En el contexto de la universidad neoliberal chilena, marcada por la lógica de rendimiento, competencia y autosuficiencia, las relaciones de amistad entre mujeres académicas emergen como una dimensión escasamente explorada. Este artículo investiga cómo estas amistades operan como prácticas sociales situadas, atravesadas por género, afectos y poder. El objetivo es comprender cómo las relaciones de amistad entre mujeres académicas son construidas e interpretadas en el marco de la universidad chilena contemporánea, y cómo se entrelazan con experiencias de sostenimiento, reconocimiento y pertenencia en contextos institucionales atravesados por la desigualdad.
Desde un enfoque cualitativo, el estudio se basa en 40 entrevistas activas realizadas entre 2021 y 2024 a mujeres académicas de distintas disciplinas y tipos de instituciones de educación superior en Chile, seleccionadas mediante muestreo por conveniencia. A partir del análisis afectivo-discursivo de los relatos, se identificaron tres repertorios interpretativos: amistades que sostienen, amistades que (re)conocen y amistades que desbordan. Los resultados muestran que estas relaciones no solo resisten la precarización, sino que también reproducen tensiones y exclusiones propias del régimen académico. El trabajo aporta a los debates sobre género, afectos y organización, subrayando el valor político de los vínculos como territorios donde se disputa la habitabilidad de la universidad.
En el contexto de la universidad neoliberal chilena, marcada por la lógica de rendimiento, competencia y autosuficiencia, las relaciones de amistad entre mujeres académicas emergen como una dimensión escasamente explorada. Este artículo investiga cómo estas amistades operan como prácticas sociales situadas, atravesadas por género, afectos y poder. El objetivo es comprender cómo las relaciones de amistad entre mujeres académicas son construidas e interpretadas en el marco de la universidad chilena contemporánea, y cómo se entrelazan con experiencias de sostenimiento, reconocimiento y pertenencia en contextos institucionales atravesados por la desigualdad.
Desde un enfoque cualitativo, el estudio se basa en 40 entrevistas activas realizadas entre 2021 y 2024 a mujeres académicas de distintas disciplinas y tipos de instituciones de educación superior en Chile, seleccionadas mediante muestreo por conveniencia. A partir del análisis afectivo-discursivo de los relatos, se identificaron tres repertorios interpretativos: amistades que sostienen, amistades que (re)conocen y amistades que desbordan. Los resultados muestran que estas relaciones no solo resisten la precarización, sino que también reproducen tensiones y exclusiones propias del régimen académico. El trabajo aporta a los debates sobre género, afectos y organización, subrayando el valor político de los vínculos como territorios donde se disputa la habitabilidad de la universidad.
In the context of Chilean neoliberal universities, marked by the logic of performance, competition, and self-sufficiency, friendships among female academics emerge as a largely unexplored dimension. This article investigates how these friendships operate as situated social practices, traversed by gender, affect, and power. The objective is to understand how friendships between female academics are constructed and interpreted within the framework of the contemporary Chilean university, and how they are intertwined with experiences of support, recognition, and belonging in institutional contexts marked by inequality.
Using a qualitative approach, the study is based on 40 active interviews conducted between 2021 and 2024 with female academics from different disciplines and types of higher education institutions in Chile, selected through convenience sampling. Based on an affective-discursive analysis of the narratives, three interpretive repertoires were identified: friendships that sustain, friendships that (re)cognize, and friendships that overflow. The results show that these relationships not only resist precariousness, but also reproduce tensions and exclusions inherent in the academic regime. The work contributes to debates on gender, affections, and organization, highlighting the political value of bonds as territories where the habitability of the university is disputed.
Friendship, Gender, Affection, Academia, Social psychology of work
En las últimas décadas, la educación superior en Chile ha sido transformada por políticas públicas ancladas a lógicas de mercado. Inspiradas en el modelo de gestión del New Public Management (NPM) (
Este modelo ha intensificado y precarizado las condiciones laborales en el ámbito universitario (
Estas transformaciones no operan sobre un campo neutro, sino que se instalan sobre estructuras tradicionalmente
En Chile, si bien las universidades han incorporado políticas de género en respuesta a las movilizaciones feministas de 2018 (
Siguiendo a autoras como
Este trabajo tiene por objetivo comprender cómo las relaciones de amistad entre mujeres académicas son construidas e interpretadas en la universidad chilena contemporánea, y cómo se entrelazan con experiencias afectivas, laborales y modos de pertenecer al ámbito universitario..
A partir del análisis de 40 entrevistas, esta investigación indaga cómo las amistades entre mujeres operan como prácticas de sostenimiento, reconocimiento y resistencia frente a las tensiones del modelo neoliberal universitario. De este modo, el artículo contribuye a los debates sobre género, afectos y organización, proponiendo una mirada situada sobre la vida académica y sus posibilidades de transformación.
Las desigualdades de género en la universidad han sido ampliamente documentadas, evidenciando una distribución desigual de oportunidades, financiamiento, jerarquía y reconocimiento académico. Aunque la participación de mujeres en investigación ha aumentado en América Latina (45,1%), en Chile apenas alcanza el 33,1% (
Estas disparidades se acentúan en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), donde persisten barreras de acceso, reconocimiento y permanencia. Chile continúa siendo uno de los países con menor porcentaje de mujeres tituladas en STEM dentro de la OCDE, con solo un 7,8%, muy por debajo del promedio OCDE del 14% (
A nivel general, aunque la matrícula de mujeres en programas de Magíster se mantiene cercana a la paridad y en Doctorado alcanza un 43%, su representación disminuye progresivamente en los tramos más altos de la carrera científica. Actualmente, solo el 35,8% del personal dedicado a investigación en Chile corresponde a mujeres, y apenas el 21% de las solicitudes de patentes realizadas entre 2013 y 2022 fueron hechas por ellas (
Estas desigualdades también afectan el acceso a posiciones de liderazgo. Según el
Más allá de los indicadores cuantitativos, investigaciones recientes han mostrado que las brechas de género también se inscriben en el plano subjetivo. Las trayectorias de muchas académicas están marcadas por experiencias de extrañeza, precariedad y exclusión simbólica (
Desde esta perspectiva, las políticas de género centradas exclusivamente en cerrar brechas numéricas tienden a despolitizar las raíces estructurales del problema. Como advierte
Estas condiciones estructurales conforman el trasfondo desde el cual emergen las relaciones de amistad entre mujeres académicas. Más que una respuesta individual, estas amistades pueden entenderse como prácticas situadas que habilitan sostenibilidad y pertenencia, pero también reproducen tensiones propias del régimen universitario. Su análisis permite visibilizar dimensiones afectivas y relacionales que no suelen aparecer en los diagnósticos institucionales, pero que resultan claves para pensar las posibilidades de estar y permanecer en la universidad neoliberal.
En el contexto de la universidad neoliberal, caracterizada por la valorización del rendimiento individual, la competencia permanente y la autoexplotación como formas hegemónicas de éxito (
En este régimen, los afectos no desaparecen, sino que son orientados por marcos normativos que legitiman ciertos vínculos y desvalorizan otros, reforzando la fragmentación del trabajo académico y el aislamiento entre pares. Así, la universidad se aleja de pensarse como una comunidad de conocimiento para convertirse en una estructura gobernada por el rendimiento, donde también los vínculos se orientan por los imperativos del éxito meritocrático (
Desde esta problematización, resulta relevante distinguir entre amistad, afecto y sostenimiento. Como plantea
Históricamente, la amistad ha sido relegada a una esfera íntima o secundaria, particularmente en los estudios sobre el trabajo y las organizaciones (
Sin embargo, estas relaciones no se dan por fuera de los regímenes de género, clase y poder que configuran qué vínculos son posibles, bajo qué condiciones y con qué consecuencias (
Los afectos no son inocuos. Como plantean
Desde esta ambivalencia, y siguiendo a
Este artículo se enmarca en una investigación cualitativa que indaga cómo se reconfiguran las trayectorias y subjetividades académicas en la universidad chilena contemporánea, atravesada por la lógica de rendimiento, productividad y competencia. Desde un enfoque situado (
El diseño de la investigación fue aprobado por el Comité de Bioética de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello (Acta N° 90660/2020). Todas las participantes firmaron un consentimiento informado previo a la realización de las entrevistas, el cual explicitaba los objetivos del estudio, las condiciones de participación, la confidencialidad de la información y el uso académico de los datos. Con el fin de resguardar la integridad ética del estudio, los nombres de las participantes, así como las instituciones y organizaciones mencionadas, fueron completamente anonimizados.
El corpus analizado se compone de 40 entrevistas activas (
Las participantes fueron seleccionadas mediante un muestreo por conveniencia (
Las entrevistas se realizaron bajo la modalidad de entrevista activa (
El análisis de los datos se desarrolló de manera progresiva y reflexiva, combinando herramientas de la teoría fundamentada con enfoques de análisis discursivo-afectivo. En una primera etapa, se realizó una codificación
En una segunda etapa, los códigos fueron revisados y reorganizados atendiendo a valoraciones, posicionamientos afectivos y modos de relación entre cuerpos, discursos y estructuras institucionales. Siguiendo la perspectiva de las prácticas afectivas discursivas (
En una tercera etapa, se construyeron repertorios interpretativos (
El proceso de codificación y análisis del corpus se realizó utilizando el software ATLAS.ti (versión 9.1.3), lo que facilitó la gestión sistemática de los datos. El análisis se sostuvo desde una lógica interpretativa y reflexiva, privilegiando un trabajo cercano al texto y a los contextos de producción de los relatos.
En este apartado se presentan tres repertorios interpretativos construidos a partir del análisis afectivo-discursivo de las entrevistas. Lejos de homogeneizar las experiencias individuales, el objetivo es mostrar patrones relacionales que emergen entre subjetividades situadas, estructuras institucionales y relaciones de poder. Estos repertorios permiten comprender cómo las amistades entre académicas operan como prácticas sociales atravesadas por afectos, género y régimen neoliberal, y se organizan en tres dimensiones analíticas: (1) “Amistades que sostienen”, (2) “Amistades para (re)conocerse y pertenecer”, y (3) “Amistades que desbordan”.
En un entorno universitario marcado por la competencia, la sobrecarga y la lógica de autosuficiencia, las amistades entre mujeres académicas se configuran como vínculos que permiten resolver lo cotidiano y afrontar de forma colectiva las exigencias del quehacer académico. Desde la voz de una entrevistada:
“empezamos a hacer como una especie de amistad-trabajo, que ya ahora es solo amistad, pero fue muy importante para mí tener ese pilar” (E15).
Esta frase condensa la potencia y perdurabilidad de estos vínculos, que se entretejen con lo laboral y lo afectivo, que interrumpen la racionalidad individualizante de la universidad neoliberal (
Las entrevistadas destacan cómo estos vínculos facilitan reorganizar tiempos, compartir recursos y acompañarse en los desafíos académicos:
“¿qué hago yo?, me voy donde una amiga, a trabajar y estamos toda la tarde trabajando ahí juntas… apoyándonos” (E12).
Estas amistades permiten sostener rutinas laborales atravesadas por el desgaste y el desborde, pero también habilitan aprendizajes mutuos que interrumpen la lógica de la autosuficiencia individual. Como señalan dos entrevistadas:
“Con mi amiga y compañera tenemos que ponernos los ritmos, por ejemplo, estamos trabajando un sábado en la noche porque ella tiene que estar con su hijo, entonces ponemos horarios fijos y a trabajar… y ser eficientes en esos horarios que nos propusimos” (E07),
“…aprendemos mucho la una de la otra, porque nos desafiamos mucho mutuamente” (E10).
Estas prácticas configuran una pedagogía del cuidado situada, donde el tiempo, el saber y el afecto se entrelazan como recursos compartidos. También descansan en acuerdos tácitos que priorizan el cuidado sobre la competencia:
“siento que tenemos una relación tan bonita, o sea de no competencia… yo creo que nos propusimos, esto nunca lo hemos hablado pero, no competir” (E08)
En varios casos, estas amistades han sido fundamentales para crear redes colaborativas, sostener la investigación o simplemente sentirse menos solas:
“En una conversa muy cotidiana con amigas investigadoras, de cómo rendir y cómo… hay un montón de gifs y monitos de esto” (E22).
“Compartir con mis colegas cercanas es como lo único que pido, pero yo sé que está mal… ” (E31).
Esta última cita, cargada de ambivalencia, evidencia cómo el deseo de vincularse afectivamente en el entorno académico puede vivirse como una transgresión tácita. La culpa que expresa la entrevistada no surge de una falta objetiva, sino de la interiorización de un mandato institucional que valora la autosuficiencia por sobre la interdependencia. En este sentido, el solo deseo de compañía se vuelve una forma de resistencia silenciosa frente a las lógicas que facilitan la fragmentación y despolitización de los vínculos.
Siguiendo a
“Con ella [refiriéndose a su amiga y colega], hemos construido este sueño del centro de la educación en ciencias… ella ha sido bien importante, y sí ha incidido en mi forma de ver la academia” (E18).
“…nos ayudamos en todo [refiriéndose a amiga y colega con quien trabajan juntas actualmente], hemos hecho distintos trabajos para el ministerio y es como todo cincuenta y cincuenta, las dos estamos presentes… ha sido fundamental, y también con otras mujeres” (E40)
No obstante, estas formas de sostenimiento también enfrentan límites estructurales. Como advierte Martinussen (2019), incluso las redes afectivas pueden volverse frágiles frente a las exigencias del régimen académico. En palabras de una entrevistada:
“…y es con ellas hay una relación de apego … como de resistencia colectiva, que nos permiten resistir este espacio” (E15).
Aquí, el sostenimiento no se reduce a una estrategia funcional, sino que se constituye como una práctica relacional que habilita respuestas colectivas frente a la precariedad estructural. Tal como plantean
Más allá de la contención cotidiana, las amistades entre mujeres académicas también operan como espacios de reconocimiento mutuo, validación subjetiva y pertenencia, en un sistema que tiende a invisibilizar sus trayectorias y experiencias. En estructuras académicas atravesadas por la exclusión y la hiperproductividad (
Como plantean
Una entrevistada relata:
“Empecé a tomar consciencia de lo importante que son las mujeres en la academia para darte la mano y para tenderla. Y estas tres mujeres son las que marcaron así de forma importante y siguen marcando todo mi camino… yo les debo inmenso y son mis amigas” (E01).
En estas relaciones se produce un tipo de reconocimiento que muchas veces las instituciones niegan, uno que permite afirmarse sin competir y validarse sin demostrar permanentemente el propio valor. Otra entrevistada lo describe de la siguiente forma:
“Ella me acompañó y fue la que me hizo reconocerme [refiriéndose a amiga, quien en algún momento fue su profesora], … ella me fue marcando también y dando el impulso y la capacidad para poder darme cuenta de los logros que yo había obtenido” (E14).
Estas amistades también permiten redistribuir cuidados y acompañamiento en contextos donde las estructuras laborales premian la autosuficiencia y castigan la vulnerabilidad. Como señalan las entrevistadas, estos vínculos combinan contención, complicidad y aprendizaje compartido:
“Los hombres tienen muchas redes además en el mundo del trabajo… se hacen cómplices, se hacen amigos, entonces, las mujeres tenemos redes en la amistad, y nos apoyamos en la amistad, en las dificultades, en las penas…” (E06).
“Trabajé con mi tutora y con mi amiga, compañera del doctorado… aprendí mucho de ellas, mucho de los procesos, de la rigurosidad. Tenemos una red, redes que hemos creado entre nosotras para el trabajo colaborativo entre países” (E05).
En estos relatos, la amistad aparece como una forma de sostenimiento que no depende del reconocimiento institucional, sino de la afirmación que se construye en lo cotidiano, a partir de trayectorias compartidas y vínculos de confianza. En la palabras de una entrevistada:
“Somos colegas, hacemos cosas juntas… pero principalmente es porque somos amigas de la vida” (E14).
Como plantea
En otros relatos, la amistad aparece como un espacio donde es posible sentir y pensar lo académico, sin tener que simplificar la experiencia:
“…la Ange es como… mis dos válvulas, los lugares donde voy y puedo racionalizar y escuchar miradas muy diferentes” (E06).
Este tipo de vínculo habilita una reflexión compartida que reconoce la complejidad emocional del trabajo académico y permite sostenerse desde la diferencia.
No obstante, estas formas de reconocimiento también enfrentan tensiones relevantes. En contextos marcados por la competencia, las oportunidades limitadas y la necesidad de resolver estratégicamente las demandas institucionales, las amistades entre académicas pueden transformarse en recursos para gestionar la precariedad. En estos casos, el apoyo mutuo puede operar como una lógica afectiva de inclusión selectiva, que reproduce códigos de pertenencia basados en cercanías disciplinares, trayectorias previas o afinidades compartidas:
“Por intermedio de una amiga que trabaja en este centro, ella consiguió hablar con el director, y postulamos al proyecto ahí” (E27).
“Nos ponemos en los papers cuando tenemos vacíos… que ha pasado… es necesario apoyarse en eso” (E32).
Estas prácticas, aunque teñidas de afecto y complicidad, muestran que el reconocimiento también puede inscribirse en lógicas de rendimiento, acceso restringido y productividad. Como advierten Lipton (2020) y
Al mismo tiempo que estos vínculos habilita una intimidad política y afectiva que difícilmente encuentra lugar en los espacios institucionales formales. Este registro de confianza compartida posibilita la circulación de sospechas, miedos y fragilidades que suelen quedar silenciados en contextos marcados por la evaluación, la competencia y la exposición permanente. En palabras de una entrevistada:
“Entonces somos de las amigas que se cuentan esto: ‘oye, creo que me están jodiendo’, pero te lo voy a contar a ti” (E26).
Este tipo de relación evidencia cómo la amistad también puede operar como un refugio epistémico, donde es posible decir lo indecible y sostenerse desde una complicidad afectiva que desborda las lógicas meritocráticas sin quedar completamente fuera de ellas.
Más allá del sostenimiento cotidiano o del reconocimiento entre pares, algunas amistades entre mujeres académicas funcionan como espacios de imaginación colectiva. En un régimen universitario marcado por el rendimiento, la productividad y la autosuficiencia, estos vínculos desbordan los marcos institucionales y permiten ensayar formas de colaboración, creación y afectividad que no buscan ajustarse a los criterios dominantes de validación académica.
Estas amistades generan territorios donde se cultivan otras lógicas del hacer académico más lentas, creativas y gozosas. Como relata una académica:
“Fue todo un proceso maravilloso… lo acompañamos de un montón de podcast, como de humor, como en los programas de radio, muertas de la risa, como quitándole esa cosa densa… la pregunta era ¿cómo llegar a más personas?” (E37).
En este relato, la colaboración no se orienta necesariamente a la productividad ni al reconocimiento institucional, sino a la posibilidad de construir sentido compartido y sostener el deseo de crear juntas. Otra entrevistada lo expresa de la siguiente forma:
“Pudimos hacer un trabajo colectivo con otras de otras áreas… fue súper rico… ese trabajo fue muy muy potente… pero no se tradujo en ningún otro reconocimiento” (E18).
Estas experiencias muestran cómo la amistad habilita espacios que no persiguen validación formal, pero sí poseen un fuerte valor político y vital. En palabras de una entrevistada:
“Otra cosa que me gusta es poder juntarme como con mis amigas de acá [refiriéndose a la institución donde trabaja] conversar los temas, discutir, escuchar… eso me mantiene aquí” (E31).
Lejos de funcionar solo como soporte emocional, estas amistades también habilitan espacios de pensamiento colectivo, donde es posible elaborar lo académico desde la duda, la escucha y la diferencia:
“La Ange es mi… como mi… son como mis dos válvulas ¿no? como los lugares donde voy y puedo como sacar y racionalizar y escuchar distintas miradas muy diferentes” (E06).
En este marco, el conocimiento académico no se construye exclusivamente en los circuitos institucionales, sino que también circula entre redes afectivas y colaborativas. Como relatan las entrevistadas, estas amistades habilitan espacios de creación conjunta donde el pensamiento se despliega desde la confianza, la escucha y la curiosidad compartida:
“Para escribir trabajo con una amiga que no está en esta universidad, la conocí fuera del país… siento que realmente creamos juntas, pensamos juntas, no tenemos miedo a cometer errores sino a decir ‘¿Qué opinas de esto? No lo tengo claro’” (E02).
“Sí, son amigas y como que todos esos vínculos, como todas esas formas de nutrirme, conocimiento, como que llegan desde ahí, como desde la vereda de la amistad…” (E16).
Aquí, la amistad aparece como una infraestructura afectiva desde la cual se produce conocimiento relacional, situado y fecundo. Estas amistades que desbordan no solo resisten o sostienen lo existente, también ensayan modos alternativos de estar, trabajar y pensar la universidad. A través de gestos cotidianos y lenguajes afectivos, afirman otras formas de agencia colectiva. Aunque no están exentas de tensiones o exclusiones, su potencia radica en abrir espacios donde lo académico y lo afectivo se entrelazan para imaginar prácticas sostenibles y colectivas.
En el marco de los debates actuales sobre equidad de género en la educación superior, donde numerosas políticas se implementan sin alterar las estructuras que las sostienen, este trabajo propone una mirada situada que interroga lo institucional desde lo relacional y afectivo. Al desplazar el foco desde los dispositivos formales hacia las prácticas cotidianas, el análisis visibiliza dimensiones del trabajo académico que suelen quedar fuera de los diagnósticos organizacionales, en particular aquellas vinculadas al cuidado, el sostenimiento y los vínculos entre mujeres académicas.
En relación con el primer repertorio —
El segundo repertorio —
Finalmente, el repertorio —
Si bien el marco de los afectos feministas ha sido fundamental para politizar emociones y vínculos en la academia neoliberal (
En términos prácticos, los hallazgos de este estudio pueden orientar la revisión de diagnósticos institucionales y políticas de género que se han centrado casi exclusivamente en indicadores numéricos, incorporando la dimensión afectiva y relacional como eje para el diseño de programas de acompañamiento, redes de apoyo y estrategias de gestión más sostenibles. Superar las dicotomías entre lo emocional y lo racional, lo privado y lo público implica reconocer que el cuidado y los afectos no son dimensiones residuales, sino organizadoras de la vida en común y del trabajo académico. En un contexto institucional orientado por lógicas de rendimiento y competencia, estas prácticas afectivas no operan fuera de la universidad, sino en tensión constante con ella (







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