Construcción y Validación del Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial en jóvenes: enfoque bioecológico

Juan Andrés Escalante Guachamín
Fuerza Terrestre, Ecuador, Ecuador
Edgar Fabian Torres Hernández
Universidad de Guanajuato, México
Luis Gabriel Hidalgo Anangono
Universidad de las fuerzas armadas, Ecuador

Construcción y Validación del Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial en jóvenes: enfoque bioecológico

PSOCIAL, vol. 11, núm. 2, e2, 2025

Universidad de Buenos Aires

Resumen: Los factores de riesgo psicosocial (FRP) afectan el bienestar emocional de los individuos, particularmente en contextos marcados por desigualdad, violencia y precariedad. Desde el enfoque bioecológico, este estudio tuvo como objetivo diseñar y validar un cuestionario multifactorial de FRP y analizar su relación con la inteligencia emocional (IE) y el malestar emocional (ME- depresión, ansiedad y estrés) en jóvenes adultos ecuatorianos. Se empleó un diseño instrumental y correlacional en dos fases. En la primera, se elaboró el instrumento y se aplicó a 3005 participantes para su validación (1700 AFE y 1305 AFC); en la segunda, se utilizó con una muestra de 1434 jóvenes para el análisis correlacional. Se obtuvo una estructura de seis factores con adecuadas evidencias de validez y fiabilidad (coeficiente α desde .62 hasta .93). Los resultados mostraron correlaciones significativas entre los FRP y el ME, así como asociaciones negativas con las dimensiones de la IE. Se demostró que el Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial es válido, confiable, pertinente y tiene capacidad discriminativa para identificar FRP desde el modelo bioecológico. También se concluye que los FRP aumentan el ME, mientras que la IE actúa como factor protector, lo que evidencia la necesidad de evaluar los factores del contexto y sus interacciones, para comprender la expresión sintomatológica.

Palabras clave: Bienestar, Competencias sociales, Efectos psicológicos, Joven, Salud mental.

Abstract: Psychosocial risk factors (PRFs) affect individuals’ emotional well-being, particularly in contexts characterized by inequality, violence, and precariousness. From a bioecological perspective, this study aimed to design and validate a multifactorial PRF questionnaire and to analyze its relationship with emotional intelligence (EI) and emotional distress (ED—depression, anxiety, and stress) in Ecuadorian young adults. An instrumental and correlational design was employed in two phases. In the first phase, the instrument was developed and administered to 3,005 participants for validation purposes (1700 EFA y 1305 CFA); in the second phase, it was applied to a sample of 1,434 young adults for correlational analysis. A six-factor structure with adequate validity and reliability indices was obtained (α coefficients ranging from .62 to .93). The results showed significant correlations between PRFs and ED, as well as negative associations with the dimensions of EI. The findings demonstrate that the Multifactorial Psychosocial Risk Questionnaire is a valid, reliable, and relevant instrument with discriminative capacity to identify PRFs within the bioecological model. It is also concluded that PRFs increase emotional distress, whereas emotional intelligence acts as a protective factor, highlighting the need to assess contextual factors and their interactions in order to understand the expression of symptomatology.

Keywords: Mental health, Psychological effects, Social competence, Wellbeing, Youth.

Introducción

Los factores de riesgos psicosociales (FRP) son aquellas condiciones presentes en los diversos entornos cotidianos de la vida de las personas, que pueden afectar negativamente su bienestar psicológico y social. Estos riesgos abarcan desde las condiciones de trabajo y relaciones interpersonales, hasta las características del vecindario y normas culturales (Narbona-Gálvez et al., 2025; Ziaei & Hammarström, 2021). La evaluación de los FRP requiere de modelos complejos para estudiar la interacción entre las dimensiones que la componen, siendo de gran relevancia, debido a sus implicaciones en el bienestar individual y colectivo. La OMS (2021) advierte que los trastornos mentales, como la ansiedad y depresión, constituyen una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial, afectando a más de 300 millones de personas. Así mismo, en América Latina y en particular en Ecuador, los factores psicosociales, familiares y contextuales han sido predictores significativos del estrés, ansiedad y depresión en la población adulta (Chimbo Chimbo et al., 2024).

A lo largo de la historia, el análisis de los FRP han adoptado enfoques reduccionistas que priorizan los análisis de factores aislados y desatiende las interacciones dinámicas entre los distintos niveles de su entorno (Bronfenbrenner, 2005). Así por ejemplo los factores de riesgo puramente biológicos, estresores laborales, o en poblaciones concretas como adolescentes, estudiantes universitarios o ciertos sectores laborales (Estrella-Proaño et al., 2024; García-Maroto et al., 2021), sin considerar la complejidad de los sistemas en que se insertan (García-Maroto et al., 2021). Además, los instrumentos existentes, como el SUSESO/ISTAS21, a pesar de ser útiles en los contextos laborales, no permiten captar de forma integral los procesos próximos ni la bidireccionalidad de las relaciones entre el individuo y sus contextos (Arias et al., 2023; Zawadzki et al., 2022).

Estudios reciente definen a los FRP como multifactorial e interactivo, lo que significa que surgen de la interrelación de características personales, familiares, laborales y contextuales (Maltby, 2024), subrayando la necesidad de analizar los FRP desde un enfoque ecológico que considere las interacciones entre los diferentes niveles de influencia (ontosistema, microsistema, mesosistema, exosistema, macrosistema y cronosistema) (Rosa & Tudge, 2013).

De cara al futuro, la comprensión integral de los FRP a partir de marcos como la teoría bioecológica de Bronfenbrenner puede permitir el diseño de intervenciones más eficaces, culturalmente pertinentes para la promoción de la salud mental (Arias et al., 2023) y orientadas al fortalecimiento de los factores protectores, como la cohesión comunitaria y la funcionalidad familiar. Como refieren Bronfenbrenner y Morris (2006), comprender las interacciones complejas entre el individuo y su entorno es fundamental para explicar los procesos de desarrollo y los mecanismos que subyacen al malestar emocional.

En este sentido, el diseño de instrumentos de medición validados, desde un enfoque ecológico permite enriquecer el campo científico, avanzando en la comprensión y prevención del malestar emocional (Zawadzki et al., 2022), basado en interacciones complejas no exploradas hasta ahora.

Acorde con lo expuesto, el presente trabajo tiene como propósitos: 1) diseñar y validar una escala multifactorial de riesgos psicosociales, basada en la teoría bioecológica de Bronfenbrenner, que permita evaluar de forma integral los factores individuales, interpersonales y contextuales que influyen en el malestar emocional; y 2) aplicar dicha escala para analizar la relación de los riesgos psicosociales con la inteligencia emocional y el malestar emocional, entendido este último como la presencia de síntomas de depresión, ansiedad y estrés en población adulta de Ecuador.

Revisión de la literatura

El individuo es un ser biopsicosocial cuyos fenómenos psicológicos están influenciados por la interacción entre estímulos internos y externos (Tacca Huamán et al., 2020). Ante la complejidad de las interacciones sociales, Bronfenbrenner (2005), a través de la teoría bioecológica, propone que los distintos contextos sociales se organizan en sistemas estructurados y anidados, los cuales influyen en el desarrollo del individuo. A su vez, el sujeto también puede modificar estos sistemas, generando una influencia bidireccional. En este modelo de interacciones directas e indirectas se insertan los Factores de Riesgo Psicosociales (FRP), entendidos como aquellas condiciones o estímulos presentes en los diversos sistemas en los que el individuo se desenvuelve y que pueden afectar negativamente su bienestar psicológico y social, síntomas que a su vez, son predictor para una mala salud mental en etapas posteriores de la vida (Huguet et al., 2025).

El núcleo familiar constituye el microsistema más cercano al individuo, y cumple una función clave al brindar apoyo emocional, social, informativo e instrumental. Esto influye en la formación de patrones cognitivos, afectivos y conductuales (Brizuela et al., 2021), los cuales tienden a replicarse en otros contextos. Una familia funcional, caracterizada por lazos afectivos sólidos, relaciones estables y canales de comunicación eficaces, proporciona un entorno propicio para el desarrollo de la personalidad. Así por ejemplo, en los estudios realizados por Jacome-Mora et al. (2025) evidenciaron la correlación en los componentes de la socialización parental (severidad y afecto) y el impacto en el ajuste psicosocial en sus hijos. En su contraste, una familia disfuncional, con relaciones distantes, conductas hostiles o defensivas y una comunicación deficiente, suele propiciar baja autoestima, mayor impulsividad y conductas violentas en los hijos (Álvarez Loyola, 2018).

La impulsividad, entendida como la tendencia a actuar de forma reactiva sin considerar las consecuencias, se ha asociado con la búsqueda de gratificación inmediata, como el consumo de tabaco, alcohol y drogas (Chuang et al., 2017). También está vinculada con conductas sexuales de riesgo (Leonangeli et al., 2021) o la exposición a situaciones peligrosas, como el contacto con pandillas e incluso la participación en actos delictivos (Bustos-Benítez & Camacho-Galindo, 2017). Asimismo, la impulsividad se ha correlacionado con el malestar emocional, la depresión y la transición de la ideación a la conducta suicida (Santana-Campas et al., 2019).

Por su parte, Cueto Santa-Eugenia (2022) señala que factores individuales, escolares, comunitarios y socioeconómicos también inciden en el proceso educativo y, en consecuencia, en la conducta, facilitando o previniendo la comisión de infracciones futuras. La educación, como mecanismo de integración social, puede funcionar como estrategia preventiva frente a la delincuencia y los trastornos afectivos, o bien, si es deficiente, reforzar procesos de exclusión.

Adicionalmente, los factores sociales, como la precariedad laboral, la pobreza y la percepción de desigualdad se han vinculado con la aparición de conductas delictivas (Cortez & Grijalva Eternod, 2021), consumo de sustancias (Payá Castiblanque & Pizzi, 2019) y malestar psicológico, incluyendo tristeza, apatía, pérdida de interés, trastornos del sueño, irritabilidad, estrés, ansiedad y depresión (Álvarez Alonso et al., 2025).

En contraste con este modelo explicativo sobre la interacción de FRP, malestar emocional y conductas disfuncionales, se encuentra la manera en que el sujeto interpreta y afronta las situaciones adversas, permitiendo considerar la existencia de factores protectores dentro de esos mismos sistemas. Entre ellos, destaca la Inteligencia Emocional (IE), definida como la capacidad para identificar, reconocer, discriminar y regular emociones y estados de ánimo, a fin de generar respuestas adaptativas (Moral Castro & Pérez Dueñas, 2022). La IE ha sido ampliamente estudiada como variable mediadora frente a los factores de riesgo, mostrando correlaciones negativas con la ansiedad (Moral Castro & Pérez Dueñas, 2022), depresión (Montero Saldaña et al., 2022), consumo de alcohol (González-Yubero et al., 2020), riesgo suicida (Gómez-Tabares et al., 2023) y síndrome de burnout (Hidalgo Jurado et al., 2023), entre otros.

Método

La presente investigación tuvo un enfoque cuantitativo y transversal de dos fases. La primera fase se compuso de un estudio instrumental, al diseñar y validar una escala de riesgos psicosociales desde la perspectiva bioecológica de Bronfenbrenner (Ato et al., 2013). La segunda fase se compuso de un estudio descriptivo y correlacional, basado en el análisis de la escala referida en relación con la inteligencia emocional, y el malestar emocional representado por síntomas de depresión, ansiedad y estrés.

Participantes

La primera fase del estudio incluyó a 3005 jóvenes ecuatorianos, con una edad promedio de 18.73 años (DT = .93). Del total, el 12.9% se identificó como mujer, mientras que el 87.1% se percibió como hombre. En cuanto al estado civil, el 86.6% reportó ser soltero al momento de la investigación. Respecto a la distribución geográfica, el 66.1% indicó residir en la región Costa, el 20.5% en la Sierra, y el restante se distribuyó entre la región Insular y el Oriente. En términos de ubicación, el 52.5% reportó vivir en zonas urbanas, mientras que el 34.4% en zonas rurales. En relación con la composición del hogar, el 58.6% manifestó vivir con ambos padres y hermanos, el 16.7% con uno solo de los padres, y el restante con otros familiares o en condiciones distintas. El muestreo para ambas fases del estudio fue no aleatorio, por conveniencia.

La segunda fase del estudio se conformó por 1434 participantes, con una edad promedio de 18.05 años (DT = 5.85). El 76.78% se identificó como hombre y el 23.21% como mujer. Respecto a la distribución geográfica, el 62.7% indicó residir en la región Costa, el 29.15% en la Sierra, y el restante se agrupó entre la región Insular y el Oriente. En cuanto a la ubicación, el 61.38% declaró vivir en zonas urbanas, mientras que el 38.62% en zonas rurales.

Instrumentos

Escala de Riesgos Psicosociales. Se utilizó la versión final del instrumento diseñado y validado para medir riesgos psicosociales, se reponde con escala de respuesta Likert de 4 puntos y se compone de 44 reactivos distribuidos en seis factores: 1) conductas impulsivas y exposición a la criminalidad; 2) competencias socioemocionales y red de apoyo familiar; 3) inseguridad económica y dependencia familiar; 4) ausencia de redes de apoyo familiar y educativa; 5) malestar psicoemocional y disfuncionalidad familiar; y 6) ambiente comunitario violento y redes disfuncionales.

Escala de Inteligencia Emocional de Wong & Law. Se aplicó la versión adaptada al castellano y en jóvenes ecuatorianos de la escala de Wong y Law, que contiene 16 reactivos ordenados en escala de respuesta Likert de 7 puntos para analizar la inteligencia emocional percibida. Se integra de los siguientes factores: 1) evaluación de las propias emociones o percepción intrapersonal; 2) evaluación de las emociones de los demás o percepción interpersonal; 3) uso de las emociones o asimilación; y 4) regulación de las emociones (Ortiz et al., 2023).

Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés. Se utilizó la versión en español de la Escala de Depresión, Ansiedad y Estrés (DASS-21), misma que ha evidenciado su validez y fiabilidad en jóvenes universitarios ecuatorianos (Sanmartín et al., 2021). Compuesta por 21 ítems, ordenados en cuatro opciones de respuesta, es un instrumento que mide síntomas asociados con dichas condiciones que, en su conjunto, forman parte del malestar emocional durante la última semana previa a su aplicación.

Se estructuró un formulario en línea con los instrumentos referidos y se distribuyó principalmente por correo electrónico y vía mensajería para teléfonos inteligentes.

Procedimiento

Durante la primera etapa del estudio se llevó a cabo el proceso de validación de la escala de riesgos psicosociales, el cual comprendió las siguientes fases: 1) construcción de los ítems, basada en la teoría bioecológica de Bronfenbrenner (2005); 2) validación de contenido, realizada por nueve expertos en psicología, cuya evaluación fue analizada mediante la V de Aiken, incluyendo sus respectivos intervalos de confianza al 95%; y 3) validación de constructo, a través del análisis factorial exploratorio y confirmatorio.

La segunda etapa del estudio consistió en el análisis relacional de la escala de riesgos psicosociales y la inteligencia emocional, considerando esta última como variable mediadora del malestar emocional, operacionalizado en síntomas de depresión, ansiedad y estrés. Para ello, se realizaron análisis descriptivos, correlacionales y de mediación, con el apoyo del software estadístico SPSS v. 25 y su extensión Amos v. 22.

En ambas etapas se informó a los participantes sobre los objetivos de la investigación, se solicitó su consentimiento informado y se les aclaró que podían retirarse del estudio en cualquier momento. Asimismo, se garantizó la confidencialidad absoluta de sus respuestas, conforme a los principios éticos vigentes.

Resultados

Primera etapa

Validación de contenido

Durante la primera etapa, se construyeron 93 reactivos distribuidos equitativamente entre los factores de ontosistema, microsistema, mesosistema, exosistema, macrosistema y cronosistema. Posteriormente, se sometieron a un análisis de contenido a partir de criterios de relevancia, pertinencia y claridad, obteniéndose para todos los ítems puntuaciones de la V de Aiken entre .67 y 1 (x̄ = .95), con un intervalo de confianza promedio al 95% de .79 a .98. Con base en estos resultados, se realizaron los ajustes recomendados por los jueces, principalmente en cuanto a redacción, y se llevó a cabo un piloto con 50 sujetos para verificar la correcta aplicación del instrumento y la coherencia de la respuesta de los participantes.

Adicionalmente, durante el pilotaje, se solicitó a los participantes evaluar cuatro aspectos del instrumento, con cuatro niveles de respuesta: a) claridad en las instrucciones; b) claridad en los enunciados o aseveraciones; c) facilidad en la selección de las respuestas; y d) satisfacción con el instrumento. Se calcularon los estadísticos correspondientes mediante la prueba t para una muestra, con una media teórica de 3.0, obteniéndose los valores de dicha prueba: 3.91 (p < .001, gl = 45), 5.63 (p < .001, gl = 45), 2.21 (p < .020, gl = 45) y 5.15 (p < .001, gl = 45) para cada uno de los aspectos evaluados. Estos resultados validaron el proceso de pilotaje, lo que permitió proceder con la aplicación en la muestra final.

Validación de constructo

En una primera instancia, se llevó a cabo el análisis factorial exploratorio (AFE) con 1700 casos. Se calcularon el índice de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO) y la prueba de esfericidad de Bartlett. El valor obtenido para el índice KMO fue de .961, y la prueba de Bartlett resultó significativa, con un valor de .975 (X² = 71410.655, gl = 4278, p < .001), lo que confirmó la idoneidad del AFE y la existencia de correlaciones significativas entre los ítems. Este análisis se realizó utilizando el método de componentes principales, con rotación Oblimin, que asumió la interrelación entre factores. Además, se empleó una matriz de correlaciones policóricas, con 100 iteraciones y suprimiendo cargas factoriales menores a 0.40.

En cuanto a las comunalidades, se depuraron los reactivos con valores inferiores a 0.50. Tras esta depuración, se procedió a analizar nuevamente la escala, resultando en 44 ítems que cumplieron el criterio establecido. Posteriormente, se ejecutó un nuevo AFE, obteniendo un valor de KMO de .961 y una prueba de Bartlett significativa (X² = 39871.204, gl = 1128, p < .001). Para este análisis, se extrajeron 6 factores mediante el criterio de análisis paralelo de Horn, los cuales explicaron el 54.46% de la varianza. Los valores de fiabilidad, medidos con el Alpha de Cronbach, oscilaron entre .73 y .94.

En la siguiente tabla se muestran las cargas factoriales por reactivo en su respectivo factor, así como sus valores de fiabilidad (Tabla 1).

Tabla 1. Cargas factoriales y consistencia interna por factor.
FactorAseveraciónF1F2F3F4F5F6
Factor 1: Conductas impulsivas y exposición a la criminalidad (α = .94)
F1En los últimos 6 meses he ido a cabarets (prostíbulos)0.7230.312
F1He tenido sexo estando borracho en los últimos 6 meses0.7110.325
F1Me relaciono/llevo bien/tengo contacto con pandillas0.6970.389
F1Alguna vez empujé a mi pareja0.6920.318
F1Alguna vez me peleé estando ebrio0.6770.365
F1Me gusta tener sexo casual con personas que no son mi pareja0.670.408
F1Alguna vez he tenido dos parejas sexuales a la vez0.6640.327
F1He ido a visitar a algún familiar en la cárcel en el último año0.610.459
F1Algún miembro de mi familia ha sido acusado de asesinato/homicidio0.5990.342
Factor 2: Competencias socioemocionales y red de apoyo familiar (α = .92)
F2Seguir preparándome, me ayudará a salir adelante0.806
F2Creo que cualquier problema se puede solucionar dialogando0.784
F2Soy capaz de lograr todo lo que me propongo0.775
F2Generalmente, me siento tranquilo/a0.7610.298
F2Me llevo bien con la gente que vive cerca de mi casa0.757
F2Converso frecuentemente con mis padres en casa0.7490.315
F2Mi familia apoya mis decisiones de emprender proyectos personales0.748
F2Siempre tuvimos una buena relación entre mis padres y yo0.7410.328
F2La violencia genera violencia, por eso la evito0.656
F2A pesar de ser un adulto/a, mis padres siguen pendientes de mi0.650.306
F2Espero tener una relación buena con mi pareja, como la que tienen mis papás0.5840.312
Factor 3: Inseguridad económica y dependencia familiar (α = .80)
F3No planeo mudarme de la casa de mis papas en un futuro0.747
F3Haría lo que sea, con tal de tener ingresos económicos, aunque sea algo ilegal0.3180.720.295
F3Necesito tener ingresos urgentemente0.7040.327
Factor 4: Ausencia de redes de apoyo familiar y educativa (α = .73)
F4No terminé el colegio0.729
F4No he visto en persona a mi padre/madre en este año0.705
F4No conozco/no hablo con uno de mis padres0.695
F4No viví con ambos padres durante mi infancia0.6940.308
F4Mis padres se separaron cuando era niño/a0.3150.685
F4Uno de mis padres falleció cuando yo era menor de edad0.670.352
F4Crecí sin la presencia constante de mis padres0.670.389
Factor 5: Malestar psicoemocional y disfuncionalidad familiar (α = .93)
F5Siento que los demás se ven mejor que yo0.755
F5Casi siempre me siento solo/a0.736
F5No me agrada mi apariencia física cuando me veo en el espejo0.726
F5Generalmente no comprendo lo que siento0.723
F5En mi casa se enojan conmigo frecuentemente, aunque yo no tenga la culpa0.3280.718
F5Siento que en mi familia no me escuchan0.3050.714
F5A veces me pongo triste o enojado rápidamente y con facilidad0.707
F5Existen peleas frecuentes en mi familia0.6610.297
F5Mi familia no me comprende0.649
F5Cuando era pequeño/a, mis padres me insultaban y humillaban (tonto/a, inútil, etc.)0.6440.315
F5Cuando era pequeño/a mi padre me golpeaba0.3080.64
F5Presencié violencia entre mis padres durante mi infancia0.3120.579
F5Sufrí maltrato físico o psicológico en mi infancia0.5570.336
F5Me cuesta expresar lo que siento0.3290.473
F5A veces siento que no valgo nada0.3180.444
Factor 6: Ambiente comunitario violento y redes disfuncionales (α = .89)
F6Conozco personas que consumen drogas (marihuana, cocaína, base, cemento de contacto, etc.)0.3050.726
F6Hay peleas frecuentes en mi barrio0.651
F6Conozco a personas que portan cuchillos o armas de fuego0.3420.611
F6Tengo un familiar que ha estado preso en la cárcel0.3860.604
F6En mi barrio existen varias pandillas0.3150.582
F6Tengo familiares (padres, hermanos, tíos, primos) que consumen drogas0.3180.538
F6Tengo un familiar (padres, hermanos, tíos, primos) que fue acusado de vender drogas, hacer estafas o robos0.2970.489

Para evaluar la estructura factorial generada, se realizó un análisis factorial confirmatorio (AFC) utilizando el método de máxima verosimilitud con 1305 casos, dada la amplitud de la muestra. La evaluación del ajuste del modelo se llevó a cabo mediante diversos índices de bondad de ajuste, cuyos resultados fueron los siguientes: χ²(3347.659) / gl(973) = 3.44, lo cual indica una estimación aceptable. Otros índices, como el Comparative Fit Index (CFI) = .94 y el Tucker-Lewis Index (TLI) = .93, reflejan un ajuste óptimo del modelo. Además, el Root Mean Square Error of Approximation (RMSEA) = .043 se encuentra en un rango óptimo y el Standardized Root Mean Square Residual (SRMR)= .031 refuerza la validez del modelo factorial confirmado. Las cargas estandarizadas de regresión por reactivo oscilaron entre .49 y .87, siendo todas significativas y con una probabilidad de error menor al 1%.

Adicionalmente, se calcularon la varianza extractada media (VEM) y la confiabilidad compuesta (CC) para cada factor: 1) conductas impulsivas y exposición a la criminalidad (VEM = .62, CC = .94); 2) competencias socioemocionales y red de apoyo familiar (VEM = .51, CC = .92); 3) inseguridad económica y dependencia familiar (VEM = .56, CC = .80); 4) ausencia de redes de apoyo familiar y educativa (VEM = .49, CC = .73); 5) malestar psicoemocional y disfuncionalidad familiar (VEM = .64, CC = .93); y 6) ambiente comunitario violento y redes disfuncionales (VEM = .52, CC = .89). Estas medidas complementan el análisis de validez y proporcionan soporte adicional a la pertinencia del modelo propuesto.

Segunda etapa

La segunda etapa del estudio consistió en un análisis correlacional y de mediación de la escala previamente validada en relación con la inteligencia emocional y el malestar emocional. Como primer paso, se presenta el análisis descriptivo y correlacional de las variables implicadas (Tabla 2).

Tabla 2. Análisis descriptivo y correlacional
VariableEPMEEDUEREDEPANSESTCICCSFIEDAAFEMPDACV
1. EPMRho—
2. EEDRho.638***—
3. UERho.610***.676***—
4. RERho.654***.724***.680***—
5. DEPRho-.029-.147***-.096***-.162***—
6. ANSRho-.057*-.162***-.103***-.178***.776***—
7. ESTRho-.024-.127***-.092***-.140***.807***.808***—
8. CICRho-.161***-.225***-.165***-.227***.247***.306***.240***—
9. CSFRho.147***.129***.096***.171***.075**.081**.069**.375***—
10. IEDRho-.163***-.178***-.144***-.201***.118***.132***.056*.596***.410***—
11. AAFERho-.107***-.170***-.114***-.153***.221***.249***.188***.708***.316***.490***—
12. MPDRho-.152***-.241***-.190***-.243***.433***.461***.396***.803***.420***.552***.664***—
13. ACVRho-.108***-.209***-.151***-.202***.360***.412***.353***.791***.311***.469***.600***.786***—
Media (DT)5.47 (1.32)5.57 (1.31)5.39 (1.23)5.73 (1.29).52 (.60).50 (.62).60 (.64)1.25 (.59)2.47 (1.15)1.86 (.66)1.47 (.76)1.66 (.68)1.46 (.66)
α.81.85.75.90.87.89.88.93.97.62.71.92.88
Notas: EPM: evaluación de las propias emociones; EED: evaluación de las emociones de los demás; UE: uso de las emociones; RE: regulación de las emociones; DEP: depresión; ANS: ansiedad; EST: estrés; CIC: conductas impulsivas y exposición a la criminalidad; CSF: competencias socioemocionales y red de apoyo familiar; IED: inseguridad económica y dependencia familiar; AAFE: ausencia de redes de apoyo familiar y educativa; MPD: malestar psicoemocional y disfuncionalidad familiar; y ACV: ambiente comunitario violento y redes disfuncionales. * p < .05, ** p < .01, *** p < .001.

Paralelamente al análisis descriptivo, se aplicó la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk, obteniéndose valores entre .78 y .98 (p < .001), lo que indicó una distribución no normal de los datos y justificó la utilización del coeficiente Rho de Spearman. Se observaron correlaciones altamente significativas, predominantemente negativas, entre las subescalas que componen la inteligencia emocional y las de riesgos psicosociales. Por otra parte, estas últimas mostraron correlaciones positivas y significativas con las subescalas del malestar emocional. Estos hallazgos ponen en evidencia la validez de criterio que posee la escala diseñada.

Asimismo, destacan por sus valores de media más elevados las subescalas de regulación emocional, estrés y competencias socioemocionales y red de apoyo familiar. Por su parte, el uso de las emociones, la ansiedad, y conductas impulsivas y exposición a la criminalidad se observan los valores más bajos.

Como última parte del estudio, se procedió a realizar el análisis de mediación, mismo que se presenta enseguida (Tabla 3).

Tabla 3. Análisis de mediación.
Tipo de EfectoRutaEstimaciónError TípicoValor ZpIC InferiorIC Superior
Efectos directosRPSC→ ME.318.02214.248< .001.274.361
Efectos indirectosRPSC → EPM → ME-.01.006-1.558.119-.022.003
RPSC→ EED→ ME.005.0041.278.201-.003.012
RPSC→ UE→ ME-.006.004-1.464.143-.014.002
RPSC→ RE → ME.021.0082.666.008.006.037
Efectos totalesRPSC→ ME.328.02214.592< .001.284.372
Efectos indirectos totalesRPSC→ ME (vía IE).01.0051.979.048≈ .0001.02
Notas. Valores de R cuadrado: ME: .137; EPM: .002; EED: .006; UE: .005; RE: .006. RPSC: riesgos psicosociales; ME: malestar emocional; IE: inteligencia emocional.

Según los resultados anteriores, destaca que el malestar emocional, caracterizado por síntomas de depresión, ansiedad y estrés, se encuentra significativamente influido por los riesgos psicosociales. Asimismo, la regulación emocional puede ser un factor protector ante el malestar emocional. A manera de complemento, se presenta a continuación la representación del modelo (Figura 1).

Figura 1. Representación del análisis de mediación
Figura 1. Representación del análisis de mediación
Notas: * p <.05, ** p <.001. EPM: evaluación de las propias emociones; EED: evaluación de las emociones de los demás; UE: uso de las emociones; RE: regulación de las emociones.

El modelo muestra que los riesgos psicosociales incrementan el malestar emocional, y este efecto es mediado parcialmente por la regulación emocional.

Discusión

La primera fase del estudio se planteó diseñar y validar una escala de riesgos psicosociales, basada en la teoría bioecológica de Bronfenbrenner, que permita evaluar de forma integral los factores individuales, interpersonales y contextuales que influyen en el malestar emocional. Este estudio ha demostrado empíricamente que el Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial es válido, confiable, pertinente y tiene capacidad discriminativa para identificar FRP desde el modelo bioecológico y puede utilizarse para identificar personas con tendencias a la vulnerabilidad derivadas de los FRP, siendo un esfuerzo pionero al integrar múltiples factores dentro de una dinámica compleja.

Como parte de la segunda fase la investigación, y tras la aplicación del Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial a jóvenes ecuatorianos, se identificaron correlaciones estadísticamente significativas entre los seis factores propuestos y el malestar emocional. Esto corrobora que los FRP se manifiestan en escenarios que afectan el bienestar psicológico y propician la aparición de síntomas como depresión, ansiedad y estrés.

Estudios previos han reportado hallazgos similares al vincular la disfuncionalidad familiar con la sintomatología psicológica en estudiantes de bachillerato (Chávez Acurio & Lima Rojas, 2023), universitarios (Ortega Segura et al., 2022) y personas adultas mayores (Macas Ordoñez, 2023). Estas asociaciones pueden explicarse por la presencia de relaciones distantes, comunicación ineficaz y dinámicas caóticas en contextos familiares disfuncionales, lo cual no proporciona el soporte necesario para el desarrollo de habilidades sociales que permitan afrontar adecuadamente los FRP presentes en diversos sistemas. En contraste, otros estudios como los reportados por Caguana-Sopa y Tobar-Viera, (2022) sostienen que la disfuncionalidad familiar no guarda una relación directa con el estrés, atribuyendo la sintomatología a factores como la edad o a estímulos externos, tales como dificultades académicas o laborales (Gómez Francisco et al., 2021).

Por otra parte, los factores de riesgo sociodemográficos, tales como la precariedad económica, el bajo nivel educativo, la alta criminalidad o la negligencia parental, también inciden en el desarrollo de alteraciones emocionales y conductas impulsivas o desadaptativas, que a menudo intentan ser funcionales dentro de un entorno disfuncional. Estos resultados coinciden con investigaciones que han evidenciado correlaciones entre estrés, ansiedad, depresión y FRP como los índices de criminalidad (Torres-Soto et al., 2023), el consumo de alcohol (Aquino-Canchari et al., 2023) y de drogas (Cuesta Mosquera et al., 2022).

Las evidencias obtenidas permiten comprender que el contexto sociocultural influye directamente en el desarrollo biopsicosocial del individuo, determinando tendencias en su actitud. A su vez, el sujeto, a través de su interacción consciente e intencional, transforma los sistemas sociales, generando un ciclo de interdependencia que se expresa a nivel filogenético, ontogenético y cultural (Patrício do Amaral et al., 2015). Dado que estos sistemas están interrelacionados y anidados, la disfunción de un sistema puede convertirse en un factor de riesgo para otro, generando un efecto dominó, dada la circularidad sistémica.

En contraste, la inteligencia emocional (IE) ha mostrado correlaciones negativas con los FRP y el malestar emocional, en línea con lo reportado por Moral Castro y Pérez Dueñas (2022). La IE permite regular y redirigir emociones, cogniciones y conductas. Estos hallazgos sugieren que competencias como la autoconciencia emocional, la autorregulación, la motivación interna, la empatía y las habilidades sociales facilitan la adaptación a contextos adversos. A su vez, estas competencias promueven una personalidad resiliente, actuando como un mecanismo de autoprotección psicológica. La IE favorece una interpretación más constructiva de situaciones críticas, mediante el uso de estrategias de afrontamiento y regulación emocional adaptativa (Ruiz-Aranda et al., 2014). Según Gross y John (2003), la IE permite identificar y modificar las emociones, regulando su intensidad, duración y valencia, lo que potencia la autoestima.

Los resultados aquí presentados coinciden con estudios que demuestran que la regulación emocional –al ser la única variable que posee un efecto mediador significativo- reduce la presencia de emociones negativas como el miedo, la ira o la tristeza (Moroń & Biolik-Moroń, 2021), ansiedad (Moral Castro & Pérez Dueñas, 2022), el estrés laboral y el síndrome de burnout (Hidalgo Jurado et al., 2023), la depresión (Montero Saldaña et al., 2022), entre otros trastornos. Además, la IE no solo previene el malestar emocional, sino que también promueve estilos de vida saludables (Bermejo-Martins et al., 2021), contribuyendo a romper el ciclo de retroalimentación entre los FRP y el malestar emocional.

Entre las limitaciones del presente estudio, cabe destacar el uso de medidas de autoinforme, lo que podría haber generado distorsiones debido a la influencia de variables externas durante la aplicación del Cuestionario Multifactorial de Riesgo Psicosocial. En futuras investigaciones, se recomienda aplicar el instrumento en entornos controlados para reducir el sesgo ambiental. Por otro lado, si bien este estudio consideró la depresión, la ansiedad y el estrés como indicadores de malestar emocional ante la presencia de FRP, sería relevante profundizar en su relación con patrones cognitivos y conductuales como la impulsividad, la agresividad, el abandono escolar, el bajo rendimiento laboral o el consumo de sustancias. También, es pertinente señalar que la exposición constante a un mismo factor puede derivar en la normalización de ese estímulo, lo que vuelve necesario analizar la relación entre los FRP, la percepción de inseguridad y la capacidad adaptativa de los individuos. Finalmente, hay características específicas de la muestra, como mayor proporción de hombres y que en su mayoría son jóvenes en transición a la adultez. Se recomienda en futuros trabajos equilibrar la proporción de hombres y mujeres, así como ampliar el espectro etario en los participantes para obtener una perspectiva más clara de la influencia de los FRP ante la IE y el malestar emocional.

Conclusiones

En el marco del modelo bioecológico, la presencia de factores de riesgo psicosocial aumenta la probabilidad de desarrollar malestar emocional, operacionalizado en este estudio mediante los síntomas de depresión, ansiedad y estrés. No obstante, los contextos que generan redes de apoyo y contención para el sujeto pueden actuar como factores protectores. En particular, la inteligencia emocional se manifiesta como una competencia clave que modula el efecto de los FRP y favorece estrategias de afrontamiento y conductas adaptativas. Estos hallazgos subrayan la necesidad de diseñar intervenciones psicosociales, desde un enfoque bioecológico, que se articulen entre los distintos sistemas que rodean al individuo. La IE, como factor mediador, pone de relieve la importancia del locus de control interno y enfatiza la necesidad de fomentar procesos permanentes de autoconocimiento y adaptación continua.

Conflicto de intereses:

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

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