El artículo problematiza las vulnerabilidades y riesgos presentes en las formas de acceso a vivienda y energía en villas y asentamientos de la provincia de Salta, Argentina. Se indaga en torno a algunos aspectos que hacen a las condiciones en las que se desarrollan las tareas de cuidado como el acceso seguro a las infraestructuras energéticas. Para ello, se emplea la categoría conceptual de umbrales de cuidado que permite dar cuenta de que, ante mínimas condiciones infraestructurales, aumentan las demandas, las exigencias y los riesgos para quienes cuidan y son cuidados. El trabajo problematiza y analiza estos escenarios desde el concepto de seguridad y riesgo energético. Recurre principalmente a notas periodísticas del periodo 2012-2024 que refieren a incendios de viviendas particulares, muertes por asfixia, carbonización y electrocución como consecuencia de un acceso inseguro a la energía.
This article discusses the vulnerabilities and risks present in the forms of access to housing and energy in shantytowns and settlements in the province of Salta, Argentina. It explores some aspects of the conditions in which care tasks are carried out, such as safe access to energy infrastructures. To this end, the conceptual category of care thresholds is used to show that, in the face of minimal infrastructural conditions, the demands, requirements and risks for caregivers increase. The paper problematises and analyses these scenarios through the concept of energy security/insecurity. It mainly uses newspaper articles from the period 2012-2024 that refer to fires in private homes, deaths by asphyxiation, carbonisation and electrocution as a result of unsafe access to energy.
El trabajo de cuidar en sus distintas expresiones, fuera y dentro del mercado, en el entorno familiar o institucional es esencial para el funcionamiento de la sociedad y la sostenibilidad de la vida. Pese a ello, ha mostrado limitaciones en las formas actuales en que se organiza y se provee, exacerbando la crisis del cuidado y profundizando las inequidades de género, clase, raza y espacialidad en América Latina y el Caribe (
La organización de las tareas de cuidado —remuneradas o no— se da de manera injusta: desigual entre actores sociales e inequitativa entre varones y mujeres. La acción de cuidar es asumida mayoritariamente en los hogares y, al interior de ellos, por sus integrantes mujeres (
Al respecto, el Registro Nacional de Barrios Populares de Argentina (en adelante RENABAP) aporta datos contundentes. Así, de un total de 6.467 villas y asentamientos, 1.124.797 viviendas y 1.237.795 familias relevadas en el país durante el año 2022, el 71,73 % corresponde a hogares con responsables del género femenino y el 87,49 % corresponde a hogares monomarentales. El 56,75 % de ellas accede a la energía de forma irregular. En la provincia de Salta, de 354 barrios y 35.714 viviendas relevadas, el 78,74 % presenta responsables femeninas y un 89,24% se constituye como hogares monomarentales. El 53,95 % de estos hogares accede a la energía de forma irregular, es decir, se encuentran “enganchados” a la red eléctrica de forma autogestionada, (como indica la
Las cifras presentadas por RENABAP indican que son mayoritariamente mujeres quienes se encuentran a cargo del sostenimiento económico y de los cuidados de sus familias en villas y asentamientos, en donde el acceso a las infraestructuras energéticas seguras, entre otras, no se encuentra garantizado y depende de la autogestión de los habitantes. Así, además de implicar la crianza de niños y niñas, la asistencia a personas enfermas o dependientes, la limpieza, la provisión de alimentos, la restauración y el cuidado del cuerpo (
El artículo interroga y problematiza, entonces, las condiciones en las que se dan las tareas de cuidados cuando las infraestructuras que las respaldan, fundamentalmente el acceso seguro a la energía, son débiles, precarias o inexistentes. La presencia o debilidad de las infraestructuras de cuidado o, para el cuidado, impacta en el tiempo, los esfuerzos y, también, en los riesgos y amenazas para quienes cuidan y son cuidados bajo estas condiciones. Por ello el trabajo recupera el concepto de seguridad energética y lo expande a fin de pensar espacios de vulnerabilidad como las viviendas en asentamientos y villas. Seguridad energética, infraestructuras y umbrales de cuidados son puestos en diálogo en un intento de comprender la complejidad que asumen el sostenimiento de la vida en contextos de desigualdad social.
En la provincia de Salta existen casos en los que, tras la muerte de menores en incidentes vinculados con la imposibilidad de acceso seguro a la energía en sus hogares, las personas encargadas de los cuidados de las víctimas fueron imputadas por abandono de persona seguido de muerte agravada por el vínculo (
El trabajo recurre a un archivo de noticias periodísticas sobre incendios, muertes por asfixia y/o calcinamiento o electrocuciones ocurridas en la provincia de Salta entre el 2012-2024. De 89 casos identificados, en un 48 % existen víctimas fatales de las cuales el 65 % son menores de edad. En la mayoría de las notas sistematizadas no se problematizan las condiciones de vida de las familias víctimas ni las dificultades de acceso a la energía como una problemática social que busca interpelar a los poderes políticos. Por el contrario, se evidencia una permanente preocupación por determinar el grado de culpabilidad de los implicados.
El tratamiento mediático y jurídico de los casos no solo da cuenta de la necesidad de instalar en la discusión pública el acceso a la energía segura como un derecho que hace a la dignidad de las personas (
Por ello se sostiene que los aspectos que el artículo problematiza en torno a las condiciones de vida en los asentamientos y las villas se corresponden con un proceso de “dejar vivir” (
Las infraestructuras abarcan un complejo conjunto de estructuras de ingeniería, equipos e instalaciones de larga vida útil, que constituyen la base sobre la cual se produce la prestación de servicios, tanto para el sector productivo como para los hogares (
Desde esa línea, se entiende que las infraestructuras energéticas son infraestructuras de cuidado y engloban a aquellos artefactos y dispositivos materiales, por ejemplo, tuberías, colectoras, caños, cañerías menores, cables, válvulas, medidores y redes de fibra óptica, etc.; que intervienen en el desarrollo de las tareas de cuidado, facilitándolas u obstaculizándolas, en caso de no contar con ellas o hacerlo parcialmente. Se entiende a las infraestructuras de cuidados en el seno de relaciones sociales y en vínculo con actividades puntuales como cocinar, lavar, refrigerar alimentos, calefaccionar la vivienda, alumbrarla, etc. En estas prácticas la tensión invisibilidad/visibilidad constituye una dicotomía fundante tanto de las infraestructuras como de los cuidados: tienden a naturalizarse cuando funcionan —desconociendo el enorme esfuerzo y trabajo invertido en ellas— y se vuelven repentinamente presentes cuando se alteran o colapsan (
En una infinidad de hechos cotidianos las ausencias y los déficits en las infraestructuras afectan al bienestar de las personas, al punto tal que pueden ser una de las causas de muchas pérdidas humanas (
La seguridad energética como concepto y problema político surge a mediados del siglo XX en el marco de la defensa de la soberanía y la geopolítica, concretamente vinculada con el suministro de petróleo para las fuerzas armadas. Las reflexiones académicas sobre la seguridad energética se retoman en la década del sesenta potenciadas con la crisis del petróleo (
La preocupación por garantizar el suministro de energía de los países a precios asequibles supuso la identificación y reducción de las amenazas vinculadas con la producción, el suministro y el consumo. En este sentido se consideró factor de riesgo a aquellos fenómenos, naturales o no, que impactaran de forma negativa en el suministro de la energía a nivel industrial. Amenazas y riesgos energéticos fueron contemplados en términos económicos, como dependencia de importaciones, concentración de los recursos y proveedores, predominio de capital extranjero en el mercado energético, etc.; y en términos geopolíticos, como conflictos bélicos o el trazado de rutas comerciales o acuerdos entre países. La seguridad energética fue y aun es evaluada, —independientemente del enfoque—, a partir de eventos y/o procesos político-económicos y ambientales nacionales e internacionales, capaces de poner en “riesgo” la fortaleza de la infraestructura de un país o región.
En esa línea, Percebois (
Pensar en las imposibilidades o limitaciones presentes al momento de tomar decisiones respecto a las formas de acceso a la energía y a la calidad de ésta, además de las implicaciones en términos de seguridad y riesgo para los habitantes de las villas y/o los asentamientos, es ampliar la perspectiva en la problematización de seguridad energética. Pese a constituir espacios, en su mayoría, desregularizados en materia de condiciones de acceso a la energía y con una fuerte presencia estatal, pero, en su brazo punitivo y asistencialista, las posibilidades de toma de decisión en estos espacios no solo son escasas, sino que, además, redoblan la vulnerabilidad y los riesgos. La idea de espacios desregularizados refiere a la configuración de los mismos a través de prácticas que se encuentran fuera de la ley como los enganches o “conexiones clandestinas” y, pese a esto, son aceptadas por su valor estratégico en tanto prácticas de gobierno (
El acceso a la electricidad y a las infraestructuras energéticas, en numerosas villas y asentamientos del país, se configuran a partir del despliegue de prácticas constituidas por normas y reglas no jurídicas que las regulan y garantizan. El concepto de gobierno de la pobreza (
La configuración de un campo de intervención diferencial torna necesario interrogar en relación con las condiciones que lo configuran y las dimensiones en las que se ejerce un poder que deja vivir y, al mismo tiempo, expone a la muerte (
La intervención diferencial también se da en el proceso de criminalización de los familiares de las víctimas, acompañado de una caracterización de los mismos que contribuye a su producción como enemigos internos. La figura del delito de abandono de persona agravada por el vínculo constituye un elemento clave para la deshumanización de las personas que viven en asentamientos y villas, y justifica una segregación social que divide la cartografía urbana en zonas salvajes y zonas civilizadas (
En ese sentido, la villa y el asentamiento contienen algunos puntos de encuentro, siempre matizados, con la colonia de Mbembe (
La metodología implementada es cualitativa. El trabajo se enmarca en una investigación en torno a los procesos de feminización de la desigualdad en su dimensión energética en hogares monomarentales de asentamientos de la ciudad de Salta (
Para aportar a la caracterización de estos escenarios, el artículo se respalda en observaciones directas, conversaciones informales y en el análisis documental (
La herramienta de sistematización confeccionada constituye, como se mencionó, una planilla que ordena la siguiente información: número de caso asignado, año, día y mes, provincia, localidad, barrio. El documento identifica si se trata de un incendio por: uso de anafe, uso de vela para el alumbrado de la vivienda, uso de bracero o mechero, pérdida de garrafa, cortocircuito y, finalmente, aquellos casos en los que no se lograron identificar las causas del incendio. También se integran aquellos casos en los que hubo electrocuciones. La herramienta permite registrar cantidad de víctimas fatales y personas asistidas médicamente. Se discrimina además a las víctimas por género y rango etario: mujeres u hombres adultos, adultos mayores y menores. Finalmente, la planilla contiene una celda que refiere a las características de la vivienda o de las condiciones de acceso a la energía: casilla de madera (CM), vivienda humilde (VH), vivienda precaria (VP), sin acceso a electricidad (SE) y conexión eléctrica precaria (CP). La planilla contiene además el enlace que redirecciona al archivo de las noticias ordenadas por fecha y los casos numerados. Todas las categorías incorporadas en la herramienta de sistematización se desprenden del contenido de las noticias. Esta técnica de investigación responde a la codificación axial, que posibilitó realizar una segmentación inicial de datos a partir de las categorías descriptivas que emergieron de los mismos, lo que permitió una reagrupación y una lectura distinta (
Para el análisis de las noticias se recurrió a herramientas metodológicas del
Los documentos periodísticos permitieron reforzar la delimitación de un caso singular de estudio. Aquí es importante advertir que la denominación de caso singular no debe confundirse con la de caso “único”, pues este último refiere a la cantidad de objetos/sujetos de investigación, apuntando a un criterio de cantidad y el primero, a un tipo específico de casos en tanto cualidad de una investigación (
En la provincia de Salta, durante el 2012 y el 2024, se registraron 89 casos de incendios, muertes por asfixia y carbonización y, electrocuciones en la prensa local y regional. El 91 % de los incidentes corresponde a incendios y el 9 % responde a electrocuciones. De los incendios, el 34 % se vincula con el uso de vela para el alumbrado de la vivienda —se descartaron aquellos casos en los que la vela tiene fines de culto religioso—; el 35 % se origina por cortocircuitos, en un 25 % no se especifica el origen de incendios; el 5 % se vincula con la perdida de garrafas; el 4 % se asocia con el uso de braseros para calefacción y, finalmente, el 1 % nos remite al uso de anafe (ver
La presencia de víctimas fatales representa un 48 % del total de los casos. Este porcentaje contiene el número de 43 personas fallecidas de las cuales el 81 % fueron víctimas de incendios y, el 18 %, de electrocuciones. El 65 % de las personas fallecidas fueron menores, niños y niñas de 0 a 16 años. El 14 % corresponde a adultos mayores, el 13 % a mujeres adultas y el 12 % a varones adultos. Estos números nos permiten sostener que, si bien la pobreza energética se encuentra feminizada, existe una infantilización de las víctimas fatales bajo estas circunstancias (ver
Si desagregamos las causantes de las muertes de las personas registradas, el 32 % fallecieron en incendios producidos por velas, el 23 % en incendios provocados por cortocircuitos, el 19 % fueron electrocutadas, el 5 % por incidentes vinculados con fallas en anafes, el 2,3 % por braseros y el 19 % de las víctimas fallecieron en incendios cuyas causas no fueron identificadas (ver
Si bien, desde el tratamiento periodístico de los casos son pocas las referencias que se dan de las formas de acceso a la energía pues, como se mencionó, la discusión en torno a la seguridad energética no aparece asociado a una dimensión cotidiana en el debate público, aparecen referencias constantes como: humilde vivienda, vivienda precaria, vela encendida para alumbrar, no contaba con energía eléctrica ni gas, cortocircuito de un artefacto para calefaccionar, como la vivienda se encontraba sin energía eléctrica, se incendia una vivienda de chapa, adobe y plástico, conexión eléctrica clandestina, etc. Estas marcas ponen al descubierto, la precariedad o ausencia de las infraestructuras energéticas presentes en los incidentes relevados.
En esa dirección, en el 69 % de los casos encontramos referencias que indirectamente señalan este aspecto de la infraestructura y la precariedad de las viviendas. De ese porcentaje, el 25 % refiere a hogares sin electricidad (SE); el 23 % a hogares con conexión precaria a la electricidad (CP); el 18 % referencia a “viviendas humildes” (VH); el 16 % “viviendas precarias” (VP) y finalmente, el 18 % a “casillas de madera” (CM). El 25% de las víctimas murieron en hogares sin conexión a electricidad, el 19% en hogares cuyas conexiones a la electricidad eran precarias, el 16% en viviendas precarias, 14% en casillas de madera, 12% en viviendas “humildes” y un 12% en viviendas de las cuales las notas no ofrecen ninguna caracterización.
La visibilización parcial de las distintas vulnerabilidades que se habitan en los “barrios populares” no solo aparece en el enfoque del tratamiento periodístico, sino también en las imágenes “ilustrativas” que las acompañan. En el caso de una joven madre que murió tras enchufar un ventilador el 6 de febrero de 2023 (Caso74), por ejemplo, existen pocas referencias de las condiciones en la que vivía la familia, de hecho, gran parte de las imágenes que acompañaron las notas ilustran paredes revocadas y blancas, tomacorrientes embutidos, manos blancas, en algún caso, con las uñas perfectamente pintadas (ver
Las imágenes utilizadas dan cuenta, además, de la falta de cobertura directa de este y otros casos aquí referenciados, y la mayoría de las veces, la ausencia de un posterior seguimiento de los mismos que permita informar las causas de los incidentes y aclararlas en aquellas situaciones en las que, según se informa, “aún se sigue trabajando para establecer el origen del fuego”.
Si del total de villas y asentamientos registrados por RENABAP en la provincia de Salta, (según la
La identificación de la necesidad de acceso seguro a la energía por parte de algunos de los habitantes de los asentamientos y villas en Salta se motoriza a partir de los pedidos y reclamos que dirigen hacia diversos actores del sector público y privado, a fin de regularizar sus condiciones de acceso. A la autogestión del suelo, la vivienda y los servicios se suman estrategias para mejorar la calidad de las instalaciones eléctricas de sus hogares. Así, por ejemplo, en el barrio Las Palmeras, en la localidad de Colonia Santa Rosa, los vecinos organizaron una rifa cuyo premio consistía en elementos para “una buena instalación eléctrica”: cables toma corriente, disyuntor, etc. (ver
El archivo de las notas trabajado evidencia la inexistencia de un tratamiento periodístico directo de las condiciones de vida de las familias víctimas, y de las dificultades de acceso a la energía como una problemática social que demanda intervención de los poderes políticos y económicos. Por el contrario, se evidencia una clara intención de señalar el grado de culpabilidad de las y los cuidadores responsables. En paralelo, la justicia avanza punitivamente, imputando a algunos de los familiares de las víctimas por el delito de abandono de persona, seguido de muerte agravada por el vínculo (
La invisibilización o la parcial visibilización de estos contextos, coloca como únicos responsables del cuidado de la vida, y responsables de la muerte, a los familiares de las víctimas. Lejos de considerar y abordar la desigualdad estructural que enmarca estos hechos, el Estado responde penalizando a los familiares tras la pérdida de sus hijos, nietos o sobrinos (
El abandono de persona seguido de muerte agravada por el vínculo aparece en estos escenarios culpabilizando ante la omisión de satisfacer la exigencia del rol de garantes o cuidadoras/es. Esto presupone que, independientemente de las circunstancias, era posible cumplir con la conducta requerida por el rol y la “norma”. En contextos de extrema vulnerabilidad, el criterio consiste en la ampliación extraordinaria de la posición de garante.
En el 2012 (caso 2), en Orán, si bien no se menciona el delito de abandono de persona, tras la muerte de tres menores en un incendio producido por un cortocircuito, la prensa consultada titula: “Tres nenitos mueren calcinados porque la abuela los encerró con candado” (
En el 2013 (Caso 8), tras la muerte de una beba en el incendio de una casilla precaria en un barrio de la zona este de la capital salteña, la prensa que cubrió el hecho tituló:
Salta: una beba de un año falleció calcinada. Detuvieron a la madre por "abandono de persona seguido de muerte", […].La madre tendría 25 años y sería adicta, según las primeras informaciones, y debió ser puesta a resguardo por la policía, ante el intento de algunos vecinos de lincharla (
Durante el 2017 (Caso 30) otra vez en Orán, detienen al padre de dos niños que murieron en un incendio producto del uso de vela para alumbrar, quien, durante la noche habría salido a llevar a la madre de los menores al trabajo:
La Fiscalía Penal N° 2 dispuso ayer la detención de Cristian Rafael Argañaraz, padre de los 3 niños fallecidos la noche del sábado en un principio de incendio. Está acusado del delito de abandono de persona, en tanto a la madre se le solicitó identificación simple (
También en el año 2018 (caso 44) en el asentamiento La Ciénaga de Salta, tras la muerte de un niño de dos años en un incendio producido por el uso de vela para alumbrar:
Los padres del niño calcinado en La Ciénaga fueron condenados por abandono y muerte, […] les impusieron por el término de dos años obligaciones tales como abstenerse del uso de sustancias estupefacientes y del abuso de bebidas alcohólicas, asistir a un programa tendiente al fortalecimiento del sentido de responsabilidad parental (
En el 2020 (Caso 54), nuevamente en la ciudad de Orán, tras la muerte de un niño con discapacidad motriz de ocho años en un incendio cuyas causas no fueron determinadas. Uno de los medios que cubrió el hecho relata: “habría quedado a cargo de un hermano de 18 años que terminó preso luego de que le robara dos de sus tres sillas de rueda para comprar drogas” (
En el año 2021 (caso 59), en Colonia Santa Rosa, tras la muerte de sus dos hijos en un incendio producido por un cortocircuito, la madre es imputada por el delito de abandono de persona seguido de muerte agravada por el vínculo. En las notas periodísticas recuperadas, aparecen titulares como: “La madre de los niños que murieron incendiados acusada de haberlos abandonados” (
El mismo año, en Santa Victoria Oeste (Caso 62), dos niños de cuatro años murieron en un incendio producido por un anafe. No se detalla más sobre el origen del incendio. Estos se encontraban bajo el cuidado del tío, un joven de 23 años. El joven sufrió graves quemaduras al intentar rescatar a los menores que se encontraban durmiendo en el momento del siniestro. Uno de los medios titula: “Dejó solos a sus sobrinos y murieron en un incendio: fue condenado” (
Además de mencionar las imputaciones de los familiares de las víctimas por abandono de persona o la acción de abandonar a su suerte a personas indefensas, algunas de las notas que componen el corpus analizado referencian, a su vez, al consumo de drogas, alcohol, los vínculos afectivos de las madres de los niños fallecidos, la prostitución o la delincuencia. Estas narrativas contribuyen con la construcción y reproducción de imaginarios culturales que dan sentido al establecimiento de derechos diferenciales que operan a partir de ciertas categorías de personas en el interior del espacio (
La villa y el asentamiento se constituyen así en lugares de “mala fama” (
Si bien estos casos, como otros que sistematiza el archivo, merecen un estudio particular de las condiciones que los atraviesan, en este punto permiten sostener que las exigencias y alerta de cuidados, en contextos donde las infraestructuras energéticas son débiles y precarias, son altas. Las personas que viven en estos contextos requieren de un alto umbral de cuidado, pues muchas de las condiciones infraestructurales que componen su hogar y su vida cotidiana pueden operar como amenazas y riesgos, que podrían colapsar en cualquier momento y, hacerse visibles. Así, a quienes cuidan en la vulnerabilidad, se les exige, bajo el sesgo del estereotipo de “buena madre” (
La falta de problematización y crítica en torno a las condiciones de vida que allí se reproducen y constriñen exponen a quienes habitan en los espacios problematizados al riesgo permanente de perder la vivienda, la vida o la libertad. En términos de Mbembe (
La invisibilización de las condiciones de vida de las personas implicadas en incendios o electrocuciones facilita la operación que disocia la tragedia del contexto de vulnerabilidad que la hace posible. Los riesgos y las amenazas que suponen las débiles infraestructuras, en ese sentido, pocas veces pueden entreverse como un daño posible o esperable. Esto amputa la posibilidad de reflexionar sobre el daño e identificar los mecanismos a partir de los cuales se distribuyen (
La energía no solo se configura como elemento relevante a la hora de pensar las infraestructuras del cuidado, sino también como una dimensión necesaria para el análisis, la comprensión y el abordaje de la pobreza y la desigualdad en toda su complejidad. Esta dimensión se construyó como un enfoque analítico centrado en las relaciones sociales mediadas por y a través de la energía: procesos territoriales, prácticas organizativas y de autogestión, usos, significados, disputas y problemáticas en torno a la producción, la distribución y las formas de acceso y consumo de la energía y, los riesgos y las amenazas implicados en ellas.
Se desarrolló la idea de la energía como infraestructura del cuidado que interviene y afecta en el desarrollo de las tareas de cuidado, facilitando o dificultándolas, según se cuente con ella parcialmente o no. Se mostró entonces cómo las infraestructuras energéticas se insertan en el seno de relaciones sociales por su fuerte vinculación con la acción de cuidar. El artículo dio cuenta de la manera en la que estas relaciones se establecen a partir de la tensión invisibilidad/ visibilidad en tanto una dicotomía fundante de las infraestructuras y los cuidados: naturalizados cuando funcionan y visibilizadas y presentes cuando se alteran o colapsan (
La presencia o debilidad de la energía como infraestructura de cuidado o, para el cuidado, impacta no solo en el tiempo y los esfuerzos, sino también en los riesgos y amenazas materiales y humanas. El concepto de umbral del cuidado buscó sistematizar, en ese sentido, un vínculo particular entre las relaciones sociales y las infraestructuras: la demanda, la destreza, las alertas de cuidado son más altas, allí donde las infraestructuras son débiles. Ante la presencia mínima de las infraestructuras, las necesidades de cuidado son altas y, como se vio, sumamente trágicas.
La búsqueda y adaptación conceptual que realiza el artículo en torno a las infraestructuras, la energía y la seguridad a fin de analizar el archivo periodístico construido, posibilitó la problematización y reflexión de la desigualdad en villas y asentamientos de la provincia de Salta. Estos espacios resultan críticos en materia de seguridad energética dada la precariedad de las formas de acceso a la energía que priman. A quienes allí habitan, se les exige en materia moral, pero también penal, un alto umbral de cuidado, dada la amenaza latente de las débiles infraestructuras que atraviesan sus vidas.
En estos territorios, el acceso a la electricidad se configura, fundamentalmente, a partir del desarrollo de prácticas constituidas por normas y reglas no jurídicas que las regulan y garantizan. Tanto el Estado como las empresas distribuidoras de electricidad establecen márgenes de tolerancia respecto al “ilegalismo” y/o “irregularidades” que suponen estas formas de autogestión, lo que configura un campo de intervención diferencial que reproduce ciertas condiciones de vida y consolida grados de desigualdad social (
Los hechos previstos en el Capítulo “Abandono de personas” del Código Penal argentino, están agrupados en dos artículos que, si bien tienen en común el riesgo que corren la vida o la salud de la víctima, difieren sustancialmente porque las acciones incriminadas son distintas. En las del artículo N° 106 el núcleo es poner en peligro, colocando en situación de desamparo o abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse. En las del artículo N° 108 el núcleo está es omitir auxiliar.








