El artículo indaga el Programa de Vivienda Transitoria (PVT), un dispositivo de hábitat autogestionario diseñado por el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos de Argentina (MOI). Argumenta que el PVT es un antecedente relevante para el diseño de una modalidad colectiva y organizada dentro de las políticas de alquiler social que se requerirían para abordar la crisis de asequibilidad de la vivienda en la ciudad de Buenos Aires. PVT lleva 28 años de ejecución sostenida por dos cohortes de cooperativistas, una que habita en conjuntos construidos en el marco de la Ley N° 341 de ciudad de Buenos Aires y otra que actualmente espera acceder al suelo o iniciar obras. La experiencia de autogestión del hábitat transitorio produce seguridad habitacional, desalienación residencial y capacidades en planificación, gestión y convivencia. Ha resultado particularmente adecuada para jefas de hogar mujeres, jóvenes y migrantes con empleos precarios y bajos ingresos. Metodológicamente, el trabajo se apoya en un análisis de 40 piezas documentales producidas por el MOI entre 1994 y 2006, 54 entrevistas semiestructuradas y dos relevamientos censales con población residente de los PVTs del MOI realizados durante 2013 y 2023, tres talleres enmarcados en una intervención con un equipo docente de la Carrera de Trabajo Social de la FSOC UBA entre marzo y noviembre de 2004 y notas de campo de la autora (1994-2024).
The article analyzes the Transitional Housing Program (PVT), a self-managed initiative by the Movement of Occupants and Tenants of Argentina (MOI), highlighting it as a key precedent for social rental policies to address the housing crisis in Buenos Aires. Operating for 28 years, the PVT involves two cooperative groups: one living in housing built under Law 341 of Buenos Aires and another awaiting land access or construction. The program fosters housing security, skill development in management and coexistence, and residential disalienation, particularly benefiting female heads of households, young people, and migrants with precarious jobs and low incomes. Methodologically, the study draws on 40 MOI documents (1994-2006), 54 semi-structured interviews, census data from 2013 and 2023, workshops with the FSOC UBA Social Work Program (2004), and the author’s field notes (1994-2024).
El declive de hogares propietarios se registra como una tendencia global, tanto en Europa como en Estados Unidos y América Latina. Forma parte de la expansión del neoliberalismo urbano y la financiarización de la vivienda (
Estas tendencias han colocado a la orden del día el debate sobre las estrategias de intervención pública para morigerar el cuadro, entre ellas, el alquiler social, entendido como la existencia de viviendas en alquiler en que la renta se fija a un nivel inferior del valor de mercado, para que sean asequibles para personas de bajos ingresos (
La diferencia entre el precio del alquiler de mercado y el alquiler social se obtiene mediante subvenciones al propietario o bien la cubre directamente el propietario, en el caso que sea una institución religiosa, una organización benéfica, una ONG o una entidad pública (
Si bien el alquiler social ha sido una estrategia de larga data utilizada en Europa y que adquirió fuerza en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial (
En América Latina, a diferencia de lo ocurrido en el caso europeo, las experiencias de arriendo social presentan un carácter más bien acotado, y, por consiguiente, no se configuró un stock significativo ni instituciones con trayectoria respecto a esta modalidad de tenencia. Por el contrario, la oferta de vivienda en alquiler es mayoritariamente privada, en parte informal y tiende a realizarse en pequeña escala (
Sin embargo, durante los últimos años se han expandido distintos mecanismos que operan en el mercado privado como respuesta a la crisis de asequibilidad y que comienzan a afectar los diseños de las políticas públicas (
En la ciudad de Buenos Aires, la inquilinización se ha instalado con fuerza, incluyendo expoliativas modalidades informales (
Según la encuesta inquilina llevada a cabo por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, ACIJ (ver en Anexo, ACIJ 2023a [
En referencia a las políticas públicas existentes en materia de alquiler social, es importante señalar que la ciudad de Buenos Aires tuvo durante las primeras décadas del siglo XX, algunas experiencias de producción de conjuntos municipales de viviendas en alquiler, como el Barrio Los Andes, que fueron dejadas de lado con el predominio progresivo de la vivienda en propiedad, priorizada por las condiciones macroeconómicas y las orientaciones de la política gubernamental (
Con la recuperación democrática, y en particular a partir de la década de 1990, en un contexto de agravamiento de las condiciones estructurales y empobrecimiento de la población, la ciudad de Buenos Aires definió instrumentos focalizados de subsidio para alquileres enmarcados en situaciones familiares o personales de emergencia habitacional. Estos se caracterizaron por reproducir la fragilidad y precariedad, en el contexto altamente expoliativo del submercado de piezas de alquiler en hoteles pensión y, ya avanzado el siglo XXI, del alquiler de piezas en las verticalizadas y densificadas villas y barrios populares de la ciudad. (
Durante la pandemia, la sanción de la
En el menú de políticas de la ciudad, también existe otra medida puntual, menos visibilizada, que constituye una experiencia de renta subsidiada por el gobierno local, cuyos destinatarios son colectivos organizados e integrados por familias de bajos ingresos. Se trata de la figura de “vivienda transitoria”, incluida en la
El Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) fue un actor motor en el diseño e impulso original de la vivienda transitoria autogestionaria, cuya implementación sostiene hasta la actualidad. El artículo argumenta que, a partir de esta experiencia, pueden extraerse lecciones concretas —en los planos urbanístico, socio organizativo e institucional— para aplicar en la formulación de políticas de alquiler social comunitario, que debieran incorporarse en el menú de políticas locales de hábitat porque resultan reconstructoras de lazos comunitarios, capacidades de gestión y convivencia. A la vez, optimizan el uso de recursos públicos que actualmente, tienden a alimentar submercados informales y expoliativos (ver en Anexo, ACIJ et al., 2023c [
En el contexto de crisis de asequibilidad habitacional y precarización de la vida, las modalidades colectivas y organizadas autogestivamente, se encuentran ausentes del debate y la implementación de políticas públicas de hábitat, así como de la bibliografía académica local referida a la temática de alquileres, que se focaliza en distintos aspectos de las modalidades individuales y mercantiles preponderantes (
El análisis recorre las dimensiones urbanísticas, socio-organizativas e institucional en la implementación de PVT. Asimismo, explora los efectos de desalienación residencial que vincula con las características de la participación cotidiana de las familias en la gestión del PVT, y delimita el rol del MOI como arrendador social y soporte del proceso comunitario y de inserción barrial. Metodológicamente, se trata de un estudio de caso multimétodo apoyado en las siguientes fuentes: 1) análisis documental de 40 piezas que incluyen propuestas de gestión presentadas al Concejo Deliberante, la Legislatura y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBS), materiales internos de capacitación y animación socio-organizativa, convenios y reglamentos elaborados participativamente por el equipo profesional del MOI en 1994, 1996, 2003 y 2006; 2) 54 entrevistas semiestructuradas realizadas con cooperativistas residentes y no residentes de PVTs en el contexto de una evaluación localmente encargada por el MOI durante el año 2013, para elevar a una agencia de cooperación no gubernamental de desarrollo; 3) 25 entrevistas semiestructuradas y tres talleres realizados entre mayo y noviembre de 2024 con residentes de PVTs, en el contexto de una intervención iniciada a demanda de la dirección del MOI y diseñada conjuntamente con un equipo docente de la Carrera de Trabajo Social de la FSOC UBA, 4) dos relevamientos censales de la población residente en los PVTs de ciudad de Buenos Aires del MOI, dirigidos por la autora del artículo, durante los años 2013 y 2023. Los principales ejes temáticos de las entrevistas semiestructuradas en ambos estudios, centrados en los aspectos de aprendizajes y adquisición de capacidades de planificación y gestión colectiva del hábitat, así como los relevamientos censales, brindan información comparable del proceso. Finalmente, se acudió a 15 cuadernos de campo con registros vinculados con distintas responsabilidades y roles asumidos por la autora en relación con la implementación del programa entre 1994 y 2024.
En el proceso de inquilinización, al separar la propiedad del uso, la vivienda se transforma en un servicio y la gestión habitacional cobra predominio sobre la producción, en favor de la rentabilidad. Según Rolnik et al. (
La hipermercantilización del hábitat resultante de estas tendencias, engendra un hábitat alienado (
El concepto de alienación, aplicado a la esfera residencial, ayuda a iluminar las conexiones entre la crisis habitacional y las crisis personales. Resultado de la hipermercantilización de la vivienda, la precarización laboral, la creciente desigualdad y el efecto corrosivo del neoliberalismo sobre las redes de seguridad social, afecta amplias capas sociales. Se trata de un proceso global, sistémico, que atraviesa toda la organización del habitar bajo la lógica del capital, aunque se materializa bajo diferentes modalidades, intensidades, escalas y ritmos en el territorio y las distintas formas de tenencia, apropiación y propiedad. Su origen está directamente vinculado con las leyes de propiedad.
Siguiendo la tradición marxista y en confluencia con la perspectiva latinoamericana de la producción social del hábitat (
En trabajos previos (
La afirmación se torna inteligible al considerar el perfil social de las familias habitantes de PVTs. De acuerdo con un relevamiento censal efectuado en junio de 2023 con 40 familias residentes en los dos PVT activos del MOI en los barrios de San Telmo y Barracas, el 64 % de los hogares tienen jefatura femenina y el 48 % nacieron en un país extranjero: Perú, Chile, Paraguay y Uruguay. El 31 % de los residentes, eran menores de 18 años. Entre las jefas y jefes, el promedio de edad se ubicaba en 50 años. El 82 % se incorporaron al PVT con sus familias entre 2013 y 2019. El clima educativo era bajo: un 61 % de las jefas y jefes tienen secundario completo y un 30 % primario completo. Ninguna jefatura tiene título universitario y varias completaron el nivel secundario en bachilleratos populares, impulsados por el MOI. El 44 % de los hogares, tienen al menos un integrante con alguna necesidad especial, como síndrome de Down, ataxia espino cerebelosa Tipo 1, trastorno de personalidades múltiples, retraso madurativo, autismo e insuficiencia renal crónica. El cuidado comunitario entre vecines, junto con la orientación profesional desde el MOI y la articulación con el CESAC N° 15, hacen posible su acompañamiento.
Aunque el 100 % de los jefes y jefas trabajaba la semana previa al relevamiento,
El 82 % de estos hogares son nucleares, integrados por un promedio de 3,5 personas y no comparten la vivienda con otro grupo familiar. Habitar en el PVT les permitía al 79 % contar con dos o tres ambientes —piezas— en su vivienda y al 53 % acceder a un baño dentro de la misma. El resto lo compartía entre dos y tres familias por piso, al igual que las cocinas. También contaban con salones de usos múltiples para reuniones y actividades familiares, de uso compartido con el movimiento y abiertos al barrio, de acuerdo con un reglamento de uso elaborado en forma participativa. Asimismo, un 45 % de los hogares contaban con mascotas, por lo general, un perro, que en los hoteles pensión se encuentran prohibidos. La participación familiar en la elaboración del reglamento de convivencia explica la diferencia.
Como puede apreciarse, la trama organizativa y comunitaria permitió a grupos muy vulnerables por condición laboral, educativa, de ingresos, de género y migrantes, habitar en áreas centrales consolidadas, en espacios no hacinados y con ciertas condiciones materiales y acompañamiento en los cuidados, a las cuales no habrían accedido por la vía mercantil o la oferta de políticas públicas de hábitat existentes.
El Programa de Vivienda Transitoria (PVT) se consolida como un emergente del proceso recorrido por el MOI a lo largo de la década de 1990, durante la gestación, sanción e implementación de la
En 1994, el MOI hizo su primera propuesta al Concejo Deliberante para sancionar una Ordenanza para instrumentar un Programa de Vivienda Transitoria. Perseguía despejar la inestabilidad y ruptura de procesos cooperativos iniciados en edificios ocupados, por causa de desalojos. En 1995, el MOI comenzó a ejecutar algunos ejemplos movilizando recursos y capacidades propias: Casa Base
Al mismo tiempo, ejecutó Vivienda Transitoria en terreno propio de Cooperativa Yatay: una casona precaria acondicionada para 8 familias (ver
Hacia 2003, con la
En paralelo, el MOI impulsaba la efectiva conformación del Banco de Inmuebles del Gobierno de la Ciudad, creado nominalmente por la
Los PVT 1, 2 y Yatay, por su parte, alojaron 53 familias, de las cuales 43 se mudaron a sus viviendas cooperativas en Yatay y La Fábrica, ubicadas en Barracas, y El Molino, en Constitución. Las restantes dejaron el proceso por distintos motivos y, en tres casos, se crearon situaciones conflictivas
En la actualidad, funcionan dos edificios: el PVT3, inmueble del IVC bajo gestión del MOI localizado en San Telmo, y PVT4, inmueble de propiedad privada en el Barrio de Barracas, vecino de La Fábrica. En ellos residen en total 40 familias de las Cooperativas Alfa y Omega, Unión Latinoamericana, dos familias de la última etapa de Cooperativa El Molino y dos familias sin cooperativa.
Las familias sostienen la gestión edilicia y la convivencia en el inmueble con su organización autogestiva. El dispositivo incluye reuniones periódicas de frecuencia quincenal de asambleas y tres comisiones que canalizan las distintas tareas necesarias para el habitar colectivo: Comisión de Participación; Comisión de Aportes y Comisión de Ayuda Mutua. Los criterios de participación, gestión y convivencia se regulan mediante un reglamento elaborado de manera participativa y revisado periódicamente con las nuevas generaciones de familias que se incorporan. La participación familiar para el sostén de estas actividades involucra un promedio de 4 horas semanales, entre reuniones de planificación, como asamblea y comisiones, y actividades concretas, como limpieza, recaudación de la contribución y servicios, arreglos por ayuda mutua, actividades de recaudación extra. Cuando, por ejemplo, el incremento de los montos del servicio de luz impide que algunas familias puedan afrontarlo, se organiza el “pro luz”: una recaudación a través de actividades comunitarias pautadas como rifas y ventas de comidas típicas.
Cada familia firma un convenio de comodato con el MOI, que oficia como responsable por la administración de los inmuebles, arrendador social de acuerdo con (
El PVT 3, por su escala, es un inmueble que dinamiza la vida comunitaria barrial en San Telmo, mediante la realización de actividades de cuidado infantil, educativas, recreativas, formativas del movimiento y otras instituciones —como distintas cátedras de la UBA—, foros, encuentros y celebraciones institucionales, comunitarias y familiares, actividades de promoción económica popular, como ferias y roperitos, etc. (ver
En relación con la concreción cotidiana y aplicación de estos criterios, en las entrevistas de 2023 se constató que el 60 % de las familias participaban activamente en alguna comisión: un 50 % en ayuda mutua, un 27 % en aportes y un 23 % en participación. Asimismo, 22 entrevistados participaban en otras actividades del movimiento como recreación, género, comunicación y adulto mayor. Las asambleas generales de PVT, de frecuencia quincenal, contaban con 21 personas, 50 %, que participaban regularmente. La comisión de participación establecía canales de comunicación con quienes participan menos y existía una amplia red de canales y conversaciones informales sobre los temas del Programa y la vida cooperativa.
Las preocupaciones principales manifestadas incluyeron dificultades económicas y en particular al pago de servicios que experimentaron sensibles incrementos durante 2024, aunque ya se encontraban implementando respuestas comunitarias. Otros temas mencionados fueron de convivencia referidos al cuidado y la limpieza de los espacios comunes, la supervisión de los juegos infantiles en dichos ámbitos y la presencia eventual de mascotas sueltas. La violencia intrafamiliar, apareció tangencialmente mencionada y se señaló que existe una mirada comunitaria para su prevención y abordaje. Algunas personas plantearon que querrían tener acceso a apoyatura psicológica y que el servicio del CESAC N° 15 se encontraba colapsado. Frente a los distintos temas y problemas, la mayor parte de los entrevistados tendieron a reconocer la importancia de hacer funcionar correctamente las comisiones y asambleas y comunicarse de modos respetuosos. La mayoría consideró que no es necesario que los dirigentes del movimiento intervengan en asuntos de convivencia. Un grupo, no obstante, señaló que sí necesitan talleres de recuperación de la historia del PVT y formación política, para mantener actualizado el sentido del Programa, que no es una “inmobiliaria para pobres”. De este modo, si bien se percibe un estado de preocupación y desánimo por el agravamiento de la situación económica, el análisis también muestra que la estructura orgánica del PVT se encuentra apropiada y que los vecinos utilizan los dispositivos participativos de autoorganización para gestionar su vida cotidiana. Asimismo, una buena proporción participa en actividades tanto del MOI como barriales.
Finalmente, aunque excede los alcances de este artículo realizar un análisis comparativo exhaustivo entre las entrevistas realizadas durante 2013 y 2023, puede señalarse que presentan una continuidad en la implementación del modelo de gestión socio-organizativo del PVT, el cual ha podido incorporar una segunda cohorte de cooperativistas y se ha sostenido sorteando distintas coyunturas sociales, económicas y políticas adversas a lo largo de su existencia, como el congelamiento de la
Tenemos herramientas para ayudarnos entre nosotros (
Cuando hay una desgracia, nos unimos todos, como hicimos en pandemia (
Tomar decisiones sin perder la humanidad, la comprensión. (
A veces se critica más de lo que se ayuda, eso impide encontrar soluciones. Pero somos todos compañeros, nos conocemos. (
La capacidad de sostenimiento y actualización del lazo comunitario, a través de la participación, resulta relevante para el abordaje de desafíos concretos que afrontan las personas y familias en su cotidianeidad y resulta un elemento significativo para el diseño de un programa de alquiler social comunitario, basado en una participación no
Interesa revisar las características del parque edilicio que planteó el MOI para adquirir inmuebles a ser incorporados en el Banco de Inmuebles del GCBA creado por la
El inmueble del PVT3, ubicado en Independencia, fue detectado a partir de un relevamiento territorial realizado con base en una serie de parámetros fijados en seis dimensiones establecidas, acordadas con la Secretaría de Desarrollo Social a partir de la propuesta del Equipo Profesional Interdisciplinario del MOI:
Ratificar el concepto constitucional de radicación previsto en el artículo 31 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la visión de una ciudad socioespacialmente inclusiva.
Seleccionar un área urbana receptora de población de bajos recursos
Seleccionar un área urbana con una dinámica productiva que pueda demandar emprendimientos complementarios, promoviendo el desarrollo de la economía popular, social y solidaria.
Cercanía a otros efectores y dispositivos de la organización gestora.
Accesibilidad a medios de transporte e infraestructuras de cuidado que permita plasmar una concepción integral de las políticas sociales.
Estos criterios se plasmaron en la propuesta de Adquisición del PVT3 Independencia, y se concretaron en:
Ubicado en el Barrio de San Telmo, en el macrocentro de CABA. Cuenta con excelente accesibilidad, en el Corredor Norte-Sur, a media cuadra de la Avda. 9 de Julio, 400 m de la Autopista 25 de Mayo y óptimas conexiones con el resto de la ciudad a través de las Avenidas San Juan, Garay, Paseo Colón, Montes de Oca e Independencia. Existe una alta densidad de líneas de transporte y a menos de 50 metros, se localiza la estación Independencia de la Línea C de subte, punto de combinación con la Línea E. En relación con las cooperativas y ámbitos colectivos del MOI, se encuentra en un radio de 15 cuadras de varios conjuntos, sede institucional y guardia. Asimismo, la cercanía con Constitución y parte de San Telmo y Monserrat es un área donde aún existe un gran número de familias en condiciones críticas de hábitat.
Los edificios para ser destinados a PVT debían encontrarse en condiciones físicas y ambientales aptas, garantizando condiciones de habitabilidad adecuadas sin requerir onerosas inversiones para su mejoramiento físico, sino sólo refacciones menores.
El edificio identificado, disponía de 55 habitaciones, espacios comunes e instalaciones adecuadas para las necesidades específicas del hábitat transitorio a la escala propuesta de 35 familias, asumiendo un promedio de 1,5 habitaciones por familia. Asimismo, dispone de amplios espacios para el desarrollo de actividades complementarias y de interacción a escala barrial.
El edificio permite el desarrollo de actividades comunitarias, barriales y eventualmente productivas (ver
La morfología edilicia y la imagen arquitectónica del edificio de Av. Independencia —eclecticismo académico francés—, transmite una presencia de carácter digno y sobrio que acompaña la intención de jerarquizar la política de hábitat.
El edificio implicó una clara valorización del capital inmobiliario del GCABA, puesto al servicio de políticas de hábitat popular y reforzando el camino de conformación de su Banco de Inmuebles. El precio de venta del edificio de Av. Independencia 947 fue deUSD 520.000, con una superficie construida total de 1.833 m2. Por tanto, el valor unitario resultante fue USD283,68/m2, el menor de un conjunto de 10 inmuebles relevados oportunamente en CABA y que resultó una ventajosa adquisición para el GCBA, efectuada en el año 2006.
A partir de la experiencia de gestión combinada de inmuebles públicos y privados que ha llevado adelante el MOI poniendo en juego este PVT3, cabe señalar que debiera fortalecerse institucional y jurídicamente. A partir de esta base, es posible pensar en la constitución de fideicomisos público-comunitarios dirigidos a generar un parque habitacional de escala para otorgar en cesión de uso a distintos destinos: PVT, cooperativas de usuarios, alquileres sociales comunitarios y equipamientos barriales. Existen antecedentes complementarios en esa dirección en el Fideicomiso de la Tierra del Caño Martín Peña en San Juan de Puerto Rico (
El artículo describió y analizó dimensiones político-institucionales, socio-organizativas y urbanísticas del Programa de Vivienda Transitoria impulsado por el MOI. Esta trayectoria generó un doble efecto: sobre la institucionalidad estatal, la creación de Actividad Vivienda Transitoria destinado a cooperativas enmarcadas en la
De acuerdo con la experiencia transitada por las 133 familias implicadas en el proceso, los PVT MOI posibilitaron: 1) que las familias integradas en procesos cooperativos autogestionarios que provenían de hoteles subsidiados por el GCABA en condiciones de hacinamiento, falta de privacidad y alta vulnerabilidad asistencial, se liberaran de esas condiciones, para incorporarse a un ámbito de refortalecimiento comunitario y colectivo, 2) que las familias integradas en procesos cooperativos autogestionarios que habitaban en forma onerosa habitaciones de alquiler en los hoteles pensión, pudieran redestinar dicha obligación económica mensual hacia los procesos cooperativos 3) que todas las familias pudieran disponer de un ámbito colectivo y voluntario de habitar en común previo al ingreso al conjunto habitacional definitivo, construyendo procesadamente una nueva cotidianidad y convivencia cooperativa, 4) que el sentido y dirección de las erogaciones del GCABA se reorientara desde los destinos privados con fines de lucro: subsidios de falsos hoteles-pensión y piezas precarias bajo diversos formatos, hacia el fortalecimiento patrimonial del Estado local.
Con 28 años de trayectoria, el PVT MOI ha mostrado eficacia como ámbito pedagógico, de contención social y económica, y resiliencia ante los vaivenes y la escasa receptividad de los ámbitos de gobierno responsable de la formulación de las políticas públicas. Las coyunturas de la autonomización del GCBA , la crisis del 2001 y años inmediatos posteriores, fueron cortos períodos favorables y bien aprovechados para lograr avances político institucionales que luego se sostienen en los largos períodos a contracorriente. Por este motivo, el componente participativo del diseño de los PVTs, ha jugado un papel relevante en la recreación de lazos y capacidades de gestión comunitaria del hábitat y constructor de un marco de estabilidad habitacional. Asimismo, en los PVTs se provoca un proceso desalienador de la experiencia subjetiva porque las familias tienen la oportunidad de ejercer decisiones personales, familiares y colectivas sobre el habitar. Al mismo tiempo, ensanchan su repertorio para abordar distintos desafíos de la vida cotidiana, sea el económico adverso, como también el logro de objetivos y esperanzas. Del mismo modo, se aprende a tramitar democráticamente los conflictos que surgen en la convivencia comunitaria y se aportan elementos para identificar otros conflictos de naturaleza política que atraviesan la vida cotidiana. A partir de esta experiencia, pueden extraerse lecciones para la formulación de políticas de alquiler social comunitario, que debieran incorporarse en el menú de políticas locales del hábitat, en el actual contexto de inquilinización y crisis de asequibilidad habitacional.
Proyectando la experiencia hacia un posible programa de alquiler social, resulta un desafío poder comunicar adecuadamente que esta forma de vida comunitaria y participativa puede constituirse en una modalidad deseable de carácter estable, en la medida en que las familias y personas valoren la seguridad habitacional, el fortalecimiento del lazo comunitario y las capacidades organizadas de planificación, gestión y convivencia como modo de vida.
El perfil socioeconómico de las familias, con predominio de mujeres, migrantes y jóvenes trabajadores precarizades, evidencia una serie de elementos de importancia a tener en cuenta en términos del diseño de una política de alquiler social comunitario inclusiva, a saber,: i) facilitar el
A través de la comparación de los costos que asumen las familias en relación con el submercado de alquiler de piezas en zonas aledañas, así como en el despilfarro que significan los subsidios otorgados por el GCBA, y respecto de la calidad de vida cotidiana, un programa de alquiler social comunitario constituye una asignación más eficiente del gasto público que los subsidios individuales que tienden a alimentar submercados informales y expoliativos.
Para su implementación, requiere la conformación de entramados público-comunitarios territorializados, por barrios y comunas, apoyados en instituciones y actores sin fines de lucro con que la ciudad cuenta: Iglesias, ONGs, asociaciones civiles, cooperativas, grupos comunitarios, etc., que funcionen como arrendadores sociales y soporte del proceso comunitario protagonizado por las familias involucradas. Asimismo, un buen equipo jurídico, comunicacional y voluntad política de desburocratizar los procedimientos.
La experiencia de alquiler social comunitario puede ser apropiada para población joven, jefas mujeres, migrantes e inclusive proponer cierta mixtura social para facilitar el proceso de autonomización y el despliegue de distintos programas de activación económica y cultural alrededor de conjuntos de hábitat de alquiler social.
Pueden proponerse programas de alquiler social comunitario de gestión asociada, donde el órgano local competente de gobierno se asocie con organizaciones sin fines de lucro en forma individual o consorciada, para articular su puesta en funcionamiento y gestión. Las entidades pueden encargarse de la administración y gestión participativa, y el organismo público puede ceder inmuebles y/o recursos para su refacción y puesta a punto o combinar distintos tipos de recursos, y articular el tránsito con otras opciones de vivienda definitiva, entre ellas la
Aunque el artículo analiza el ámbito de la ciudad de Buenos Aires, es importante señalar que el contexto nacional – por los efectos de la política macro así como por las definiciones específicas de políticas del sector habitacional, modulan marcos habilitantes o restrictivos sobre el escenario local. El actual gobierno nacional ha derogado la ley de alquileres, desmantelado la institucionalidad del sector habitacional y eliminado las asignaciones presupuestarias a sus programas, todo ello en consonancia con su definición política del acceso a la vivienda como una cuestión de mercado. Esto ha ejercido un efecto de corrimiento hacia el espectro de la ultra-derecha sobre las políticas locales del sector que – a pesar de contar con recursos propios – también han sufrido fuertes restricciones, desdibujando notoriamente el rol de sus organismos a cargo. Esta dinámica coadyuva al agravamiento de una restricción estructural e histórica del acceso a una vivienda adecuada.
El subsidio puede presentar distintos niveles de cobertura. Aspecto que aquí no se desarrolla.
Involucrando aproximadamente 400 familias, unas 1500 personas. Esta modalidad de VT será objeto de futuras indagaciones.
Esta norma le dio especificidad a lo expresado en la Constitución de 1996, en su Capítulo V de Hábitat, artículo 31, respecto a que el Gobierno de la Ciudad “
El nombre tenía que ver con la necesidad de disponer de "paredes sólidas" como base física de procesos cooperativos. PVT de Casa Base fue declarada de interés municipal por el Concejo Deliberante, en el año 1996.
Otras cooperativas formadas años más tarde, como Camino de los Perseverantes, alquilaron en común con recursos propios y apoyo de organizaciones sociales y religiosas, ante la negativa del GCBA.
En un caso, el conflicto fue provocado por una persona que pretendía generar un desprestigio y que ocasionó conflictos internos en otras organizaciones, presumiéndose su carácter de agente infiltrado. Los otros casos fueron conflictos ligados con las dinámicas internas de las cooperativas.
Asimismo, existieron experiencias de PVT en la ciudad de Santa Fe (combinando sede institucional y uso de viviendas, aproximadamente 10 familias) y en terreno propio en Gran Buenos Aires, Cooperativa de Vivienda Los Pinos (6 familias).
En febrero de 2025 el monto promedio por m2 era $ 2.000, mientras en los hoteles de la zona, el m2 de pieza en alquiler alcanzaba los $ 10.000.
A Federación de Cooperativas Autogestionarias MOI, el Arq. Néstor Jeifetz, Leonor Rojas, Kena Reyes, Paola Guerrero y todos los habitantes del PVT. A la Mag. Soraya Giráldez, la Dra. Andrea Echevarría y el equipo docente y estudiantil de la Carrera de Trabajo Social FSOC UBA. A la Lic. Camila Chiara (FSOC-UBA), por su colaboración con el censo PVT 2023.
There’s a global housing crisis and politicians must do more to tackle it. (10/06/2015).
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