Este artículo propone abordar la rehabilitación de conjuntos de vivienda de producción estatal, articulando las premisas de la investigación proyectual con los aportes teóricos de la vida cotidiana como marco interdisciplinar. A partir de sus componentes proyectuales —utilitas, firmitas y venustas— y su relación con los imaginarios, el análisis sobre el Barrio Justo Suárez plantea un interrogante que orienta la investigación: ¿en qué medida el análisis del caso, desde la perspectiva de la investigación proyectual (IP), aporta a la discusión sobre la rehabilitación integral de conjuntos habitacionales? A partir de este interrogante, se definen teóricamente las dimensiones de la rehabilitación de conjuntos desde una perspectiva centrada en la vida cotidiana. Posteriormente, se analiza un caso de estudio paradigmático con instrumentos metodológicos de la IP, y, finalmente, las dimensiones teóricas se tensionan y se completan con base en los resultados del análisis del conjunto. El caso de estudio, relevante en políticas habitacionales que fomentaron la participación y se enfrentaron a la erradicación violenta, se aborda mediante el método analítico de la IP. Los componentes de la IP permiten avanzar desde el núcleo disciplinar de la arquitectura y el urbanismo (el proyecto) hacia el ámbito de debate interdisciplinar constituido por la rehabilitación integral. A modo de corpus primario, se recuperan antecedentes bibliográficos que describen el conjunto en dos momentos clave: etapa de proyecto (y construcción) y evaluación diez años después. La definición de dimensiones para la rehabilitación integral pone el foco sobre las dinámicas del habitar cotidiano. Por eso, durante el análisis, las fuentes secundarias se complementan con un relevamiento fotográfico sobre el estado actual del conjunto (trabajo de campo).
This article addresses the rehabilitation of high-density social housing by combining the premises of project research with the theoretical contributions of everyday life studies as an interdisciplinary framework. Based on its project components —utilitas, firmitas and venustas— and their relationship with imaginaries the analysis of the Justo Suárez neighborhood raises a research question that guides the investigation: to what extent does the case analysis, from the perspective of project research, contribute to identifying appropriate dimensions to address the rehabilitation of social housing in a comprehensive manner? Following this question, this article theoretically defines dimensions of rehabilitation from a perspective focused on everyday life. Subsequently, analyzes the paradigmatic case study with methodological instruments of project research and, finally, contrasts the theoretical dimensions with the results of the general analysis. The case study, known in the subject of housing policies related to participation and opposed to violent eradication, is reviewed following the analytical method of project research. The primary corpus recovers bibliographic references that describe the neighborhood in two key moments: the project (and construction) phase and an evaluation ten years later. The definition of dimensions for comprehensive rehabilitation focuses on everyday life. Therefore, during the analysis, secondary sources are complemented with photographic surveys of the neighborhood (field work).
Abordar la rehabilitación de conjuntos habitacionales desde las dinámicas cotidianas de quienes los habitan implica superar una mirada centrada en su dimensión físico-material. Sin restar protagonismo a estos aspectos —que incluyen la apariencia exterior y la estabilidad material—, se propone considerarlos junto a factores que requieren una perspectiva interdisciplinaria para comprender sus implicancias en las tareas diarias. En este sentido, “entendemos la vida cotidiana como el conjunto de actividades que las personas llevamos a cabo para satisfacer nuestras necesidades fundamentales, determinadas por las dimensiones de espacio y tiempo” (
Por otro lado, rehabilitar un conjunto habitacional de producción estatal invita a criticar lo actuado en las políticas habitacionales argentinas, explorando experiencias pasadas para identificar casos significativos que hayan incorporado decisiones basadas en la vida cotidiana. La construcción del estado del arte juega un rol fundamental a la hora de identificar aportes de referentes proyectuales. En este sentido, resulta sumamente valiosa la investigación de Bekinschtein, Calcagno y Risso Patrón (
En particular, Dunowicz (
El Plan Piloto Barrio Justo Suárez de 1971 se enfocó en la relocalización de Villa 7, situada entre las calles Tellier (actualmente L. de La Torre), Bragado, Tapalqué y Pilar, a una cuadra del Frigorífico Lisandro de la Torre, y cerca del Hospital Salaberry, en el barrio porteño de Mataderos. Las familias fueron trasladadas a un terreno cercano, delimitado por Tellier, Bragado, Timoteo Gordillo y la avenida Alberdi (
Se trata de un conjunto de 122 viviendas y equipamientos comunitarios, con una densidad de 1.000 habitantes por hectárea en un terreno de 5.550 m2. Está organizado en cinco tiras (dos de tres niveles y tres de cuatro niveles) y una torre de doce niveles, con un Factor de Ocupación del Suelo (FOS) de 35 % y un Factor de Ocupación Total (FOT) de 1,62 (
La estrategia priorizaba la radicación en un lugar cercano, manteniendo “la comunidad existente y [...] sus características de identidad” (
La intención de reforzar el sentido de pertenencia con el entorno urbano y la comunidad sintoniza con un cambio disciplinar en el abordaje de villas y asentamientos que, desde principios de los años sesenta, cuestionaba la estrategia moderna centrada en la estandarización del objeto “casa”, en favor de “un nuevo concepto en el que el hábitat como fenómeno totalizador e integrador es producto de la práctica social” (
Al incorporar estos aspectos novedosos frente a políticas habitacionales del período ——usualmente basadas en el traslado a conjuntos de vivienda estandarizada, como el Plan de Erradicación de Villas de Emergencias (PEVE)—, los miembros del equipo técnico buscaron concebir la propuesta como una experiencia piloto para ser replicada en futuros desafíos de la Comisión Municipal de Vivienda (CMV). Esta intención de continuidad quedó interrumpida por el clima de tensión institucional y persecución ideológica en Argentina previo al golpe cívico-militar que instaló las políticas de terrorismo de Estado en marzo de 1976.
Recuperando los aportes de la investigación proyectual, y centrando el análisis en la vida cotidiana de sus habitantes, se plantea como objetivo general construir dimensiones teóricas susceptibles de ser consideradas para un abordaje integral de la rehabilitación de conjuntos habitacionales. Se hipotetiza entonces que la complejidad del análisis basado en los componentes de la IP, si bien está centrada en la especificidad disciplinar de la arquitectura, permite aportar a la construcción de dimensiones conceptuales interdisciplinarias para guiar el abordaje de la rehabilitación de acuerdo a las dinámicas cotidianas de sus habitantes. En función de objetivos específicos sucesivos, este artículo propone: definir teóricamente las dimensiones del abordaje de la rehabilitación integral centradas en la vida cotidiana; analizar un ejemplo paradigmático de vivienda estatal utilizando los componentes de la investigación proyectual; y, por último, contrastar las dimensiones teóricas de la rehabilitación integral con las observaciones surgidas del análisis del caso.
La construcción de una perspectiva integradora para definir “rehabilitación” implica discutir el rol de la arquitectura en la formulación proyectual de la vivienda de producción estatal. ¿Qué implica concebir integralmente la rehabilitación de un conjunto habitacional de producción estatal?
Por un lado, la rehabilitación apunta a ponderar el valor del conjunto habitacional dentro de la
Siguiendo a Carrasco Ferri y Jiménez Campos (
Además de ampliar el espectro de campos disciplinares involucrados en la rehabilitación, este abordaje incorpora la variable del tiempo, “superando las medidas cortoplacistas” (
Por su parte, los estudios urbanos reafirman la vigencia del concepto de
En esta apuesta por la complejidad y la diversidad del tejido, se suma la necesidad de considerar a la población original como parte de una urdimbre consolidada de sutiles relaciones sociales de cercanía. Se trata de favorecer la “
Muxí (
Sobre la base de esta síntesis bibliográfica, la rehabilitación de conjuntos puede comprenderse desde una perspectiva amplia. Para ello pueden identificarse una serie de dimensiones teóricas de la rehabilitación integral, a saber: (1) la integración al paisaje urbano; (2) la habitabilidad; (3) la sostenibilidad, que incluye el acceso a equipamientos, servicios y redes de subsistencia; (4) la diversidad y heterogeneidad social; (5) Equipamiento comunitario, que refiere a la mezcla de usos y cohesión social.
Con la intención de estructurar el análisis del caso de estudio, se parte de la noción de
Con el propósito de analizar el caso de estudio en relación con su contexto espacio-temporal, la definición de un programa complejo se vale de datos mensurables que se articulan con “significaciones sociales imaginarias” (
Como síntesis introductoria de estos componentes, es necesario contemplar el significado que brinda la IP a cada una de estas categorías. Al referirse a
Considerando como punto de partida la especificidad de las disciplinas proyectuales (diseño, arquitectura y urbanismo), este trabajo propone, en términos metodológicos, un proceso iterativo de retroalimentación entre la formulación teórica (dimensiones) y las operaciones propias del análisis de casos de estudio (proyectos arquitectónicos). En una primera fase de indagación bibliográfica, se construyen dimensiones teóricas de la rehabilitación integral de conjuntos. En una segunda fase de indagación bibliográfica, se orienta la búsqueda a relevar datos bibliográficos sobre los dos momentos estructurantes de la habitabilidad del conjunto (proyecto arquitectónico y apropiación de las unidades por parte de los usuarios-destinatarios). La tercera fase permite procesar los datos obtenidos sobre el caso de estudio según los componentes de la IP (
Evidentemente, este planteo metodológico no responde estrictamente a la formulación de postulados teóricos divididos analíticamente según dimensiones, ni a su contraste empírico mediante variables o indicadores. Sin embargo, la flexibilidad metodológica planteada permite establecer un primer paso desde las disciplinas proyectuales para aportar reflexiones hacia el ámbito interdisciplinar de la rehabilitación de conjuntos, con la intención de otorgar mayor precisión a sus dimensiones teóricas de abordaje. Dichas dimensiones pueden complejizarse, posteriormente, con base en la contribución de otras técnicas y otros formatos metodológicos mejor identificados con las ciencias sociales.
En cuanto a la estrategia de distribución de actividades, usos y funciones del conjunto, las viviendas en tira se organizan según gradientes de intimidad y sociabilidad. Bajo esta premisa, los dormitorios se definen como “lugares reservados a la privacidad” (
El equipo técnico propuso un prototipo de vivienda con un núcleo capaz de crecer en cantidad de dormitorios sin alterar las demás características tipológicas. Las unidades en tira incluyen “desde monoambientes hasta 7 dormitorios” (
La elección de la tipología en torre, inicialmente “rechazada” (
El proyecto buscaba “aprovechar al máximo los márgenes que brindan los coeficientes de superficie” (
Una revisión del Barrio Justo Suárez, realizada diez años después de la adjudicación de las viviendas y publicada en la revista
En la actualidad, el conjunto se integra plenamente a las dinámicas del barrio y conserva una apertura franca hacia los usos públicos que propone la plaza adyacente. Se han incorporado, inclusive, algunas nuevas funciones vinculadas con los modos de habitar contemporáneos, como la pista de calistenia recientemente construida por el municipio sobre un espacio residual del conjunto (
Por otra parte, y contrastando con las observaciones que recupera la revista
En referencia a la materialidad de la obra, la estrategia constructiva consideró algunas premisas frecuentes en los conjuntos habitacionales de fines de los años sesenta y principios de los setenta. La optimización de la técnica en función del potencial constructivo de la racionalización a gran escala se evidencia en la prefabricación de 2.400 placas de ladrillo (
Una segunda premisa aprovechaba las ventajas de la autoconstrucción para lograr una “reducción de costos a través de la eliminación de intermediarios” (
El proceso constructivo fue considerado como una preparación para la convivencia vecinal, buscando “incrementar las posibilidades de acción conjunta de la población para que esta desarrolle su capacidad de administrar con éxito el nuevo conjunto” (
En la revisión posterior, tras diez años de la adjudicación de las viviendas, la entrevista a un vecino del conjunto en la revista
Desde el
Respecto a la percepción de la obra, y continuando con una preocupación disciplinar de principios de los setenta, la organización visual del Barrio Justo Suárez buscaba generar diversidad morfológica mediante la “discontinuidad de las tiras, [y] el desplazamiento horizontal de los patios” (
Por otra parte, y retomando la raíz higienista de las primeras exploraciones de vivienda colectiva moderna, el estudio del asoleamiento en maqueta y la organización de las viviendas en tira con doble orientación pretendían alcanzar una imagen de salubridad con “locales amplios, iluminados, asoleados” (
En el cumplimiento de esta estrategia visual, una de las premisas estéticas primordiales consistió en la cualificación (con vegetación, iluminación, áreas de circulación y permanencia) de los espacios colectivos abiertos. Por lo tanto, el conjunto se organizó siguiendo “tres calles de circulación peatonal interna que dan acceso a los núcleos de circulación vertical y cuyo encuentro genera una pequeña plaza seca […] un lugar de encuentro social” (
En la revisión realizada diez años después de adjudicadas las viviendas, los integrantes del equipo técnico admiten como un resultado adverso cierta discontinuidad con el paisaje urbano. Expresaban que estaban “demasiado preocupados por la integración social [y] dejamos en el camino la integración formal del conjunto al entorno” (
A partir del relevamiento actual, puede constatarse que esta sensación de “microclima” o enclave particular pierde relevancia ante la integración de las circulaciones del conjunto con el espacio público de la plaza adyacente y las calles laterales. El leve basamento perimetral, que genera canteros como transición entre las viviendas y la vitalidad de la calle, en lugar de constituir un límite tajante, permite alojar diferentes actividades urbanas como la espera del colectivo, la instalación de murales conmemorativos o la venta ambulante. Si bien algunos patios colectivos han sido compartimentados, los accesos al conjunto permanecen abiertos, sin rejas ni barreras. Por otra parte, el acelerado proceso de densificación sobre la avenida Alberdi (donde han aparecido una serie de viviendas colectivas en altura) matiza el impacto de la torre de doce niveles que, a fines del siglo XX, acentuaba la presencia del conjunto (
Mientras estas características parecen anticiparse a las dinámicas del contexto, algunas decisiones proyectuales contrastan con los cambios posteriores. Por ejemplo, el punto de intersección de las circulaciones peatonales del conjunto ya no preserva sus rasgos de plaza colectiva. La reciente ocupación de los espacios abiertos, la falta de transición entre el plano de piso y el cuerpo de la torre y el abandono de los locales comunitarios atentan contra la vitalidad de este espacio pensado como escenario para la vida social de la comunidad.
En cuanto a las estrategias de construcción de imaginarios, las premisas funcionales, constructivas y visuales del proyecto buscaron contrarrestar las connotaciones negativas de la vivienda en altura, alejándose de la imagen evocada por los vecinos como “nichos de la Chacarita o palomares” (
Para ello, se procuró romper la monotonía de los “monoblock” (
Apelando a la memoria colectiva, el equipo técnico intentó evocar algunas características positivas, frecuentemente vinculadas —con algo de nostalgia y romantización— al hábitat de los sectores populares (
La posterior reconstrucción del proceso participativo (
A fin de cuentas, el proyecto recuperaba ideas que circulaban en la formación disciplinar de la época, como el núcleo proyectual utilizado por Wladimiro Acosta en Isla Maciel (
El análisis realizado desde la perspectiva de la IP permite tensionar las dimensiones teóricas surgidas de la indagación bibliográfica sobre rehabilitación integral de conjuntos, con el fin de corroborarlas, matizarlas o complementarlas.
El análisis del Barrio Justo Suárez visibiliza la centralidad de esta dimensión en el abordaje integral de una rehabilitación. Más aún, el caso permite avanzar hacia la identificación de variables clave como la escala, la disposición de recorridos y accesos, y la transición de los volúmenes con respecto al plano de piso.
Por otro lado, el análisis destaca un tema nodal: el grado de vinculación entre el conjunto y la ciudad cambia a lo largo del tiempo. Consecuentemente, una rehabilitación integral requiere una hipótesis anticipatoria sobre el rumbo de las transformaciones urbanas. Aunque la adecuación a la morfología del contexto no haya formado parte de las premisas proyectuales originales, la escala de las tiras, la diversidad formal y la continuidad visual de los espacios abiertos del conjunto con las calles laterales y la plaza del barrio favorecen la actual integración del conjunto al paisaje urbano. Si bien la irrupción de la torre podría haber previsto recursos de atenuación, su cercanía con la avenida Alberdi vincula el conjunto con el contemporáneo proceso de densificación de las arterias del sector.
El análisis del conjunto destaca la importancia de las variables constructivas y funcionales al abordar la habitabilidad como dimensión en la rehabilitación.
En cuanto al aspecto tecnológico, en la visita al Barrio Justo Suárez se registraron patologías constructivas puntuales; sin embargo, la elección de técnicas de ejecución con bajo nivel de mecanización y materiales locales simplifica futuras reparaciones.
A nivel funcional, el caso evidencia que una adecuada distribución inicial de las actividades en el interior de la vivienda contribuye al mantenimiento de las condiciones de habitabilidad. Aunque una de las premisas proyectuales implicaba reducir y aprovechar superficies, la organización interior permite vincular ambientes para evitar la sensación de confinamiento. Es decir, las condiciones de habitabilidad no dependen estrictamente del tamaño de los locales, sino de una eficiente organización espacial en términos de distribución, interrelación y accesos.
Si bien las tipologías del Barrio Justo Suárez recurren a una distribución tradicional, en la que se asignan denominaciones unívocas a espacios monofuncionales (cocina, baño, dormitorio, etc.), las previsiones de adaptabilidad simplifican la adecuación de las viviendas ante cambios en las dinámicas de vida de sus habitantes.
Se desconoce cuántos vecinos han aprovechado esta capacidad de transformación. Por ahora, no hay ampliaciones en planta alta, tal como preveían las unidades ubicadas en el piso superior de las tiras del conjunto. Sin embargo, estas posibilidades son un activo para abordar su rehabilitación, abriendo líneas de experimentación proyectual orientadas al aumento de la superficie de las unidades o la incorporación de instalaciones o equipamientos colectivos.
El caso también señala un problema clave en la habitabilidad: la tendencia a cerrar espacios abiertos o semicubiertos de propiedad individual. La propuesta inicial de terrazas o balcones en todas las unidades constituye una ventaja funcional. Sin embargo, cuando los vecinos deciden individualmente cerrar estas expansiones, se generan resultados adversos. Esta compartimentación, frecuente en las terrazas de las tiras, no ocurre en los amplios balcones de la torre. Valdría entonces preguntarse qué determina que algunos espacios abiertos sean más propensos al cerramiento. A fin de cuentas, la propuesta inicial de tenencia, uso y propiedad de los espacios deberá sostenerse a través del tiempo, más allá de las disposiciones normativas, mediante la construcción de acuerdos entre vecinos.
Como un diagnóstico preliminar, el fracaso de los equipamientos comunitarios en la torre podría percibirse como un desacierto del proyecto arquitectónico. Sin embargo, desde una perspectiva urbana, estos espacios de uso colectivo no resultan imprescindibles en un entorno consolidado, con servicios cercanos de salud, educación, deporte y cultura. Esto invita a pensar la sostenibilidad no solo desde el fortalecimiento social interno del conjunto, sino también en relación con la red más amplia que vincula las actividades familiares con el entorno cercano. La decisión de relocalizar a la población en un lugar cercano, rompiendo la inercia de programas anteriores que trasladaban a la población hacia la periferia, compensó la inestabilidad de los equipamientos en el interior del conjunto.
Por otra parte, las estrategias proyectuales tendientes a favorecer la cohesión social, como el refuerzo de las iniciativas colectivas al interior del conjunto, permiten mantener canales de participación que faciliten la posterior rehabilitación integral de acuerdo a las necesidades —y registros del imaginario— de la población.
En cuanto a la vinculación de las viviendas con redes de subsistencia y solidaridad, el proyecto inicial no contempló la adaptación de locales para comercios o actividades productivas, limitando la vitalidad de los espacios abiertos. Los patios, aunque incorporan áreas de circulación y permanencia, carecen del dinamismo que el comercio genera en las calles de la ciudad.
Por lo expuesto, el análisis del Barrio Justo Suárez exige contemplar la sostenibilidad desde la interrelación entre diferentes escalas (familiar, de conjunto y urbana). En sus inicios, el proyecto preveía complementar los usos de los espacios recreativos con la plaza del barrio; del mismo modo, en la actualidad, la falta de equipamientos sociales en el interior del conjunto se compensa con la existencia de una consolidada red de actividades de escala barrial.
En el Barrio Justo Suárez, la variedad tipológica en las tiras garantiza cierta heterogeneidad en la composición de los grupos familiares. Del mismo modo, la adaptabilidad de las unidades acompaña las transformaciones en los diferentes ciclos familiares, y con esto se evitan las complicaciones que implican las mudanzas. Por último, una valoración positiva por parte de los vecinos con respecto a los aspectos visuales y simbólicos del conjunto puede contribuir a una mayor apropiación. Como consecuencia, se logra incidir en el sentimiento de arraigo, que promueve, entre otros aspectos deseables, que la comunidad se apropie de los espacios, los cuide y contribuya al mantenimiento edilicio.
Si bien esta dimensión refiere específicamente al funcionamiento social dentro del conjunto más que a su relación con las dinámicas urbanas, el análisis del Barrio Justo Suárez ayuda a comprender la complejidad de los factores implicados. Aunque en las instancias proyectuales se preveía la incorporación de equipamientos comunitarios, en la práctica estas iniciativas colectivas tuvieron poca continuidad tras la finalización de las tareas del equipo técnico.
Un aspecto que las fuentes destacan como favorable para la cohesión social resulta difícil de sostener, aun cuando se implementan abordajes profundos e integrales como los aplicados en el Barrio Justo Suárez. También el clima de persecución hacia iniciativas colectivas, en el contexto político posterior a la adjudicación de las viviendas, es clave para entender la discontinuidad de estas acciones (
Esto deja entrever el carácter heurístico que puede adquirir esta dimensión, buscando flexibilidad para adaptarse a contextos desfavorables y superar los múltiples obstáculos que enfrentan las iniciativas colectivas. Considerar que la cohesión social queda cubierta exclusivamente con la incorporación de equipamientos comunitarios implicaría caer en un determinismo espacial. Frente a este tipo de dogmatismos, una perspectiva integral requiere concebir esta dimensión como un camino progresivo, en constante interacción con el contexto político para sortear altibajos.
Al contrastar las dimensiones teóricas elaboradas desde la discusión bibliográfica con los resultados del análisis (IP) del conjunto, el caso aporta componentes que prefiguran acciones de intervención. Es decir, en el marco del carácter integral que demanda la rehabilitación de conjuntos habitacionales, la mirada proyectual presenta un diagnóstico desde la complejidad, discute escenarios, selecciona las estrategias posibles e incluso define aquellas que mejor dialogan con las preexistencias. Por ejemplo, al interpelar las dimensiones “integración con el paisaje” y “habitabilidad” desde el análisis del Barrio Justo Suárez, se delinean posibles variables de observación a considerar en una posterior elaboración de indicadores. En este sentido, al considerar la integración al paisaje urbano como parte de una rehabilitación integral, variables tales como la escala de los volúmenes, la disposición de recorridos y accesos, y la transición con el plano de piso emergen como propiedades fundamentales para definir estrategias de intervención.
El análisis del caso también revela que el concepto
Por otro lado, aunque el planteo metodológico ha contribuido al cumplimiento de los objetivos, el análisis del caso aporta al reconocimiento de algunas limitaciones.
En primer lugar, ciertas características particulares y determinantes del estado actual del conjunto, como la estrategia de participación y la relocalización de la población en el sitio, han ocupado un lugar marginal tanto en el análisis como en la construcción de aportes hacia una rehabilitación integral de conjuntos habitacionales. Esto invita a reelaboraciones que incluyan la perspectiva participativa y la radicación, considerando que la planificación del Barrio Justo Suárez adoptó estas premisas desde sus inicios, y las consideró material de proyecto. Estos aspectos tienen un protagonismo fundamental a la hora de evaluar el modo en que los habitantes despliegan sus estrategias cotidianas en el conjunto. Por lo tanto, es probable que el análisis centrado en las variables de la IP, aun cuando contemple una recuperación de imaginarios, requiera complementarse con otras técnicas de investigación cualitativa para terminar de acercar las dimensiones abordadas al concepto integrador de la vida cotidiana.
Además, es necesario señalar que el análisis propuesto aporta mayor profundidad y especificidad en las dimensiones referidas a la
Del mismo modo, como mayor aporte del trabajo a la discusión sobre el carácter integral de una rehabilitación, el análisis del caso pone en crisis la visión homogénea que proyecta la indagación teórica sobre cada una de estas dimensiones, encontrando —por ejemplo— algunos factores ambiguos. En particular, aquello que parecía un acierto o desacierto inicial para alguna dimensión puntual, con el paso del tiempo generó resultados diferentes. Tal es el caso de la incorporación de patios o terrazas para cada vivienda, espacios que, al cerrarse informalmente, terminan comprometiendo la habitabilidad de la unidad.
Asimismo, el trabajo ayuda a comprender estas dimensiones teóricas en su amplitud temporal y espacial, mostrando que la rehabilitación trasciende el contexto inmediato del conjunto. En el Barrio Justo Suárez, por ejemplo, la relación con el paisaje urbano fue cambiando a lo largo del tiempo. Asimismo, el paso del tiempo demostró que la sostenibilidad del conjunto encuentra un mejor anclaje en las dinámicas de escala barrial que en las estrategias previstas dentro del conjunto.
Un último aporte del trabajo advierte sobre la delicada situación que atraviesa el conjunto en esta segunda década del siglo XXI. Uno de los principales valores, subrayado durante la etapa proyectual y en sus evaluaciones posteriores, comienza a perder su brillo original para iniciar un proceso de deterioro difícil de revertir: los espacios abiertos de carácter colectivo han empezado a ocuparse individualmente, de manera informal, alterando la coherencia material del conjunto, el control visual de las circulaciones, la vitalidad y la seguridad de los espacios de uso colectivo.
Considerando que el trabajo realizado ha contribuido, en primera instancia, a una posible definición de dimensiones para una rehabilitación integral de conjuntos habitacionales desde la perspectiva de la vida cotidiana, y que del análisis emergen lineamientos de acción, se constituye como un desafío próximo la sistematización de variables e indicadores que definan estrategias proyectuales de intervención orientadas a la rehabilitación del Barrio Justo Suárez.
En esa dirección, se ha dado un primer paso desde la arquitectura, en el marco de un largo trayecto epistemológico, capaz de apoyarse en la interdisciplina para ampliar el alcance de sus instrumentos disciplinares.








