Espacio Abierto
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos.
Núm. 23 (2025)
DOI: 10.62174/quid16.i23_a403
La Plaza Baquedano y el movimiento conservador de memoria en Chile post estallido social
Disputando el repertorio de acción monumental
a Escuela de Psicología, Pontifica Universidad Católica de Chile, Chile.
b Sociólogo por la Universidad de Valparaíso (investigador independiente), Chile.
Recientemente, Latinoamérica ha presenciado la intervención de muchos de los monumentos a las figuras de la conquista, la colonia y la formación de los Estados Nacionales. Estas estatuas se transformaron en el centro de las protestas ciudadanas, no solo como escenario para las concentraciones, sino también como parte de las demandas sociales. Al mismo tiempo, han despertado reacciones conservadoras que exigen la preservación de la historia nacional y que tildan estas intervenciones de violentistas y barbáricas. Santiago de Chile ha sido testigo de uno de los ejemplos más expresivos de este activismo de memoria conservador. A partir del estallido social en 2019, el monumento al General Baquedano (héroe de la Guerra del Pacífico) y la plaza que llevaba su nombre tomó el lugar protagónico de las movilizaciones. La enorme estatua ha sido intervenida innumerables veces con las demandas emanadas en este periodo. La reacción de las autoridades, argumentando la protección patrimonial, ha sido drástica. En marzo de 2021 retiraron la estatua dejando el plinto vacío hasta la actualidad, y en septiembre de 2022 la instalaron en el Museo Histórico Militar. A partir de un proyecto de investigación sobre la intervención de monumentos en Chile en el contexto de las protestas de 2019, que incluye un estudio de caso de la Plaza Baquedano, este artículo analiza estas intervenciones conservadoras en este espacio icónico de Santiago. Dichas intervenciones, justificadas en la preservación patrimonial, dan cuenta del levantamiento de expresiones culturales conservadoras que no solo buscan la mantención y reproducción de la monumentalidad nacional, si no la producción de nuevas estéticas para resistir al cambio.
Palabras claves: Movimiento conservador; Activismo de memoria; Monumentos; Estallido social; Chile.Recently, Latin America has witnessed the intervention of many of the monuments to the figures of the conquest, the colony and the formation of national states. These statues have become the center of citizen protests, not only as a stage for rallies, but also as part of the demands. At the same time, these interventions have triggered conservative reactions that demand the preservation of national history and that label these interventions as violent and barbaric. Santiago, Chile, has witnessed one of the most expressive examples of this conservative memory activism. Since the social outburst in 2019, the monument to General Baquedano (hero of the War of the Pacific) and the square named on his behalf, took center place in the mobilizations. The huge statue has been intervened countless times with the demands emanating from this period. The reaction of the authorities, arguing heritage protection, has been drastic. In March 2021 they removed the statue leaving the plinth empty until today. Based on a research project on the intervention of monuments in Chile in the context of the 2019 protests, which includes a case study of the Plaza Baquedano, this article analyzes these conservative interventions in this iconic space of Santiago. These interventions, justified in heritage preservation, account for the rise of conservative cultural expressions that not only seek the maintenance and reproduction of national monumentality, but also the production of new aesthetics to resist change.
Keywords: Conservative movement; Memory activism; Monuments; Social uprising; Chile.Recibido: 2022/10/21; Aceptado: 2023/10/9; Publicacdo en línea: 2025/4/15.
Introducción
El día 12 de marzo de 2021, a las 2:05 de la madrugada, en una solemne ceremonia al son de un himno marcial entonado por un grupo de militares, una enorme grúa se encargaba de remover la gran estatua ecuestre del General Manuel Antonio Baquedano. El nombre de este héroe de la Guerra del Pacífico y actor relevante en la ocupación de la Araucanía bautizó por décadas ese espacio central de la ciudad de Santiago, epicentro de las movilizaciones sociales iniciadas en octubre de 2019.1 El día anterior a su remoción, civiles y militares en retiro se manifestaron para rendir honores a su figura, entre banderas, música y discursos, en una ceremonia poco masiva, pero cargada de emocionalidad y símbolos patrios (El Desconcierto, 11 de marzo de 2021 [LINK, accedido: 19/11/2024]).
Luego de reiteradas solicitudes por parte del Ejército para el retiro de la estatua (El Mostrador, 5 de marzo de 2020 [LINK, accedido: 19/11/2024]) y bajo el argumento de la protección patrimonial del enorme monumento, sumado al riesgo que suponían los daños estructurales producto de reiterados intentos por derribar la estatua en semanas anteriores; las autoridades, entre ellas el Consejo de Monumentos Nacionales, cuadrillas de militares y Carabineros, separaban —entre honores y manifestaciones menores de desaprobación (Publimetro, 12 de marzo de 2021 [Link, accedido: 19/11/2024])— al general de su plinto, dejando el pedestal vacío hasta el día de hoy. Las autoridades del gobierno local y los militares participantes creaban así, sin proponérselo, un improvisado y creativo nuevo símbolo representativo del activismo de memoria, que sería también espacio clave para manifestaciones conservadoras, una parte central pero muy poco estudiada de la oleada internacional de intervenciones a monumentos. Ello daba cuenta de lo que proponen Yifat Gutman y Jenny Wustenberg (2021, p. 3): “El carácter transformador de la memoria se manifiesta no solo a través de los activistas que buscan contrarrestar y revisar el orden dominante, sino también en aquellos que desean protegerse del cambio reproduciendo la visión dominante del pasado” [traducción de los autores]. Este segundo grupo es el protagonista de este artículo.
Recientemente, y a partir de las masivas movilizaciones sociales que transformaron la vida social y política de Chile desde octubre de 2019, el país, pero también Latinoamérica, ha presenciado la intervención de muchos de los monumentos a las figuras de la conquista, la colonia y la formación de los Estados Nacionales. Estas estatuas se transformaron en el centro de las protestas ciudadanas, siendo parte de las demandas sociales; muchas de ellas conectadas con memorias largas de violencias y opresión (Da Silva Catela, 2017), conformando un verdadero repertorio decolonizador para la región (Badilla y Aguilera, 2021). Sin embargo, esta serie de intervenciones y remociones de monumentos han despertado, al mismo tiempo, una cadena de resistencias conservadoras por parte de autoridades y de la ciudadanía que, entre otras cosas, exigen la preservación de la historia nacional, militar y el legado colonial, y claman por el cuidado patrimonial tildando estas intervenciones de violentistas y barbáricas. Este artículo busca comprender los repertorios y las estéticas de esta movilización conservadora de memoria a través del caso del Monumento al General Baquedano y su plinto actualmente vacío, que domina ese espacio clave de la ciudad.
La ciudad de Santiago ha sido testigo de uno de los ejemplos más expresivos no solo de esta oleada de intervenciones a monumentos, sino también de la irrupción de este activismo patrimonial conservador. A partir del estallido social en 2019, el monumento al General Baquedano y la plaza que llevaba su nombre tomó el lugar protagónico de las movilizaciones, siendo rebautizada por los propios manifestantes como Plaza Dignidad (Márquez et al., 2020). Este complejo monumental se transformó en el punto de reunión obligado y en el ícono de estas movilizaciones y cada una de sus demandas. La enorme estatua de bronce y la plazoleta en que se emplazaba fueron —y siguen siendo— intervenidos innumerables veces con las múltiples demandas emanadas en este periodo, tales como el fin de la represión a las protestas, la lucha del pueblo mapuche, las demandas feministas y de las disidencias sexuales y de género, así como las demandas por una nueva Constitución, entre muchas otras que se expresaron en ese espacio y que, como ha sido señalado por varios autores, resignificaron las memorias hegemónicas del país (Paredes, 2021; Quezada Vázquez y Alavarado Lincopi, 2020).
Paralelamente, o en alternancia a estas intervenciones, se desplegaron también en el mismo lugar otras intervenciones que, con demandas de paz y orden, daban cuenta de la presencia de actores que resistían los cambios expresados por una parte importante de la sociedad chilena en este periodo. Estas acciones iban desde intervenciones estéticas organizadas por actores no estatales, sucesivas limpiezas y pinturas del monumento por parte de las autoridades de la ciudad (Márquez et al., 2023), o incluso la instalación del enorme muro que durante meses protegió al plinto vacío (Bustamante et al., 2021). Si bien eran mucho menos masivas y muchas veces realizadas durante la noche, lograron instalarse en este importante espacio público, circular posteriormente en redes sociales e instalar códigos culturales en contra de las transformaciones sociales que buscaban las y los manifestantes. Analizar la circulación de estos códigos culturales es particularmente importante en el contexto actual chileno, marcado por los resultados del plebiscito del 4 de septiembre de 2022, donde el 62 % de los chilenos rechazó la propuesta de nueva Constitución, así como por la instalación de un nuevo proceso constituyente con una mayoría de representantes elegidos democráticamente pertenecientes a la ultra derecha.
Las reflexiones que se presentan en este trabajo son resultado de un proyecto de investigación (2021-2024) que incluye un estudio de caso sobre la Plaza Baquedano y las disputas de memoria que se han generado en torno a ella. Para este estudio, en primer lugar, se realizó una revisión de bibliografía historiográfica que da cuenta de los procesos sociales que han tenido a Plaza Baquedano y su monumento central como protagonista. Además, se realizó una revisión del archivo histórico de prensa disponible en la Biblioteca Nacional de Chile, focalizada en el acto inaugural del monumento al General Baquedano en el año 1928, a partir de la búsqueda de material en tres de los principales periódicos de la época: diario El Mercurio, diario La Nación y Diario El Ilustrado. En una segunda parte del trabajo de archivo, se accedió a actas de sesión del Congreso Nacional en su biblioteca, para el periodo que abarca entre los años 1924 y 1926, que permiten reconocer las discusiones políticas en torno a la erección del referido monumento. Por último, se realizó un trabajo de revisión de prensa y redes sociales con criterio de saturación, que permitió dar cuenta de los repertorios de acción y discursos conservadores en Plaza Baquedano, que son el foco central de análisis en el presente trabajo. En este artículo se analizan específicamente dos intervenciones conservadoras que, justificadas en la preservación patrimonial, la limpieza, el orden, la paz y la seguridad dan cuenta del levantamiento y actualización de un activismo memorial que, a través de la apropiación del repertorio de acción monumental, busca la mantención y reproducción de la monumentalidad nacional y la producción de nuevas estéticas conservadoras para resistir al cambio.
Memoria de la protesta y la circulación de activistas conservadores de memoria
El 18 de octubre de 2019 se inició en Chile una de las movilizaciones sociales más masivas de los últimos treinta años. Las manifestaciones escalaron rápidamente, sumando a miles de personas de diferentes generaciones, clases y territorios a lo largo de todo el país que articularon de forma inorgánica demandas de gran envergadura a nivel nacional, como el fin del sistema neoliberal, el cambio de la Constitución escrita durante la dictadura militar, o el fin de la represión policial y el sistema patriarcal (Somma et al., 2020).
Esta ola de protestas llenó las principales plazas de las ciudades y barrios de Chile con manifestantes que durante meses —y en especial hasta antes de la llegada del COVID-19— utilizaron, se apropiaron y resignificaron el espacio público, repletando los muros de consignas (Marín, 2020), las calles de performances, símbolos y nuevos personajes (De Vivanco y Johansson, 2021) y los monumentos de múltiples intervenciones, rayados y desmembramientos (Badilla y Aguilera, 2021). Las ciudades gritaron sus demandas y denunciaron también la violencia policial que, de forma desmedida, apresó e hirió a miles de manifestantes y terminó con la vida de varios,2 trazando la memoria cultural de este periodo convulso y dando vida a un nuevo activismo memorial (Gutman, 2017; Gutman y Wustenberg, 2021; Gutman y Wustenberg, 2023; Jelin, 2021).
Las y los actores y colectivos que fueron conformando esta memoria cultural de la protesta buscaban dejar registro público de la épica del momento, de los nuevos sentidos de pertenencia que se fueron articulando en los espacios locales utilizados y, al mismo tiempo, se levantaban como testigos de los abusos de las fuerzas de orden y como defensores de los derechos humanos. Sin embargo, estos nuevos activistas de memoria encontraron oposición. Desde las primeras semanas de protestas se fue configurando un rechazo, expresado también en el espacio público, no solo a las demandas más importantes de las movilizaciones, como cambiar la Constitución de Pinochet, sino también a las formas utilizadas por los manifestantes, tildándolas desde el principio de acciones violentas, desmedidas, desordenadas e incluso terroristas y, en consecuencia, justificando el actuar policial para el control de las protestas (Barozet et al., 2022).
En investigaciones recientes se observa que son múltiples las acciones que dieron forma a una suerte de contra-movimiento, es decir, un movimiento que emerge como reacción a las protestas y que, por lo tanto, tiene un carácter relacional (Kunrath y Mazzilli, 2020), que ha resistido hasta la fecha los cambios que se iniciaron a partir de octubre de 2019. Un ejemplo es la propia declaración del presidente Sebastián Piñera, que a solo un día del inicio de las protestas señalaría en un discurso transmitido en cadena nacional “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”. Una frase desafortunada que, si bien solo activó más las movilizaciones, da cuenta de una narrativa del miedo que se fue consolidando y de una memoria del 18 de octubre que sitúa esta fecha como un episodio de violencia y terror.
Este movimiento conservador se ha expresado a través de diferentes estrategias mediáticas, políticas y estéticas que claman por el statu quo y que advierten incesantemente de los peligros y el caos que las transformaciones en curso implicarán para Chile. Una de sus expresiones ha sido la aparición de grupos que no solo claman por la protección del patrimonio nacional, sino que también resisten la nueva memoria cultural de la protesta en el espacio público, cubriendo murales y grafitis, destruyendo intervenciones y antimonumentos, vandalizando memoriales (Aguilera y Badilla, 2022) y levantando, a su vez, acciones estéticas en el espacio más icónico de las movilizaciones, el monumento a Baquedano y sus alrededores. En este artículo analizaremos estas acciones que han ido formando diferentes repertorios para el activismo de memoria conservador, especialmente a través de la apropiación de un tipo de repertorio utilizado principalmente por los manifestantes a favor del estallido social: la intervención del espacio monumental. Este repertorio de acción utilizado ahora por activistas conservadores consiste, por una parte, en una serie de intervenciones productivas que, a través de la creación de acciones en el espacio público, proponen una narrativa para resistir a los cambios y, por otra parte, en intervenciones destructivas que, por medio de la vandalización, el ocultamiento y la limpieza se oponen e intentan revertir estas transformaciones. Reflexionaremos sobre las consecuencias de estas acciones conservadoras de memoria en el contexto constituyente de Chile.
Entre la Plaza Baquedano y la Plaza Dignidad: la historia del espacio monumental
La Plaza Baquedano, renombrada por manifestantes del estallido social como Plaza Dignidad, tiene su origen en el primer plan urbanístico de la capital chilena de la era republicana, a cargo del entonces intendente Benjamín Vicuña Mackenna (Lillo et al., 2012). Fue fundada en 1875 con el nombre de Plaza La Serena para las operaciones de calesas y carretones de quienes llegaban en tren a Santiago desde el sur de la ciudad (Lillo et al., 2012). El lugar siguió cambiando junto con la urbanización de la ciudad, convirtiéndose en un punto central de esta. Con el Centenario pasaría a ser “la Plaza Italia”, al acoger uno de los monumentos celebratorios del aniversario regalado por Italia, El Ángel de la Victoria, actualmente ubicado a un costado de la rotonda.
Hacia 1928, durante el mandato del conservador Carlos Ibáñez del Campo, se inaugura el monumento de bronce que conmemora al General Baquedano, quien protagonizó batallas importantes, primero en la ocupación de la Araucanía (1866) y luego en la Guerra del Pacífico (1879-1883), un conflicto que enfrentó a Chile con la alianza Bolivia-Perú que terminó con la extensión del territorio nacional hacia el norte. Este es uno de los periodos clave en la memoria heroica de Chile como Estado nación y, como tal, ha generado la construcción de una enorme cantidad de monumentos a varios de sus protagonistas, instalados a lo largo de todo el territorio nacional (Badilla y Aguilera, 2021).
La instalación del monumento a Baquedano no estuvo exenta de polémicas. Por ejemplo, en el Congreso Nacional se debatió su pertinencia: por un lado, se defendió su instalación por su carácter patriótico y militar y, por otro, se criticó el proyecto por representar una postura de exaltación de los valores de una guerra (Sesión 3° extraordinaria del Congreso Nacional, miércoles 6 de octubre de 1926 [LINK]). Pese a las críticas, finalmente se aprueba la construcción de la estatua. Esta le fue encargada al escultor Virginio Arias y representa a Baquedano sobre su caballo Diamante. Considerando su plinto, la estatua se eleva hasta los diez metros de altura (Emol, 10 de marzo de 2021[Link, accedido: 19/11/2024]).
Si bien con la remodelación realizada durante el gobierno de Ibáñez del Campo la plaza comienza a alojar el monumento al General Baquedano, cambiando su nombre en honor a este, esta siguió siendo conocida como Plaza Italia (Lillo et al., 2012). A su vez, Santiago fue creciendo hacia el oriente de la ciudad, con el desplazamiento de los sectores acomodados hacia esa zona. Así, el lugar dividió a Santiago en dos, “de Plaza Italia para arriba y Plaza Italia para abajo”, pasando a ser la representación simbólica de la aguda segregación residencial de la ciudad (Márquez y Pérez, 2008).
Hacia fines del siglo XX, a partir de una serie de procesos político-culturales, este nodo de la ciudad pasó a ser uno de los puntos de encuentro masivos de la población para festejos deportivos y manifestaciones (Lin, 2019). Entre las manifestaciones masivas de esta época podemos señalar las de carácter político por el triunfo del “No” en el plebiscito de 1988, y la celebración de la muerte de Pinochet en 2006. Actualmente, este lugar ha convocado las manifestaciones del estallido social, y el monumento del General Baquedano pasó a significar un espacio de disputa sobre las memorias de la conformación del Estado Nacional chileno, el conflicto del Estado con el pueblo mapuche y el propio estallido. En este contexto, desde el Consejo de Monumentos Nacionales se dio inicio, en enero de 2020, a la discusión en torno a la posibilidad de retirar la estatua para el resguardo patrimonial y la seguridad. Finalmente, durante la madrugada del 12 de marzo de 2021, se retira la estatua en un solemne acto y posteriormente se construye un enorme muro de metal para proteger el plinto vacío que, además, durante sus meses de existencia estuvo resguardado por un fuerte contingente militar (Bustamante, 2021). Desde el 29 de agosto de 2022, por solicitud del Ejército de Chile, la estatua está dispuesta en el Museo Histórico y Militar (La Tercera, 12 de septiembre de 2022 [LINK, accedido: 19/11/2024]).
Movimientos sociales, activistas y repertorios de memoria
Desde la sociología política y cultural, así como desde el campo interdisciplinario de los estudios de memoria, se ha estudiado la memoria colectiva como un proceso que, por una parte, tiene una relación clave con la formación de la identidad social de los grupos (Halbwachs, 1980) y, por otra, tiene un lugar protagónico en los conflictos y divisiones que pueda enfrentar una determinada comunidad (Jelin, 2021; Wagner-Pacific, 2015). La memoria colectiva da vida y continuidad a los grupos, al mismo tiempo que puede confrontarlos y fracturarlos. Este campo de estudio, si bien se ha centrado en entender estos fenómenos en situaciones de posconflicto, recientemente ha ampliado su foco estudiando la fructífera relación entre la memoria colectiva y los movimientos sociales (Berger et al., 2021).
Esta literatura ha posicionado los procesos de memoria colectiva como elementos políticos de transformación social más que de elaboración o reparación, distinguiendo diferentes enfoques para entender el papel de la memoria y/o de la movilización social en esta relación (Daphi y Zamponi, 2019; Gutman y Wustenberg, 2021; Gutman y Wustenberg, 2023; Rigney, 2018). Uno de los enfoques más explorados ha sido entender los movimientos sociales como momentos de cambio acelerados, donde la memoria de movilizaciones anteriores puede jugar un rol esencial dándole legitimidad y continuidad al movimiento y sus demandas (Eyerman, 2016) o recuperando estrategias de acción o símbolos utilizados previamente por otras movilizaciones (Tilly, 1994).
Este giro en la literatura ha considerado también la emergencia de movimientos sociales sobre memoria, como el ya emblemático caso de las Madres de la Plaza de Mayo —en Argentina— (Iturriaga, 2019), o el movimiento por las víctimas de la violencia en México, en que el caso de la desaparición de los cuarenta y tres estudiantes de Ayotzinapa ha tenido una especial visibilidad internacional (Délano y Nienass, 2021). Este enfoque para el estudio de la relación entre memoria y movimiento social ha analizado las particularidades de este tipo de acciones colectivas que nacen y se desarrollan en función del recuerdo (Zicari, 2021), así como el tipo de estrategias para la representación cultural de estas memorias y su transmisión a las futuras generaciones.
Por último, estos trabajos recientes también han observado que los movimientos sociales no solo recuerdan o se nutren de movilizaciones previas (Armstrong y Crage, 2006), sino que también pueden generar memorias propias que repercuten en la identidad y cohesión del movimiento, en sus dinámicas, en la formación de sus marcos y narrativas y, por supuesto, en sus conflictos (Eyerman, 2016; Polletta, 2006). Las movilizaciones también pueden activar memorias que se oponen a los cambios propuestos, memorias de pasados heroicos o simplemente más estables, dificultando las transformaciones demandadas por el movimiento social. Los actores detrás de estos trabajos de la memoria (Jelin, 2021) pueden, entonces, luchar por cambiar la dominante o bien posicionarse y actuar en contra de estas memorias alternativas. Ambas posturas tienen en común el empleo de prácticas de memoria para lograr sus objetivos y la memoria como fin, lo que hace de quienes las protagonizan, activistas por la memoria (Gutman y Wustenberg, 2021; Gutman y Wustenberg, 2023). Las acciones de estos actores que se proponen mantener el statu quo de la memoria, y que son el foco de este artículo, utilizan repertorios que no necesariamente se proponen la emancipación o el logro de una sociedad más abierta e inclusiva, si no la defensa de un pasado y un futuro sin la amenaza de la transformación (Rigney, 2022).
Activistas por la memoria: la disputa por el repertorio monumental
Para los movimientos y activistas de memoria, el espacio y los monumentos son esenciales para la representación y transmisión de lo que se recuerda, y también para la formación y transmisión de aquella memoria que se disputa. Los procesos de memoria colectiva están anclados al espacio (Jelin y Langland, 2003). La relación entre la memoria y el espacio se hace particularmente visible e importante en momentos conflictivos en que las disputas por la memoria se aferran a sus materialidades en el espacio en busca de legitimidad. El espacio se vuelve entonces centro de estas luchas y es producido y reimaginado en el transcurso de estas (Hoelscher y Alderman, 2004).
La construcción y el mantenimiento, así como la intervención y destrucción de monumentos, son expresiones claras de la relación entre memoria y espacio. Los monumentos representan materialmente la memoria en el espacio. Por lo general, estos suelen representar memorias hegemónicas, ya que el uso de determinados lugares, al igual que los recursos para el levantamiento de un monumento, requieren una posición de poder (Rigney, 2022). Los monumentos han sido, de hecho, una herramienta de los Estados Nacionales para instalar en el espacio sus héroes y narrativas (Davis, 2005). Por esta razón, estos han sido también el objetivo de grupos subalternos y oprimidos que buscan cambios y desbalances de los órdenes establecidos, transformando estas acciones en verdaderos repertorios de acción; es decir, un tipo de prácticas que los activistas heredan de luchas pasadas y transmiten intergeneracionalmente (Tilly, 1994). En periodos de movilización, los monumentos son un foco relevante de la posible resignificación de la memoria dominante y de la creación de nuevas formas de recordar estos periodos. Pero también, los monumentos y el repertorio de intervención monumental constituyen espacios privilegiados para resistir las transformaciones y para clamar por el retorno al orden previamente establecido. Es decir, son espacios para que actores que se oponen al cambio empleen el repertorio contramonumental en un sentido contrario, resistir el cambio y proteger la memoria nacional.
Repertorio monumental conservador: resistiendo el cambio
El monumento al General Baquedano y sus alrededores es un ejemplo emblemático del rol que puede cumplir un monumento en las disputas por la memoria en un contexto de movilización social. Este monumento, hasta el inicio de las protestas de 2019, había sido utilizado por la ciudadanía para diferentes celebraciones, como los campeonatos de fútbol o protestas, como las del movimiento estudiantil en 2011, donde la Plaza Baquedano conformaba el punto de encuentro (Lillo et al., 2012). Sin embargo, la historia misma del General Baquedano, rara vez había sido puesta en cuestión. Pero su centralidad durante el estallido social posicionó la escultura y al General Baquedano en un lugar protagónico, despertando gran cantidad de acciones iconoclastas (Márquez et al., 2023), reacciones del mundo militar y político conservador que clamaron por su protección, y medidas desde las autoridades locales que buscaban proteger el monumento resaltando su carácter patrimonial. La estatua y su plazoleta se tornaron tema de discusión, de reportajes y cientos de columnas de opinión y editoriales en la prensa local.
Entre medio, la estatua fue intervenida con vestuarios, banderas, stickers, grafitis, baños de pintura roja, y cientos de diferentes accesorios que iban dando cuenta de las demandas que fue levantando el movimiento social (Bustamante et al., 2021), que desordenaban la imagen heroica militar y proponían nuevas simbologías y figuras para la conmemoración (De la Cerda, 2022). Dentro de estas intervenciones hubo algunas que buscaron directamente la remoción de la estatua, como las acciones emprendidas el 8 de marzo de 2021, en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en que un grupo de manifestantes intentó cortar los pies del caballo con una sierra, a solo tres días de otro grupo que había encendido fuego a los pies del monumento. A su vez, y en una especie de reacción constante, autoridades comandaban la remoción y limpieza de estos elementos, así como la pintura del plinto cubriendo las consignas y mensajes que allí se iban dejando. Esta serie de acciones y reacciones solo intensificó el papel clave del monumento para las y los ciudadanos movilizados y, por otra parte, para aquellos que desde diferentes perspectivas resistían o se sentían atemorizados por el cambio, quienes generarían una serie de repertorios conservadores de memoria.
La plaza se cubre de blanco
La primera de las acciones de este movimiento conservador de memoria en el complejo monumental del General Baquedano se llevó a cabo el día 15 de noviembre de 2019, a menos de un mes del inicio del estallido social y pocas horas después de la firma en el Congreso Nacional del Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución. Un acuerdo que generó gran controversia y desconfianza para la ciudadanía movilizada por la participación de todos los espectros políticos, incluida la derecha, pero que también pavimentó las bases para el proceso constituyente, que tras el rechazo ciudadano a la propuesta constitucional siguió en marcha en el electo consejo constitucional.
A eso de las seis de la mañana del 15 de noviembre, un grupo de personas decidió intervenir el epicentro de las manifestaciones, el monumento a Baquedano y la plazoleta que lo albergaba, cubriendo completamente este espacio, así como el plinto de la estatua, con lienzos blancos (El Mostrador, 15 de noviembre de 2019 [Link, accedido: 19/11/2024]). Estos activistas, además, colgaron desde el caballo de Baquedano un lienzo con la palabra “paz”. La hora para la intervención no fue elegida al azar, según sus organizadores “la idea era que no hubiese mucha gente y no entorpecer el orden” (La Tercera, 15 de noviembre de 2019 [LINK, accedido: 19/11/2024]). La acción fue protagonizada por una veintena de personas, en su mayoría jóvenes, quienes, luego de pedir permiso a la policía que custodiaba el lugar, como señalaron a la prensa, uno a uno fueron desenrollando los lienzos blancos hasta cubrir la totalidad del espacio. La intervención fue retirada luego de media hora ya que, según Juan Pablo —uno de los participantes entrevistado por el diario La Tercera— “la idea era solo dar un mensaje” (La Tercera, 15 de noviembre de 2019 [Link, accedido: 19/11/2024]).
A las pocas horas se publicó en la cuenta de Twitter lienzosporlapaz una fotografía con la siguiente frase:
Sobre la Bandera de la Paz, queremos aclarar que nos organizamos un grupo de jóvenes y amigos con la intención de entregar un mensaje de paz. No pertenecemos a ninguna organización ni partido político, hemos querido hacer un gran llamado que llegue a todo Chile. #PazParaChile (lienzosporlapaz).
A los pocos minutos también se publicó un video de la acción con imágenes tomadas desde un dron con la frase “Hoy más que nunca es necesario un gran gesto de unidad y superar como tantas otras veces lo hemos hecho, la crisis que estamos viviendo #PazParaChile” (Twitter, 15 de noviembre de 2019 [LINK, accedido: 19/11/2024]). Las publicaciones de esta cuenta, que había sido creada hace solo algunos días, lograron en pocas horas más de mil quinientos reposteos, tres mil favoritos y más de mil comentarios.
Esta intervención, pese a su brevedad, no concluyó con el retiro de los lienzos —como ya señalaba el joven entrevistado por La Tercera— ya que con la organización de la acción surgieron otras ideas como, por ejemplo, replicar esta acción en otras regiones. Algo que efectivamente ocurrió en lugares centrales de varias ciudades de Chile, como Punta Arenas, Valparaíso y Temuco, entre otras, que el 21 de noviembre amanecieron también con estos espacios cubiertos de lienzos blancos y con sus monumentos con el lienzo con la palabra “paz”. Asimismo, este lienzo fue replicado por diferentes grupos de personas para fotografiarse y luego subir sus fotos acompañados de la palabra “paz” en la cuenta de Twitter.
La intervención provocó gran revuelo en redes sociales, generando, por una parte, muestras de apoyo como, “lindo gesto, FELICITACIONES y gracias” (sandrucaloopez), “excelente y los felicito!!!!” (criveravalero) o “ESTO ES EL VERDADERO CHILE” (PilarAg76078846) y por otra, una enorme cantidad de mensajes de desconfianza y repudio por diferentes motivos, como por ejemplo, una crítica al uso de un espacio que estaba siendo el lugar central de las protestas y de la represión vivida las primeras semanas tras el inicio de las movilizaciones, en un gesto que se calificó como de ocultamiento de un espacio tomado por la ciudadanía y escenario de los hechos recientes de violencia policial. Como señala una de las más de mil respuestas a la primera foto publicada “¿por qué había que declarar paz, si nunca estuvimos en guerra? lo único que transmite su ‘intervención’ es que quieren tapar la historia, dolorosa y reciente, del país y no lo van a lograr, cuicos qlos” (karlasnchzl). La intervención también generó desconfianza por los recursos utilizados, de hecho, varias de las respuestas cuestionaban los altos costos de la materialidad elegida, “Ese dinero podrían haberlo donado a personas que han perdido la visión o pequeñas pymes que necesitan ayuda. Eso sí es una acción de ayuda y paz” (FelipeMrls). Y, por último, las reacciones dieron cuenta de desconfianza sobre el origen de la iniciativa, tildando a sus participantes de personas al servicio de partidos de derecha o de la élite, o calificando la acción como un montaje a cargo de la derecha extrema o del gobierno de Piñera, como “La agrupación que auspicia es de los seguidores de Kast, habrá que ver [quién] los apoya financieramente” (Zapataru78).
Si bien hay señales para pensar que la intervención tuvo financiamiento externo, como los altos costos de la tela utilizada en las numerosas acciones en diferentes ciudades de Chile, y que pudo haber sido coordinada por grupos afines al gobierno, lo que interesa analizar es la simbología en el espacio, especialmente el espacio del complejo monumental de Baquedano. Destaca en esta intervención un énfasis en una simbología dicotómica y uniforme que, como veremos, es muy característica de este tipo de activismo. Se propone en blanco la noción de paz en el periodo más álgido de movilizaciones, un mensaje que dialoga y legitima el discurso del Presidente Piñera, quien a pocos días del inicio del estallido había hablado de “un enemigo poderoso”, refiriéndose a los manifestantes que protagonizaron una serie de acciones violentas el 18 de octubre, en especial la quema de varias estaciones de metro. El mensaje “paz para chile” asume que se vive la situación contraria, desafiando los mensajes de una protesta necesaria y legítima. Por otra parte, el mensaje no identifica actores específicos.
El mensaje de paz se lee también como un llamado a deponer las movilizaciones, en un momento en que se habían registrado personas asesinadas por las fuerzas del orden, además de muchos heridos producto de la represión desmedida de la policía. El lienzo blanco cubriendo la estatua de Baquedano y todo su emplazamiento añade a este llamado la idea del ocultamiento, como expresan algunas personas en Twitter, la intención de “tapar” literalmente ese espacio y sus cientos de rayados y símbolos fruto de las protestas.
Entre el orden y el caos
El día 17 de diciembre, a solo dos días de la elección presidencial que enfrentó en segunda vuelta al candidato de extrema derecha José Antonio Kast y al actual presidente Gabriel Boric, y un día después de la muerte y de las celebraciones por el fallecimiento de la viuda de Augusto Pinochet, Lucía Hiriart, se realizaría otra de las intervenciones del movimiento de memoria conservador. También durante la madrugada, los participantes de la acción pintaron la mitad del plinto donde hace unos meses se levantaba el monumento al General Baquedano, y que tras su remoción en marzo de 2021 yacía vacío, de blanco, el color de la primera intervención analizada en este artículo, e instalaron a ese lado del pedestal césped y flores. En el lado pintado de blanco, los activistas colocaron una bandera de Chile y en el lado opuesto, una bandera negra. La acción creó dos plazas y dos monumentos posibles: uno prístino, ordenado e intentando no dejar huellas de las protestas, y el otro, con rayados en el muro y sin césped producto del uso reiterado del espacio por los manifestantes. Una acción muy concreta que dio cuenta de dos memorias posibles de las recientes protestas.
A diferencia de liensosporlapaz, la primera intervención analizada, en este caso no hubo un grupo específico que se atribuyera la acción. Sin embargo, uno de sus participantes, un concejal de la comuna de Las Condes, publicó en Twitter fotos del momento de la intervención y el siguiente mensaje:
Vamos a devolverle a Chile y la Plaza Baquedano la alegría y los colores de nuestra tierra, con una juventud comprometida con construir en paz y hacerle frente con valentía a la violencia que destruye. #ChileDeTodos #PazParaChile #Atrevete #Vota2VotaKast (Twitter, 17 de diciembre de 2021 [Link, accedido: 19/11/2024])
Su mensaje incorpora nuevamente el hashtag PazParaChile, presente en la primera intervención analizada, y la palabra “paz”. El mensaje publicado por el concejal incluye además la invitación a enfrentar con valentía “la violencia que destruye Chile”, sin un sujeto específico de esta invitación y sumando a este mensaje el hashtag “#Vota2VotaKast”. En línea con esta publicación, el portal online de Radio Biobio señaló que eran los adherentes del candidato de derecha quienes habían protagonizado la “remodelación”, e indicó también que el costo de la acción ascendía a ocho millones de pesos (BioBioChile, 17 de diciembre de 2021 [Link, accedido: 19/11/2024]). Durante el día se conocería el nombre de uno de los creadores de la intervención, Benjamín Errázuriz, concejal de Lo Barnechea y fundador del Partido Republicano, el colectivo del candidato de extrema derecha. Por otra parte, algunas autoridades oficialistas señalaron que también parte de las juventudes de Renovación Nacional, uno de los partidos de derecha gobernantes, había participado en esta actividad.
Desde el gobierno del entonces Presidente Piñera se planteó una visión de enfrentamiento entre una intervención deseable y otra reprochable. Por ejemplo, Rodrigo Delgado, ministro del Interior en ese momento, declaró en una rueda de prensa:
Cuando destruyen semáforos, cuando saquean locales comerciales, cuando destruyen mobiliario público no me hacen la pregunta si es que eso se puede hacer, si eso cumple algún protocolo […] Si tenemos un estándar para la destrucción, no bajemos el estándar para quien quiere construir o hermosear (El Mostrador, 17 de diciembre de 2021 [Link, accedido: 19/11/2024])
Se legitima así la visión binaria desde el Estado, enfatizando las ideas de “destrucción” y “saqueos” para significar las recientes protestas.
El candidato de derecha, en la misma línea, pero sin reconocer que eran sus propios seguidores quienes habían organizado la intervención, señaló, “Yo no lo vería como un acto de campaña, sino como un acto de vecinos que quieren ir recuperando sus espacios públicos” (CNN Chile, 17 de diciembre de 2021 [Link, accedido: 19/11/2024]). Su aseveración puso a los vecinos como protagonistas y la recuperación de los espacios públicos como sinónimo de orden y limpieza.
La intervención borró a su paso la mitad de un afiche pegado en una de las caras del plinto que decía “¿Dónde están?”, una imagen clave del movimiento de derechos humanos durante la dictadura, que desde el inicio de las movilizaciones en octubre de 2019 empezó nuevamente a circular en los muros de la ciudad, dando cuenta de la violencia y represión por parte del Estado y del escaso reconocimiento de estos abusos. Borrar la mitad de esa imagen condensa uno de los ejes de la disputa por la memoria del estallido social, el reconocimiento de la violación a los derechos humanos, un problema que el movimiento conservador de memoria —a través de estas intervenciones— se niega a reconocer. Se fragua nuevamente una dicotomía que va a enmarcar moralmente estas intervenciones, ya no es solo la paz versus la guerra, ahora es el orden en contraposición del desorden y el control versus la violencia. Para esta intervención, quienes quedan del otro lado son responsables de una imagen de caos y destrucción, transformándose también en actores dispensables.
Reflexiones finales
En este artículo se analizó la propuesta estética de dos intervenciones que, entre muchas otras, dan cuenta de la emergencia de la movilización de una memoria conservadora en el espacio público. En primer lugar, la intervención lienzosporlapaz, que tempranamente cubrió de blanco el epicentro de las protestas: el monumento al General Baquedano y su plazoleta, instalando uno de los primeros mensajes de este activismo conservador, la noción de “paz”. Una paz que venía a responder a la “guerra” identificada por el presidente “en contra de un enemigo poderoso”.
En segundo lugar, revisamos una de las últimas intervenciones que hasta la fecha han puesto en el espacio público las estéticas y los significados de las movilizaciones conservadoras de memoria. En esta ocasión, la acción expresa la tensión de las memorias del estallido, y escenifica otra de las dicotomías que los activistas conservadores fueron instalando en el transcurso de estos años, el orden versus el caos, la limpieza versus el vandalismo.
Estas intervenciones dialogaron constantemente con una serie de acciones de carácter estatal que en este periodo también hicieron un llamado al orden y al cuidado del patrimonio nacional, como por ejemplo, el retiro del monumento a Baquedano, aprobado y supervisado por el Consejo de Monumentos Nacionales para asegurar su protección y restauración; las múltiples operaciones de pintura y limpieza del monumento; así como la posterior construcción de un muro perimetral de metal, de tres metros de altura y permanentemente custodiado por la policía que resguardaría el plinto vacío por varios meses. Estas acciones movilizaron una serie de actores de la sociedad civil, actores políticos y representantes del mundo militar, además de una serie de significados que encumbran la gesta heroica y patriótica del General Baquedano, al igual que la identidad militar y la defensa de una identidad nacional homogénea.
En conjunto, las intervenciones analizadas —que comprenden las acciones de grupos no estatales en relación con una serie de acciones emprendidas por instituciones del Estado— transformaron el complejo monumental del monumento a Baquedano en un escenario de ceremonias y honores militares, ofrendas florales y banderas chilenas que reinstalan un mensaje en el espacio público, la patria y lo nacional. Un mensaje que se posiciona como una categoría homogénea que debe ser respetada y recordada. Una imagen que se contrapone a la multiplicidad de banderas, como la mapuche, la feminista, la disidente, que durante los meses de protestas acompañaron al General y su caballo, recordándonos que Chile es diverso, intercultural y plurinacional.
Se expresa así, una memoria del estallido como crisis, como vandalismo, como violencia, que en su fuerte dicotomía borra los grises y crea la noción de otro como dispensable. En esa operación, se justifica el uso de la fuerza y el control y, al mismo tiempo, desaparece la manifestación legítima, las demandas ciudadanas y el clamor de mucha gente que protestó por la transformación del país. Estas intervenciones hacen circular una memoria del estallido social como un periodo de desorden y violencia que viene a legitimar el avance de discursos políticos que ponen la seguridad y el orden como prioridad política, incluso antes de la demanda por dignidad. De este modo, estas memorias van generando un encuadre para pensar y actuar lo que vendrá.
Badilla Rajevic: Conceptualización (Conceptualization); Curación de datos (Data curation); Análisis formal (Formal Analysis); Adquisición de Financiamiento (Funding acquisition); Investigación (Investigation); Metodología (Methodology); Administración de proyecto (Project administration); Supervisión (Supervision); Visualización (Visualization); Redacción - preparación del borrador original (Writing – original draft); Redacción - revisión y edición (Writing – review & editing). Herrera Vicentelo: Curación de datos (Data curation); Análisis formal (Formal Analysis); Investigación (Investigation); Visualización (Visualization); Redacción - preparación del borrador original (Writing – original draft); Redacción - revisión y edición (Writing – review & editing).
Agradecemos a Fondecyt Postdctorado ANID 3210074 y Proyecto FONDAP 15130009 por hacer posible este proyecto.
Referencias bibliográficas
El momento fue registrado casi íntegramente por las cámaras de Galería CIMA, un espacio artístico que durante todo el periodo del estallido social registró y transmitió en vivo vía YouTube los eventos de la Plaza Baquedano/Dignidad. Disponible en [Link, accedido: 19/11/2024].↩︎
De acuerdo al Instituto Nacional de Derechos Humanos más de tres mil personas fueron víctimas de abuso policial, incluyendo tortura y tratos degradantes. Más información en [Link, accedido: 19/11/2024].↩︎
QUID 16. Revista del Área de Estudios Urbanos. Área de Estudios Urbanos (Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigaciones Gino Germani).
ISSN-e: 2250-4060.
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