se constituyó como una cuestión socialmente problematizada (
Una ingente necesidad de viviendas, que es fundamental para lograr la radicación de gente […] Lamentablemente la oferta de trabajo que se puede dar aquí no está de acuerdo con la que se puede ofrecer en vivienda y otras comodidades. No obstante, estamos empeñados en lograr una infraestructura que permita venir a los argentinos a radicarse aquí, en la Tierra del Fuego. Trabajo tenemos de sobra. Lo que no tenemos son casas (
Si las viviendas que construimos no solucionan el problema, por lo menos vamos a lograr un nivel razonable en los alquileres y que la ley de oferta y demanda sea más lógica. (
El asunto habitacional también estaba atravesado por la perspectiva geoestratégica. Por ejemplo, durante la gobernación territorial de facto a cargo de Raúl Eduardo Suárez del Cerro (1981-1983), la política de vivienda conformaba un objetivo específico de la política de “radicación de argentinos” (
En suma, resulta indudable la relevancia del rol del estado en el parque habitacional fueguino (
El presente estudio recupera hallazgos de la tesis doctoral de Finck (
El artículo se estructura en cuatro apartados además de la introducción: una reconstrucción somera, según las fuentes disponibles, de los antecedentes respecto de la vivienda estatal previo a la creación del INTEVU a nivel fueguino. Luego se analiza el marco y trayectoria institucional del INTEVU, IPV e IPVyH, para continuar con la caracterización de las principales operatorias.
Durante el gobierno del peronismo (1946-1955) se inició una importante etapa de construcción de viviendas, tanto de manera directa como indirecta —unidades habitacionales y créditos— (
En el caso de Río Grande, a fines de la década de 1940 se creó el hoy Batallón de Infantería de Marina N° 5 Ec. (BIM N°5). La dependencia de las fuerzas de seguridad nacional significó un nuevo impulso estatal no solo por el ejercicio de dominio sobre su territorio, sino también de radicación de población (
Entre 1960 y 1970 la cantidad de viviendas particulares ocupadas de la zona urbana del departamento de San Sebastián/Río Grande, aumentó en un 145 %: de 572 pasaron a ser 1404, (DNEyC, 1964; INDEC, 1970). El déficit cuantitativo en 1960 era de 224 viviendas (DNEyC, 1964) y, para 1965, el gobernador Ruperto Bilbao señalaba que existía una necesidad de 500 viviendas en todo el Territorio (Bilbao, 1965, Archivo General de la Nación, foja 14). Así como la cantidad de viviendas creció, también lo habría hecho el déficit.
Hacia 1970, el 87 % del total de la población fueguina vivía en ciudades (Consejo Federal de Inversiones [CFI], 1973b, [
Los informes son fuentes relevantes puesto que incorporan diagnósticos y recomendaciones para los gobiernos subnacionales. En el titulado “Desarrollo urbano del Territorio de Tierra del Fuego” de 1973, 1973b y 1974, se indica que en Río Grande existían, para esos años, unas 110 viviendas en estado de ejecución, adjudicadas o por licitarse, correspondientes a distintos planes o programas nacionales: Plan Erradicación de Viviendas Precarias (PEVEP) —
Por otro lado, de acuerdo con la perspectiva técnica (CFI, 1973), las viviendas construidas en Río Grande no iban acompañadas de un “desarrollo urbano acorde” (CFI, 1973, s.p.). Ya en 1973 los equipos técnicos llamaban la atención sobre la necesidad de optimizar la ocupación del suelo y “evitar la existencia de espacios vacíos que hacen perder eficiencia y elevan los costos de las parcelas urbanas” (CFI, 1973, s.p.). En su perspectiva, los planes reguladores corregirían estos aspectos y permitirían “coadyuvar al arraigo definitivo de la población urbana” (CFI, 1973, s.p.). En general, las recomendaciones regulatorias se cumplieron, no así las relacionadas al desarrollo de la trama urbana.
El INTEVU (1977) tenía entre sus funciones la de “elaboración, instrumentación y ejecución de la política de Vivienda y Desarrollo Urbano a aplicarse en el ámbito del Territorio”, asumiendo “con exclusividad la coordinación de las acciones y recursos técnicos, humanos financieros que promuevan o dispongan los organismos nacionales, territoriales, municipales o privados que actúen en esta área” (Artículos n° 3 y 4,
El INTEVU estaba encargado de generar una “solución integral de los problemas de vivienda en especial viviendas económicas” (Artículo 3,
Las facultades del INTEVU en materia habitacional eran amplias: adjudicaba viviendas, formulaba planes para su construcción, incluidas las nuevas urbanizaciones; podía proyectar y construir viviendas individuales o colectivas “destinadas principalmente a familias de escasos recursos económicos”; promovía la eliminación o sustitución gradual de “las construcciones y viviendas insalubres y los conjuntos de viviendas edificadas por sus habitantes en terrenos ajenos denominados "Villas de Emergencia", mediante adecuados planes de construcción, readaptación o substitución de las existentes y saneamiento ambiental de las áreas habitadas”; podía fomentar la construcción, “higienización, reparación o ampliación de viviendas y estimular las obras de equipamiento y/o infraestructura”, como lo estipula el Artículo N° 4,
El INTEVU fue modificado en 1983 y sustituido por el IPV en 1992. Entre las principales modificaciones detectadas entre ambas normas, se destacan cuatro aspectos clave: en primer lugar, sus funciones, ya que en 1992 se suprimieron las funciones de planificación y desarrollo urbano y fue delegado a los municipios. En segundo lugar, el objeto de la promoción de la solución integral de la problemática de la vivienda: el INTEVU focaliza en “viviendas económicas”, según el Artículo N° 3,
Los cambios entre décadas apuntaron a una adecuación situada. Mientras que se dejó de lado la categoría metropolitana de “villa de emergencia”, se amplió el alcance de las intervenciones a la vez que se incorporó una nueva agencia estatal en un contexto de ratificación de las autonomías municipales. En 1992 además se incorporó la posibilidad de transferir parcelas a “familias de escasos recursos que no cuenten con terreno propio, a los fines de dar solución al problema habitacional”, generar líneas de créditos, renovar el parque habitacional por medio de la “construcción, refacción, ampliación o remodelación de viviendas urbanas o rurales”, adquirir terrenos para la ejecución de planes de vivienda y equipamientos comunitarios, entre otras: ArtículoN° 6,
A inicios de 1990, en Tierra del Fuego, según el primer mandatario fueguino, Arturo Estabillo (1992-2000), el FONAVI había generado unas 7.000 viviendas además de obras como pavimento y equipamiento de distinto tipo, el IPV contaba entonces con renovados márgenes de autonomía, por ejemplo, para definir sus propias tipologías que hasta el momento dependía de las definiciones del poder central (
Hacia 1982, se estaban construyendo unas 1.000 viviendas, mayormente del tipo prefabricadas en la margen norte del río Grande (CFI, 1982), en la ex Chacra 7, extendiendo la trama urbana al oeste del damero originario (ver
De acuerdo con la prensa oficial local, las viviendas en construcción, en contraste con la “concepción de amanzanamiento y loteo en cuadrícula”, buscaban proyectar en el plano “un verdadero tejido urbano residencial” donde se vincularían proyecto, escala de vivienda, barrio y ciudad (
Tras estas operatorias, al menos dos estudios (Diano, 1981 y CFI, 1982) sugerían priorizar la densificación y aprovechamiento de los equipamientos e infraestructuras ya existentes, dada la extensión de los límites de la planta urbana. De hecho, Arnaldo Diano (1981) propuso crear un “área centro habitacional” en la mitad norte de la Chacra 3, cercana al barrio preexistente de la mutual YPF. Finalmente, independientemente de las recomendaciones, se adquirió por compra directa la Chacra 2 (1981/1982), convirtiendo así a la mayor parte de la Chacra 3 en una zona intersticial vacante, como muestra la
Río Grande está rodeada por terrenos de propiedad privada. […] resulta relativamente fácil tender redes de servicios, hay que sortear la dificultad de tomar la tierra privada para lotearla en favor de nuevos pobladores. […] existen distintas posibilidades: declarar de “utilidad pública” los terrenos que circundan la parte urbana e iniciar un largo y costoso juicio de expropiación para que pasen a manos del Estado y luego de los vecinos. […]. La otra solución —que es la que se ha empleado hasta ahora— es la compra directa, que se practicó en Chacra II, durante el gobierno de Suarez del Cerro, y en Chacra IV, actual gobierno (
Por otro lado, el gobernador Adolfo Sciurano (1984-1986) enunciaba que la entonces Chacra IV:
se adquirió al señor Miguel Raful y con el propósito de terminar con el negociado de la tierra, ya que se estaba vendiendo a treinta dólares el metro cuadrado, tenemos en marcha obras que permitirán a muy corto plazo la entrega de 400 lotes (
Estos serían los únicos antecedentes de compra de tierras por lo menos hasta 2015. En los años subsiguientes, los conjuntos habitacionales se construyeron en tierras que el organismo obtuvo a través de canjes con particulares. Con las operatorias, la mancha urbana se expandió en dirección norte.
La urbanización de la Chacra 2 según estimaciones aproximadas registradas en el Informe “Diagnóstico expeditivo urbano” de 1988 e información proporcionada en entrevista a profesionales que se desempeñaron en el IPV (
Durante la década de 1990, el INTEVU/IPV construyó viviendas también sobre las ex Chacras 4 y 1 (barrio denominado CGT, por el acuerdo entre la Confederación General del Trabajo y el IPV). En ambos sectores se generaron viviendas de distinta tipología: apareadas, tipo dúplex y departamentos en edificios de altura. En la ex Chacra 1, luego de estas intervenciones públicas, se gestó el primer desarrollo inmobiliario privado. Además de estas grandes urbanizaciones, existieron otras con un volumen menor de unidades habitacionales en la ex Chacra 8 y 6, al oeste de la trama urbana, lindante al aeropuerto de la ciudad (ver
El IPV se hizo de las tierras de la ex Chacra 13 mediante un canje con privados en 2001. Por resolución se dispuso el llamado público a quienes fueran propietarios de terrenos sin urbanizar en la ciudad, para permutarlos por terrenos urbanizados de propiedad del Instituto. Como resultado, un grupo de propietarios resultó seleccionado y ese mismo año se firmó un convenio en el que ambas partes acordaron canjear 8 hectáreas urbanizadas, en un sector entre las Chacras 4 y 2, y a cambio, el IPV recibió en propiedad cerca de 80 hectáreas (ex Chacra 13, sin urbanizar) en el extremo oeste, según el IPV
La urbanización de la ex Chacra 13 (ver
La operatoria residencial estatal transformó radicalmente el sector oeste. Secundado por el municipio que desarrolló en el sector nuevos canjes con privados y urbanizaciones estatales a partir de loteos —ex Chacras XI y XIV— y construcción de viviendas en el marco de la ejecución de programas federales, como Barrio Los Cisnes y Barrio Bicentenario, el sector pasó a estar norteado por una forma de producción del espacio urbano que funciona como un orden socioespacial específico.
Siguiendo en este punto a Duhau y Giglia (
Entre los requerimientos del IPV para el proyecto de urbanización de la ex Chacra 13, figuró el de un piso de unos 2.000 lotes (Entrevista 8, septiembre 2019). En esa gran urbanización se localizaron los planes federales de vivienda ya mencionados. La “inversión en viviendas nuevas de interés social” construida por el Estado Nacional entre 2003 y 2011 equivalió al 4 % del total de viviendas particulares habitadas relevadas en 2010; en la Patagonia alcanzó al 8 % y en Tierra del Fuego al 9,2 % (Atlas ID, 2015). En el departamento de Río Grande, las viviendas sociales nuevas sobre el total de viviendas existentes, representaban para 2015 más del 15 % (MPFIPyS, 2015, pp. 124-125). Como se mencionó en la introducción, para el 2023 estos resultados aumentaron.
Tierra del Fuego AIAS adhirió al Plan Federal de Viviendas creado en el marco de la presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007). El convenio por las primeras 800 viviendas en Río Grande fue firmado por el entonces gobernador Jorge Colazo (
Mediante el Plan Federal de Viviendas (2004) o “Federal I”, el IPV disponía de fondos para ejecutar progresivamente un primer gran cupo de 1017 viviendas (
Al dilatarse los tiempos de entrega de las viviendas entre los augurios y promesas de funcionarios provinciales y los procesos de sorteo cuestionados, se precipitaron algunas acciones de demanda por parte de adjudicatarios/as. Una de las más notorias fue la toma de 40 viviendas sin servicios que finalmente fueron desocupadas (
El IPV también realizó intervenciones en la zona sur, denominada “Margen Sur” por su posición en relación con la ribera del río. En ese sector, desde 2005 se produjeron una serie de tomas de tierras frente a las que, desde el Estado y en general, se accionó desde lo que llamamos una “omisión resolutoria” (
En la zona sur, además, el IPV construyó y entregó hacia 2014 unas 102 viviendas: vivienda-lote y departamentos, en el marco del Programa Federal “Techo Digno”. Finalmente, en 2018 construyó un nuevo conjunto de 108 departamentos. Las dos operatorias conformaron las únicas de su tipo el sector. En ambos casos las viviendas fueron destinadas a demandantes registrados en el organismo. En 2019, el predio de las 108 viviendas fue custodiado por denuncia de posible ocupación de los departamentos (
Entre las últimas acciones del IPV se destacaron dos. Hacia el norte, en 2016 el IPV constituyó un fideicomiso con la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) para la construcción de 240 viviendas en conjuntos habitacionales de altura (
Analizar la producción de vivienda estatal en relación con las dinámicas urbanas y la trama jurídico-política permite dimensionar su rol en la producción de la ciudad y en particular respecto de sus procesos expansivos. En este sentido, considerar la estructura propietaria del suelo heredera de procesos pretéritos, la dinámica de las instituciones operantes en la materia y las coyunturas político-institucionales, conforman dimensiones necesarias para reconstruir los procesos de implementación de la política.
Con algunas excepciones, en el período estudiado, incluso ya desde 1970, las intervenciones estatales del INTEVU/IPV, que buscaron maximizar la cantidad de viviendas, implicaron localizaciones desprendidas de la trama urbana existente, que no solo expandieron la urbanización, sino que además creó áreas intersticiales vacantes, promoviendo su valorización y, con ello, la generación de nuevas expectativas para propietarios. El asunto abordado y estudiado para otras jurisdicciones (
La política de otorgamiento de vivienda nueva se centró principalmente en el criterio de antigüedad en la inscripción, en consideración de criterios formales exigidos y de focalizaciones pautadas como ser personas con discapacidad. Esto conllevó a que, en la demanda, se atendieran situaciones de personas de diversos estratos sociales. Con escasas alternativas a nivel local y/o nacional, la oferta de vivienda nueva tipo “llave en mano” se convirtió virtualmente en el único camino formal posible para acceder a la vivienda propia para los diversos sectores socioeconómicos riograndenses.
Por otro lado, la actuación del INTEVU/IPV, estuvo enmarcada en los macro alcances que tenía ese nivel territorial/provincial sobre las ciudades, en detrimento de los municipios. Esto se mantuvo, con excepciones, incluso tras la sanción de la Carta Orgánica Municipal del 2007 y herramientas normativas clave como el Plan de Desarrollo Territorial o Código de Planificación y documentos de orientación de la política municipal como el “Plan de acción del centenario. Río Grande Sostenible” (Municipio de Rio Grande y Fundación YPF, 2021). Esto último ilumina la cuestión de la articulación interjurisdiccional y los efectos de la política de vivienda en la trama de la ciudad, cuya conectividad de servicios e infraestructuras deben ser mantenidas e incluso por el nivel local. Surgen al menos tres interrogantes en este sentido. El primero, relacionado con las posibilidades de articulación técnico-política entre jurisdicciones; el segundo, por los alcances y limitaciones del nivel local en materia de planificación de los usos residenciales en la ciudad; y el tercero, con la sostenibilidad de la ciudad intermedia cuando esta pareciera no dejar de ceder ante los procesos de expansión.
Incluye el total de déficit cuantitativo simple (diferencia entre total de viviendas particulares habitadas y total de hogares), sumadas las viviendas irrecuperables habitadas, tipo Rancho, Casilla, Pieza/s en hotel o pensión / inquilinato; Local no construido para habitación y Vivienda móvil (Observatorio Federal Urbano, sf). El déficit cuantitativo simple refiere a la comparación entre el número de hogares con el número de viviendas, mientras que el déficit cualitativo computa las viviendas con problemas recuperables identificables a partir de su tipología, materialidad, dotación de servicios y densidad de recintos habitacionales (
PPH (Programas de Promoción Habitacional) ejecutados por la Subsecretaría de Vivienda), VEA (VEA-FONAVI) ejecutado por el Banco Hipotecario que a partir de 1973 pasó a llamarse “Plan 17 de Octubre”, luego en 1976, comenzó a denominarse “Plan 25 de Mayo”. Finalmente, el Programa VIS (Vivienda de Interés Social), ejecutado también por el Banco Hipotecario Nacional a partir de préstamos personales para la construcción de viviendas, este programa desde 1973 pasó a llamarse “Plan Eva Perón” que desde 1976 comenzó a denominarse “Islas Malvinas” (
El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC) desde 1980 la definió como “todo albergue o estructura construida con materiales de desecho que sirve de habitación al momento del censo” (INDEC, 1980, p. XVI). En 1991 el INDEC distingue entre casas tipo B y rancho o casilla en lugar de “vivienda precaria”, la primera cumplía al menos alguna de las características de no tener provisión de agua por cañería dentro de la vivienda; no disponer de retrete con descarga de agua; tener piso de tierra u otro material que no sea cerámica, baldosa, mosaico, madera, alfombra, plástico, cemento o ladrillo fijo”. La casilla por su parte, “(propia de áreas urbanas) está habitualmente construida con materiales de baja calidad o de desecho” (INDEC, 1994, p. 17).
Licitación pública N°08/2006 “Programa Federal de Solidaridad Habitacional Obra:”218 Viviendas - Etapa 1 y 2 - Margen Sur” - Río Grande” (








