Espacio Abierto
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos.
Núm. 24 (2025)
DOI: 10.62174/quid16.i24_a411
Mujeres que proyectan
Estrategias habitacionales desplegadas en Mi Pieza en la Argentina reciente
a Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina.
b Universidad Nacional de Mar del Plata, Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Instituto de Investigaciones en Desarrollo Urbano Tecnología y Vivienda (IIDUTyV), Argentina.
La pandemia Covid-19 reconfiguró múltiples ámbitos de la vida cotidiana y las relaciones sociales en toda su complejidad. Para algunas personas, el hogar se convirtió en un refugio; para otras, en hacinamiento, violencia doméstica y precariedad. Las mujeres en situación de empobrecimiento fueron particularmente afectadas, desplegando diversas estrategias para producir y reproducir sus condiciones de vida. Este trabajo analiza la política habitacional “Mi Pieza” como una estrategia pospandemia que, desde una perspectiva de género y feminismo, reconoce y promueve el rol activo de las mujeres en el diseño y mejora de sus viviendas, a través del subsidio habitacional. Para esto, se basa en entrevistas a tres mujeres participantes del programa, residentes de barrios populares de Santa Fe, Argentina. Desde una mirada antropológica centrada en la producción social del hábitat y el derecho a la ciudad, se busca reflexionar sobre las estrategias habitacionales desplegadas por las mujeres en este contexto social particular, entrelazado a un marco regional. En este marco, las mujeres proyectan, las mujeres diseñan, las mujeres deciden, las mujeres habitan.
Palabras claves: Política habitacional; Pospandemia; Mi Pieza; Estrategias habitacionales; Mujeres.The Covid-19 pandemic reconfigured multiple areas of daily life and social relationships in all their complexity. For some people, home became a refuge; for others, in overcrowding, domestic violence and precariousness. Women in poverty were particularly affected, deploying various strategies to produce and reproduce their living conditions. This work analyzes the “Mi Pieza” housing policy as a post-pandemic strategy that, from a gender and feminism perspective, recognizes and promotes the active role of women in the design and improvement of their homes, through housing subsidies. For this, it is based on interviews with three women beneficiaries of the program, residents of popular neighborhoods of Santa Fe, Argentina. From an anthropological perspective focused on the social production of habitat and the right to the city, we seek to reflect on the housing strategies deployed by women in this particular social context, intertwined with a regional framework. In this framework, women project, women design, women decide, women inhabit.
Keywords: Housing policy; Post-pandemic; Mi Pieza; Housing strategies; Women.Recibido: 2024/10/10; Aceptado: 2025/3/25; Publicado en línea: 2025/12/1.
Introducción
La pandemia mundial COVID-19 agudizó problemáticas habitacionales concebidas como históricas y estructurales (Kowarick, 2000; Pradilla, 1984; Smolka y Mullahy, 2013; Yujnovsky, 1984). Mientras que el habitar se concibió de manera desigual, las injusticias socioespaciales preexistentes se agudizaron: individuos, familias y comunidades vieron aún más vulneradas sus condiciones habitacionales, y desarrollaron diversas estrategias para producir y reproducir sus condiciones materiales de vida (Czytajlo, 2020; Falú, 2020; P. Nuñez, 2011; A. Núñez, 2021). Sin embargo, las mujeres en situación de empobrecimiento constituyeron uno de los grupos más afectados, especialmente aquellas que son las únicas responsables de sus hogares, con hijos, hijas y personas dependientes a cargo. Estas mujeres no solo enfrentaron un aumento del trabajo de cuidados y la consecuente pérdida de ingresos, sino también las deficientes condiciones materiales e infraestructurales de sus hogares, barrios y comunidades (Red Mujer y Hábitat en América Latina y el Caribe, 2021).
A partir de las problemáticas habitacionales detectadas a nivel nacional en los barrios populares de Argentina, y de las desigualdades presentes en las mujeres y sus familias, acrecentadas en el contexto de la pandemia, la política habitacional Mi Pieza constituye una política habitacional pospandemia destinada a mujeres residentes de barrios populares del Relevamiento Nacional de Barrios Populares (RENABAP) que cuentan con Certificado de Vivienda Familiar. Esta política fue implementada en el 2021 por el Ministerio de Desarrollo Social de Argentina y, mediante el otorgamiento de un subsidio, tiene entre sus objetivos principales reducir el hacinamiento de los hogares, mejorar la calidad constructiva de las viviendas y reactivar la economía barrial a través de la asistencia económica para prácticas de autoconstrucción. Como componente programático, Mi Pieza anuda y reconoce dos problemáticas habitacionales estructurales que afrontan las mujeres residentes de barrios populares: la precariedad en la tenencia segura del suelo y de sus viviendas, por una parte, y la inestabilidad habitacional de sus viviendas autoconstruidas, por otra (Mosso, 2024).
En esta línea, se propone realizar una aproximación a la política habitacional Mi Pieza, a partir de considerarla como una estrategia pospandemia que, en cuanto contribuye a una mejora de las condiciones habitacionales existentes —aunque no las revierte—; transforma a las mujeres participantes en activas proyectistas y planificadoras de sus viviendas, que despliegan diversas estrategias habitacionales para poder materializar dichos espacios. Desde esta mirada, las mujeres asumen un rol activo en la proyección y planificación de los espacios, en la dirección y conducción de las mejoras, en los modos de contratación de la mano de obra, en los modos de utilización de los fondos, en la mediación entre la adquisición, uso y reutilización de los materiales y elementos constructivos, en la planificación de los tiempos y etapas de las reformas, entre otras cuestiones. No obstante, es cierto que estas cuestiones no son innatas ni únicas de este proceso investigado, dado que las mujeres y sus familias autoconstruyen históricamente sus viviendas bajo parámetros similares a partir de prácticas de ayuda mutua y esfuerzo propio. Sin embargo, y a diferencia de las reflexiones obtenidas en el marco de la implementación de otras operatorias habitacionales públicas destinadas a poblaciones empobrecidas en la Argentina (Álvarez Leguizamón, 2005; Cravino, 2012; Gutiérrez, 1998, 2004; M. Núñez, 2012), entre las que también se incluyen operatorias de relocalización de familias (Crovella y Acebal, 2018; Mosso, 2019); Mi Pieza tiene la cualidad de reconocer el valor autoconstruido por las familias, en tanto en la producción y apropiación de los territorios, lo que proporciona a las mujeres un rol activo y protagónico en este proceso (Mosso, 2024).
En este sentido, el estudio se apoya en las trayectorias, recorridos y experiencias habitacionales de tres mujeres residentes de barrios populares de la ciudad de Santa Fe, a los fines de analizar los modos en que el desarrollo del programa Mi Pieza imprime prácticas propias tanto en sus modos de habitar como de autoproducir sus hábitats. Desde una mirada antropológica, en el trabajo se busca poner en relación las trayectorias investigadas unas con otras, al indagar sus aspectos comunes y sus particularidades; al entrelazar estas historias de vida bajo una misma intervención pública. En este contexto, las mujeres proyectan, las mujeres diseñan, las mujeres deciden, las mujeres habitan. Las experiencias desplegadas por las entrevistadas invitan a repensar los territorios y el hábitat desde perspectivas de género y feminismo (A. Núñez, 2021); así como también buscan ser de utilidad para posibles mejoras en la implementación del programa investigado.
Para esto, se abren preguntas como: ¿Cuáles son las estrategias habitacionales desplegadas por las mujeres en el marco de esta intervención pública? ¿Qué rol asumen las mujeres en este proceso? ¿Qué generalidades y particularidades se han desplegado en las trayectorias habitacionales investigadas a partir de los subsidios? ¿Cómo ha incidido este programa en las condiciones de vida de las participantes? ¿Qué oportunidades y limitaciones ofrece esta política en relación con la instrumentalización de otras políticas habitacionales de la región? Sin más, ¿cómo contribuye Mi Pieza a las distintas realidades de las familias en barrios populares?
Metodología
Mediante la investigación cualitativa se propone profundizar en las dinámicas de organización habitacional que se desarrollan en las unidades domésticas de tres mujeres participantes de Mi Pieza en la ciudad de Santa Fe, de acuerdo con las posibilidades, usos y modos de operacionalización del subsidio. Para esto, se abordan las estrategias habitacionales, las trayectorias y los recorridos atendiendo a las particularidades y generalidades desplegadas en el marco de esta intervención pública. Esta búsqueda se pretende ahondar a partir de la unidad doméstica o familiar (Gutiérrez, 2004; M. Núñez, 2012) al considerar diversos aspectos del capital social de cada grupo familiar. Las estrategias habitacionales de las mujeres y sus familias involucradas en este proceso, desde la posición de este trabajo, superan la cuestión de las carencias y centran el estudio en lo que la población empobrecida genera, a través del análisis de los recursos, las movilizaciones y las estrategias que se ponen en interacción en las diversas formas de este capital ―económico, cultural y social (Bourdieu, 1986; Gutiérrez, 2004).
Desde esta postura, se propone una instancia exploratoria, nutrida a partir de una perspectiva etnográfica-antropológica en su triple acepción de enfoque, método y texto (Guber, 2016). Para esta ocasión, se construyó una muestra intencional de tres mujeres participantes de Mi Pieza con una variada representación etaria, ocupacional y de composición de grupos familiares: Claudia, Natalia y Analía. Estas mujeres han sido sorteadas en diferentes momentos del programa, entre los años 2021 y 2023, y se encuentran residiendo en diferentes barrios populares de la ciudad de Santa Fe: Alto Verde, Arenales y Varadero Sarsotti. Las tres mujeres han participado en algún momento de sus trayectorias habitacionales en actividades relacionadas con los merenderos localizados en sus barrios, y se inscribieron en los sorteos de Mi Pieza a partir de actividades de difusión desarrolladas en estos espacios. Asimismo, las mujeres entrevistadas residen en algunos de los barrios con mayor cantidad de subsidios otorgados por Mi Pieza1 y, si bien comparten precariedades propias de los barrios populares, sus configuraciones espaciales son disímiles.
En este marco, se realizaron entrevistas en profundidad y conversaciones informales entre los meses de julio y septiembre del 2024.2 El contacto con las entrevistadas fue gracias a una promotora del Programa Mi Pieza en Santa Fe, quien hizo de nexo entre estas mujeres y el equipo de investigación. Las entrevistas se llevaron a cabo en las viviendas de las participantes, se utilizó una orientación semiestructurada con preguntas abiertas; y fueron pautadas con anticipación. Por motivos de privacidad y resguardo de las entrevistadas, los nombres han sido cambiados. Durante las entrevistas se han grabado las conversaciones, con el permiso de las mujeres. También se han tomado fotografías y realizado planimetrías de las viviendas, y se ha solicitado, en los casos en que fue posible, que las entrevistadas o algún integrante de su grupo familiar dibuje su vivienda, a fin de indagar en mapas participativos o cartografías sociales. Además, se cuenta con la revisión de documentos públicos oficiales y fuentes documentales; y la sistematización y análisis de información referidos al caso de Mi Pieza en Santa Fe.
Desarrollo
Vivienda popular y políticas públicas
Las luchas por la vivienda y la tenencia del suelo forman parte de la cotidianeidad de familias e individuos empobrecidos. De acuerdo con el informe Panorama Social de América Latina y el Caribe (2023), en Latinoamérica 180 millones de personas no cuentan con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas y, entre ellas, 70 millones no tienen ingresos para adquirir una canasta básica de alimentos. En este contexto, las viviendas autoconstruidas son parte constitutiva de la producción social del hábitat (Marzioni, 2012; Ortiz Flores, 2006; Pelli, 1998), que reconocen otros modos de apropiación del habitar y su vinculación con los territorios y territorialidades, desde una legitimidad basada en necesidades de uso y no de cambio.
Las problemáticas de la inestabilidad en la tenencia segura del suelo y de las viviendas de sectores populares tienen una larga historia. Sin embargo, en las últimas tres décadas, las políticas públicas se han orientado hacia la implementación masiva de programas de regularización dominial del suelo (Calderón Cockburn, 1999; Clichevsky, 2007; Fernandes, 2003; Mosso, 2019, 2021). Sin entrar en las discusiones sobre el financiamiento internacional de estos programas (Mosso, 2019), en las últimas dos décadas estos programas han ampliado su cobertura, al alcanzar no solo la regularización, sino también mejorías en el entorno urbano precarizado a través de obras de mejoramiento barrial, dotación de infraestructuras, equipamientos, espacios públicos, entre otras cuestiones. No obstante, en reiteradas ocasiones, la regularización dominial más que constituir una solución para las familias empobrecidas, acarrea nuevas problemáticas vinculadas a la formalización de la propiedad (Mosso, 2019, 2021). Además, el otorgamiento de instrumentos de tenencia intermedios que no concluyen en la propiedad definitiva para las familias (Clichevsky, 2007; Mosso, 2019; J. Nuñez, 2023) también genera desafíos y contradicciones que deben cuestionarse.
Las viviendas autoconstruidas en barrios populares tuvieron un impulso importante en la década de 1970 a partir de las propuestas de participación popular y ayuda mutua de Turner, promulgadas en parte por el Banco Mundial (BM) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) (Kozak, 2016). En países como Perú, la autoconstrucción se integró en las políticas públicas y fue financiada por organismos internacionales; de modo tal que se reprodujeron estos ideales en otros países de la región. Sin embargo, dicha práctica ha recibido críticas importantes. Pradilla (1984) fue uno de los autores que puso en evidencia la cruda realidad: estas viviendas son construidas por los propios habitantes, quienes deben invertir tiempo adicional fuera de su jornada laboral normal de trabajo. Además, suelen presentar condiciones de hacinamiento y utilizar materiales de desecho o de segunda mano, lo que resulta en viviendas ubicadas en zonas de riesgo y con deficiencias constructivas y de servicios, entre otras cuestiones. A pesar de estas condiciones, la autoconstrucción sigue siendo una forma concluyente de producción social del hábitat (Marzioni, 2012; Ortiz Flores, 2006; Pelli, 1998) y es constitutiva del proclamado derecho a la ciudad (Lefebvre, 1969).
En las últimas, al menos, cuatro décadas, las políticas públicas en Argentina han abordado diversos desafíos relacionados con la tenencia del suelo, la autoconstrucción y la precariedad habitacional. En relación con los programas de autoconstrucción y autogestión a nivel nacional, se destacan el Programa 17 de Mejoramiento Habitacional e Infraestructura Básica de 1995 y el Programa Mejor Vivir de 2010, además de una serie de subsidios y microcréditos gestionados por ONG de hábitat para autoconstrucción (Rodríguez y Zapata, 2020). Entre estos, se menciona el programa de autoconstrucción de viviendas participativas de Cáritas, iniciado hace más de veinte años con vinculación de aparatos estatales. En la ciudad de Buenos Aires, el Programa de Autogestión para la Vivienda, normado por la Ley Nº 341/00 y su modificatoria, la Ley Nº 964/03, otorgaron subsidios y créditos públicos destinados a la construcción de vivienda social para cooperativas y organizaciones intermedias. Estas experiencias incluyeron el trabajo del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) y el Movimiento Territorial de Liberación (MTL), entre otras (Rodríguez, 2020). En la ciudad de Santa Fe, el programa de Erradicación de Ranchos del Movimiento de los Sin Techo incluye prácticas de autogestión y la conformación de cooperativas de trabajo desde mediados de la década de 1980 (Mosso, 2019).
También han incluido operatorias de relocalización de familias empobrecidas que, en ciertos casos, contribuyen a la mercantilización del suelo y la generación de rentas para ciertos agentes y promotores del capital nacional e internacional; y dejan en el desamparo a la población involucrada en estos procesos (Crovella y Acebal, 2018; Mosso, 2019; M. Núñez, 2012). Asimismo, se han implementado programas de construcción de nuevas viviendas (Di Virgilio y Rodríguez, 2011) ancladas a umbrales minimistas (Álvarez Leguizamón, 2005) que han incluido la regularización dominial y el mejoramiento del entorno urbano inmediato desde propuestas integrales, al menos, a nivel discursivo (Mosso, 2024). Sin embargo, las políticas estatales que se orientan a mejorar las condiciones de las viviendas autoconstruidas y existentes, a partir del reconocimiento del habitar autoproducido, son menos frecuentes. Y menos usuales resultan, aún más, las políticas públicas en las cuales se ponen en práctica los saberes y las experiencias de las familias involucradas en el diseño y la construcción de sus viviendas, y especialmente de las mujeres, como es el caso de Mi Pieza.
Vivienda y tenencia en la Argentina
En la Argentina, uno de los antecedentes de política pública más importantes que vinculó autoconstrucción y regularización dominial fue la Ley Nacional N° 24.374 sancionada en 1994, conocida como Ley Pierri. Esta normativa estableció un régimen de regularización dominial a favor de ocupantes que acrediten la posesión pública, pacífica y continua de sus viviendas autoconstruidas durante tres años ―con anterioridad al 1 de enero de 2006― siempre y cuando los inmuebles urbanos tengan como destino principal el de casa habitación única y permanente. Si bien esta normativa solo abordó la problemática de la propiedad de las viviendas autoconstruidas y existentes a nivel nacional, la cuestión integral fue implementada años después a partir de los Programas de Mejoramiento Barrial (PROMEBA) financiados con créditos internacionales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estos programas, implementados a partir de sucesivos préstamos desde 1997 en el país, tuvieron y tienen como objetivo central mejorar las condiciones del hábitat de familias empobrecidas a partir de operatorias de regularización dominial, la provisión de infraestructura básica y el desarrollo comunitario, entre otros aspectos. Los programas de mejoramiento barrial del BID, así como los programas financiados por otros organismos internacionales (como, por ejemplo, BM, AFS, BIRF, FONPLATA, CAF), constituyeron y constituyen actualmente, en la Argentina en particular, y en Latinoamérica en general, un antecedente en materia de política urbana integral de mejoría de asentamientos precarios con financiamiento internacional que direcciona políticas e interpela en los discursos y en las prácticas a los estados locales y a las poblaciones (Kozak, 2016; Mosso, 2019).
En otra línea, en la última década, organizaciones comunitarias y expertos urbanos en Argentina han impulsado la integración sociourbana de los barrios populares a través del Decreto 358/2017 y la Ley N° 27.453/18, en el marco de la Secretaría de Integración Socio-Urbana (SISU, página oficial [Link]). Estos instrumentos parten de que los barrios populares no están ‘integrados’ a la trama sociourbana, lo que genera diversas problemáticas estructurales que requieren estrategias integrales para abordarlas, sin dejar de lado los procesos de factibilidad técnica y los riesgos ambientales (ver documento [Link, accedido: 24/09/2024]). Para ello, se establece la creación del Registro Nacional de Barrios Populares en Proceso de Integración Urbana (RENABAP) y, mediante la Ley N° 27.453 de Régimen de Regularización Dominial para la Integración Socio Urbana, se declara de interés público el régimen de integración sociourbana. Sin profundizar en las características de estas normativas, pero con el objetivo de explorar el programa habitacional en cuestión, se definen los barrios populares como aquellos barrios conformados por ocho (8) familias agrupadas o contiguas que presentan diferentes grados de precariedad y hacinamiento, irregularidad en la tenencia del suelo y deficiencia en los servicios básicos, entre otras cuestiones (Decreto N° 358, 2017).
La normativa otorga el Certificado de Vivienda Familiar, un instrumento de tenencia intermedia que acredita el domicilio legal o fiscal de las familias residentes del RENABAP ante cualquier autoridad de índole pública o empresa privada, permitiendo a las familias acceder a servicios públicos, entre otras cosas. Actualmente, existen 6.476 barrios populares a nivel nacional, donde viven más de 865.000 familias que poseen el Certificado de Vivienda Familiar. Estos barrios albergan más del 10 % de la población argentina. Sin embargo, enfrentan déficits significativos en servicios básicos: 68 % carecen de conexión eléctrica formal, 89 % no tienen agua corriente, 98 % no tienen red cloacal y 99 % no tienen gas natural (En Pausa, 20 de febrero de 2024 [Link, accedido 24/09/2024]). En la provincia de Santa Fe, se han identificado 408 barrios populares, 68 de los cuales se encuentran en la ciudad homónima. Estos últimos se ubican principalmente en el borde oeste y norte, y en áreas próximas a reservorios o zonas de riesgo hídrico.
Dentro del marco de la Secretaría de Integración Socio-Urbana (SISU), se promueven tres tipos de proyectos: los Proyectos de Obras Tempranas (POT); los Proyectos Ejecutivo General para la Integración Socio Urbana (Pre-PEG) y; los Proyectos Ejecutivo General (PEG) para la integración sociourbana. Además, se establecen dos líneas de programas: Lotes con Servicios, que tiene como objetivo la creación de lotes con servicios básicos para sectores populares, y Mi Pieza, que buscar mejorar las viviendas existentes en barrios populares, especialmente para mujeres residentes del RENABAP. Asimismo, a partir de la consagración de la Asignación Universal por Hijo – AUH [Link] y la cartera de créditos de ANSES [Link], los estratos más empobrecidos de país han podido acceder a créditos otorgados por este organismo para realizar mejoras en las viviendas existentes en las últimas, al menos, dos décadas. Entre estos se mencionan los créditos Argenta, a través de los cuales las familias, y particularmente las mujeres jefas de hogar y jubiladas, han podido realizar ampliaciones, refacciones y mejoras constructivas (Mosso, 2019); cuestión en la cual profundizamos en la instancia doctoral.
Por último, es oportuno destacar una serie de antecedentes emitidos por el pasado Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat concerniente al período 2019-2023, coetáneos a la implementación del programa investigado. Entre estos, el Plan Nacional de Suelo Urbano implementado a través de la Subsecretaría de Suelo y Urbanismo cuya génesis también responde al contexto de la emergencia social COVID-19; y los subprogramas Casa Activa, Habitar Comunidad, Autoconstrucción de Viviendas Participativas Cáritas y Construir Futuro, de la Línea Casa Propia, que tienen entre sus beneficiarios población de estratos bajos.
Vivienda y género
Diferentes investigaciones realizadas en Latinoamérica (Borges, 2011; Giglia, 2012; Massolo, 1999) y en la Argentina (Czytajlo, 2020; Falú, 2020; Martínez, 2023; A. Núñez, 2021; Rodríguez y Arqueros Mejica, 2020) ponen de manifiesto los rasgos diferenciales que asumen las experiencias cotidianas de los diferentes géneros; y los diversos modos en que la organización del espacio contribuye a la profundización de las desigualdades socioespaciales en la ciudad capitalista (Rodríguez y Arqueros Mejica, 2020) . También reflejan las transformaciones sociales que se producen en el contexto político actual, ya que estos procesos han cambiado a las mujeres al mismo tiempo que ellas mismas transforman y mejoran los espacios de vida cotidiana y urbana, e imprimen su marca de género (Massolo, 1999). Parte de este énfasis tiene génesis en la denominada ‘década de la mujer’, promovida por la ONU y sus organismos conexos durante el período 1975 a 1985 (Aguilar, 2011).
Sin embargo, el contexto de pandemia mundial de COVID-19 exacerbó y profundizó las desigualdades de género preexistentes, agudizó problemáticas estructurales de la sociedad capitalista, y manifestó emergentes en la precariedad del habitar, en las discriminaciones y en las variadas formas de violencia y segregación socioespacial (A. Núñez, 2021, p. 16). En estos procesos, también cobraron impulso los derechos de las mujeres, su precariedad laboral y económica y los cuidados como responsabilidad colectiva (A. Núñez, 2021).
Las viviendas en barrios populares y las experiencias de las mujeres en estos contextos fueron y son paradigmáticas de la expoliación urbana: tomas de tierras de sucesivas generaciones sin seguridad en la tenencia, viviendas e instalaciones básicas autoproducidas de forma precaria, mala accesibilidad, proliferación de basurales, entre otros, lo que constituye una vulneración de los derechos humanos fundamentales (A. Núñez, 2021, p. 232). A estas problemáticas estructurales, el ‘quedate en casa’ durante el período del confinamiento puso en tensión dos cuestiones críticas: los cuidados y las violencias (Czytajlo, 2020). En otras palabras, desigualdades históricas que se sumaron a desigualdades emergentes (Czytajlo, 2020). Sin embargo, las experiencias y las estrategias cotidianas de las mujeres fueron cualitativamente distintas a las de los hombres, así como también lo fueron sus percepciones, posibilidades y limitaciones para enfrentar necesidades de vivienda, equipamiento y servicios (Red Mujer y Hábitat en América Latina y el Caribe, 2021).
De acuerdo con la Red Mujer y Hábitat, en el contexto de la pandemia se identificaron las siguientes problemáticas: mujeres que viven en ciudades y territorios desiguales, fragmentados y segregados; sobrecarga del trabajo de cuidado que recae sobre las mujeres; desigualdad en el acceso a viviendas adecuadas y servicios básico agravados por el contexto de aislamiento y confinamiento; aumento de los casos de violencia contra las mujeres en situaciones de desastres, agravada por las medidas de aislamiento; y pérdida de medios de vida para un sector importante de mujeres, que incluye migrantes, mujeres trans, vendedoras ambulantes, empleadas domésticas y empleadas de establecimientos comerciales. Por otra parte, se destaca la resiliencia de las mujeres, quienes han creado mecanismos de supervivencia y apoyo para ellas y sus familias desde sus hogares y comunidades (2021).
La noción de feminización de la pobreza y su diversidad de conceptualizaciones han sido difundidas tanto como diagnóstico social como afirmación de la necesidad de adoptar medidas centradas en el enfoque de género. Estas medidas han ido incorporando paulatinamente políticas sociales en la agenda pública, que buscan visibilizar y reducir las múltiples problemáticas que contribuyen a la desigualdad en las condiciones de vida, derechos y oportunidades entre hombres y mujeres (Aguilar, 2011). Asimismo, las políticas de género se han estratificado, al atender diversos enfoques teóricos y metodológicos de intervención (Rodríguez Gustá, 2008). En este contexto problemático surge el programa Mi Pieza, que entrelaza género y hábitat a nivel nacional.
Aproximaciones a Mi Pieza
El programa Mi Pieza es una línea nacional de asistencia económica destinada a mujeres para realizar refacciones, mejoras o ampliaciones de sus viviendas localizadas en barrios populares de la Argentina. Este programa tiene como objetivos reducir el hacinamiento de los hogares, mejorar la calidad constructiva de las viviendas y reactivar la economía barrial. Data del 2021 y, si bien estuvo suspendido desde finales del 2023; en la actualidad se están reanudando los desembolsos pendientes, correspondientes al último sorteo, aunque no se están realizando nuevos sorteos. Como se dijo anteriormente, se trata de un programa de transferencias destinado al mejoramiento habitacional por autoconstrucción, dirigido a mujeres argentinas (naturales o por opción) o extranjeras con residencia permanente, mayores de 18 años, residentes del RENABAP y que cuenten con el Certificado de Vivienda Familiar.
El programa otorga subsidios que varían entre $ 250.000 y $ 600.000 pesos argentinos para la compra de materiales y el pago de mano de obra. Las mejoras son realizadas por autoconstrucción por las propias destinatarias y sus familias, o mediante la contratación de mano de obra. Los rubros incluyen ampliaciones, reformas y mejoras habitacionales en calefacción, plomería, iluminación, albañilería, mampostería, carpintería, reparación de techos, trabajos de hormigón y concreto, pintura, aberturas, entre otros. Comprende un primer desembolso del 50 % del monto de subsidio y luego la percepción del segundo desembolso también del 50 % siempre y cuando las participantes acrediten avances de obra y registros fotográficos a través de la App Mi Pieza; lo que la convierte en una política de vivienda planteada desde el vínculo directo y autonomizado de las mujeres con el Estado nacional, autogestionada a través de la aplicación digital “App Mi Pieza Argentina” (Balerdi, 2023). Asimismo, se trata de un programa que, gracias a la flexibilidad de sus alcances, ha tomado relevancia en los itinerarios de autoconstrucción (Isla et al., 2024).
De acuerdo con el Informe de Evaluación de la Línea Mi Pieza en relación con la 1.a y 2.a edición del programa realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (2022), hacia junio del año 2022 fueron más de 156.000.000 las mujeres participantes del programa en toda la Argentina. En este marco, a nivel nacional dos de cada tres participantes no trabajaban de modo remunerado, pero sí buscaban trabajo de manera activa, mientras que tres de cada diez mujeres se encontraban vinculadas a tareas de cuidado al interior de sus hogares. Menos de la mitad de las mujeres tenía empleo. Aproximadamente, siete de diez mujeres desarrollaban una actividad laboral asociada a la economía popular, y un 33,2 % participaban del programa Potenciar Trabajo. Por otra parte, dos de cada diez mujeres eran empleadas domésticas, en su mayoría, no registradas; mientras que solo el 13 % de las participantes eran asalariadas en otra actividad. Solo siete de cada cien mujeres contaban con un empleo asalariado registrado. El 23 % de las participantes no percibía ingresos por programas sociales y la mitad percibía ingresos a través de la Asignación Universal por Hijo (AUH), por embarazo o ambas. En relación con las condiciones habitacionales, el 42,7 % asintió vivir en condiciones de hacinamiento al momento de inscribirse al programa. Por su parte, se observó una preponderancia del grupo entre los 26 a los 35 años. La media de edad general de las participantes de las dos primeras ediciones de la Línea Mi Pieza se ubicó en torno a los 35 años, sin destacarse variaciones relevantes a nivel regional (Observatorio de la Deuda Social Argentina, 2022).
De acuerdo con el informe de transparencia de Integración Socio Urbana, hasta el 31 de diciembre de 2023 fueron 251.395 las obras aprobadas, de las cuales 207.244 se encuentran finalizadas. Estas obras incluyen lotes con servicios, obras generales de integración urbana y programas de mejoramiento de vivienda; y representan más del 80 % del total de las obras del FISU y una cobertura aproximada del 78 % del universo total de barrios incluidos en RENABAP. Del total de estas obras, cerca de 250.000 corresponden a erogaciones del programa Mi Pieza (Infobae, 27 de febrero de 2024 [Link, accedido: 25-09-24]). Por este motivo, constituye un programa de amplio alcance geográfico cuya formulación es sumamente pertinente en un país donde los datos publicados por el INDEC estimaron que, para el primer semestre del 2023, el 29,6 % de los hogares se encontraba bajo la línea de pobreza y el 40,1 % de la población en la misma situación. A su vez, los datos informados por el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) estimaron que para enero del 2024 la pobreza en la Argentina habría llegado al 57,4 %.
En lo que refiere a la ciudad de Santa Fe, y de acuerdo con la fuente oficial consultada, se estimaron 17.359 familias residentes de 69 barrios populares relevados por RENABAP (Figura 1). Entre estos se encuentran barrio Los Troncos, Candiotti, Candiotti Norte, Doce de Octubre, Alfonso, San Lorenzo, Arenales, Chalet, Alto Verde, Varadero Sarsotti, Villa Oculta, Las Lomas, Los Hornos, 29 de Abril, La Ranita, entre otros. En este marco, se contabilizaron 4.122 mujeres participantes de Mi Pieza en la ciudad, correspondientes a los ocho sorteos efectuados en el periodo 2021-2023 (Integración Socio Urbana (SISU), 2024).
“Yo planifico las cosas”. La ampliación de Claudia
Claudia tiene 28 años y vive en Alto Verde con su pareja y tres hijos menores de edad, el más pequeño con discapacidad. Nació y se crio en el barrio, y en el 2018 compró “de palabra” el terreno en donde construyó su casa. Por la mañana es encargada del merendero del Movimiento de Trabajadores Excluidos, MTE [Link] en el barrio, a la tarde trabaja como repositora en un comercio; también percibe la pensión por discapacidad por su hijo y la AUH por sus otros hijos menores. La pareja de Claudia tiene, junto a su familia, una ladrillera en el barrio. La casa se ubica en un terreno amplio, y está elevada sobre el nivel de cota, con una galería a la entrada que tiene vista al terraplén. Se trata de una zona empobrecida con viviendas precarias distanciadas entre sí, la mayoría con grandes patios, enmarcadas en una red familiar próxima: su hermana vive en el terreno que se encuentra delante, su otra hermana en la casa de enfrente, su suegra a la vuelta, su hermano al lado. El barrio tiene acceso a servicios precarios de agua y electricidad, esta última, fluctuante.
Claudia fue encuestadora del RENABAP y promotora de Mi Pieza en 2021: “Nosotros hacíamos charlas de concientización de lo que era el RENABAP [...], hacíamos certificados de vivienda, que era uno de los requisitos principales para poder ser ganadora de Mi Pieza” (Entrevista Claudia, septiembre de 2024). En este marco, encuestó a otras mujeres de Alto Verde y presenció otras realidades:
Me quejo, de todo me quejo […]. Y por ahí, cuando andaba haciendo el relevamiento, que fuimos a muchos barrios, había ranchos hasta de lona, ¿viste? Y lleno de chicos y eran ranchos así, de lona. Ahí te das cuenta también… (Entrevista Claudia, septiembre de 2024)
Claudia salió beneficiaria en el primer sorteo; vio el anuncio por YouTube y dudó en anotarse porque pensó que se lo “iban a descontar”, pero igual se inscribió “porque necesitaba, nosotros dormíamos hasta ahí todos en una pieza, somos cinco y dormíamos todos en una pieza”. Antes de la ampliación, la casa tenía dos habitaciones —la cocina-comedor y el dormitorio— y un baño. La construcción inicial la levantó desde cero, con fondos propios y también a través de un crédito del ANSES mediante la AUH: “Que en ese momento te daban $ 5.000 pesos por hijo el monto de la asignación [...] cuando te pagaban todos los meses, ya venía descontado directamente”. Con Mi Pieza pudo ampliar su casa, “la parte de atrás”: construyó dos dormitorios para sus hijos, hizo el baño completo y un espacio multifunción amplio de 5x10 m. Venía planificando esta decisión desde hace tiempo dado que quería independizar en cuanto al descanso a su hija de doce años y a su hijo de trece, pero no tenía los fondos para hacerlo.
El marido, junto con amigos y familiares, materializó la ampliación, por lo que no destinaron dinero en mano de obra y pudieron aprovecharlo en materiales. Ella participó de la obra, en un activo rol de conductora y proyectista. El subsidio les alcanzó para la compra de los ladrillos, pegamentos, materiales para el contrapiso, chapas y clavos de todos los espacios: “Pero viste, en ese momento la plata valía, podías edificar” (Entrevista Claudia, septiembre de 2024). Edificó el baño completamente, con cerámicas en la pared y el piso, y artefactos conectados a la red de agua. También compró aberturas y puertas, y reutilizó una puerta que ya estaba en su casa. El espacio multifunción tiene troncos de madera en lugar de tirantes, para economizar los materiales: “¿Sabés por qué lo hice grande? Porque bueno, nosotros somos como chavillantes, nos juntábamos y siempre nos quedábamos. No teníamos lugar grande, ni nada más. Y pensé, ah, bueno, eso lo voy a hacer”. Este espacio tiene usos diversos, además de reunir a Claudia y a sus doce hermanos con sus respectivas familias, en ocasiones oficia de comedor, lavadero, entre otras cuestiones. Claudia se siente agradecida con la ampliación:
fue un gran plan, digamos, de Mi Pieza. Sirvió mucho, por lo menos a las que yo conozco […]. La verdad [es] que nunca pensé que ahora iba a tener esta casa, aunque le falta muchísimo todavía, ¿viste? Le faltan revoques, todo eso, pero bueno, lo importante es lo que tenemos (Entrevista a Claudia, septiembre de 2024)
En torno a la ampliación, Claudia reconfiguró los otros espacios de su casa: “Y vos no te imaginas todas las veces que hice romper paredes. […] Esta puerta de vidrio, por ejemplo, estaba ahí donde pasamos recién, que está revocado”. Si bien planificar la ampliación de su casa no constituye una estrategia propia de Mi Pieza, ya que como vimos anteriormente, Claudia levantó su casa desde cero; el subsidio ofició de impulso para desplegar diversas estrategias proyectuales. Entre estas, la posibilidad de planificar su casa de acuerdo con las necesidades de su grupo familiar, al asumir un rol activo en todo el proceso, cuestión poco común en políticas habitacionales destinadas a sectores sociales desfavorecidos. Este rol se concibe como latente e innato en Claudia: “Sí, yo planifico las cosas de casa, de la copa [hace referencia al merendero del MTE] todo. Las que estamos construyendo también. Yo lo dibujo y después... Ellos intentan entender” (Entrevista Claudia, septiembre de 2024) (Figura 2).
“A esto lo hacemos mejor”. La nueva pieza de Natalia
Natalia tiene 49 años, es madre soltera, tiene cinco hijos y una nieta de cuatro años. Trabaja de empleada doméstica y, a veces, hace changas; también percibe la AUH por uno de sus hijos menores de edad. Natalia nació en otro barrio de la ciudad y luego se mudó al barrio Arenales con su mamá a un ‘ranchito’. Cuando esta falleció, ya de adulta, Natalia se quedó sin casa, para ese entonces ya tenía a sus cuatro hijos menores de edad. Fue así como su hermano le ofreció una parte del terreno para que pueda hacerse la casa, en lo que era el patio. Allí levantó una casa de chapa y cartón, en donde vivó varios años con sus hijos, en lo que hoy se configura como un pasillo. Al tiempo, el Movimiento de Los Sin Techo [Link] le ofreció reemplazar esa casa por un módulo de material con baño, en el marco del Programa de Erradicación de Ranchos: “vienen en el año 98 los Sin Techo, y me anotan para la piecita, o sea, que del ranchito pasé a la piecita” (Entrevista Natalia, septiembre de 2024). En esa casa monoambiente habitaron durante diez años. Al tiempo y con mucho esfuerzo, pudo ampliar la casa anexando un comedor-cocina, a través de autoconstrucción por ayuda mutua y esfuerzo personal con fondos propios; lo que le permitió incorporar una cama y mejorar la convivencia y el descanso de parte de su familia:
dormíamos en una piecita todos juntos, de ahí al lado. Tenés la piecita, un ambiente de cuatro metros, el baño y acá [refiere a la cocina-comedor]. Y tres dormíamos allá y dos acá con una camita […], digamos, todos muy amontonados. (Entrevista a Natalia, septiembre de 2024).
Para poder realizar la mejora con Mi Pieza, Natalia planificó desde un inicio la ampliación de su casa, en continuidad con la vivienda existente: “¿Qué hacemos nosotros con ese proyecto que nos dieron? Digo yo, chicos, a esto lo hacemos mejor”. Así, desplegó una serie de estrategias habitacionales planificando cada una de las instancias. “Entonces, ¿cómo robo espacio?”. Natalia proyectó la nueva pieza de 8 m de largo, en continuidad con la cocina-comedor, hacia el frente del terreno: es largo para poder subdividirlo en dos espacios en un futuro y así independizar en cuanto al descanso a sus hijos. Con el subsidio de Mi Pieza pudo levantar paredes, comprar el material para la construcción y pagar a cuatro albañiles, además de su hermano y su hijo mayor que colaboraron en la construcción. Sin embargo, también dispuso de ayuda familiar para completar la mejora habitacional: su hermano la ayudó con los revoques interiores y exteriores: “me dijeron, no, ya se hizo lo que quisiste, bueno, vamos a revocar, vamos a dejarla un poquito mejor de lo que estaba, y así fue” (Entrevista Natalia, septiembre de 2024):
Y se pudo hacer esto que vos ves. O sea que... Mi proyecto y mi pieza hubieran sido hasta, ponele, ahí a la mitad. Pero nosotros dijimos [...] si Mi Pieza ya está, proyectemos más. Algo mejor. Muchos no lo han logrado y bueno... Y yo gracias a Mi Pieza lo logré, pero... Ya te digo, fueron dos proyectos juntos. Mi Pieza lo largó y nosotros lo mejoramos. (Entrevista a Natalia, septiembre de 2024).
La ventana que antes estaba en la cocina-comedor pasó al dormitorio, “la paso para allá porque no tengo para la ventana”; y la ‘patrona’ le regaló la puerta que separa la cocina de la nueva habitación, ya que “yo no podía tener para las aberturas”. La instalación de la nueva pieza esta embutida, a diferencia de la instalación precaria existente en el resto de la casa. El piso es de carpeta de cemento, al igual que en la cocina-comedor, pero este es anterior y está más deteriorado. A partir de las mejoras a la vivienda, la familia de Natalia tuvo intenciones de continuar con la obra; sin embargo, dado el contexto de empobrecimiento, esto se hizo muy difícil: “Estábamos muy cansados. Digo yo, vamos a pasar muchas más necesidades si continuamos como ustedes quieren de poner una cerámica, de arreglar el baño, no se va a poder” (Entrevista a Natalia, septiembre de 2024).
Además de proyectar la ampliación y la disposición de los espacios, Natalia tuvo un activo rol en la conducción de la obra, así como en la compra de los materiales: “Otra cosa, hubo un problema serio. Que los corralones entraron a cobrarnos un 20, un 30 % cuando salió Mi Pieza. ¿Qué pasó? Se avivaron los corralones” (Entrevista a Natalia, septiembre de 2024). En ese contexto, Natalia transitó una intensa negociación con los corralones para poder comprar a precios accesibles: “¿Qué hacíamos? Buscábamos precios. Decíamos, mirá, esto es mi plan, Mi Pieza. ¿Pero si compramos seis bolsas, a cuánto está?” (Figura 3).
“Arreglé lo que ya tenía levantado”. La mejora de la casa de Analía
Analía tiene 53 años, nueve hijos y actualmente vive con su pareja y su hijo menor de nueve años en Varadero Sarsotti. Antes trabajaba en el comedor comunitario de La Poderosa [Link] en el barrio, ahora percibe la AUH por su hijo menor y también el programa Potenciar Trabajo. Además, trabaja en trueques localizados en diferentes sectores de la ciudad. Salió sorteada en octubre de 2021, ahí le depositaron la primera parte del cobro; luego tuvo que esperar más de un año, hasta febrero del 2022, para recibir el segundo desembolso. Analía nació en el barrio Centenario y se mudó al terreno en donde ahora vive con el que era su marido y sus nueve hijos. Antes de la mejora, su casa tenía varias dificultades constructivas: “Un desastre. Faltaba el revoque, le faltaba el piso. Quise cambiar los techos, no me alcanzó. Me quedó la pieza de arena sin revocarla. Sin hacerle el piso” (Entrevista a Analía, septiembre de 2024). Con Mi Pieza mejoró su casa, y rehízo el baño completo: “arreglé lo que ya tenía levantado [...]. El baño era… decirle baño era mucho. Así que acomodé un poco el baño”. Con el subsidio, también puso revoques y contrapisos en el comedor y en parte en su dormitorio, aunque no le alcanzó para revocar ni poner el piso en el cuarto de su hijo.
Mi Pieza fue la primera experiencia de Analía con un subsidio del aparato estatal. Anteriormente, construyó su casa con fondos propios por ayuda mutua y autoconstrucción, desde cero: “Era una piecita con chapas de cartón y los tirantes eran las ramas del sauce viejo [...]. De a poquito fui construyendo una más grande que quedó toda bien”. Para esto, “iba juntando los ladrillos, los medios ladrillos. Ahí antes las arañeras te tiraban el hormigón que sobraba, todo. De a poquito con eso [se] fue levantando”. El mejoramiento de la vivienda con el subsidio de Mi Pieza lo realizó el marido con un albañil peón, por lo que solo tuvo que pagar la mano de obra de este. Analía también participó de la obra: “él preparaba la mezcla, yo le alcanzaba los baldes. Lo ayudaba a sacar las medidas” (Entrevista a Analía, septiembre de 2024). Mi Pieza “me ayudo bastante, no me alcanzó para hacer todo lo que quería, pero quedó más cómodo, un poco cómodo [...]. Y sirvió de mucho. Uf, no se ve, pero se ve un poco mejor”. Analía tiene intenciones de continuar mejorando su vivienda, pero al igual que las otras entrevistadas, el contexto de empobrecimiento no se lo permite: “Las chapas ya no dan más. Pero hasta el día de hoy no he podido terminar eso”.
Analía compró los materiales en una arenera de la zona, “bastante accesible, en relación con otros lugares”. No obstante, tuvo diferencias en cuanto a las etapas del subsidio. Con el primer desembolso, “me hicieron los precios [...], en la segunda ya no, porque en dos veces tuve que hacerlo”. Esta diferencia temporal trajo inconvenientes económicos y habitacionales, Y provocó dinámicas familiares ‘incómodas’ al interior de la vivienda, dado que la obra se prolongó por más de un año. Aun así, el subsidio tuvo un alcance significativo en su calidad de vida, ya que mejoró espacios que se encontraban muy precarizados (Figura 4).
Estrategias habitacionales desplegadas a través de Mi Pieza
Las trayectorias y experiencias narradas por Claudia, Natalia y Analía revelan estrategias habitacionales compartidas, así como particularidades individuales. Estas características imprimen al análisis una diversidad de modos de habitar y autoproducir hábitats, vinculados directamente con la apropiación y el uso del subsidio habitacional (Tabla 1). En este contexto, cada una de las mujeres ha implementado diversas estrategias personales y familiares para realizar las mejoras habitacionales con el subsidio estatal. Cada una de ellas ha desplegado diversas estrategias en torno a las modalidades de construcción y contratación, en torno a las posibilidades y las necesidades de la planificación de sus espacios. Y cada una de ellas ha asumido un rol activo en la proyección de su casa, y ha dejado pendientes nuevas ideas para materializar en un futuro.
| Entrevistadas | Estrategias habitacionales desplegadas a partir de Mi Pieza | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Tipo de mejora habitacional | Modalidad de construcción | Fondos para la mejora habitacional | Estrategias proyectuales | Estado de la obra | |
| Claudia | Ampliación. Construcción de dos habitaciones —una para la hija y otro para el hijo—, espacio multifunción amplio y baño completo. | Autoconstrucción por ayuda mutua y esfuerzo propio (participación de familiares y amigos). | Subsidio Mi Pieza. | Nuevas habitaciones para sus hijos. Diseño de espacio multifunción. Materialización del baño completo. Reutilización de aberturas. Reforma de vivienda existente y adaptación a la mejora. | Finalizada la obra gruesa, incompleta la obra fina (falta revestimiento en paredes y piso). |
| Natalia | Ampliación. Construcción de una habitación para sus hijos | Contratación de mano de obra (4 albañiles); participación de familiares | Subsidio Mi Pieza, fondos propios y colaboración de familiares | Nueva Pieza de 8m de largo, proyectada para subsidivirse en un futuro.Reutilización de aberturas. Colaboración de aberturas por actores externos al grupo familiar (“obsequio de la patrona”). | Finalizada la obra gruesa; incompleta la obra fina (falta revestimiento en paredes y piso). |
| Analía | Mejoramiento de vivienda existente, principalmente del baño. | Autoconstrucción por ayuda mutua y esfuerzo propio (participación de familiares), y contratación de mano de obra (un albañil) . | Mi Pieza y fondos propios. | Construcción del baño completo (con sanitarios conectados a red de agua). Revestimiento de piso y paredes en la cocina.Mejora de las condiciones de su dormitorio. | Finalizada la obra gruesa; parcial la construcción fina (quedapendiente mejorar las condiciones del cuarto del hijo). |
De acuerdo con lo expuesto, Claudia construyó tres habitaciones y un baño nuevo, con lo cual reformó su vivienda existente y otorgó a sus hijos un cuarto propio. Para materializar la obra, dispuso de ayuda familiar y de su red social próxima. Fue beneficiaria del primer sorteo, por lo que el monto del subsidio le alcanzó para construir todas las habitacionales y poder habitarlas, resta aún la obra fina, principalmente revoques y pisos. Con Mi Pieza amplió la superficie de su casa, de modo tal que mejoró la convivencia del grupo familiar. Por su parte, Natalia construyó una habitación para independizar en cuanto al descanso a algunos de sus hijos; recibió ayuda familiar con mano de obra y asistencia económica, también pudo realizar algunos aportes con fondos propios. Su proyecto inicial se encuentra avanzado, ahora le resta mejorar las condiciones de este nuevo espacio también con terminaciones finas: poner cerámicos, finalizar el revestimiento de algunas paredes, subdividir el espacio. La nueva habitación contribuye a una dinámica familiar más distendida, que facilita la independencia y el descanso de su familia; aunque sus intenciones son seguir mejorando esta situación. Finalmente, Analía mejoró las condiciones de su vivienda existente, reconstruyó la totalidad de su baño e incorporó sanitarios y cerámicos. También pudo revestir su cocina con cerámicos y mejorar las condiciones de su dormitorio. El subsidio no le alcanzó para realizar el revoque del cuarto de su hijo menor, lo que le preocupa bastante dado que este sufre de asma. Las mejoras habitacionales las realizó su marido con ayuda de un albañil, por lo que debió destinar parte del subsidio para el pago de la mano de obra.
Una arista interesante y compartida por las tres mujeres es la necesidad de priorizar la independencia y el descanso de sus hijos e hijas, disminuir el hacinamiento en las viviendas y crear nuevos espacios específicamente diseñados para sus actividades diarias. Esta realidad se vincula, por un lado, a las experiencias vividas durante el período de confinamiento, y por otro, a las necesidades estructurales que enfrentan las familias empobrecidas, marcadas por condiciones de hacinamiento y precariedad. Según Czytajlo (2020), el confinamiento puso en tensión dos cuestiones críticas: los cuidados y las violencias. En este contexto, los cuidados se presentan como una necesidad transversal que las mujeres buscan atender, y que adquieren un rol central en términos socioespaciales. Como señala A. F., promotora de Mi Pieza en Santa Fe: 'Mi Pieza tuvo que ver con reconocer, por un lado, a las mujeres como las que siempre se dedican al cuidado. Entonces, que ellas puedan elegir cómo quieren llevar adelante ese cuidado' (Entrevista a A. F., promotora de Mi Pieza Santa Fe). Además, el programa aborda la problemática de la violencia de género:
Que ellas entonces puedan decir: "Bueno, yo me construyo mi casa, tengo algo a mi nombre". Esta política realmente entrega un certificado de finalización de obra que demuestra que invertiste y dedicaste a esa casa. Entonces tenés algo a tu favor a la hora de afrontar una separación. (Entrevista a A. F., promotora de Mi Pieza Santa Fe).
Por este motivo, las experiencias desplegadas encuentran, en parte, su desarrollo gracias a la perspectiva de género que incorpora el programa. Dicha política permite visibilizar y atender las necesidades específicas de las mujeres en el ámbito habitacional, al promover soluciones más inclusivas y equitativas. Como señaló A. F., “las mujeres se permitían planificar [...] o empezar a decidir sobre esa vivienda y lo que sucede adentro de esa vivienda”(Entrevista a A. F., promotora de Mi Pieza en Santa Fe). Esta perspectiva también evidencia las diversas formas en las que las mujeres participan en decisiones significativas sobre su hábitat a través de prácticas de autogestión, que influyen así en sus subjetividades (Rodríguez y Arqueros Mejica, 2020).
Por último, el apoyo de las redes familiares cercanas, ya sea en términos económicos o de mano de obra, constituye un componente esencial e imprescindible en las experiencias de las tres mujeres entrevistadas. Esta contribución no solo complementa el uso y la apropiación del subsidio habitacional, sino que resulta clave para materializar las mejoras, las cuales serían imposibles de lograr sin este respaldo. Sin embargo, aunque las entrevistadas han conseguido completar la obra gruesa de sus proyectos iniciales, todavía enfrentan desafíos para finalizar las terminaciones necesarias que mejorarían su calidad de vida. Por ejemplo, las nuevas habitaciones destinadas al descanso aún carecen de pisos y revestimientos en paredes y techos. A pesar de ello, han logrado avances significativos en las instalaciones eléctricas de estos espacios. Como cierre, las entrevistas realizadas hasta ahora, aunque exceden el alcance de este trabajo para ser publicadas en su totalidad, reflejan experiencias enriquecedoras que no solo han mejorado las condiciones habitacionales de las familias, sino que también han despertado un entusiasmo visible en las mujeres, motivándolas a proyectar futuras mejoras.
Conclusiones
Sobre las experiencias de tres mujeres participantes que residen en barrios populares de la ciudad de Santa Fe, este articulo buscó realizar una aproximación crítica al Programa Mi Pieza. Desde una perspectiva etnográfica centrada en lo que las mujeres generan, producen y despliegan, se indagaron las trayectorias y las estrategias habitacionales adquiridas que el desarrollo del programa imprimió en los modos de habitar y de autoproductir sus hábitats. En este marco, y de acuerdo con lo visto, podemos señalar limitaciones en su implementación, así como componentes programáticos significativos para futuras intervenciones.
Como se ha mencionado anteriormente, Mi Pieza es un programa de amplio alcance geográfico con cobertura nacional, dirigido a mujeres residentes en barrios populares de todo el país, lo que lo convierte en un programa federal. De acuerdo con Balerdi (2023), se trata de una iniciativa de intervención con un menor volumen de inversión y alcance edilicio en comparación con otras políticas implementadas previamente en el país, algunas de las cuales, como hemos visto, ofrecían viviendas nuevas. Sin embargo, Mi Pieza se destaca por reconocer y valorar la autoconstrucción de las viviendas existentes, y por responder a las necesidades habitacionales específicas de cada grupo familiar. Esto representa una oportunidad frente a las viviendas mínimas y universales que suelen otorgarse en el marco de los programas de vivienda social. Además, el certificado de finalización de obra, junto con el certificado de vivienda familiar, constituyen instrumentos que reconocen la tenencia de las viviendas, aunque a la vez, y como dijimos anteriormente, se configuran como intermedios.
Además, al alinearse con los pilares anteriormente descritos —cuidados y violencias—, Mi Pieza incorpora una perspectiva de género y feminismo en la política habitacional reciente de Argentina. Su orientación se centra en mejorar las condiciones habitacionales de las mujeres y su núcleo familiar cercano. Aunque el programa no logra revertir por completo las condiciones de precariedad y empobrecimiento, como se ha señalado, sí reconoce el valor del habitar autoconstruido y autoproducido, lo que fomenta lazos de pertenencia y arraigo con el territorio y el entorno comunitario y barrial. Desde esta perspectiva, el programa otorga a las mujeres un rol activo en el diseño, la planificación y la ejecución de las mejoras en sus viviendas. Las mujeres entrevistadas asumen un papel protagónico en la proyección y planificación de estas mejoras, al atender a las necesidades intradomésticas y familiares, y no únicamente a las prioridades establecidas a nivel macro en políticas públicas universales.
Una de las principales limitaciones del programa Mi Pieza se relaciona con el monto de los subsidios. Según Islas, Brun y Muiños (2024), los fondos otorgados no han sido suficientes para cubrir los proyectos planteados, lo que llevó a las participantes a complementarlos con ahorros previos, donaciones y préstamos personales. Esta situación se confirma en los relatos de las entrevistadas, quienes, como estrategia habitacional compartida, recurrieron a recursos propios o redes familiares cercanas para avanzar con las mejoras. En este contexto, aunque el subsidio resulta limitado frente a las necesidades reales, para las participantes representa una transferencia de recursos significativa dentro de sus economías domésticas (Balerdi, 2023). No obstante, como posible mejora para futuros programas, sería fundamental actualizar los montos de los subsidios, ajustándolos a índices que reflejen las necesidades económicas actuales.
Además, en el marco de las entrevistas realizadas en esta investigación en curso, se han identificado reiterados casos de mujeres que han ampliado parte de sus viviendas, pero cuyas obras quedaron paralizadas por razones económicas, lo que ha impedido su habitabilidad. Este tipo de situaciones debería recibir atención particular para permitir a las familias finalizar las construcciones inconclusas. En síntesis, Mi Pieza es un programa de alcance nacional destinado a sectores populares que, si bien posibilita obras menores, se destaca por reconocer el habitar autoproducido por las mujeres y sus familias, de manera tal que integra una perspectiva de género y feminismo en la política habitacional argentina actual. Por lo tanto, resulta crucial reactivar este programa de forma inmediata,3 otorgar nuevos subsidios en una Argentina que enfrenta necesidades urgentes, y replanterlos alcances y limitaciones identificados previamente.
Mosso: Conceptualización (Conceptualization); Curación de datos (Data curation); Análisis formal (Formal Analysis); Adquisición de Financiamiento (Funding acquisition); Investigación (Investigation); Metodología (Methodology); Software (Software); Visualización (Visualization); Redacción - preparación del borrador original (Writing – original draft); Redacción - revisión y edición (Writing – review & editing).
Agradezco la importancia del CONICET que posibilito el financiamiento de esta investigación.
Agradezco profundamente a Agustina Farías, Técnica del RENABAP de la Subsecretaría de Integración Urbana (SSISU) de la ciudad de Santa Fe, Argentina, por su generosa colaboración al acercarme a las mujeres que participan en esta investigación. Mi gratitud se extiende también a cada una de las mujeres por su tiempo, disposición y gentileza al compartir sus experiencias en rol de entrevistadas. Agradezco asimismo al Grupo de Investigación en Socio-Antropología Urbana (GISAU), dirigido por la Dra. Ana Núñez del cual formo parte como investigadora. Finalmente, valoro los comentarios de los/as evaluadores/as anónimos/as que contribuyeron a enriquecer este manuscrito.
Referencias bibliográficas
De los 69 barrios populares relevados en la ciudad de Santa Fe, de acuerdo con la fuente oficial consultada, que abarca 4.122 beneficiarias entre los ocho sorteos efectuados entre 2021 y 2023, Alto Verde contabilizó 763 beneficiarias, y es el barrio con mayor cantidad de subsidios otorgados. Por su parte, barrio Arenales contabilizó 132 beneficiarias, lo cual lo ubica en el sexto lugar, mientras que Varadero Sarsotti contabilizó 120 beneficiarias, y se ubica en el undécimo lugar. Los tres sectores mencionados se sitúan dentro del primer tercio de barrios populares con mayor cantidad de subsidios de Mi Pieza otorgados.↩︎
Actualmente se están desarrollando entrevistas a mujeres participantes de Mi Pieza en Santa Fe.↩︎
En el último año, se ha tornado más dramática la situación, dado que a través del Decreto 70/25 (2025) se ha dispuesto la disolución de la Secretaría de Desarrollo Territorial, Hábitat y Vivienda.↩︎
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos. Área de Estudios Urbanos (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Gino Germani).
ISSN-e: 2250-4060.
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. (link)
This documents were generated using ~!guri_ 1.0.0 (pandoc 3.4).
Este documento gue generado utilizando ~!guri_ 1.0.0 (pandoc 3.4).
Enlaces refback
- No hay ningún enlace refback.
Estadísticas
Visitas al Resumen:200

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional.
Quid16. Revista del Área de Estudios Urbanos. ISSN: 2250-4060.
Los trabajos publicados en esta revista están bajo licencia Creative Commons Attribution 4.0 International.







