<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-model type="application/xml-dtd" href="http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1d3 20150301//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1d3/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" dtd-version="1.1d3" specific-use="Marcalyc 1.2" article-type="research-article" xml:lang="es">
<front>
<journal-meta>
<journal-id journal-id-type="redalyc">123</journal-id>
<journal-title-group>
<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">PSOCIAL</journal-title>
</journal-title-group>
<issn pub-type="epub">2422-619X</issn>
<publisher>
<publisher-name>Universidad de Buenos Aires</publisher-name>
<publisher-loc>
<country>Argentina</country>
<email>psocial@sociales.uba.ar</email>
</publisher-loc>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id pub-id-type="art-access-id" specific-use="redalyc">1231854008</article-id>
<article-categories>
<subj-group subj-group-type="heading">
<subject>Artículos</subject>
</subj-group>
</article-categories>
<title-group>
<article-title xml:lang="es">Los afectos y el yo</article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author" corresp="no">
<contrib-id contrib-id-type="orcid">http://orcid.org/0000-0003-1666-1930</contrib-id>
<name name-style="western">
<surname>Poznansky</surname>
<given-names>Saul</given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="aff1"/>
<email>saul@poznansky.com.ar</email>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="aff1">
<institution content-type="original">Hospital Aeronáutico Central</institution>
<institution content-type="orgname">Hospital Aeronáutico Central </institution>
<country country="AR">Argentina</country>
</aff>
<pub-date pub-type="epub-ppub">
<season>Julio-Diciembre</season>
<year>2020</year>
</pub-date>
<volume>6</volume>
<issue>2</issue>
<history>
<date date-type="received" publication-format="dd mes yyyy">
<day>02</day>
<month>01</month>
<year>2017</year>
</date>
<date date-type="accepted" publication-format="dd mes yyyy">
<day>18</day>
<month>11</month>
<year>2020</year>
</date>
</history>
<permissions>
<ali:free_to_read/>
</permissions>
<abstract xml:lang="es">
<title>Resumen</title>
<p> El autor hace un recorrido por las distintas significaciones de diversos afectos. Refiere no haber encontrado una explicación que nos aclare qué son los afectos. Para el autor no existe una energía psíquica. El psiquismo es un espacio y mundo virtual. Coincide con O. Kernberg en que la sumatoria de experiencias placenteras y displacenteras, unidas cada una de ellas forman dos series paralelas que se organizan y consolidan en forma de pulsiones. De algunas citas de Freud deduce que él mismo cree que los animales tienen afectos pues se angustian. A lo largo de la evolución de los animales, los centros neurológicos crecen y se complejizan y además en el hombre crearon el psiquismo. A medida que aumentó la complejidad del cerebro, entre un estímulo y la respuesta puede haber variaciones en el espacio de tiempo, que es prácticamente nulo en el arco reflejo. O un período de tiempo variablemente largo para que durante ese período de tiempo se realicen varias funciones nuevas como: discriminación, evaluación, integración, síntesis, decisión, coordinación y ejecución  de la respuesta; funciones que en el humano se adscriben a la instancia del yo. Para que este yo pueda cumplir sus funciones fue necesario una separación temporal cada vez más grande con el riesgo de perder el sentido de la respuesta. Postula que: El afecto cumple la función de mantener la vigencia temporal, convirtiéndose en la memoria, de la significación y repercusión vivencial del estímulo. Esta memoria continua permite que pueda establecerse un espacio temporal entre el estímulo y la respuesta para la realización de las funciones yoicas de discriminación, evaluación, síntesis, decisión, coordinación, ejecución y control de la respuesta.  </p>
</abstract>
<trans-abstract xml:lang="en">
<title>Abstract</title>
<p>The author tracks the variable meanings of
diverse affects. He refers to not having found an explanation that would
clarify what affects are. According to the author psychic energy does not
exist. The psyche is a virtual space and world. He agrees with Kernberg O. in
that the sum of pleasant and unpleasant experiences, each together form two
parallel series that organize and consolidate themselves in the form of drives.
From some of his texts, he infers that Freud himself believed that animals have
affects given that they can experience anguish. Throughout the evolution of
animals, neurological centers grow and become more complex and in man, they
also created the psyche. To the extent that the brain's complexity increased,
in the interval between a stimulus and its response there may be variations in
the space of time, which is practically null in the reflex arc. Or a period of
time variably long so that during that period of time various new functions may
be carried out such as discrimination, evaluation, integration, synthesis,
decision, coordination, and execution of the response; functions that in humans
are ascribed to the ego. For it to fulfill its functions, an ever greater
temporal separation was necessary, with the risk of losing the purpose of the response.
The author posits that: affect fulfills the function of maintaining temporal
validity, becoming memory, of the experiential meaning and repercussion of the
stimulus. This continuous memory allows for a temporal space to be established
between the stimulus and its response for the fulfillment of the functions of
discrimination, evaluation, synthesis, decision, coordination, execution, and
control of the response, which are functions of the ego component.</p>
</trans-abstract>
<kwd-group xml:lang="es">
<title>Palabras clave</title>
<kwd>afectos</kwd>
<kwd> sentimientos</kwd>
<kwd> pulsiones</kwd>
<kwd> emociones</kwd>
<kwd> estímulo</kwd>
<kwd> respuesta</kwd>
<kwd> memoria</kwd>
<kwd> yo</kwd>
</kwd-group>
<kwd-group xml:lang="en">
<title>Keywords</title>
<kwd>affections</kwd>
<kwd>feelings</kwd>
<kwd>drives</kwd>
<kwd>emotions</kwd>
<kwd>stimulus</kwd>
<kwd>response</kwd>
<kwd>memory</kwd>
<kwd>ego</kwd>
</kwd-group>
<counts>
<fig-count count="0"/>
<table-count count="0"/>
<equation-count count="0"/>
<ref-count count="16"/>
</counts>
</article-meta>
</front>
<body>
<sec>
<title>Introducción </title>
<p>En referencia a los
afectos, dijo Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref1">1914/1979</xref>) que hay una “total
inexistencia de una doctrina de las pulsiones que de algún modo nos oriente” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref1">p.75</xref>). Si bien estas palabras fueron escritas antes de que se ocupase
extensamente del tema, pueden considerarse válidas aún en los momentos actuales
en relación a muchos aspectos vinculados a este importante contenido del
psiquismo, los que necesitan seguir siendo investigados. Algún tiempo después
en <italic>Más allá del principio de placer</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref2">1920/1979</xref>) se refiere a las
pulsiones como “el elemento más importante y oscuro de la investigación
psicológica" (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref2">p.34</xref>). </p>
<p>Sabemos que son los
aspectos afectivos del ser humano los que influyen decisivamente en la conducta
y los productores de patología. Es por ello que los estudios que se puedan
hacer en relación a las emociones, pulsiones, sentimientos, es decir los contenidos
afectivos del psiquismo, siguen siendo importantes en la medida que puedan
aclarar algunos aspectos de este oscuro elemento del psiquismo.</p>
<p>Existen varios términos
interrelacionados entre sí que tienen variadas significaciones. Entre ellos
tenemos: pulsión, afecto o afección, emoción, sentimiento, pasión, ánimo,
humor, a los que, según el enfoque de la filosofía, fisiología, psiquiatría,
psicología, psicoanálisis, etc. se les da significaciones que pueden ser
semejantes, parcialmente a veces o totalmente otras, pueden tener significados
diferentes y, en ocasiones, están unas subordinadas a otras. Todas estas
significaciones pueden ir variando a lo largo del tiempo, de su uso o de las
escuelas.</p>
<p>La Enciclopedia
 Universal Ilustrada (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref3">Espasa Calpe, 1982</xref>), dice de “Afectos: Fisio y Filos. Se llama así a una sucesión o serie de sentimientos
conexos y de gran intensidad, acompañados de determinadas modificaciones de la
representación mental y de cambios psicológicos perceptibles. Como todos los
sentimientos alternan y van seguidos de fenómenos corporales y espirituales
accesorios. Es muy difícil de señalar su límite.” Respecto a “Emoción: f. Agitación repentina del
ánimo ... Filos. Importa algo como
atracción o repulsión, deseo o aversión, un movimiento o cesación de
movimiento. Es la expresión general de los fenómenos de la vida afectiva ... Tiene, pues, el carácter subjetivo por antonomasia que distingue el estado
afectivo.” Respecto a “Ánimo: El
alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. || fig. valor,
esfuerzo, energía. || intención, voluntad. || atención, pensamiento.” También
dice en relación a “Sentimiento:
Acción y efecto de sentir o sentirse. || Impresión y movimiento que causan en
el alma las cosas espirituales. || ... Filos. Se dice de todos los fenómenos afectivos; es decir, de todos los
placeres  y penas que nacen
inmediatamente de un fenómeno intelectual o de actividad.” El significado según
este diccionario para: “Alma: Del lat. Animo) f. Substancia espiritual e
inmortal en el hombre, que le hace capaz de entender, querer y sentir.” A su
vez “Espíritu: ... Del lat. Spiritus) Ser inmaterial y dotado de razón.
Alma racional.” Lo siguiente se refiere al término “Humor: El estado de ánimo que se significa con esta palabra obedece
a una débil emoción, que, por lo general es de larga duración. El humor, como
la emoción misma, es un conjunto de ideas y afectos, pero no determina una
situación, como la emoción, es algo vago, sin objeto preciso.”</p>
<p>En el Diccionario de
Filosofía de Ferrater Mora (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref4">1979</xref>) se define
como: “Sentimiento: ... Por lo
pronto, ‘sentimiento’ puede ser definido como «la acción y el efecto de
experimentar sensaciones». Estas sensaciones pueden ser, además, de varias
clases: sensaciones de los sentidos corporales, emociones, pasiones, etc. ... Los autores que han seguido las ideas de Brentano se han esforzado por
caracterizar los sentimientos o, como se ha denominado también, la vida
emocional como algo que, siendo completamente distinto de la inteligencia y de
la voluntad, se halla constituido por una serie de actos intencionales.” En
cuanto a “Emoción: Se usa a veces
‘emoción’ en un sentido muy similar
a ‘sentimiento’... Las emociones, aún si se consideran fundadas en procesos
corporales, no necesitan describirse en términos corporales. Así se estima que
sentir alegría, temor, amor, etc. son emociones. ... cuando se ha procurado
ver en que se fundaban las emociones se ha llegado con frecuencia a las dos
conclusiones siguientes. Primero, que las emociones se hallan ligadas a la
expresión de las emociones. Segundo, que las emociones se hallan relacionadas
estrechamente con procesos fisiológicos.”</p>
<p>Por los significados
dados en estos diccionarios a los diferentes términos se los puede relacionar
unos con otros, compararlos, diferenciarlos en sus cualidades o dependencias
mutuas, a veces se define un término refiriéndolo al mismo u otro de ellos. La
explicación o definición puede estar referida a determinadas creencias,
concepciones filosóficas, etc. Se los trata como algo experiencial, conocido
por todos y que no tiene reducción a algo anterior que lo pueda describir o
explicar. Evidentemente es un aspecto del psiquismo muy complejo y, si bien
todos los conocemos por haber sentido una múltiple variedad de afectos como
experiencia vivencial personal, ya que son perceptibles únicamente en forma
introspectiva, no nos es suficiente para conocer intelectualmente qué son,
por qué y cómo es que tuvo lugar su origen, cuál es la función biológica y
psicológica que cumplen y para la qué fueron creados. En este escrito trataré
de hacer un recorrido que, desde otro punto de vista, nos pueda aportar otros
enfoques a estos interrogantes.</p>
<sec>
<title>Los afectos en el campo psicoanalítico</title>
<p>Según el Diccionario de
Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref5">1968</xref>) el
significado de <italic>Afecto</italic> es: “Palabra
tomada por el psicoanálisis de la terminología psicológica alemana y que
designa todo estado afectivo, penoso o agradable, vago o preciso, ya se
presente en forma de una descarga masiva, ya como una tonalidad general. Según
Freud, toda pulsión se manifiesta en los dos registros del afecto y de la
representación. El afecto es la expresión cualitativa de la cantidad de energía
pulsional y de sus variaciones.”  Es
decir que según este diccionario afecto es la expresión cualitativa de la
pulsión y designa a todos los estados afectivos describiéndolos por sus
cualidades.</p>
<p>Valls (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref6">1997</xref>) en su Diccionario
Freudiano, define el término: “Afecto:
Sensación que es registrada por la conciencia (PCc- polo percepción-consciencia
1915-17) correspondientes a los aumentos o disminuciones en la unidad de tiempo
(el ritmo, 1924) de las cantidades de excitación libidinal provenientes desde
dentro de la superficie corporal.” ... “En el Proyecto de psicología (1950 {1895}) Freud habló explícitamente del
afecto refiriéndose al recuerdo de la vivencia de dolor ... Es decir: tras la
vivencia de dolor, queda como secuela la aparición del afecto (seguramente se
refiere al miedo o angustia real)”.</p>
<p>Dice Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref16">1915/1979</xref>) en <italic>Pulsiones y destinos
de pulsión</italic> “la «pulsión» nos aparece como un concepto
fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante {Repräsentant} psíquico de los estímulos
que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la
exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón
con lo corporal” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref16">p.117</xref>).</p>
<p>Evidentemente la
preocupación persistía porque también en “La Represión” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref8">1915/1979</xref>) se ocupa
del tema haciendo una mayor discriminación: “no es lícito olvidar que es muy
poco lo que enunciamos acerca de una moción pulsional cuando afirmamos que está
reprimida. Es que, sin perjuicio de su represión, puede encontrarse en muy
diversos estados: puede estar inactiva, es decir, escasamente investida con
energía psíquica o investida en grados variables y así habilitada para la
actividad ... En el caso de los retoños no reprimidos de lo inconciente, la
medida de la activación o investidura suele decidir el destino de cada
representación singular. Es un hecho cotidiano que un retoño así permanezca no
reprimido mientras es representante de una energía baja, aunque su contenido
sea idóneo para provocar un conflicto con lo que impera en el consciente es que
el factor cuantitativo resulta decisivo para el conflicto” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref8">p.146</xref>). Luego, continúa de la siguiente
manera: “En las elucidaciones anteriores consideramos la represión de una
agencia representante de pulsión, entendiendo por aquélla a una representación
o un grupo de representaciones investidas desde la pulsión con un determinado
monto de energía psíquica (libido, interés). Ahora bien, la observación clínica
nos constriñe a descomponer lo que hasta aquí concebimos como unitario, pues
nos muestra que junto a la representación {Vorstellung}
interviene algo diverso, algo que representa {räpresentieren} a la pulsión y
puede experimentar un destino de represión totalmente diferente del de la
representación. Para este otro elemento de la agencia representante psíquica ha
adquirido carta de ciudadanía el nombre de <italic>monto
de afecto</italic>: corresponde a la pulsión en tanto esta se ha desasido de la
representación y ha encontrado una expresión proporcionada a su cantidad en
procesos que devienen registrables para la sensación como afectos” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref8">p.147</xref>). </p>
<p>Voy a hacer un breve
resumen. Según lo reproducido anteriormente, para Freud, la pulsión es un
concepto límite entre lo somático y lo psíquico. Así en distintos momentos de
su obra la pulsión es un concepto intrapsíquico y en otros es prepsíquico
siendo, en este caso, representado en el psiquismo por dos elementos. Por lo
expresado en “La Represión”
entiendo que la pulsión está representada en el psiquismo por una agencia
representante compuesta de dos elementos; uno de ellos es la representación (Vorstellung) y el otro ese “algo
diverso”, ese “otro elemento” al que Freud define como equivalente a una
energía psíquica que “devienen registrables para la sensación como afectos”.
Esa energía estaría relacionada con el factor cuantitativo y lo llama “monto de afecto”. Cuando Freud remite al “<italic>monto de afecto</italic>” hace referencia
a dos aspectos: uno de ellos, el aspecto económico, es el monto o cantidad, que
es a su vez importante en la medida que puede ser más o menos esforzante para
el psiquismo en la búsqueda de la descarga. ¿Podemos actualmente pensar en
términos económicos, de una energía psíquica, en cantidades de afecto? Desde la
experiencia personal (introspección) y desde la clínica la respuesta sería sí.
Del otro aspecto, aquello que es el afecto mismo, lo que podemos decir hasta
ahora es que se diferencian por sus cualidades. También se los refiere, en
otras partes de su obra, como que pueden ser placenteros o displacenteros. De
todas maneras con esto no adelantamos mucho más pues estamos repitiendo que
existen diferentes afectos. Sería una explicación descriptiva de los afectos
pero no es una explicación de cómo es que se crearon, por qué y para qué tenemos afectos. </p>
<p>Si repetimos la
pregunta anterior, ¿existe una energía psíquica? Pensando desde la perspectiva
de que el psiquismo no es un mundo material, que es donde sí existe la energía
y la materia, sino que el psiquismo tiene una existencia y un espacio virtual,
nos puede generar dudas. Este aspecto de los afectos es un tema muy debatido
tanto en la filosofía, por lo menos desde la época de los griegos, religiones,
medicina, psicología, etc. Un ejemplo lo tenemos en algunas de las definiciones
que ya transcribimos de los diccionarios que están incluidos en este escrito.
En el siglo XlX el psiquiatra Wilhem Griesinger (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref9">1845</xref>), plantea el tema en los siguientes términos: “Estamos entonces, científicamente
autorizados ... a relacionar las funciones del alma con el cuerpo y en
particular con el cerebro, como relacionamos las funciones con un órgano, a
considerar la inteligencia y la voluntad como la función, la energía especial
del cerebro, al igual que vemos la transmisión en los nervios, los actos
reflejos en la médula espinal, etc., como las funciones de estas partes, y a
considerar el alma inmediatamente y ante todo como la suma de todos los estados
del cerebro” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref9">p. 9</xref>). </p>
<p>El cerebro es
considerado el sustrato orgánico del psiquismo, como órgano material, físico, y
es lo único aceptado por ciertas teorías fisicalistas que niegan el psiquismo.
Este sería un producto de la actividad del órgano material cerebro y en este
caso podríamos pensar que no existe una energía psíquica. Tengamos en cuenta
que para la
 Enciclopedia  Universal
Ilustrada el significado del término “<italic>Virtual</italic>:
fuerza, virtud. adj. Que tiene virtud
para producir un efecto, aunque no lo produce de presente || Implícito, tácito
|| Fis. Que tiene existencia aparente y no real” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref3">Espasa Calpe, 1982</xref>). Si al psiquismo lo
consideramos como que tiene existencia aparente pero no real, que tiene fuerza
o virtud para producir efectos pero no los produce por presencia, en ese caso
debemos pensar en otra explicación para los efectos psíquicos que nos son
ostensibles en nuestro vivenciar. Evidentemente según el enfoque o creencia
personal puede o no hablarse de una energía psíquica.</p>
</sec>
<sec>
<title>Estímulos  y 
respuestas  en  la 
neurología  y  la 
psicología.</title>
<p>Trataré de ir
recorriendo un camino para poder acercarnos, en lo posible, al tema. El
estímulo que puede producir como respuesta un afecto puede ser en su origen, externo, producido por un agente físico
exterior que estimula un área sensible del sujeto. También puede ser un
estímulo proveniente del propio cuerpo, en este caso sería interior, éstas son las sensaciones corporales que pueden percibirse
como un estado de funcionamiento del self corporal. La otra posibilidad de
origen es el propio psiquismo, en este caso sería un estímulo intrapsíquico, por medio de recuerdos,
fantasías, ideas, alucinaciones, etc.</p>
<p>Cuando un estímulo
externo o interno llega a la interfase o frontera, como dice Freud, entre lo
somático y lo psíquico, transportado por el sistema nervioso sensitivo,
aferente, posee ya varias cualificaciones. Los estudios neurológicos nos
informan que estas cualificaciones existen desde el principio. Efectivamente,
cuando se produce el contacto de un agente externo con una parte orgánica del
self, el receptor que capta el contacto es estimulado. Este estado de
excitación es descargado por el receptor por medio de una transmisión a una neurona
sensitiva aferente. La estimulación transmitida estaría compuesta por
información de cualificaciones, las que tienen varias vertientes que dependen
del tipo de receptor, el estímulo que excitó al receptor y cualificaciones que
expresan la intensidad del estímulo. De esta manera se transmite la información
en dirección al cuerpo neuronal realizando el recorrido por los nervios
periféricos. Al pasar por el cuerpo celular y llegar al axón puede cerrarse el
círculo, por medio de un arco reflejo, produciéndose la <italic>descarga</italic> total en la neurona motora. La respuesta es un estímulo
motor en dirección centrífuga hacia el músculo, que con su movimiento produce
una acción física que procura evitar el estímulo. Un ejemplo es el reflejo
rotuliano. En este tipo de estímulo-respuesta no interviene el psiquismo,
solamente es informado que se produjo.</p>
<p>De la estación medular
el estímulo-información también se puede dirigir a los centros superiores donde
contacta con el sistema límbico, hipotálamo, tálamo, corteza cerebral. Cuando
el estímulo-información llega a los núcleos afectivos, estos cumplen su función
de transcribir la información en lenguaje neurológico al lenguaje afectivo que
es transmitido a la corteza cerebral. De manera que cada estímulo puede llegar
a varias regiones y núcleos del encéfalo por diferentes vías. En la zona de la
corteza cerebral (ver <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref10">Eccles, 1992</xref>), según la
neurofisiología, se producen múltiples conexiones sinápticas entre neuronas.
Cada neurona recibe múltiples (pueden ser hasta diez mil), conexiones
sinápticas en sus dendritas, de las cuales varias pueden ser de una misma
neurona y las demás de otras varias neuronas. Aquí es donde se puede suponer la
existencia de esa interfase entre lo neurológico y lo psíquico.</p>
<p>Por ello al ingresar el
estímulo en forma de información en el psiquismo, las diferentes vertientes que
tiene, en forma de cualificaciones, permiten ubicar el punto donde se produjo
el contacto (dentro del esquema corporal), el tipo de contacto (roce, pinchazo,
calor, presión, dolor, etc.), cualidades que se interpretan como intensidad del
contacto que excitó al receptor y se agrega la información que está en otro
lenguaje que el psiquismo lo traduce como afectos. </p>
<p>En el psiquismo se
agrega  inmediatamente  una 
nueva cualificación, en este caso es psíquica, que es la de placentera o
displacentera. Esta primera cualificación psíquica lo es no sólo en el tiempo,
por ser lo primero desde el momento de ingresar al psiquismo, sino también
ontogeneticamente. Efectivamente el recién nacido dispondría únicamente de esta
posibilidad. En la medida que se produce la evolución y desarrollo del
psiquismo del bebé, y por la repetición de experiencias de contacto con el
exterior, placenteras o displacenteras, van emergiendo y desplegándose ciertas
estructuras genéticamente condicionadas. Me refiero a las ideas y conceptos que
describe Kernberg (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref11">1987</xref>), “Sugiero que
los afectos son el sistema motivacional primario, en el sentido de que están al
centro de cada uno del número infinito de sucesos concretos gratificantes y
frustrantes que el lactante experimenta con su entorno ... dos series
paralelas de experiencias gratificantes y frustrantes [...] El afecto
predominante de amor u odio de las dos series de relaciones objetales
interiorizadas se enriquece, se modula y se hace crecientemente compleja ... El amor y el odio se vuelven así estructuras intrapsíquicas estables, en
continuidad genética a través de varias etapas del desarrollo; por esa misma
continuidad, se consolidan en libido y agresión ... En resumen, los afectos
son los bloques constructores, o constituyentes, de las pulsiones; éstos con el
tiempo adquieren una función señaladora para la activación de las pulsiones” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref11">p. 214</xref>).</p>
<p>Las nuevas estructuras
generan un funcionamiento psíquico que nos da una impresión subjetiva, como la
describió Freud, de que existe algo que fluye. Esto sería lo que Freud llama “<italic>monto</italic>” en el “<italic>monto de afecto</italic>” de la pulsión. También, en relación a este aspecto
económico del “<italic>monto de afecto</italic>”, se
lo puede asociar a esas variables cantidades de conexiones sinápticas y sus
derivaciones. De manera que aquello que fue originalmente un sólo estímulo
externo o interno, puede recorrer, para llegar a la corteza, varios caminos al
mismo tiempo. La llegada del estímulo que ya contiene, como vimos,
cualificaciones relacionadas a intensidad del estímulo puede, por diferentes
vías y con variable cantidad de conexiones sumadas, ser interpretada como de
variable cantidad o de intensidad en el psiquismo, según la cantidad de
asociaciones que se hayan producido</p>
<p>Para Freud y
probablemente para la mayoría del mundo científico, el órgano físico que da
origen al psiquismo es el cerebro. En el sistema nervioso no se ha detectado
una o varias energías más allá de la sumatoria de las cargas eléctricas
producto de los movimientos de los iones (aniones y cationes) que producen las
despolarizaciones y repolarizaciones de la membrana de las células nerviosas.
Este sistema nervioso central es el que ocupa un espacio real. De manera que,
como lo entiendo, el psiquismo tiene una existencia y un espacio virtual con
una dinámica de funcionamiento expresado por las agrupaciones de las
experiencias placenteras o displacenteras, estas a su vez unidas a sus
representaciones. Pienso que en un espacio virtual hablar de energías es una
forma de expresión de tipo descriptiva referida al funcionamiento de las
cualificaciones del estímulo y a la sumatoria de estas experiencias junto al
agrupamiento de las mismas. Estas constituyen una estructura, dada por las
asociaciones, que dan una sensación que puede describirse como una pulsión en
funcionamiento con un empuje, como la describe Freud. Quien nos habría legado
una correcta explicación, de tipo descriptiva, de como funcionan las pulsiones.
Pensado el psiquismo de esta otra manera se evitan una serie de dudas,
problemas y conflictos que plantea el aspecto económico de la pulsión.</p>
<p>La división del
psiquismo en instancias parece ser conveniente a los fines descriptivos y lo es
en la medida que son expresión de agrupación de diferentes funciones. Sabemos
que también en el S.N.C. existen diferentes funciones, hay centros
estimuladores o depresores del funcionamiento de algunos otros centros que, a
su vez, pueden ser estimuladores o depresores de funciones, y la acción
efectora es la resultante de la sumatoria de estas acciones que da como
resultado efectivo la mejor respuesta posible y adaptada al estímulo.</p>
<p>Volviendo al tema de la
primera cualificación psíquica. ¿Que estructura es la que puede dar, dentro del
psiquismo, esa cualificación emocional, quien interpreta como placentero o
displacentero a un estímulo? Creo que la instancia yo, por la definición que
dio Freud a cada una de las instancias y sus funciones. Pero además existirían
otras cualificaciones posibles, atribución o interpretación que puede dar el yo
al estímulo. Puede el estímulo estar incluido en un contexto, circunstancial o
histórico, que le agrega nuevas significaciones al estímulo. Esta otra
significación puede ser p. ej.: la de atribuir el estímulo a una determinada
intencionalidad de un objeto, con lo que podrá tener otras variadas
significaciones.</p>
<p>Como vimos antes, para
Kernberg (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref11">1987</xref>) estas cualificaciones placenteras y displacenteras siguen un proceso
evolutivo, además de su agrupamiento, que lleva a la formación de las pulsiones
tal como la describe Freud. Con el tiempo y la evolución se agregan nuevas
cualificaciones a las ya señaladas. Estos son los significados y
resignificaciones que les otorgan a los estímulos las diferentes etapas
evolutivas de la libido: oral, anal, fálico-uretral y genital, más los variados
rasgos que provee el complejo de Edipo.</p>
<p>Acabo de decir etapas
de la libido por ser la forma en que se los designa. En este sentido me
gustaría hacer una interrogación en lo que se refiere a la evolución: ¿será la
libido la que evoluciona a través de las etapas anteriormente mencionadas?
¿Puede realmente la libido, que es una pulsión, evolucionar? ¿Puede un empuje
(<italic>Drang</italic>) evolucionar?, posiblemente sí, si se cambia la meta. Pero ¿se puede
suponer que el empuje (<italic>Drang</italic>) cambie, per se, de meta? Pienso que si el
estímulo es, al llegar a la interfase somato-psíquico, indeterminado y se define
por la cualificación que le da la fuente orgánica y por su cualidad de
intensidad, sólo puede tener una meta primaria dada por la cualificación con la
que ingresó, como dice Freud: “...la satisfacción que sólo puede alcanzarse
cancelando el estado de estimulación en la fuente de la pulsión.” </p>
<p>Pero el cambio de meta,
que es lo que está dado por la evolución y maduración, no parece que esté al
alcance de la pulsión en sí misma. Creo que para que una pulsión cambie de su
meta original a otra es necesario que se interponga una estructura: el yo. Ya
lo dijo Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref16">1915</xref>) en <italic>Pulsiones y
destino de pulsión</italic>: “los destinos de pulsión pueden ser
representados también como variedades de la defensa
contra las pulsiones” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref16">p.122</xref>). Esta estructura yoica hace que la pulsión deba realizar
un determinado tránsito. Este tránsito está referido a los retoños, los que son
representaciones alternativas usadas por los mecanismos de defensa del yo.
Estos retoños están asociados a la representación original, donde comienza la
cadena, pero están cada vez más alejados de ci ertas significaciones no
aceptables para el nivel de exigencia actual que tiene un yo más maduro y como
resultante de su dependencia de las otras instancias. De allí que cuando la
pulsión puede emerger para su descarga, es con una determinada meta, diferente
de la originaria, y la nueva meta depende del recorrido realizado. El recorrido
es la expresión de la acción de los mecanismos de defensa y el punto por el que
emerge para su descarga es donde, por no haber oposición del yo, ya no existe
la defensa o esta ha sido avasallada.</p>
<p>Así la descarga del
aspecto energético, el llamado <italic>monto de
afecto</italic>, en el humano se diferencia por la variabilidad del punto de la
estructura en la que la descarga es posible, ya que puede realizar un recorrido
diferente en distintos momento por la estructura y además variar según el
momento evolutivo alcanzado. Esta estructura yoica es la que se interpone entre
el estímulo y la descarga. Esta estructura yoica existe por la existencia de un
substrato anatómico que le da sustento. No así en el animal que posee un
desarrollo de su estructura anatómica que no le permite constituir un yo
funcionante para estas acciones. De manera que la descarga se realiza sin la
posibilidad de algunas postergaciones, tampoco puede construir variadas
posibilidades de respuesta, de allí que tiene una rigidez en la meta y los
mecanismos de descarga del estímulo; a esto es lo que llamamos una respuesta
instintual. Serían los llamados “automatismos estructurales preformados” que
equiparían a los animales “no sólo con una disposición general a proceder en
vista a un cierto objetivo y en una determinada dirección, sino también como
una realización del comportamiento, como una así llamada acción instintiva.”
según Brun R. que menciona Lichtenstein (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref12">1961</xref>). De manera que una de
las diferencias entre instinto y pulsión estaría dada por la estructura que se
pueda interponer entre el estímulo y la respuesta al mismo.</p>
</sec>
<sec>
<title>La evolución neurológica</title>
<p>Para una mejor
comprensión de la idea que voy a tratar de exponer luego, haré un brevísimo
resumen de la historia de la evolución filogenética del aparato neurológico del
reino animal a los fines de este escrito y no tiene todos los detalles y las
variables que están en los escritos especializados. En los pequeños animales
pluricelulares, como efecto de la evolución y complejización de los seres
vivos, se produce gradualmente una diferenciación y especialización de algunas
células. Las células neuronales, en los seres animales, tienen una alta diferenciación
y especialización con el fin de hacer una coordinación entre las percepciones
de los estímulos que producen los cambios en el medio que los rodea, y los
movimientos de respuesta a esos cambios. Para ello lo más sencillo es conformar
un arco reflejo en el que una neurona sensible recibe el estímulo y la otra
neurona motora produce la descarga de la excitación produciéndose una respuesta
inmediata. Es decir que en este caso
no hay, casi, ninguna dilación en la respuesta. Continuando la evolución se
conforman una sucesión de arcos reflejos (vermes). Luego, en organismos algo
más complejos, surgen centros (ganglios) que coordinan las respuestas a varios
estímulos. Posteriormente algunos de estos ganglios se organizan, se amplían,
para formar centros superiores que puedan evaluar la información contenida en
varios estímulos que llegan al mismo tiempo, procedentes de dos o más sentidos.
Una vez realizada la evaluación deben realizar la coordinación de la respuesta
en forma de descargas más efectivas y automáticas, las respuestas preformadas
que mencionamos antes, a las que llamamos instintos, propios de cada especie.
Esas funciones de evaluación y coordinación requieren un espacio de tiempo para
realizarse, por lo que es necesario generar una separación temporal entre el
estímulo y la respuesta a diferencia del arco reflejo que produce una respuesta
inmediata. Es decir que a medida que los animales se vuelven más complejos es
necesario una postergación temporal
de la respuesta cada vez mayor. Estos instintos o “automatismos
estructurales preformados” son los que producen también una evaluación y
coordinación de los diversos órganos que colaboran para producir un movimiento
corporal, las acciones orgánicas para sostener ese movimiento (apronte), como
el apresar el alimento y/o defenderse. Para lograrlo es necesario una escala
ascendente de ampliación y complejización de su aparato neuronal; que es la
estructura física del instinto. En los mamíferos se produce un incremento
proporcionalmente mayor de la masa neuronal que puede realizar unas funciones
más complejas con la posibilidad de una postergación temporal levemente mayor
aún, para acrecentar la discriminación, evaluación y coordinación, de la acción
de descarga de los estímulos con el fin de lograr un mejor resultado
final. Es importante el apronte
previo a la descarga que lleva al movimiento para lograr el objetivo. Pero es
oportuna la espera, postergar la descarga en la acción, para asegurar  un mejor logro del objetivo.</p>
<p>En la 25ª de
las Conferencias de Introducción al psicoanálisis Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref13">1916/1979</xref>), tratando el tema de
angustia, dice: “El animal atemorizado se angustia y huye, pero lo adecuado en ese
caso es la «huida», no el angustiarse” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref13">p.359)</xref>. Tomando de esta frase, si lo adecuado
es la huida, esta sería la respuesta automática, instintiva, es decir que lo
funcional es una respuesta correspondiente a los ‘automatismos estructurales
preformados’. En cambio la angustia, entiendo yo, genera inseguridad y dudas en
la respuesta y por ello una mayor utilización de tiempo. Pero sigamos con otras
ideas de Freud respecto a la angustia.</p>
<p>En <italic>Inhibición, síntoma
y angustia</italic> Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">1926/1979</xref>) nos
dice: “Tendemos a representarnos al yo como impotente frente al ello, pero
cuando se revuelve contra un proceso pulsional del ello, no le hace falta más
que emitir una señal de displacer
para alcanzar su propósito con la ayuda de la instancia casi omnipotente del
principio del placer” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">p.88</xref>). Aquí el término displacer sería equivalente al de
angustia que es el que luego utiliza en el resto del escrito. Posteriormente señala: “La angustia es la reacción frente al peligro” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">p.141</xref>), y más adelante podemos
leer: “La angustia es, pues, algo sentido. La llamamos estado afectivo, si
bien no sabemos que es un afecto” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">p.125</xref>). Finalmente agrega, “La reconducción de la angustia al suceso del nacimiento debe ser
protegida contra obvias objeciones. La angustia es una reacción
probablemente inherente a todos los organismos; al menos a todos los organismos
superiores. Ahora bien, sólo los mamíferos vivencian el nacimiento, y es
dudoso que en todos ellos alcance el valor de un trauma. Por tanto existe
angustia sin el arquetipo del nacimiento. Pero esta objeción salta la frontera
entre biología y psicología. Justamente por que la angustia tiene que llenar
una función indispensable desde el punto de vista biológico, como reacción
al estado de peligro” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">p.127</xref>). </p>
<p>También en las "Nuevas
Conferencias de Introducción al Psicoanálisis" Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref17">1932-1936/1979</xref>) se
refiere a la señal de angustia como emitida por el yo para invocar el principio
de placer con el fin de oponerse al ello. Es decir que hasta casi el final de
su obra mantiene esta posición.</p>
<p>Se deduce de las
anteriores frases y párrafos, de parte de la obra de Freud, que si a la
angustia, como uno de los afectos, la tomamos como una señal emitida por el yo
instancia, sería una invocación, producto de una función yoica, en cuyo
procesamiento es necesario invertir un cierto período de tiempo. De ellas se
pueden extraer, entonces, varias conclusiones. Primero: que el autor le reconoce a ciertos animales, los que se
angustian, un cierto procesamiento de tipo yoico como para generar angustia. Segundo: que si un animal puede
angustiarse evidentemente tiene que tener una cierta estructura relacionada con
ese yo que, de alguna manera, es capaz de tener afectos, según Freud, cosa que
no es aceptada por otros autores. Tercero: que para poder tener afectos ese
animal tiene que poseer una estructura neurológica que dé sustento al afecto y
a ese potencial yo, para que a su vez pueda invocar ese afecto ‘angustia’.
Seguramente el pensamiento evolucionista estaría de acuerdo con esta hipótesis,
para poder usarlo como antecedente evolutivo para el desarrollo del equipo
orgánico y por ende del equipo psíquico que pudo realizar la especie homo.</p>
</sec>
<sec>
<title>Los
afectos como memoria de la vivencia del yo</title>
<p>Como consecuencia de la
evolución en la escala zoológica y en especial en la de los mamíferos, la
matriz neurológica que cumple funciones de evaluación, síntesis, coordinación y
decisión es la que va surgiendo, crece y se amplía. Al mismo tiempo, esto
permite que se vayan complejizando las nuevas funciones, lo que es muy visible
en el homo sapiens. Esta es la estructura física que cumple esas funciones que
en el humano adscribimos a la instancia yo. Por lo mencionado anteriormente de
Freud podemos suponer que varias especies de animales poseen yoes muy
primitivos y algunos otros, yoes algo más evolucionados.</p>
<p>En un reflejo como el
rotuliano no existe, prácticamente, separación entre estímulo y respuesta. En
este caso no hay actividad ni intervención yoica. Solamente le llega al yo la
información de lo sucedido. Si es necesario que una respuesta sea postergada
para poder realizar las nuevas funciones de discriminación, evaluación,
integración, definición, decisión y coordinación muscular, entonces, entre el
estímulo y esa respuesta es necesario un espacio de tiempo que es ocupado por
esas funciones para realizar su tarea. Cuando la separación temporal entre un
estímulo y la posible respuesta se agranda se corre el riesgo que se diluya y
pierda la significación y repercusión vivencial que tiene el estímulo para ese
primitivo yo o centro neurológico de evaluación y decisión, con lo cual se
perdería el objetivo para la respuesta. En este nuevo medio, más complejo, es
necesario mantener la vigencia, a lo largo de ese tiempo de elaboración, de la
significación y repercusión vivencial que produjo el estímulo hasta que sea
posible la respuesta. Fue necesario crear algo nuevo que permanezca en el
tiempo y signifique vivencialmente al estímulo. Por lo expresado anteriormente
es que postulo que <italic>el afecto cumple la función de mantener la vigencia
temporal, convirtiéndose en la memoria, de la significación y repercusión
vivencial que el estímulo tiene para el yo. </italic>Esta forma de memoria continua
permite que pueda establecerse un espacio temporal entre el estímulo y la
respuesta para la realización de las funciones de discriminación, evaluación,
síntesis, decisión, coordinación, ejecución y control de la respuesta, que son
funciones del yo instancia.</p>
<p>El afecto sería un
registro o memoria, ya sea genética o por experiencia personal anterior, de la
repercusión vivenciada ante un estímulo, que permite mantener vigente la
información de esa repercusión y por lo tanto del significado del estímulo. De
esta manera sería un instrumento del yo para poder postergar la respuesta
refleja, automática, o instintiva a un estímulo. Pienso que, en el actual
momento de nuestros conocimientos, ésta es la “función indispensable desde el
punto de vista biológico” que refiere Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref14">1926/1979</xref>) en <italic>Inhibición, síntoma y angustia</italic>.</p>
<p>El afecto es percibido
por el yo como una imposición, que le informa continuamente el significado y la
repercusión del estímulo, a veces por largo período de tiempo. Esta presencia
continua del afecto es una exigencia al yo de lograr el objetivo de la
descarga; para ello debe buscar el mejor camino a recorrer para dar una
respuesta satisfactoria al estímulo.</p>
<p>Si Freud le atribuye a
algunos animales la capacidad de angustiarse, sin duda, que en ese animal el
que se angustia es ese yo primitivo o levemente más evolucionado. El espacio
temporal que se crea entre el estímulo y la reacción postergada de la descarga
es, por un lado, el resultado y a la vez el promotor del crecimiento y la
evolución filogenética del órgano anatómico que es la matriz física del yo. Por
ello es posible pensar que la instancia yo, para su propia evolución, necesitó
del afecto para poder desarrollarse y fue un promotor y estimulador de la
ampliación, fortalecimiento y creación de variadas cualidades de afectos.</p>
<p>En los hominidos,
antecesores del Homo Sapiens, también se produjo un importante crecimiento
relativo en la masa neuronal y en las capacidades funcionales. Con el paso del
tiempo, por efecto de esa contención y postergación de la respuesta al estímulo
que fue capaz de ir generando la masa neuronal existente en cada momento evolutivo
de nuestra especie, se gestó un desarrollo cada vez más amplio de la matriz
orgánica. Esta a su vez, a medida que se producía el crecimiento en cantidad y
el desarrollo de sus capacidades, fue creando a este otro nuevo producto del
funcionamiento neurológico con capacidad de discriminación, evaluación,
síntesis, integración, síntesis, coordinación, ejecución y control de
diversificadas respuestas, que es el espacio y mundo virtual que conforma el
psiquismo.</p>
<p>Según el neurofisiólogo
Eccles (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref10">1992</xref>) los estudios
antropológicos nos informan del crecimiento de la capacidad craneana en la
medida que se fue produciendo la evolución de los antecesores del hombre hasta
nuestros días. Los valores de la capacidad craneana van desde los 450 cc., hace
aproximadamente 3 millones de años en nuestros predecesores, a un promedio de
1345 cc. en el hombre actual. Además el aumento de capacidad craneana se da
selectivamente, con un incremento proporcionalmente muy alto, en determinadas
zonas con funciones de evaluación, coordinación, integración, síntesis, etc.
Estas son funciones que existen actualmente y están ubicadas en un espacio
temporal entre el estímulo y la respuesta de descarga. A medida que se producía,
en ese largo período, el crecimiento morfológico y de capacidades en las
funciones, con muchos otros cambios evolutivos, se produjeron grandes
modificaciones en el sujeto humano, tanto en lo físico como psíquicamente,
tales como la bipedestación, cambios en las manos que posibilitan el uso de
herramientas, el reconocimiento de la autoconciencia, simbolización, la
capacidad del habla, la posibilidad de disfrutar de la música, la creatividad,
etc. Este desarrollo anatómico, con la aparición sucesiva de funciones que en
psicoanálisis son adscriptas al yo, indica que la complejización de las áreas
neurológicas y sus conexiones anatómicas dieron el substrato estructural
orgánico para que esa instancia que llamamos yo pueda tener actualmente las
capacidades que se le atribuyen. La postergación de la respuesta de descarga de
la excitación producida por el estímulo fue, filogenéticamente, una de las
primeras funciones de ese órgano en evolución, que pudo así seguir creciendo y
agregando las otras funciones primigenias que se realizan durante el intervalo
temporal creado.</p>
<p>Creo que el afecto es
un intermediario, filogenéticamente moderno, entre un estímulo y la respuesta
refleja al mismo. En el humano el afecto sería una función psíquica, preformada
y heredada filogenéticamente. La ausencia de este afecto llevaría a una falta
de postergación temporal y el estímulo tendría una respuesta refleja orgánica o
instintiva, como fue en un período lejano de la evolución.

Según estas consideraciones el afecto sería una
neocreación promovida y estimulada por el yo para poder posponer la respuesta
manteniendo el significado vivencial del estímulo para dar tiempo a una
elaboración intrapsíquica, que es el proceso por el cual se puede obtener une
respuesta más eficaz. Si esta idea es aceptada se pueden entender de otra
manera varias cualidades del afecto. La pulsión sería la estructuración de las
sucesivas experiencias de placer y displacer como lo describe Kernberg. Esta
estructuración sería producto de la acumulación de la experiencia filogenética
y la experiencia y evolución ontogenética. Por ej. lo descrito por Freud como
<italic>Drang</italic>, esfuerzo, empuje o energía, etc. sería, también, una consecuencia de la
postergación de la respuesta y no solamente es lo que induce a la respuesta. La
cualidad interpretada como sensación de intensidad estaría dada, entre otras
razones, por el esfuerzo de la postergación de la descarga que realiza el yo y
no sería solamente el productor de la presión en busca de descarga. De manera
que el afecto actuaría como un resorte que puede absorber la tensión generada
por la excitación del estímulo cuya respuesta está siendo postergada y
posteriormente orienta y conduce la descarga de dicha tensión y la creada por
la postergación de la respuesta. Estas ideas tienen semejanza con las ideas de
Brentano sobre la vida emocional como algo que, siendo completamente distinto
de la inteligencia y de la voluntad, que son otros aspectos del yo, se halla
constituido por una serie de actos intencionales, ya que los afectos, como
recuerdo del estímulo, definen cual es la meta a conseguir, nos indican el
objetivo a lograr para la descarga del estímulo; en tanto que la capacidad de
razonar del Yo determina el mejor camino a recorrer para lograrlo.</p>
<p>También observa Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref15">1915/1979</xref>) en <italic>Lo Inconciente</italic>, que “Toda la diferencia
estriba en que las representaciones son investiduras -en el fondo, de huellas
mnémicas-, mientras que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de
descarga cuyas exteriorizaciones últimas se perciben como sensaciones” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref15">p.174</xref>).  Siguiendo estos conceptos, la representación del objeto sería la memoria
sensorial del objeto productor del estímulo y por medio del afecto se mantiene
presente la significación y la repercusión vivencial del estímulo permitiendo
que la respuesta sea postergada pero manteniendo la meta a lograr con la
respuesta. </p>
<p>La representación, que
es la memoria del objeto que produce el estímulo, más los afectos, que son la
memoria de la significación y la repercusión vivencial del estímulo para el yo,
<italic>nos indican cuál es la dirección y el objetivo a alcanzar</italic>. En tanto que las
capacidades racionales o el aspecto intelectual del psiquismo <italic>nos sirven para
evaluar y elegir cual es el mejor recorrido para llegar a ese objetivo</italic>.</p>
<p>La postergación de la
descarga genera una tensión, en el arco entre el estímulo y la respuesta, que
en la respuesta refleja o instintiva no existe. Esta tensión puede ser
sostenida, manteniendo la meta, en la medida que el afecto continúe indicando
la significación de la experiencia vivencial que produjo el estímulo. Esta
tensión es lo que la instancia yo siente como una urgencia en la búsqueda de
una definición que lleve a la descarga. Esta postergación de la respuesta
refleja, procura alcanzar una mejor elección en el tipo de acciones y sus
intensidades para el logro de un resultado más positivo en esa respuesta. Por
ello sería que la representación del objeto productor del estímulo y el afecto,
que lo significa vivencialmente, están tan íntimamente unidos. Los analistas,
siguiendo a Freud, decimos que una de las funciones yoicas es la de postergar
la descarga, en este caso pulsional, de la energía para posibilitar un período
de tiempo para la evaluación, síntesis y coordinación.</p>
<p>Hay una serie de signos
y síntomas orgánicos que acompañan al afecto, lo que llama Freud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref15">1915/1979</xref>)  en <italic>Lo Inconsciente</italic>, la
alteración interna: “La afectividad se exterioriza esencialmente en una
descarga motriz (secretoria, vasomotriz) que provoca una alteración (interna)
del cuerpo propio sin relación con el mundo exterior; la motilidad, en acciones
destinadas a la alteración del mundo externo” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_1231854008_ref15">p.175</xref>). Esa alteración interna, que son
los acompañantes actuales de los afectos, representa los restos de los aprontes
instintivos que existían para acompañar a la acción, y la motilidad son
acciones de descarga residuales que han quedado postergadas.</p>
<p>Como dijimos
anteriormente todo afecto puede tener variadas cualificaciones resultantes de
la interpretación por el psiquismo de un estímulo, que puede ser externo,
interno o intrapsíquico. Este estado o cualificación afectiva se acompaña de la
percepción de la repercusión orgánica, que se produce por vía neurológica u
hormonal, y es el resabio del conjunto de acciones que contiene la respuesta
instintiva en un animal superior. Esta repercusión orgánica, apronte, que
formaba parte de la respuesta, provoca cambios en el cuerpo según que el tipo
de afecto sea placentero o displacentero. Si el afecto es placentero se
acompaña de cierta relajación muscular, se le agrega una dilatación arterial
con respiración profunda y lenta, aumento de irrigación sanguínea superficial,
miosis, un color sonrosado de la piel, un enlentecimiento en el ritmo cardíaco,
etc. que a su vez es transmitido al psiquismo que lo interpreta placenteramente
en forma de disminución del estado de alerta general y una sensación de bienestar.
Es decir que en este caso se conjugan ambas percepciones placenteras que a su
vez se transmite al cuerpo; pensemos en la imagen de un bebé que, luego de
mamar, está satisfecho y se fue a dormir. Esto quiere decir que la vivencia
referida al estímulo, en la que se suman la sensación afectiva psíquica y las
percepciones de la repercusión en el cuerpo, son placenteras</p>
<p>En el caso de un
estímulo que es interpretado en forma displacentera se incrementa el estado de
alerta general psíquico. Este alerta general tiene un complejo conjunto de
reacciones corporales como respuesta al peligro, que es lo que significa
filogenéticamente un estímulo interpretado displacenteramente. Este complejo
conjunto comienza con una descarga de adrenalina por vía neuroendocrina lo que
produce hiperpnea, taquicardia, vaso constricción periférica, incremento en la
tensión muscular, midriasis, sequedad de mucosas, erección pilosa, sudoración,
etc. Estos estados orgánicos son transmitidos al psiquismo donde son
interpretados a su vez y forman un conjunto con el estado afectivo
displacentero incrementado del alerta general que produjo el estímulo. Toda
esta descripción está relacionada a la interpretación de la cualidad de cuan
displacentero es el estímulo, que es lo que se manifiesta como otra variable
que incide en la intensidad.</p>
<p>Es necesario establecer
en este punto una diferenciación para la meta, entre cualificación y
significación. La meta, en el sentido de desaparición del estímulo en la zona
erógena, está en relación a la cualificación que comenzó en el receptor
orgánico. Al ser transmitida esta primera cualificación neurológica por las vías
nerviosas, recién al ingresar en el nivel superior del encéfalo y pasar la
interfase neurológica-psicológica se agrega una nueva cualificación: placentera
o displacentera, que es inmediata. Hasta aquí la sensación es equivalente en
todo animal evolucionado. En un animal con respuesta instintiva, el estímulo es
el gatillo que inicia el camino de la descarga en forma automática, repetitiva,
por medio de la acción muscular preestablecida para cada especie. En el humano
a las cualificaciones neurológicas periféricas del estímulo que ingresaron, al
traspasar la interfase neurológica-psicológica, y las primeras cualificaciones
psicológicas de placentera o displacentera, se le puede agregar al estímulo
otras diferentes cualificaciones que son producto de las diferentes
significaciones que el estímulo tiene para cada psiquismo y en cada período
evolutivo. No tiene la misma significación el abrazo (estímulo) entre dos
humanos de diferente sexo; si uno de ellos es un bebé lo significará de una
manera diferente que si es un latente, adolescente, o adulto. Estas
significaciones que se agregan, relacionadas con la evolución y maduración que
el yo a realizado en el tiempo y su contexto, junto a su pertenencia a un mundo
simbólico e histórico, son las que influirán decisivamente en la modificación o
no de la primitiva significación del estímulo y el posible cambio de la meta.
De manera que la excitación que produjo el estímulo, ya en forma de pulsión
como la describe Freud, realizará su descarga en esta nueva meta producto de la
acción del yo. De esta manera la pulsión libidinal, por ejemplo, tendrá metas
diferentes según el estadio evolutivo que el individuo haya alcanzado. Cuando
hablamos de evolución y desarrollo en un psiquismo que va transitando por los
diferentes estadios, estoy pensando en una estructura que se va desplegando
desde la etapa potencial genética en un bebé a su pleno desarrollo en un adulto
que ha madurado. Esta estructura, el yo, es la que va modificando la
significación y por lo tanto la meta de la pulsión a medida que él se
desarrolla, en una dirección que va desde los estadios más arcaicos hacia los
más adultos y maduros. Es el yo el que, en su evolución, va pasando por las
sucesivas etapas del desarrollo evolutivo, y en cada una de esas etapas
establece la meta para cada estímulo según los parámetros de cada período.</p>
<p>Además de la
significación de un estímulo actual, en cada etapa hará una resignificación de
los estímulos semejantes guardados en los recuerdos. Evidentemente las
experiencias contenidas en las representaciones guardadas en los recuerdos, tan
importantes para la comprensión de los estímulos actuales, reciben una
resignificación correspondiente a los nuevos conocimientos que el yo posee en
la medida que hace un recorrido hacia la madurez. Cada vez que el yo da un paso
en el sentido que aumenta su madurez, este estado cambia los contenidos de la
representación, con lo que se producen cambios en su significación, los cambios
en las significaciones, a su vez, producen cambios en los afectos. Esta sería
la tarea a realizar en el análisis de un paciente, haciendo conciente lo
inconciente para poder cambiar la significación de las representaciones y así
producir cambios en los afectos. Si no se producen cambios en los afectos, la
actividad racional, como comprensión intelectual de la significación de las
representaciones o de la repercusión vivencial, no producen cambios estables en
la conducta pues el afecto seguirá intacto indicando el mismo objetivo.</p>
<p>Freud dice que un
estímulo orgánico al ingresar en el psiquismo lo hace en forma de una tensión,
un empuje, <italic>Drang</italic>, etc. que se une inmediatamente a una representación. Esta
sirve como medio de conocimiento para buscar la descarga en forma de acciones
que buscan alcanzar la meta que es la desaparición de la excitación en el
órgano estimulado. Decimos que el afecto está íntimamente unido a la
representación y que, así mismo, es la expresión del significado que para el yo
tiene lo representado. Ambos son medios diferentes, pero complementarios, de
recuerdo con el mismo significado.</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>Conclusiones</title>
<p>Esta forma de entender
la significación de la representación del objeto y el afecto en su
interrelación con el sujeto nos puede permitir un nuevo enfoque para nuestra
tarea en la clínica. Hacer conciente lo inconsciente, es decir el recuerdo del
objeto en una determinada escena manteniendo una específica relación con el
sujeto y los afectos incluidos en esta relación. Si conseguimos modificar la
significación y por lo tanto la repercusión vivencial de la escena habremos
iniciado el camino a un cambio en el sentir de nuestro paciente. Es otra manera
de expresar el concepto que nos aportó W. Baranger como resignificación.</p>
</sec>
<sec>
<title>Agradecimientos</title>
<p>Agradezco
al Dr. Hugo Liste, neurólogo, Hospital Aeronáutico Central, su asesoramiento en
los temas referidos a neurología.</p>
</sec>
</body>
<back>
<ref-list>
<title>Referencias</title>
<ref id="redalyc_1231854008_ref10">
<mixed-citation>Eccles, J. C. (1992). <italic>La evolución del cerebro: creación de la conciencia</italic>. Editorial Labor S. A.</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Eccles</surname>
<given-names>J. C.</given-names>
</name>
</person-group>
<source>La evolución del cerebro: creación de la conciencia</source>
<year>1992</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref3">
<mixed-citation>Espasa Calpe (1982). <italic>Enciclopedia Universal Ilustrada</italic>. Espasa Calpe</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>V. V.</surname>
<given-names>A. A.</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Enciclopedia Universal</source>
<year>1982</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref4">
<mixed-citation>Ferrater Mora, J. (1979). <italic>Diccionario de Filosofía</italic>. Alianza Editorial</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Ferrater Mora</surname>
<given-names>José</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Diccionario de Filosofía</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref14">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). Inhibición, síntoma y
angustia .<italic/>
<italic>Obras Completas: Vol. 20. Presentación autobiográfica, Inhibición, síntoma y angustia, ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, y otras obras </italic>(J. Strachey, Ed.) (pp. 71-164). Amorrortu (Publicación original en 1926 [1925])</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref1">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). Introducción al narcisismo. <italic>Obras Completas: Vol. 14. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras</italic> (J. Strachey, Ed.) (pp. 65-98). Amorrortu (Publicación original en 1914)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas: Vol. 14. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras (1914-1916)</source>
<year>1979</year>
<publisher-name>Amorrortu</publisher-name>
<chapter-title>Introducción al narcisismo.</chapter-title>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref8">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). La Represión. <italic>Obras Completas: Vol. 14. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras </italic>(J. Strachey, Ed.)<italic/>(pp. 135-152). Amorrortu (Publicación original en 1915)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref15">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). Lo inconciente. <italic>Obras Completas: Vol. 14. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras </italic>(J. Strachey, Ed.) (pp.153-213). Amorrortu (Publicación original en 1915)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref2">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). Más allá del principio de placer. <italic>Obras Completas: Vol. 18. Más allá del principio de placer, Psicología de las masas y análisis del yo, y otras obras </italic>(J. Strachey, Ed.) (pp. 65-98). Amorrortu (Publicación original en 1920)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Simgund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref17">
<mixed-citation>Freud, S. (1979).<italic> Obras Completas: Vol. 22. Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, y otras obras</italic> (J. Strachey, Ed.). Amorrortu (Publicación original entre 1932-1936)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref16">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). Pulsiones y destinos de pulsión. <italic>Obras Completas: Vol. 14. Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras</italic> (J. Strachey, Ed.) (pp. 105-134). Amorrortu (Publicación original en 1915)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref13">
<mixed-citation>Freud, S. (1979). 25ª Conferencia. La angustia. <italic>Obras Completas: Vol. 16. Conferencias de introducción al psicoanálisis (parte III) </italic>(J. Strachey, Ed.) (pp. 357-374).  Amorrortu (Publicación original en 1916-1917)</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Freud</surname>
<given-names>Sigmund</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Obras Completas</source>
<year>1979</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref9">
<mixed-citation>Griesinger, W. (1845). <italic>Patología y terapéutica de las enfermedades mentales</italic>. Polemos</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Griesinger</surname>
<given-names>W</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Patología y terapéutica de las enfermedades mentales</source>
<year>1845</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref11">
<mixed-citation>Kernberg, O. F. (1987). <italic>Trastornos Graves de la Personalidad</italic>. Manual Moderno</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Kernberg</surname>
<given-names>O. F.</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Trastornos Graves de la Personalidad.</source>
<year>1987</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref5">
<mixed-citation>Laplanche J, &amp; Pontalis, J. B. (1968). <italic>Diccionario de psicoanálisis</italic>. Labor</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Laplanche</surname>
<given-names>J</given-names>
</name>
<name>
<surname>Pontalis</surname>
<given-names>J B</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Diccionario de Psicoanálisis</source>
<year>1968</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref12">
<mixed-citation>Lichtenstein, H. (1961). Identity and Sexuality: A Study of their Interrelationship in Man. <italic>Journal of the American Psychoanalytic Association</italic>, 9(2), 179–260. https://doi.org/10.1177/000306516100900201</mixed-citation>
<element-citation publication-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Lichtenstein</surname>
<given-names>H.</given-names>
</name>
</person-group>
<article-title>Identity and Sexuality: A Study of their Interrelationship in Man</article-title>
<source>Journal of the American Psychoanalytic Association</source>
<year>1961</year>
</element-citation>
</ref>
<ref id="redalyc_1231854008_ref6">
<mixed-citation>Valls, J. L. (1997). <italic>Diccionario Freudiano</italic>. Julián Yébenes</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname>Valls</surname>
<given-names>J L</given-names>
</name>
</person-group>
<source>Diccionario Freudiano</source>
<year>1997</year>
</element-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
