Este artículo busca profundizar en una caracterización identitaria de la ciudad de Comodoro Rivadavia, en la Patagonia Argentina, a partir de su histórica especificidad extractiva, y el impacto de esa matriz productiva en la (des)integración social. Con foco en la construcción de un consenso de los commodities en torno al petróleo a nivel local, reparamos en cómo la producción de hidrocarburos estructura la vida comunitaria (re) produciendo relaciones de desigualdad e injusticia ambiental. Finalmente, recuperamos la lucha contra la megaminería en la provincia para reflexionar en torno a los procesos de (des)naturalización socioambiental del extractivismo.
The purpose of this article is to deepen into an identity characterization of the city of Comodoro Rivadavia, in Patagonia Argentina, based on its historical extractive specificity, and the impact of this productive matrix on social (dis)integration. Focusing on the construction of a commodity consensus around oil at the local level, we point out how the production of hydrocarbons structures community life (re) producing relations of inequality and environmental injustice. Finally, considering the social movement against mining in the province, we look into the processes of socioenvironmental (dis)naturalization of extractivism.
Como bien relata Martín Kohan (
Comodoro Rivadavia surge tentada por la naturaleza, que no es lo mismo que decir que por el paisaje. No la sedujo una bahía propicia, un valle protegido, un río provecto, una atmósfera cordial: la sedujo y la motivó otra cosa, que
A partir de una investigación basada en un extenso trabajo de campo de corte cualitativo y de una revisión bibliográfica, este artículo busca profundizar en aquello subterráneo que no se ve, pero se sabe, y que de modo latente estructura la centenaria vida comunitaria de Comodoro Rivadavia, ciudad de la Patagonia Argentina. La sociedad comodorense se caracteriza identitariamente por su histórica especificidad extractivo-petrolera, lo que tiene efectos en la (des)integración social local; tal como daremos cuenta en el primer apartado. Esto supone que la presencia histórica de la industria petrolera en la región determina económica y culturalmente ciertos lazos de solidaridad social a la vez que fragmenta la cohesión social.
Tal como sostenemos en Barrionuevo y Destito (
A pesar de las múltiples desigualdades socioeconómicas que conlleva esa industria, goza de legitimidad social al ser constitutiva del nacimiento y el desarrollo de la ciudad. En un segundo momento nos detendremos en la (re)construcción de ese “consenso de los
No obstante, otros modos del extractivismo poseen un fuerte rechazo social en la región. Finalmente, y recuperando el proceso de las históricas movilizaciones sociales de diciembre de 2021 que lograron la derogación de una ley minera en Chubut, reflexionaremos en torno a los procesos de (des)naturalización socioambiental de la producción de hidrocarburos y las posibilidades de vislumbrar el potencial carácter de una sociedad postextractiva; y recapitularemos la línea argumental de este trabajo.
En este artículo se recupera, como punto de partida, el trabajo de campo desarrollado para nuestra tesis doctoral entre los años 2012 y 2017 en Comodoro Rivadavia. El objetivo general de esa investigación fue reponer las formas de percepción, clasificación y argumentación que naturalizan, cuestionan o resignifican la legitimidad de las desigualdades sociales producto del trabajo petrolero en el boom de los primeros años del 2000; al reparar en las construcciones de alteridad de clase y género por parte de la clase media establecida local entendida como el principio de lectura hegemónico de ese momento de expansión de la industria.
El trabajo de campo de esta investigación incluyó a mujeres y hombres “establecidos”, y trabajadores petroleros de menor jerarquía y sus (actuales o ex) parejas mujeres. En el uso hegemónico que encontramos, lo establecido es una categoría de imputación moral que va más allá de ser originario o no del lugar, fuertemente articulada con la clase, que supone considerar una disputa histórica entre identificaciones relacionales en conflicto.
La metodología de investigación empleada se enmarcó en un abordaje etnográfico que permitió acceder a la vida social a escala cotidiana desde la perspectiva de los actores y sus prácticas de construcción de sentido sobre formas de identificación propias y de los otros, a partir de un enfoque cualitativo e inductivo. En todos los casos, perseguimos —a partir de las particularidades del caso de estudio— la comprensión de mecanismos generales de funcionamiento de la sociedad más allá de la confección de muestras representativas de la población.
Las principales técnicas empleadas en la recolección y producción de datos fueron, además de la revisión bibliográfica y su análisis crítico, las observaciones participantes y las entrevistas en profundidad en espacios tan diversos y más o menos cotidianos como el sindicato petrolero, un consultorio médico, el habitáculo de un remís, la boletería del cine, reuniones sociales y charlas con allegados sobre un tema muy en boga en la ciudad en ese entonces, sobre el que generalmente los interlocutores deseaban manifestarse. Adicionalmente a las entrevistas y observaciones se llevó adelante un seguimiento de la prensa local y regional y de otros discursos de referentes políticos y sociales locales, con el fin de acceder a representaciones sociales acerca de la desigualdad y ciertos significados legítimos en circulación.
Por otro lado, avanzando en el argumento, recuperamos un trabajo de campo en curso desarrollado en el marco del Proyecto de Desarrollo Tecnológico y Social (PDTS) de la UNPSJB titulado “El rol de las memorias socio-territoriales en la (re)construcción comunitaria de la historia ambiental de una ciudad petrolera. El caso del centenario del barrio Sarmiento (Valle C) de Comodoro Rivadavia”. Este busca —a partir de herramientas de intervención comunitaria— contribuir a desnaturalizar las consecuencias socioambientales de la convivencia de y en la ciudad con la actividad extractiva; y tiene por institución adoptante a la Asociación Vecinal del mencionado barrio con la que venimos trabajando conjuntamente desde 2019.
Valle C, como veremos, es el antiguo Campamento Oeste de YPF. Si bien hay una abundante producción académica local —fundamentalmente, historiográfica— en torno a los barrios conformados originalmente como campamentos petroleros estatales o privados (
En el marco de ese Proyecto también empleamos una metodología etnográfica a partir de la que —desde técnicas participativas y de recuperación de la memoria— se busca comprender el territorio, su historia socio-ambiental y sus problemáticas actuales. En este sentido, también se utilizan herramientas de la cartografía social que permiten observar interrelaciones del tejido social a través de la construcción colectiva del conocimiento (
En esta sección avanzaremos en una caracterización identitaria de Comodoro Rivadavia a partir de su histórica matriz extractivo-petrolera, repararemos especialmente en la función de integración social que esa matriz cumple, pero también en el impacto que esta tiene en la generación de múltiples desigualdades sociales. Diremos, en primer lugar, que la identificación de unx
el conjunto de prácticas sedimentadas, configuradoras de sentido, que establecen, a través de un mismo proceso de diferenciación externa y homogeneización interna, solidaridades estables, capaces de definir, a través de unidades de nominación, orientaciones gregarias de la acción en relación con la definición de asuntos públicos.
A lo que Barros (
Estos procesos tienen cierta estabilidad, aunque existen momentos de discontinuidad y ruptura que transforman su significado. A su vez, todo proceso identificatorio es también un proceso de desidentificación porque no hay posibilidad de una creación
¿Qué identificaciones ha generado históricamente el trabajo petrolero en esta ciudad sureña? ¿Cómo se sedimentan esas identificaciones? ¿En qué medida los ciclos de esa actividad económica, sujetos a los vaivenes del capitalismo mundial, representan momentos de ruptura de sentidos a nivel local? Para responder a esos interrogantes, comencemos por presentar brevemente a Comodoro Rivadavia.
Ubicada sobre la costa sur de la provincia de Chubut a escasos kilómetros de la frontera santacruceña, es una de las urbes más importantes de la Patagonia Argentina y cabecera de la petrolera Cuenca del Golfo San Jorge. Constituye un punto nodal de comercio, transporte y servicios a nivel regional; y un significativo puerto de exportación. Fundada en 1901, a partir del interés en esa salida al mar de la colonia galesa asentada en Sarmiento (distante a 150 kilómetros), se convirtió —el 13 de diciembre de 1907— en sede del primer descubrimiento de hidrocarburos del país en el marco de una búsqueda estatal planificada, lo que la vuelve la “capital nacional del petróleo”. Se trata de una localidad que nació y se desarrolló a la luz de la industria petrolera, que le imprimió su dinámica primero a partir de la empresa pública YPF y en la actualidad desde la explotación por medio de concesiones estatales a empresas operadoras multinacionales.
Aunque el énfasis en esos dos momentos es funcional al análisis en este trabajo, muy brevemente repararemos en la evolución del sector de los hidrocarburos en la Cuenca del Golfo San Jorge, a la que Schweitzer (
La industria petrolera es un generador histórico de desigualdades sociales multidimensionales a nivel local, expresadas en fronteras sociales entre grupos que, sostenidas en fundamentos morales y racionales, dan lugar a —lo que denominamos— una estructuración
Esa periodización se fundamenta en indicadores económicos que ubican un ciclo de expansión a nivel latinoamericano en la explotación de los commodities entre 2004 y 2008, y se extiende hasta 2014 —previo a la caída significativa del precio internacional del crudo en 2015— en términos de sus efectos en el proceso local de profundización de la percepción de la desigualdad en un momento de crecimiento económico acelerado (
A nivel provincial, sobre el final del boom las actividades petroleras contribuían aproximadamente en un 26 % a los ingresos fiscales, 40 % al PBI provincial y entre 40 y 60 % a las exportaciones de Chubut (Peters, 2016). Según el mismo autor, la provincia del boom se caracterizó por tener resultados —en términos de desarrollo económico y social— muy favorables al promedio nacional, al considerar indicadores tales como el PBI provincial, la tasa de pobreza, la mortalidad infantil, la tasa de desocupación y subocupación, la cobertura de salud y el equipamiento de los hogares con infraestructura (como internet o desagüe a red); incluso al tener en cuenta que el nivel de instrucción de la población ocupada se ubicó por debajo del promedio argentino. No obstante, la alienación al trabajo y la marginalidad conformaron la otra cara de una ciudad colapsada por su crecimiento, con una demanda no cubierta de infraestructura y servicios sociales, inseguridad creciente e incontables tomas de tierras. (Sobre este último punto, y en relación con las desigualdades en el acceso al suelo urbano, ver: Bachiller, 2019).
Ese boom fue un proceso dinámico de reorganización económica y social con alto impacto en el desacople de estructuras materiales y simbólicas, ya que los altos salarios de los trabajadores petroleros
La presencia local de YPF a partir de 1922 implicó no solo la diferenciación entre quienes eran trabajadores de la compañía y quienes no, lo que condicionó el acceso a derechos laborales y beneficios sociales que desde allí se proveían, sino también distinciones de género basadas en una tradicional división sexual del trabajo y respaldadas en políticas empresarias. Esos entramados sociales previos en torno a la identidad ypefiana —que a su vez se territorializan en la conformación de los distintos barrios, sectores dentro de ellos y formas de habitar la ciudad— se recrean décadas después durante el boom de los años 2000, cuando los altos salarios oficiaron de marcador entre trabajadores petroleros y sectores medios en un contexto de desacople entre capital económico y capital simbólico a la vez que de masculinización (efectiva y simbólica) del mercado de trabajo.
En ese contexto, los trabajadores petroleros de menor jerarquía y sus parejas mujeres accedieron a espacios y prácticas a los que —para la mirada particular de los sectores medios— no debieron tener derecho, desdibujando las fronteras sociales. Con lo cual, estos últimos grupos movilizaron recursos de distinción de clase históricamente sedimentados que se activaron cuando el ingreso salarial dejó de ser una marca diferencial, en una lucha por la hegemonía sociocultural local. Nos referimos a la tradición familiar ypefiana, la distinción trabajo manual/ trabajo mental bajo el principio de la racionalidad, las jerarquías laborales al interior del proceso productivo, el tiempo de residencia en la ciudad, los barrios de pertenencia, el discurso de los pioneros vinculado a un origen migratorio europeo y las credenciales educativas.
Al mismo tiempo, durante el boom emergieron con fuerza categorías racializadas de clasificación histórica de grupos y personas en relación con la clase, el género y una ascendencia indígena no reconocida. Tales como “negros con plata”, “chilotes-as”, “negras villeras”, “negro de alma” y “negro cabeza”, estas representaciones giraron en torno a la condición de negritud y el origen chileno.
En las mujeres de los trabajadores petroleros de menor jerarquía del boom, por su parte, recayó tanto el desprecio de clase como el de género, tramados en valoraciones morales estéticas; sobre el cuerpo; sobre la maternidad; vinculados al trabajo, el uso del tiempo y las formas de gasto; y ligados a las relaciones con los hombres y la sexualidad. En síntesis, hallamos la invisibilización de las mujeres de los trabajadores petroleros de menor jerarquía en la esfera del trabajo remunerado y no remunerado y la hipervisibilización en relación con las prácticas cotidianas de uso del tiempo libre, de ocio y consumo; que son aquellas más cuestionadas desde el modelo de mujer madre-esposa ypefiana. Sostenemos que la disputa giró en torno a la ocupación legítima y ordenada de ese espacio público, masculino y establecido, en un contexto de desregulación estatal del tiempo laboral y extralaboral en la posprivatización de YPF. Sobre las mujeres, más que en los varones petroleros, se encarnó la incapacidad racional de aprovechar el momento de riqueza material y abundancia económica que constituyó el boom (
Esa promesa establecida de una sociedad futura racionalmente ordenada y plena encontró su expresión en las formas legítimas del consumo y el ahorro, a partir de la distinción entre quienes constituyen (o no) una parte deseable de esta sociedad. Lo que los diferenció no fue el acceso a ciertos bienes ni el tipo de consumo, sino las valoraciones morales en torno a merecer tener dinero y saber gastarlo en buenas prácticas de gasto/gusto, junto a representaciones dominantes de progreso de la vida y planificación racional a largo plazo (a pesar de la finitud del recurso natural no renovable en el que se basa la estructura económica monodependiente regional que obtura la posibilidad de hacer proyecciones hacia adelante). Se trata de una resignificación del cuestionamiento a la legitimidad del consumo producido en la configuración ypefiana, donde los trabajadores de la petrolera estatal cargaban con el mote de “vagos” y “mimados del Estado”. La desregulación de la vida producto de la privatización, sin embargo, generó que la satisfacción de las necesidades sea ya no provista desde el Estado hacia un colectivo sino resuelta individualmente en el mercado.
Nuestra tesis doctoral (
Como resultado, y a partir de construcciones fuertemente estereotipadas y alejadas de la realidad, el petrolero siempre es el otro en una sociedad petrolera donde todos lo son, directa o indirectamente. Por lo que “lo petrolero” es una figura que sirve para distinguirse y para marcar la frontera social entre quiénes son parte deseable de esta sociedad y quiénes no, a partir de representaciones morales en torno a una definición de “la buena vida” comunitaria encarnada por un sujeto que se autorepresenta con un fuerte componente racional en sus clivajes de clase y género.
Sin embargo, y al mismo tiempo, la actividad petrolera es aquello que históricamente estructura la vida social de Comodoro Rivadavia: signa su origen en el pasado, define su presente y —como nos explayaremos más adelante— amenaza su futuro. “Lo petrolero” es así la alteridad constitutiva que niega y posibilita la sociedad extractiva comodorense. Se trata de una ciudad en tensión permanente que no termina nunca de asumirse como comunidad petrolera: vive de ese recurso no renovable hace más de un centenario a la vez que sufre a diario los problemas sociales que su industria acarrea, y es incapaz de considerar de modo consistente y articulado alternativas de desarrollo futuro al modelo extractivo dominante a partir de proyecciones colectivas o desde la agencia estatal.
Lxs sujetxs que habitan una sociedad necesitan darse un límite para poder vivir juntxs de modo integrado. La desintegración social, a partir de todo lo malo encarnado en los trabajadores petroleros y sus familias, es paradójicamente aquello que integra a lxs residentes de esta sociedad petrolera que no la asumen como tal, en una negación a pensarse como conjunto social con sus potencialidades y dificultades, y a cuestionarse la asignación social de posiciones a su interior, mucho menos el modo de producción dominante y la acumulación de capital. Al decir de Bachiller (
En el caso comodorense, la fuerte movilidad social (real o imaginaria) supone un desafío al orden, pero la pugna se limita al prestigio y la riqueza que genera el mundo del petróleo. La disputa y la posibilidad concreta por acceder a lugares de estatus social, inédita respecto de otras zonas del país, no conlleva una controversia sobre los principios que organizan un orden basado en las leyes del mercado en general, y del petróleo en particular.
Sin embargo, avanzando en el argumento de este artículo, veremos que la megaminería —por el contrario— sí despierta una fuerte resistencia en la región cuestionando esos principios.
En contraste, la configuración ypefiana impulsó desde un estado benefactor un modelo de sociedad integrada aunque —además de que esa concepción constituye un mito social y académico que oculta el conflicto en su interior— también dividió socialmente a partir de fronteras basadas en la pertenencia a la empresa estatal, la jerarquía laboral y la división sexual del trabajo, como vimos (
Es decir que la presencia de la industria petrolera a nivel local determina económica y culturalmente, a lo largo de la historia de la ciudad, ciertos lazos de solidaridad social que a la vez fragmentan la cohesión social, al legitimar la (re)producción de desigualdades sociales producto del trabajo petrolero en la (re)significación de fronteras sociales que se manifiestan en adscripciones morales de clase, género y étnicas. Lo petrolero, entonces, en tanto alteridad constitutiva es la desintegración que integra, la desunión que une, y la negación que identifica.
Esa histórica estructuración comodorense se (re)produce y legitima tanto en la base material (conformada por la distribución de la renta a nivel provincial y municipal, el empleo y la dependencia económica) como en la constitución y resignificación de identificaciones y representaciones sociales, patrones específicos de consumo y distinción, diferentes ideas de progreso individual y colectivo que en parte reposan en el imaginario del trabajo petrolero como trabajo deseado, y relaciones específicas entre sociedad y naturaleza (
A pesar del entramado de múltiples desigualdades socioeconómicas que acarrea la industria petrolera y que reconstruimos en el apartado anterior, esta se posibilita por un amplio consenso que permea a la sociedad local en su dependencia prolongada del recurso, incluso en tiempos de crisis. Las consecuencias negativas de la explotación en la vida diaria, y sus modos de legitimación, se extienden también al daño ecológico y al consenso en torno al carácter inevitable de los efectos del petróleo sobre el medioambiente en una ciudad que desde sus orígenes ha sido marcada por la extracción hidrocarburífera y los sentidos que esta ha otorgado a la vida comunitaria.
En una trama urbana en la que se prioriza la función de yacimiento (
Al igual que en otros sectores de la ciudad, YPF aún tiene presencia en el territorio a través de locaciones y pozos petroleros sellados, abandonados sin remediación ambiental y en explotación, muchos de los cuales actualmente condicionan el acceso al suelo, el crecimiento de la ciudad y ―por lo tanto― el acceso a la vivienda y los servicios básicos. Esto tiene un origen histórico en cómo a nivel local el espacio urbano se fue generando alrededor de los pozos de los campamentos, ubicados mayormente en la zona norte, con el resultado de un entramado disperso y fragmentado repleto de marcas socio espaciales de la actividad petrolera.
Como parte de esas marcas, múltiples pasivos ambientales hacen a la historia ambiental de la ciudad, especialmente en aquellos barrios conformados como campamentos petroleros como Valle C, en los que se convive a diario con radios de seguridad, el riesgo de surgencia de hidrocarburo y gas, y laderas de cerros deforestadas que intensifican el flujo de lodo cuando caen precipitaciones. Entendemos a los pasivos ambientales como la suma de los daños no compensados producidos por una empresa al medio ambiente de una comunidad a lo largo de su historia, en su actividad normal o en caso de accidente, amparados, en muchos casos, por legislaciones ambientales débiles (
La existencia local de pasivos ambientales en torno a la actividad petrolera produce territorios más vulnerables. Si bien se trata de problemáticas acuciantes que afectan a la sociedad comodorense en su conjunto, barrios-antiguos campamentos como Valle C tienen modos propios derivados de habitar el espacio y una convivencia con el daño ambiental más extendida que el resto de la ciudad; lo que ha instalado brechas de desigualdades e injusticias ambientales.
En las actividades barriales allí desarrolladas desde 2019, advertimos que “petróleo” es un significante esquivo para lxs vecinxs que habitan el ex Campamento Oeste, al que relacionan más bien con significados de una rutina laboral determinada (“los hombres a los que la combi pasa a buscar a las 7 de la mañana por el barrio y que vuelven a las 7 de la tarde”) y de prácticas empresariales específicas de la industria (“los cursos de seguridad y de cuidado del medio ambiente”).
Las preocupaciones ambientales tampoco parecen estar demasiado presentes en lxs vecinxs de Valle C, entre quienes son frecuentes los testimonios de cómo el petróleo se ha fundido en sus cuerpos sin cuestionarse los efectos sobre la salud. En los talleres participativos coorganizados entre un grupo de vecinalistas y nuestro equipo de investigación, los habitantes del barrio han mencionado anécdotas referidas a que en la niñez mascaban brea para limpiarse los dientes y se bañaban con agua que llegaba de los pozos de petróleo sin saber que estaba contaminada.
En sintonía con eso, Baeza y Chanampa (
Si hablamos de consenso de los
El hito fundante, aunque hay luchas ambientales previas en la provincia como el rechazo al basurero nuclear en Gastre en la década del 80, es el plebiscito de 2003 en Esquel que instala las consignas “no es no” y “el agua vale más que el oro”. En aquel año y en aquella ciudad cordillerana, el 82 % de la población dijo no a la mina que pretendía explotar la ex canadiense Meridian Gold, lo cual dio origen a la primera ley del país que prohibió la megaminería, aunque con la salvedad de que esa normativa previó que al cabo de 120 días debía definirse una “zonificación” de la provincia con áreas en las que sí se podría desarrollar la actividad. Las asambleas ambientalistas ciudadanas —en su ardua y sostenida tarea de educación ambiental— denunciaron reiteradas veces que mediante un artificio legal esa zonificación podía ampliarse y alcanzar al río Chubut, el único río de la provincia, y los intentos del
Eso finalmente ocurrió el 15 de diciembre de 2021, con una ley aprobada en una sesión sin previo aviso ni debate, y sin licencia social ni técnica, lo que desencadenó históricas y multitudinarias movilizaciones populares en diversos puntos de la provincia, incluida Comodoro Rivadavia. En respuesta, las horas y los días posteriores se instaló una feroz represión en la capital provincial, Rawson, y en ciudades aledañas. Debido a la revuelta social, el 21 de diciembre la ley debió ser derogada por el mismo cuerpo legislativo que la había aprobado, en el marco de lo que localmente se conoce como el Chubutazo o el Chubutaguazo (
En términos de Svampa (
al acceso y control de los bienes naturales y el territorio, que suponen, por parte de los actores enfrentados, intereses y valores divergentes en torno de ellos, en un contexto de gran asimetría de poder. Estos conflictos expresan diferentes concepciones sobre el territorio, la naturaleza y el ambiente, al tiempo que van estableciendo una disputa acerca de lo que se entiende por desarrollo y, de manera más general, por democracia. Ciertamente, en la medida en que los múltiples megaproyectos tienden a reconfigurar el territorio en su globalidad, no solo se ponen en jaque las formas económicas y sociales existentes, sino también el alcance mismo de la democracia, pues esos proyectos se imponen sin el consenso de las poblaciones y generan así fuertes divisiones en la sociedad y una espiral de criminalización y represión de las resistencias.
Ahora bien, ¿cómo es posible que la megaminería genere ese enorme y extendido rechazo social y la explotación de petróleo se legitime en el profundo consenso antes mencionado? ¿Qué hay de diferente en la concepción social de uno y otro tipo de extractivismo? ¿Por qué petróleo sí y minería no?
Históricamente, el extractivismo petrolero fue posicionado en Argentina como una causa patriótica-nacionalista, además de que ese tipo de explotación y sus efectos socioambientales adversos que afectan directamente las condiciones de la existencia fueron normalizados en la cotidianeidad local como señalamos más arriba. Al decir de Baeza y Chanampa (
¿Ofrece la potente lucha ambiental chubutense pistas para desarmar el también potente consenso de los
En palabras de Leff (
si la crisis ambiental es una crisis del conocimiento con el cual hemos transformado el mundo, la restauración ecológica y la resignificación del mundo tendrán que atravesar por una refundamentación de las ideas; ideas que no sólo proveen paradigmas para conocer al mundo, sino saberes que encarnan en nuevos modos de producción y formas de ser en el mundo, que se asientan en nuevos territorios de vida.
En este artículo retomamos nuestros trabajos de investigación previos y actuales, como así también la literatura existente, buscando dar cuenta de algunas formas de (re)producción y legitimación de desigualdades sociales e injusticias ambientales en Comodoro Rivadavia, en la patagónica Cuenca del Golfo San Jorge. Vimos —desde procesos de identificación y distinción entre grupos— que la presencia de la industria petrolera tiene, a lo largo de la historia de la ciudad, efectos tanto en la integración como en la desintegración social.
A partir de la constitución y resignificación de esas representaciones socioculturales e identificaciones sociohistóricas, reconocimos —en la consideración del caso de un barrio conformado como ex campamento ypefiano— la construcción y el sostenimiento de un “consenso de los
Sin embargo, el creciente movimiento ambientalista provincial que desemboca en el Chubutazo y logra hacer retroceder una ley minera en 2021, puede darnos pistas acerca de cómo desafiar ese consenso. El contundente “no a la mina”, que en un Comodoro que dice sí al petróleo tuvo históricas manifestaciones en las calles, surge de un movimiento social plural y heterogéneo que con sus bases organizativas en las asambleas ciudadanas logra formas efectivas de resistencia. Así, continuar indagando en ese conflicto socioambiental que disputa concepciones de territorio y desarrollo, supone también interrogarse por el carácter posible de una sociedad posextractiva.
YPF nació en 1922 y tuvo en Comodoro Rivadavia uno de sus principales yacimientos, hasta que —a raíz de las reformas neoliberales, redundantes en la tercerización y flexibilización laboral (
En este trabajo empleamos la x como marca de inclusión de géneros buscando escapar a las invisibilidades que (re)produce el lenguaje universal masculino.
Considerar una estructuración supone explorar las formas en permanente (re)construcción en las que las acciones humanas enlazadas en redes de relaciones sociales estructuran, a lo largo del tiempo y el espacio, el mundo social, al mismo tiempo que los modos en los que son estructuradas por él a partir de ciertos repertorios históricos disponibles en contextos que son tanto condiciones limitantes como de posibilidad (
Nos referimos a estos trabajadores con pronombre masculino ya que son mayormente varones quienes desempeñan las tareas operativas dentro de la industria.
En Argentina el empleo peyorativo de “negro-a” alude a una clara pertenencia de clase. Esa idea de negritud se construye en relación con ciertos pares oposicionales históricos: el centro/las provincias, lo blanco/lo mestizo, los migrantes europeos/los migrantes internos y limítrofes, los antiperonistas/los peronistas, y la clase media urbana/los cabecitas negras. La categoría “chilote”, por su parte, remite a la migración histórica de los chilenos a la Patagonia, y la estigmatización de la que son objeto. Vinculado a la llegada sostenida de migrantes provenientes de la isla de Chiloé, y extensivo a todos los chilenos residentes en la zona, ese imaginario se sostiene —siguiendo a Marques y Palma Godoy (
En este punto del argumento retomaremos aportes del PDTS-UNP en curso “El rol de las memorias socio-territoriales en la (re)construcción comunitaria de la historia ambiental de una ciudad petrolera. El caso del centenario del barrio Sarmiento (Valle C) de Comodoro Rivadavia” (convocatoria 2019). Financiado por el Programa de Fortalecimiento de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la República Argentina, fue iniciado en mayo de 2021 (Resolución Consejo Superior UNP 022/21). Dirigido por la autora, integran el equipo de investigación María Laura Carrasco, Magali Chanampa, Liliana Figueroa, Paolo Paris, Gustavo Romeo y Letizia Vazquez.
Según Domínguez y Aledo (
Ambas citas refieren a dichos expresados por las vecinalistas en las primeras reuniones en la Asociación Vecinal en 2019, al mencionarles nuestro interés por reflexionar en torno a los ejes petróleo-ambiente-territorio y sus respuestas sobre qué conocían al respecto, y se desprenden de nuestras notas de campo.
Por supuesto que desde la sociología sabemos que las estructuras sociales son exteriores, anteriores e independientes de la voluntad y la conciencia de los sujetos; a la vez que capaces de orientar sus prácticas y representaciones.
Como así tampoco las resistencias: podemos mencionar como hitos del movimiento ambientalista provincial, que no paró de crecer en las últimas décadas, la Primera Iniciativa Popular (2013/2014) y la Segunda Iniciativa Popular (2020/2021). Se trata de un mecanismo de democracia participativa que permite que, con una cantidad prefijada de firmas de la población, la legislatura trate un proyecto de ley. La Segunda Iniciativa Popular chubutense juntó, en plena pandemia de COVD-19, más de 30000 firmas que buscaron prohibir la megaminería en todo el territorio provincial.
Agradezco el intercambio sostenido en torno a esta cuestión, que enriqueció el trabajo, a mi colega el Dr. Gustavo Romeo.








