Jóvenes de hogares urbanos de Argentina
Lavboratorio
Nueva Época
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Primer semestre de 2018

Año 18, No. 28

Jóvenes de hogares urbanos de Argentina

Condiciones laborales y educativas en perspectiva comparada con la década del 90

Laura Saavedra

UNPAZ-UNAJ

Resumen

Este trabajo evalúa las transformaciones y continuidades en el mundo laboral y educativo de los jóvenes de 15 a 24 años residentes en hogares urbanos argentinos, durante los períodos 1991-2001/2002-2015, haciendo especial hincapié en las distintas posibilidades que cuentan de acuerdo a los recursos socio-ocupacionales y económicos de la familia de origen como en las estructuras de oportunidades brindadas en dos modelos de regulación estatal diferentes reflejados en los períodos analizados. Para ello se aborda el enfoque teórico de activos (recursos), vulnerabilidad y estructura de oportunidades.

A través de un abordaje metodológico cuantitativo, se destacan, comparativamente, las mejoras en los recursos laborales y educativos de los jóvenes en el período 2002-2015, especificadas por los activos o recursos familiares. Si bien no resultan suficientes para el problema de la integración social juvenil dada la gran heterogeneidad de los jóvenes por sus diferentes trayectorias y activos acumulados. Ante ello, se sugieren algunos aportes para pensar lineamientos de política.

 

Palabras claves: jóvenes, trabajo, educación, hogares urbanos, oportunidades, Argentina.

Abstract

This paper evaluates the transformations and continuities in the labor and educational world of young people aged 15 to 24 years residing in Argentine urban homes, during the periods 1991-2001 / 2002-2015, with special emphasis on the different possibilities that count according to the socio-occupational and economic resources of the family of origin as well as in the structures of opportunities offered in two different models of state regulation reflected in the periods analyzed. For this, the theoretical approach of assets (resources), vulnerability and structure of opportunities is addressed.

Through a quantitative methodological approach, comparative improvements in labor and educational resources of young people in the period 2002-2015, specified by assets or family resources, are highlighted. Although they are not enough for the problem of youth social integration given the great heterogeneity of young people because of their different trajectories and accumulated assets. Given this, some contributions are suggested to think policy guidelines.

 

Key words: young, work, education, urban households, opportunities, Argentina.

 

Recibido: Septiembre de 2017

Aprobado: Noviembre de 2017

 

Introducción

A mediados de los 70 la Argentina inicia un proceso de transformación estructural y de redefinición del rol regulatorio del Estado que se consolida con las reformas de los 90.

Ambos procesos, han repercutido de manera negativa sobre los balances económicos y ocupacionales de una gran mayoría de hogares de sectores populares y medios. Los jóvenes no han estado ajenos a estas reconfiguraciones de las relaciones sociales y económicas dominantes como de los tradicionales caminos de integración e inclusión social de los distintos sectores. Es más, han sido uno de los grupos sociales más perjudicados, pasando a ser el grupo etario con la tasa de desempleo más alta, de menores ingresos, menor permanencia y estabilidad en el mercado laboral y condiciones de contratación más precarias (Salvia y Saavedra, 1997; Miranda, 2007; Pérez, 2008; Molina Derteano y Robert, 2012).

A ello se suma la heterogeneidad social que los habita. Al respecto, existen al menos dos lógicas desde las cuales puede pensarse dicha heterogeneidad, la lógica de la diferencia (comúnmente de género, edad, etc.) y la lógica de la desigualdad (situación económico-social). Las cuales se superponen y plantean universos verdaderamente dispares en las distintas formas de “ser joven” (Escobar Cajamarca y Mendoza, 2005).

Ahora bien, durante el período 2002-2015, donde el Estado recupera su centralidad, acompañando a las instituciones de la sociedad y el mercado en la definición de oportunidades, y considerando la hipótesis acerca de que el patrón de crecimiento, el contexto macroeconómico y su impacto en el mercado de trabajo así como el contexto político, institucional y cultural que caracteriza a un país condicionan las posibilidades de inserción -económicas, socio-laborales y educativas- de los hogares y personas que lo conforman. En este trabajo se sostiene que las transformaciones acontecidas en el nuevo siglo en Argentina impactaron positivamente en los activos o recursos de una proporción considerable de hogares, y este proceso hizo posible la reapertura de algunos caminos de inserción laboral y educativa para muchos jóvenes. Si bien, las oportunidades de acceso e inserción en el mercado laboral como en el sistema educativo que logran los jóvenes están asociados significativamente a los recursos socio-ocupacionales y económicas de la familia de origen.

Partiendo del viraje con textual –económico, político, institucional y cultural- que caracteriza al nuevo siglo, los interrogantes que guían este trabajo son: ¿cuánto se ha modificado, desde una mirada comparativa con los 90, la participación de los jóvenes en los ámbitos laborales y educativos? ¿Cuáles han sido los cambios y cuáles las continuidades? A partir de estos interrogantes se busca identificar y evaluar la incidencia específica de las variaciones de factores individuales y familiares en la evolución de la condición de actividad (centrándose en la probabilidad de estar activos y de estar ocupados) y la asistencia educativa de los jóvenes urbanos argentinos.

Finalmente, este trabajo indaga en forma sucinta y exploratoria: ¿Cómo juegan las actuales estructuras de oportunidades en los tipos de puestos y condiciones de trabajo a los que pueden acceder los jóvenes y en la calidad educativa que alcanzan?

Estos interrogantes tienen su importancia en el hecho que el empleo continúa siendo la base material principal de la inclusión social y, por lo tanto, la disponibilidad de empleos de calidad juega un papel clave para la cohesión social. Esto vale especialmente para los jóvenes, pues la inserción laboral productiva les permite inte­grarse de manera crecientemente autónoma a la sociedad (Weller, 2009). Así también, la ampliación y el acceso a niveles escolares más elevados desempeñan un papel indiscutible en los procesos de movilidad y cohesión social. De allí que, la problemática juvenil pasa a ser un tema relevante en el ámbito de las políticas públicas en el contexto Latinoamericano. Hoy día los discursos apuntan a la necesidad de que los jóvenes puedan acceder a una ciudadanía plena, en la que trayectorias de inserción educativa y laboral exitosas aseguren la cohesión social y contribuyan al desarrollo social y económico (CEPAL, 2008; OIT, 2007).

De acuerdo con las preguntas planteadas, a continuación se sitúa, en primer lugar, el anclaje teórico y se detallan notas metodológicas relevantes. En segundo término se realiza un breve recorrido de los atributos demográficos, la asistencia educativa y la condición de actividad que caracterizan a los jóvenes como una descripción de los atributos indagados de los hogares en los que residen los jóvenes, en perspectiva comparada con los 90. En tercer lugar se muestran los factores contextuales, familiares e individuales asociados a los cambios laborales y educativos juveniles estudiados. En cuarto lugar, se realiza una aproximación a la calidad de la inserción laboral y educativa de los jóvenes de hogares urbanos en los períodos analizados. Finalmente se presentan las reflexiones finales.

Anclaje teórico

Como se ha dicho, el supuesto central del trabajo es que durante el período 2002-2015 mejoraron las oportunidades y los recursos educativos y laborales de los jóvenes en comparación con los 90, y ello disminuye las posibilidades de caer en la vulnerabilidad y en la marginalidad social11. Si bien por el (…) para este grupo. También se sostiene que esas posibilidades no resultan ser las mismas para todos los jóvenes, dado que ellas varían de acuerdo a los activos o recursos socio-ocupacionales y económicos de la familia de origen.

Para ello se aborda el enfoque teórico de activos, vulnerabilidad y estructura de oportunidades, remarcando la importancia de las políticas públicas en el marco de las respectivas estructuras (Filgueira, 2001, Katzman 2000, 2002, Wormald, Cereda y Ugalde, 2002, Katzman y Filgueira, 2006 y Hernández, 2012).

En particular, el concepto de vulnerabilidad hace su aporte en tanto escapa a la dicotomía pobre-no pobre, proponiendo la idea de configuraciones vulnerables (susceptibles de movilidad social descendente, o poco proclives a mejorar su condición), las cuales pueden encontrarse en sectores pobres y no pobres.

De este modo, la vulnerabilidad a la exclusión social o a la pobreza pasa a ser considerada como un producto tanto de la composición del portafolio de activos de los hogares (nivel “micro”) como de las cambiantes características de las estructuras de oportunidades (nivel "macro –estructural-") de acceso al bienestar asociadas al funcionamiento del Estado, del mercado y de la comunidad (Katzman,2000, 2002, Wormald, Cereda y Ugalde, 2002, Katzman y Filgueira, 2006 y Hernández, 2012).

El primer componente de la vulnerabilidad social, los activos, refiere a la posesión, control o movilización de recursos materiales y simbólicos que permiten al individuo desenvolverse en la sociedad (Filguera, 2001). Capital financiero, experiencia laboral, nivel educativo, composición y atributos de la familia, participación en redes y capital físico, son atributos que ejemplifican algunos de esos recursos.

El segundo componente de la vulnerabilidad social, está referido a la estructura de oportunidades que provienen del mercado, del estado y de la sociedad. El concepto de “estructura” hace referencia a los múltiples canales de acceso a las oportunidades, que se relacionan entre sí, por lo que el acceso a determinados bienes, servicios y actividades posibilita la adquisición de recursos que facilitan el acceso a otras oportunidades. Así, esta construcción conceptual busca vincular la situación microsocial, que desde esta perspectiva son los activos con los que cuentan los hogares / personas /grupos sociales para mejorar sus condiciones de vida, con la situación macrosocial, que es la estructura de oportunidades disponible (Filgueira, 2001).

El Estado, el mercado y la sociedad contribuyen mediante dos funciones, una facilita un uso más eficiente de los recursos que ya dispone el hogar y la otra provee nuevos activos o regenera aquellos agotados. Un ejemplo de la primera función son las guarderías infantiles, cuya utilización permite aprovechar mejor los recursos humanos del hogar con respecto a la meta de mejoramiento de la situación de bienestar. El ejemplo más claro de la segunda función es la provisión de oportunidades de educación gratuita por el Estado.

El mercado ha sido por excelencia la estructura de oportunidades considerada tradicionalmente. De esta manera, crisis o crecimiento económico, recesión, cambio tecnológico y transformaciones de la estructura productiva, son factores que modifican la estructura del mercado e inciden sobre las posibilidades de los individuos y hogares.

En lo que atañe a las instituciones -relaciones sociales-, se encuentran las diferentes formas de acción colectiva, la comunidad y la familia, tendencias demográficas y, en general, cambios en las instituciones primordiales de la sociedad.

Específicamente, este tipo de análisis permite indagar en torno a los activos educativos y laborales de los jóvenes en los períodos 1991-2001 y 2002-2015, considerando dos momentos históricos bien distintos en cuanto a la estructura de oportunidades y a las condiciones de acceso a las cadenas de movilidad e integración social generadas. En el primer período indicado, el mercado resulta central habiendo un debilitamiento y / o achicamiento de las estructuras de oportunidades existentes, mientras que en el segundo período el Estado recupera su centralidad, acompañando a las instituciones de la sociedad y el mercado, en la definición de oportunidades, con el consecuente incremento de estructuras de oportunidades como fortalecimiento de las existentes.

Notas metodológicas

Como se menciona anteriormente, aquí se busca indagar cómo ha evolucionado la participación laboral y educativa de los jóvenes de 15 a 24 años22. El Convenio so (…) en un modelo estatal con aumento en la capacidad regulatoria y protectora del Estado, tanto en la relación capital trabajo como en las políticas sociales (período 2002-2015), en comparación con el modelo estatal del período 1991-2001 de menor regulación en la esfera productiva, laboral y de protección social. Para ello se toma como punto de referencia analítica y contextual, los años 1998 y 201133. Los datos aquí (…) .

El año 1998 es utilizado como parámetro de comparación para evaluar el impacto sobre las condiciones de laborales y educativas de los jóvenes del proceso económico 1991-2001. Refleja el estado de situación socioeconómica del último ciclo de crecimiento económico que presenta un régimen de convertibilidad ya en su plenitud. A partir de este año se inició la prolongada recesión que puso al desnudo las fragilidades del régimen de convertibilidad y prefiguró su crisis, que sobrevendría al finalizar 2001.

Mientras que 2011 hace referencia a la institucionalización de un nuevo modelo de organización económica y social del país en la década del 2000, que se inicia con la devaluación de la moneda en 2002 y continúa perfilándose, centralmente, con las políticas gubernamentales que se aplican desde 2003. Específicamente, el año 2011 indica un nuevo ciclo de crecimiento económico y del empleo, luego de la fase contractiva iniciada en el cuarto trimestre de 2008 en el marco del crack financiero global 2008/09.

Cabe aclarar que los jóvenes que se abordan en este trabajo son los jóvenes residentes en hogares urbanos de Argentina. Para ello, se consideraron los jóvenes ni jefes ni cónyuges ni servicio doméstico, con el fin de enfocar la mirada en los jóvenes hijos centralmente, dado que interesa ver las posibles relaciones entre las condiciones educativas y laborales de los jóvenes y las condiciones de vida básicas de la familia de origen. Se analizan centralmente los jóvenes de 15 a 24 años residentes en hogares urbanos, discriminando dos subgrupos: los entrantes al mercado laboral, entre 15 y 19 años, y los adultos jóvenes, de 20 a 24 años. Esta distinción no es algo menor, puesto que muestran comportamientos disímiles a causa de la diferencia en la etapa del ciclo vital que atraviesan unos y otros.

En este trabajo la mirada se ciñe centralmente en torno a la asistencia educativa y la participación en el mercado de trabajo (acotada a la probabilidad de estar activos como de trabajar) de estos jóvenes, buscando determinar los factores –individuales y familiares mencionados- que intervienen en la explicación de estos fenómenos mediante modelos multivariados –regresión logística44. Esta técnica p (…) - y cuáles son los cambios que se producen en dichos factores en los períodos indagados.

Los atributos de los jóvenes que se indagan son: sexo y posición en el hogar (hijos/otros componentes) que permiten una caracterización socio-demográfica de las personas; asistencia educativa y máximo nivel de instrucción alcanzado55. Nivel de instr (…) que caracterizan a las personas en función de sus atributos educacionales; y condición de actividad que indica la proporción de la población total que busca trabajo y lo encuentra (empleados), la proporción de la población total que busca trabajo y no lo encuentra (desempleados), y la proporción de la población total que no participa en la actividad económica, es decir, que se encuentra inactiva.

Los atributos de los hogares con jóvenes que se estudian son: sexo del jefe de hogar: atributo sociodemográfico que da cuenta de la representación de un tipo económico y cultural de hogar; tamaño del hogar: característica socio-demográfica de los hogares que refleja, en gran medida, la situación socioeconómica de los mismos; nivel de instrucción principal del hogar: que busca considerar el clima educativo del hogar a partir del máximo nivel de instrucción alcanzado más alto entre el jefe y el cónyuge (en el caso de aquellos hogares que presentan jefe solamente se tiene en cuenta el nivel de instrucción del mismo); calificación de la tarea principal del hogar: variable que busca considerar posición socio-ocupacional del hogar a partir de la calificación de la tarea más alta entre el jefe y el cónyuge (en el caso de aquellos hogares que presentan jefe solamente se tiene en cuenta la calificación del mismo); y nivel de ingresos del hogar: refiere a una caracterización socio-económica de los hogares en términos de estratos de ingresos.66. Se utiliza el (…)

A su vez, se realiza una aproximación exploratoria y descriptiva en torno a cómo ha evolucionado la estructura de oportunidades de los/as jóvenes y su efecto en la calidad de la inserción laboral y educativa. En este caso particular, por cuestiones de representatividad estadística, se consideran todos los/as jóvenes de 15 a 24 años, es decir, sin excluir jefes, cónyuges y servicio doméstico.

#En lo que atañe a la calidad de la inserción laboral se miden dos indicadores básicos que hacen a la misma, como son la intensidad de la ocupación que define a los ocupados según la cantidad de horas que trabajan77. Quedó categori (…) y la precariedad laboral, que define a los ocupados asalariados en función de la posesión de jubilación y tipo de contratación88. Son ocupados n (…) .

Por último, se analizan puntualmente los jóvenes residentes en hogares urbanos de 19 a 24 años y de 25 a 29 años para indagar, a modo exploratorio, la conclusión de los ciclos educativos de nivel medio y superior con el fin de analizar la efectividad del sistema.

¿Qué atributos demográficos caracterizan a los jóvenes no jefes ni cónyuges? ¿Estudian? ¿Trabajan?

Desde mediados de la década de 1980 en Iberoamérica como en América Latina hay una tendencia decreciente de la cantidad de jóvenes (CEPAL; CELADE; OIJ, 2008).

En Argentina, considerando la totalidad de los aglomerados urbanos, la población joven de 15 a 24 años era de 6.935.095 en 1998 y pasa a 6.675.826 en 2011.

Ahora bien, los jóvenes analizados son aquellos que no son jefes, ni cónyuges, ni servicio doméstico ya que, como se mencionó, este recorte permite detectar con mayor precisión la influencia de los activos socioeconómicos familiares en las características laborales y educativas inherentes a los jóvenes urbanos argentinos, en ambos períodos indagados. Son la mayoría de los jóvenes, representaban el 87,2% en 1998 y en 2011 representaban el 88,3%. Y casi el 90% de estos jóvenes son hijos y el 10% restante en su mayoría son hermanos y nietos, los cuáles cumplen un rol similar a nivel de los hogares.

En cuanto a la evolución por sexo de estos jóvenes, más allá del rango de edad, se mantiene una tendencia estable de proporciones similares, habiendo un poco más de mujeres jóvenes que varones jóvenes, como es de esperar ya que desde 1974 comienza a crecer el porcentaje relativo de mujeres en Argentina y continúa en evolución (Saavedra; 2013).

Con el transcurso de los años aumentó la participación educativa de los jóvenes, expandiéndose el período que los jóvenes destinan a la formación, y continúan asistiendo en mayor proporción los jóvenes adolescentes que los jóvenes adultos. Así, en 2011 asisten el 76,8% de jóvenes no jefes ni cónyuges adolescentes cuando en 1998 asistían el 69,8%, mientras que los jóvenes no fejes ni cónyuges de 20 a 24 años pasan del 40,3% al 41,1%. Esta tendencia es, en gran medida, el resultado de la combinación de la sanción de la Ley de Educación Nacional que estipula la obligatoriedad de la secundaria a partir del año 2006, la aplicación de controles sobre el trabajo infantil y la implementación de la Asignación Universal por Hijo sobre finales de 2009 (Kaplan, 2010).

En cuanto a la condición de actividad de los jóvenes no jefes ni cónyuges, en términos generales hay menos jóvenes que buscan un trabajo, conjuntamente con el aumento de la asistencia educativa (del total de jóvenes, los inactivos pasan del 55,9% en 1998 al 61,3% en 2011). Al respecto, cabe recordar que el acceso, permanencia y culminación de la secundaria es considerada hace ya varios años por los jóvenes y sus familias como necesaria (Jacinto, 2006, Miranda, 2009, entre otros autores). Y la menor búsqueda de trabajo es mucho más acentuada en los jóvenes adolescentes (del total de jóvenes adolescentes, los inactivos representan el 73,2% en 1998 y el 80,8% en 2011) que en los jóvenes adultos (los inactivos representan el 32,5% en 1998 y el 36,3% en 2011).

Por su parte, del total de jóvenes ni jefes ni cónyuges, los empleados pasan de 32,8% en 1998 a un 30,6% en 2011, cuando en la etapa de salida de la crisis socio-económica e institucional que vivió Argentina, en 2003, los jóvenes empleados representaban un 29%. De esta forma, mejora la proporción de jóvenes empleados en relación a 2003 aunque no se llega a recuperar la proporción de estos jóvenes que había en 1998. A la vez, los jóvenes no jefes ni cónyuges desempleados representaban un 11,3% en 1998 y merman a menos de un dígito en 2011, representando el 8,1%. Así, las políticas macroeconómicas y las políticas tendientes a revitalizar las instituciones del mercado de trabajo –sindicatos, negociación colectiva, salario mínimo, formación- adquirieron cierto dinamismo durante el periodo 2003-2015 produciendo condiciones para la generación del empleo (Trujillo y Retamozo, 2017), e impactando, por ende, en el incremento de oportunidades de los jóvenes para conseguir un trabajo. De todos modos, en Argentina, cabe resaltar que después de años de sostenido crecimiento económico y mejoras en materia laboral, el desempleo entre los jóvenes ha continuado siendo una problemática crucial, ya que en el segundo trimestre de 2011, la tasa de desocupación de los jóvenes argentinos era del 17,9%. Es decir, que si bien a partir de la reactivación económica dada luego de la crisis de 2001 mejoraron las perspectivas de inserción en el mercado laboral de los jó­venes, la condición deteriorada de los mismos perdura (Jacinto, 2009), dado que existen condiciones de contexto a nivel global en las últimas décadas, como los nuevos usos tecnológicos y las restricciones de calificación que presenta el mercado de trabajo, que afectan de manera especial a los jóvenes en todo el mundo (OIT, 2007, Weller, 2009, entre otros autores).

#¿Cómo son los hogares en los que residen los jóvenes ni jefes ni cónyuges?

En lo que atañe al tamaño medio de los hogares donde residen los jóvenes, el mismo se ha mantenido estable entre 1998 y 2011 (4.70). Ello es congruente con la evolución demográfica de la Argentina que presenta una tendencia consolidada a mantener bajos sus índices de natalidad (Catalano, 2009).

En cuanto a la jefatura de hogar, si bien continúa predominando la jefatura masculina, cada vez hay más jóvenes que residen en hogares con jefatura femenina, pasando el porcentaje de estos hogares del 24,6% en 1998 al 33,6% en 2011. Ello se corresponde con lo que acontece al respecto a nivel general, ya que hay más mujeres que se declaran jefas de acuerdo a datos del Censo 201099. Asimismo, cabe (…) . Y estas jefas de hogar no son sólo aquellas personas separadas o viudas que viven solas o con sus hijos a cargo, ya que se ha incrementado la jefatura femenina en los hogares nucleares completos como en casos en los que la mujer tiene pareja. El aumento de la jefatura femenina en estos hogares donde hay un cónyuge podría deberse, por un lado, a una mayor equiparación en las relaciones de pareja y, por otro lado, a una mejor posición de las mujeres en el mundo laboral (INDEC, 2012).

A su vez, durante el período de recuperación institucional y socioeconómica ha disminuido comparativamente con el año 1998 el porcentaje de hogares que poseen como máximo nivel de instrucción hasta primaria incompleta (PI) y primaria completa-secundaria incompleta (PC-SI) y aumentaron los hogares con secundaria completa (SC) -diferencia de 5 p. p. entre 1998 y 2011- y universitaria incompleta-universitaria completa (UI-UC) -diferencia de 5.9 p. p. entre 1998 y 2011-. Este proceso es sumamente positivo ya que, de acuerdo a las investigaciones en la temática, la educación de los padres ejerce un efecto directo tanto en la salud y educación como en otros aspectos de la vida de sus hijos. Si bien todavía un 42,9% de los hogares en que residen estos jóvenes tienen como máximo nivel educativo PC-SI y un 6,8% hasta PI. Al respecto, cabe resaltar que este proceso refleja, en parte, el impacto cuantitativo y cualitativo en la educación que conllevó el aumento de la inversión educativa realizado desde el año 2003, llegando en el año 2011 al 6,4% del Producto Bruto Interno, como la implementación de una serie de políticas educativas. Por ejemplo, las leyes que tienen implicancia directa y que incluyen acciones específicas para la educación tanto de jóvenes como de adultos son la Ley de Educación Nacional N°26.206, la Ley de Financiamiento Educativo N°26.075 y la Ley de Educación Técnico-Profesional N°26.058 (Kaplan, 2010).


Cuadro 1. Evolución de los hogares con al menos un joven residente según máximo nivel educativo del hogar. En porcentajes
Máximo nivel de instrucción del hogar 1998 2011
Hasta PI 11,6% 6,8%
PC SI 49,0% 42,9%
SC 17,3% 22,3%
UI UC 22,1% 28,0%
Total 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC. Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998 - 2º Semestre 2011.

Además, en comparación con los 90 aumenta la proporción de hogares con jóvenes que tienen calificación técnica u operativa (otra calificación) como máxima calificación laboral, pasando del 58.1% al 66,6%.- otra calificación- entre 1998 y 2011 respectivamente. Mientras que los hogares con inserción laboral no calificada merman, pasando del 32,7% en 1998 al 27,8% en 2011. Por su parte, los hogares con máxima calificación laboral profesional pasan del 9,2% en 1998 al 5,6% en 2011, aumentando levemente estos hogares en relación a los comienzos de la salida de la crisis de Argentina, ya que representaban un 4.9% en el año 2003

Esta evolución de los hogares en los que residen los jóvenes se condice con la nueva tendencia existente en materia de recuperación del empleo “la extensión del mismo en los diferentes niveles de calificación”, ya que en anteriores periodos de recuperación la generación de empleo estuvo sesgada hacia los más calificados (Maurizio et al., 2010). Al respecto, aproximadamente el 70% de los nuevos puestos de trabajo fue explicado por la industria, construcción, comercio y servicios financieros (Maurizio, 2009a).


Cuadro 2. Evolución de los hogares con al menos un joven residente según máxima calificación laboral en el hogar. En porcentajes
Máxima calificación del hogar 1998 2011
Profesional 9,2% 5,6%
Otra calificación * 58,1% 66,6%
No calificada 32,7% 27,8%
Total 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC. Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998 - 2º Semestre 2011. *Calificación técnica u operativa

De acuerdo a las investigaciones en la temática, la distribución del ingreso no ha cambiado significativamente en el período 2002-2015 en comparación con los 90 (Santarcángelo 2011; Chávez Molina, 2013, entre otros). Durante la fase de crecimiento post devaluación, la heterogeneidad de la estructura productiva y la segmentación del mercado de trabajo continúan explicando una parte importante de los niveles de desigualdad persistentes, más allá que ésta se haya mantenido o disminuido ligeramente, según Salvia y Vera (2011).

En el caso del nivel de ingresos de los hogares habitados por jóvenes, los hogares de los quintiles 1 y 2 pasan del 46,4% en 1998 al 56,3% en 2011, representando el 58,1% en el año 2003. A su vez, los hogares de los quintiles 3 y 4 pasan del 39,6% al 35,2%, representando el 32,5% en 2003, y los hogares del quintil 5 pasan del 14% al 8,5%, representando el 9,3% en 2003. Específicamente, hay una leve merma de hogares de ingresos más bajos (quintiles 1 y 2) con respecto al año 2003 (comienzo de la salida de la crisis significativa que vivió Argentina), aunque no con respecto a 1998, y un aumento de 2.7 p.p. de hogares de ingresos medios (quintiles 3 y 4) en relación al año 2003, sin llegar a representar este sector de hogares el porcentaje del año 1998. Mientras que la proporción de hogares del quintil 5 prácticamente se mantiene entre 2003 y 2011 (con una merma de 0.8 p.p.) y lejos están estos hogares del 14% que representaban en el año 1998.

De esta manera, desde una mirada comparativa con los 90, durante el período 2002-2015 donde el Estado recupera su centralidad, habiendo un aumento en la capacidad regulatoria y protectora del Estado, como saldo positivo en torno a las características de los hogares en que habitan los jóvenes urbanos argentinos, se puede mencionar el aumento de hogares con máxima calificación laboral técnica u operativa, el incremento leve de hogares con máxima calificación profesional -en relación a 2003- y la disminución de hogares no calificados. Otros rasgos positivos han sido el incremento de hogares con secundaria completa y universitaria incompleta-universitaria completa, entre punta y punta de los períodos analizado, como una leve merma de hogares de ingresos más bajos (quintiles 1 y 2) con respecto al año 2003 (aunque no con respecto a 1998), y un aumento de 2.7 p.p. de hogares de ingresos medios (quintiles 3 y 4) en relación al año 2003. Estos procesos son importantes dado que el incremento de activos de los hogares en que habitan los jóvenes les permitiría a ellos moverse con mayores márgenes de libertad y con mayores oportunidades en lo que atañe a sus caminos laborales y educativos.

#Factores asociados a la probabilidad de estar activos por parte de los jóvenes de 15 a 24 años, no jefes ni cónyuges, residentes en hogares urbanos. Años 1998 y 2011

En comparación con quienes tienen primaria incompleta (PI) los jóvenes con primaria completa-secundaria incompleta (PC-SI) tienen un 68% más de probabilidades de buscar un trabajo en 1998 y en el 2011 esa probabilidad pasa a un 78%. Y cuanto más aumenta el nivel educativo aumenta más esa probabilidad, siempre desde una mirada relativa en función de los jóvenes con menor nivel educativo.

Un dato problemático que se extiende con el correr de los años son los jóvenes con primaria incompleta, muchos de ellos continúan con bajas probabilidades de estar activos, formando parte de ese núcleo duro vulnerable, aquellos que no estudian ni trabajan.

Para quienes cuentan con secundaria completa (SC) o terciaria-universitaria incompleta/ completa T-UI-S/T-UC merma la probabilidad de búsqueda laboral en el 2011 en comparación con la década anterior. Es decir, que quienes más buscan en 2011 son los jóvenes con primaria completa –secundaria incompleta. Al respecto, cabe recordar la conocida relación entre bajo nivel de instrucción y el pertenecer a hogares de menores recursos en los que los jóvenes no tienen a la actividad educativa como principal al realizar actividades extraescolares como ser la actividad laboral (Miranda, 2011).

Además, quienes asistían en 1998 tenían un 93% menos de probabilidad de estar activos con respecto a quienes asistieron o nunca asistieron y en el 2011 esa menor probabilidad se mantiene rondando en un 90%. Ello se condice con lo planteado por Miranda (2009), en otros autores, quien sostiene que la participación de los jóvenes plenos en el mercado laboral ha ido descendiendo durante las últimas décadas, a causa de una mayor permanencia en el sis­tema educativo.

A su vez, en 1998 las jóvenes mujeres tenían un 60% menos de probabilidades de buscar un trabajo que los jóvenes varones y en 2011 esas probabilidades pasan a un 57% menos, lo cual se condice con la mayor participación económica de las mujeres con el paso de los años. Por otro lado, es sabido que la opción o necesidad de buscar un trabajo se acrecienta significativamente al pasar de la adolescencia a una juventud adulta y este proceso se observa en ambos períodos analizados.

Con respecto a los jóvenes residentes en hogares de ingresos más bajos (quintiles 1 y 2), los jóvenes residentes en hogares de los quintiles 3 y 4 y del quintil 5 tienen en 54% y 78% -respectivamente- más de probabilidades de estar activos en la década de los 90 , y esas probabilidades se acrecientan mucho más en el año 2011. Este proceso se explica en parte por el aumento considerable de la asistencia a la educación formal de los jóvenes residentes en hogares de ingresos más bajos y el aumento de la inactividad en los mismos (Saavedra, 2013).

En cuanto al nivel educativo del hogar, en comparación con los jóvenes que residen en hogares con máximo nivel educativo SC, los jóvenes residentes en hogares con un nivel educativo más alto (T/UI-T/UC) tienen en ambos períodos menos chances de estar activos (44% menos en 1998 y 2011). Mientras que cuando residen en hogares con un nivel educativo menor (hasta PI; PC-SI) tienen en ambos períodos casi iguales posibilidades (Hasta PI) o un 27% menos de chances (PC-SI).

Con respecto a los jóvenes residentes en hogares con calificación ocupacional profesional, los jóvenes residentes en hogares con calificaciones técnicas u operativas tenían un 30% más de probabilidades de estar activos y los jóvenes de hogares no calificados en sus ocupaciones un 51% más probabilidades en 1998; estas probabilidades bajan a un 17% y 19% respectivamente para el 2011.


Cuadro 3. Factor de cambio en la razón de probabilidades de estar activos por parte de los jóvenes no jefes ni cónyuges. Total Aglomerados urbanos, 1998 y 2011*
Variables en la ecuación Exp(B)1010. Exp () es el (…) *1998 Exp(B)2011
Nivel educativo (PI)    
Nivel educativo (PC SI) 1,678 1,776
Nivel educativo (SC) 2,852 2,330
Nivel educativo (T/UI T/UC) 4,998 4,670
Máximo nivel de instrucción del hogar    
Máximo nivel de instrucción del hogar (PI) 0,953 1,114
Máximo nivel de instrucción del hogar (PC SI) 0,733 0,732
Máximo nivel de instrucción del hogar (T/UI T/UC) 0,563 0,558
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 1 y 2)    
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 3 y 4) 1,539 1,804
Nivel de ingresos del hogar (quintil 5) 1,777 2,638
Máxima Calificación laboral del hogar (C. Prof.)    
Máxima Calificación laboral del hogar (Otra Calif. **) 1,306 1,173
Máxima Calificación laboral del hogar (No Calif.) 1,513 1,192
Asistencia Educativa (Asiste) 0,071 0,110
Sexo (Mujer) 0,401 0,434
Sexo del jefe de hogar (Mujer) 1,241 1,279
Tamaño del hogar 1,013 1,004
Rango de edad (20-24) 3,391 3,597
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC.
Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998- 2º Semestre 2011
*Las variables y categorías son estadísticamente significativas en los modelos obtenidos (p0,05).
**Calificación técnica u operativa

El sexo del jefe de hogar sigue siendo en el 2011 un factor determinante en la decisión de buscar un trabajo por parte de los jóvenes. Esto se manifiesta en la mayor búsqueda laboral relativa de los jóvenes que residen en hogares con jefatura femenina, cuya mayor probabilidad pasó de un 24 % en 1998 a un 28% en 2011.

Por último, si bien los jóvenes de hogares profesionales (con terciaria-universitaria incompleta-completa T-UI/T-UC o con máxima calificación ocupacional profesional) son quienes menos buscan un empleo, en el período 2002-2015 continua mermando la búsqueda de empleo por parte de los jóvenes de hogares con calificaciones técnica u operativa o no calificados como en jóvenes de hogares de ingresos más bajos (quintiles 1 y 2), ante el aumento de la retención educativa como contracara de la inactividad ante el deficiente comportamiento de la demanda de empleo durante las últimas décadas# como producto de las políticas educativas implementadas en esos años.

Factores asociados a la probabilidad de trabajar por parte de los jóvenes de 15 a 24 años, no jefes ni cónyuges, residentes en hogares urbanos Años 1998 y 2011.

Si bien a medida que aumenta el nivel de instrucción se acrecientan las posibilidades de conseguir un trabajo a la hora de buscarlo, ha mermado esta desigualdad dado que la recuperación del empleo durante el período 2002-2015 fue extendida en los diferentes niveles de calificación, y con una mayor intensidad en los más bajos según Maurizio (2009a). Con respecto a los jóvenes con hasta PI, los jóvenes con PC-SI tenían un 44% más de chances de obtener un trabajo, los jóvenes con SC tenían un 49% más de chances y los jóvenes con S/UI-S/UC tenían un 69% más de posibilidades. En 2011 todos ellos tienen prácticamente posibilidades similares, incluso los jóvenes con SC o con S/UI-S/UC tienen solo un 10% más de probabilidades con respecto a los jóvenes de menor nivel educativo.

También, se achicó la brecha por sexo para conseguir un empleo. Las mujeres tenían un 32% menos de probabilidades de conseguir una ocupación a la hora de buscarla en 1998 y en 2011 tienen un 23% menos de posibilidades que los varones. En cambio, en el 2011 la edad incide más que en 1990 a la hora de conseguir una ocupación, siendo los jóvenes de 20 a 24 años quienes más consiguen una ocupación a la hora de buscarla. En 1998, los jóvenes de 20-24 años tenían un 52% de posibilidades de encontrar una ocupación con respecto a los jóvenes de 15-19 años, mientras que en el año 2011 los jóvenes adultos tienen un 99% más de posibilidades.


Cuadro 4. Factor de cambio en la razón de probabilidades de trabajar por parte de los jóvenes no jefes ni cónyuges. Total Aglomerados urbanos, 1998 y 2011*.
Variables en la ecuación Exp(B) 1998 Exp(B)2011
Nivel educativo( PI)
Nivel educativo (PC SI) 1,444 0,917
Nivel educativo (SC) 1,494 1,080
Nivel educativo (S/UI S/UC) 1,694 1,108
Máximo nivel de instrucción del hogar (SC)
Máximo nivel de instrucción del hogar (PI) 0,547 0,616
Máximo nivel de instrucción del hogar (PC SI) 0,752 0,716
Máximo nivel de instrucción del hogar (UI UC) 0,977 0,841
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 1 y 2)
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 3 y 4) 3,312 2,932
Nivel de ingresos del hogar (quintil 5) 16,458 4,504
Máxima Calificación laboral del hogar (C. Prof.)
Máxima Calificación laboral del hogar (Otra Calif. **) 0,710 2,134
Máxima Calificación laboral del hogar (No Calif.) 0,904 2,111
Asistencia Educativa (Asiste) 1,151 1,125
Sexo (Mujer) 0,676 0,775
Sexo del jefe de hogar (Mujer) 1,100 1,189
Tamaño del hogar 1,153 1,197
Rango de edad (20-24) 1,522 1,992
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC.
Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998- 2º Semestre 2011
*Las variables y categorías son estadísticamente significativas en los modelos obtenidos (p0,05).
**Calificación técnica u operativa

En lo que atañe a la incidencia de las características de los hogares en los que residen, el nivel de ingresos de los mismos continúa siendo un factor considerable que moldea las posibilidades de obtener una ocupación por parte de los jóvenes cuando la buscan. A medida que aumenta el nivel de ingreso del hogar aumenta la probabilidad de conseguir un trabajo del joven residente en el respectivo hogar. Sin embargo, determina menos que en la década de los 90 (las razones de momio bajan en 2011, con respecto a 1998).

Lo mismo ocurre con el nivel educativo del hogar en que habitan y la calificación ocupacional de estos hogares. Los jóvenes residentes en hogares con muy bajo nivel de instrucción tienen en la actualidad mayores probabilidades de encontrar una ocupación con respecto a los 90, mientras que en el caso de los jóvenes de hogares con PC-SI siguen teniendo menos posibilidades e incluso un poco menos que en los 90, pasando de un 25% a un 28% menos de probabilidades, en comparación con los jóvenes de hogares con SC o UI-UC.

En el caso de los jóvenes de hogares con máxima calificación ocupacional técnica-operativa o no calificados duplican prácticamente las posibilidades de encontrar un empleo a la hora de buscarlo, frente a los jóvenes que residen en hogares con máxima calificación ocupacional profesional, cuando en los 90 sucedía lo contrario. En 1998 tenían menos chances relativa de estar ocupados (razón de momio de 0,71 y 0,90 respectivamente). Este proceso, como se menciona anteriormente, probablemente se explica en parte por el hecho que la recuperación del empleo si bien fue extendida en los diferentes niveles de calificación, se da con una mayor intensidad en los puestos de calificación más bajos, cuando en anteriores periodos de recuperación la generación de empleo estuvo sesgada hacia los más calificados (Maurizio et al. 2010)

En cuanto al tamaño del hogar, a medida que hay un miembro más en el hogar se incrementa en 15% en 1998 y en un 20% en 2011 la posibilidades de estar ocupado por parte de los jóvenes residentes en hogares que buscan una ocupación.

Por último, los jóvenes que residen en hogares donde la jefatura del hogar le compete a una mujer, tenían un 10% más de probabilidades de estar ocupados en 1998 y en el 2011 esas probabilidades pasan a un 19%. Al respecto, cabe recordar que son estos jóvenes quienes buscan una ocupación en mayor medida si se los compara con los jóvenes residentes en hogares con jefatura masculina, muy probablemente porque presentan mayores necesidades para salir a trabajar. Y en un contexto socio-económico en el que hay una oferta laboral considerable, estos jóvenes se insertan en una ocupación más fácilmente y por ende aumentan sus posibilidades relativas de trabajar.

#Factores asociados a la probabilidad de asistir por parte de los jóvenes de 15 a 24 años, no jefes no cónyuges, residentes en hogares urbanos. Años 1998 y 2011.

En cuanto a los factores individuales que inciden en la asistencia educativa juvenil, en ambos períodos estudiados, la inactividad aumenta significativamente las probabilidades de los jóvenes de asistir a la educación formal, en comparación con los jóvenes que tienen una ocupación. A su vez, un joven desempleado tiene un 20% menos de chances de asistir, frente a los jóvenes empleados.

Por su parte, las jóvenes mujeres residentes en hogares tenían en 1998 un 53% más de probabilidades de asistir en comparación con los jóvenes varones y en el 2011 dicha probabilidad pasa a un 55%. En el caso de los jóvenes adultos, siempre cuentan con muchas menos probabilidades de asistir que los jóvenes adolescentes (aproximadamente un 90% menos de probabilidades en ambos años de referencia).


Cuadro 5. Factor de cambio en la razón de probabilidades de asistir por parte de los jóvenes no jefes ni cónyuges. Total Aglomerados urbanos, 1998 y 2011*.
Variables en la ecuación Exp(B) 1998 Exp(B)2011
Condición de Actividad (Empleado)    
Desempleado 0,801 0,799
Inactivo 16,001 16,110
Máximo nivel de instrucción del hogar1111. En estos dos m (…) (PI)    
Máximo nivel de instrucción del hogar (PC SI) 1,645 1,524
Máximo nivel de instrucción del hogar (SC) 3,982 3,395
Máximo nivel de instrucción del hogar (T/UI T/UC) 5,654 4,865
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 1 y 2)    
Nivel de ingresos del hogar (quintiles 3 y 4) 1,165 1,090
Nivel de ingresos del hogar (quintil 5) 1,650 1,311
Máxima Calificación laboral del hogar (Profesional)    
Máxima Calificación laboral del hogar (Otra Calif. **) 0,611 0,863
Máxima Calificación laboral del hogar (No Calif.) 0,617 0,779
Sexo (Mujer) 1,535 1,552
Sexo del jefe de hogar (Mujer) 0,697 0,728
Tamaño del hogar 0,898 0,882
Rango de edad (20-24) 0,113 0,072
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC.
Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998- 2º Semestre 2011
*Las variables y categorías son estadísticamente significativas en los modelos obtenidos (p0,05).
** Calificación técnica u operativa

Con respecto a los factores familiares que inciden en la asistencia juvenil, el nivel de instrucción del hogar constituye una variable clave. A medida que aumenta el nivel de instrucción del hogar aumentan las probabilidades de asistencia educativa por parte de los jóvenes. Así, en 1998 los jóvenes residentes en hogares con máximo nivel de instrucción PC-SI tenían un 64% más de probabilidades de asistencia con respecto a los jóvenes residentes en hogares con máximo nivel de instrucción PI, mientras que los jóvenes residentes en hogares con máximo nivel de instrucción SC o con UI-UC prácticamente triplican y quintuplican esas probabilidades respectivamente, en función con la categoría de comparación mencionada. Estas diferencias merman un poco en el año 2011, dado el aumento de la asistencia educativa de jóvenes residentes en hogares con bajo nivel educativo con respecto a la década del 90 (la razón de momio baja para las tres categorías inherentes a máximo nivel de instrucción del hogar).

También, a medida que aumenta el nivel de ingreso de los hogares en que residen los jóvenes aumentan sus probabilidades de asistencia a la educación formal en ambos períodos analizados. Ahora bien, un dato positivo es que esta desigualdad en el acceso educativo ha mermado en los últimos años, dado que cada vez hay más jóvenes residentes en hogares de nivel de ingresos más bajos que asisten a la educación formal. Así, mientras en 1998 los jóvenes residentes en hogares del segundo grupo de quintiles (3 y 4) tenían un 16% más de posibilidades de asistir y los jóvenes de hogares del quintil 5 un 65% más de posibilidades de asistir y en el 2011 esas probabilidades rondan en un 10% y 31% respectivamente.

En cuanto a la máxima calificación ocupacional de los hogares en que residen los jóvenes no jefes ni cónyuges, en 1998 los jóvenes pertenecientes a hogares con calificaciones técnicas-operativas o no calificados tenían un 38% menos de chances de asistir con respecto a los jóvenes pertenecientes a hogares con calificación profesional. Mientras que para el año 2011, esa probabilidad pasa a un 14% menos de chances de asistir para los jóvenes de hogares con calificación técnica-operativa y a un 22% para los jóvenes de hogares no calificados. Es decir que merman las desigualdades en cuanto a la asistencia educativa, dado que los jóvenes de hogares que cuentan con empleos no calificados o con otra calificación no profesional cada vez asisten más a la educación formal.

En lo referente al tamaño del hogar, a medida que hay un miembro más en el hogar disminuyen las probabilidades de asistencia educativa aproximadamente en un 10% para ambos períodos analizados, y en lo que atañe al sexo de la jefatura del hogar, los jóvenes que residen en hogares con jefatura femenina, en 1998 tenían un 30% menos de probabilidades de asistir a la educación formal y para el 2011 esa probabilidad merma levemente, siendo del 27% menos.

Resumiendo, cabe remarcar que en el período 2002-2015, ha mermado la brecha de los jóvenes por asistencia educativa en función de las variables de hogar que reflejan el nivel socio-económico de los hogares en los que residen. Ello es factible ante el aumento de la asistencia educativa de jóvenes residentes en hogares con bajo nivel de instrucción (PI/PC-SI), con ingresos más bajos (quintiles 1 y 2) y que cuentan con empleos no calificados o con otra calificación no profesional, en relación a la década del 90.

Una aproximación a la calidad de la inserción laboral y educativa de los jóvenes de hogares urbanos

En Argentina, hubo un aumento de jóvenes de 19 a 24 años que finalizaron el secundario con el transcurso de los años, pasando del 50,8% en 1998 al 61,7% en 2011. Y hay más mujeres que varones que acceden a la terminalidad del secundario, acrecentándose esta brecha ya que las mujeres que finalizan al secundario pasan del 56,6% en 1998 al 69.1% en 2011, mientras que los varones pasan del 44,9% en 1998 al 54,3% en 2011.

En cuanto a la evolución de la población de 25 a 29 años que ha finalizado el nivel superior /universitario completo, no son tantos los jóvenes que acceden a un diploma superior pero es destacable el incremento de jóvenes que lo finalizan, pasando de 13,6% en 1998 al 20,4% en 2011. A la vez, hay más jóvenes mujeres que jóvenes varones que acceden a un diploma y con el transcurso de los años esta brecha también se acrecienta (en 1998 hay un 16,9% de mujeres que lo finalizan y en 2011 representan un 27,3%, en tanto que los varones que lo finalizan en 1998 eran un 10% y en 2011 representan un 15,3%.

En lo que atañe a las características del empleo de los jóvenes de 15 a 24 años, aumenta la proporción de jóvenes ocupados plenos, pasando del 44.7% en 1998 al 57.6% en 2011. El incremento de los jóvenes ocupados plenos se da en mayor medida en los jóvenes adolescentes, quienes pasan del 42,6% en 1998 al 60,2% en 2011, mientras que los jóvenes de 20 a 24 años pasan del 45,5% al 56,9%. Ante esta situación, merece comentarse que el incremento de oportunidades laborales y educativas que hubo durante el período 2002-2015 perdería cierta relevancia cuando un joven se convierte en un “trabajador adicional” que debe contribuir al sostenimiento del grupo familiar, ya que son los jóvenes con menores credenciales sociales y educativas los que movidos por la necesidad ocupan primero el espacio del mercado laboral juvenil (Salvia y Tuñón, 2005).

A su vez, los subocupados demandantes bajaron durante la post-convertibilidad, llegando al 9.8% en 2011, cuando en 1998 representaban un 18.2%. Y si bien los jóvenes adolescentes, en ambos períodos de análisis, son los que más afectados por esta situación, en la década del 2000, esta brecha con respecto a los jóvenes de 20 a 24 años ha mermado significativamente, pasando de una diferencia de 7.3 p. p. en 1998 a una diferencia de 1.9 p. p. en el año 2011.

Por su parte, la población joven sobreocupada ha mermado levemente, aunque prácticamente se mantiene (35.3% en 1998 y 31.1% en 2011), habiendo un poco más de jóvenes sobreocupados en el tramo etario de 20 a 24 años (diferencia de 4.9 p. p. para este grupo). Por último, los ocupados que no trabajaron en la semana de referencia constituyen un pequeño grupo juvenil que ronda en menos de un 2% en ambos períodos.


Cuadro 6. Evolución de la intensidad de la ocupación de los jóvenes trabajadores de 15 a 24 años según rango de edad. En porcentajes
Intensidad de la tarea 1998 2011
15 y 19 años 20 y 24 años Total 15 y 19 años 20 y 24 años Total
Subocupado demandante 23,5% 16,2% 18,2% 11,3% 9,4% 9,8%
Ocupado pleno 42,6% 45,5% 44,7% 60,2% 56,9% 57,6%
Sobreocupado 32,1% 36,5% 35,3% 26,5% 31,4% 31,1%
Ocupado que no trabajó en la semana 1,7% 1,8% 1,8% 1,5% 1,4% 1,4%
Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC. Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998 - 2º Semestre, 2011.

Por otro lado, en el período 2002-2015, la precariedad juvenil continúa siendo una problemática pendiente de resolución, si bien la proporción de jóvenes trabajadores precarios es algo menor en comparación con 1998 (que representaban el 63,3%), el 57.8% de los jóvenes ocupados se insertan en trabajos precarios en el año 2011.


Cuadro 8. Evolución de la población joven ocupada de 15 a 24 años según rango de edad en función de la precariedad laboral. En porcentajes.
Precariedad laboral 1998 2011
15 y 19 años 20 y 24 años Total 15 y 19 años 20 y 24 años Total
No precario 19,1% 42,9% 36,7% 16,4% 46,2% 40,2%
Precario 80,9% 57,1% 63,3% 83,6% 53,8% 59,8%
Total 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0% 100,0%
Fuente: Elaboración propia, basada en datos de la EPH-INDEC. Total Aglomerados Urbanos. Ondas: Octubre 1998 - 2º Semestre, 2011.

Además, los más afectados por la precariedad son los jóvenes de 15 a 19 años, y en ese tramo etario la proporción de jóvenes trabajadores precarios es levemente mayor que en los 90 (1998:80,9% y 2011:83,6). La acotada merma en la precariedad juvenil se da en los jóvenes de 20 a 24 años, que pasaron del 57,1% en 1998 al 53,8% en 2011.

Síntesis y reflexiones finales

Durante el período 2002-2015, donde el Estado recupera su centralidad, acompañando a las instituciones de la sociedad y el mercado en la definición de oportunidades, se han incrementado los activos socio-laborales y económicos de los hogares de sectores populares y medios. Y estos procesos han incidido en el aumento de los activos laborales y educativos de los jóvenes no jefes ni cónyuges de hogares urbanos de Argentina, si bien hay desigualdades y aspectos pendientes de resolución en dichas condiciones que ameritan continuar planteando desafíos en la temática.

Así, a modo de síntesis de resultados centrales, en 2011 asisten el 76,8% de jóvenes no jefes ni cónyuges adolescentes cuando en 1998 asistían el 69,8%, mientras que los jóvenes no jefes ni cónyuges de 20 a 24 años pasan del 40,3% al 41,1%. Cada vez hay más jóvenes mujeres que asisten en comparación con los jóvenes varones, y se mantiene la mayor probabilidad de asistencia educativa de los jóvenes adolescentes en relación a los jóvenes adultos.

Cabe remarcar que en el período 2002-2015, caracterizado por un modelo estatal con mayor capacidad regulatoria y protectora del Estado, tanto en la relación capital trabajo como en las políticas sociales, ha mermado, en comparación con los 90, la brecha de los jóvenes por asistencia educativa en función de las variables de hogar que reflejan las recursos socio-económicos de los hogares en los que residen. Ello se refleja en el aumento de la asistencia educativa de jóvenes residentes en hogares con bajo nivel de instrucción (PI/PC-SI), con ingresos más bajos (quintiles 1 y 2) y que cuentan con empleos no calificados o con otra calificación no profesional.

También, hubo un aumento de jóvenes de 19 a 24 años que finalizaron el secundario con el transcurso de los años, pasando del 50,8% en 1998 al 61,7% en 2011, como un incremento de jóvenes de 25 a 29 años que ha finalizado el nivel superior /universitario completo, pasando de 13,6% en 1998 al 20,4% en 2011, acrecentándose la brecha a favor de las jóvenes mujeres en ambos casos.

Estas tendencias son, en gran medida, el resultado de la combinación de la sanción de la Ley de Educación Nacional que estipula la obligatoriedad de la secundaria a partir del año 2006, la aplicación de controles sobre el trabajo infantil, la implementación de la Asignación Universal por Hijo sobre finales de 2009 y la continuidad de la políticas de expansión y fortalecimiento de las universidades nacionales, entre otras políticas educativas implementadas.

En cuanto a la condición de actividad de los jóvenes no jefes ni cónyuges, en términos generales hay menos jóvenes que buscan un trabajo, conjuntamente con el aumento de la asistencia educativa (del total de jóvenes, los inactivos pasan del 55,9% en 1998 al 61,3% en 2011). Por su parte, en el total de jóvenes ni jefes ni cónyuges, mejora la proporción de jóvenes empleados en relación a 2003 aunque no se llega a recuperar la proporción de estos jóvenes que había en 1998. A la vez, los jóvenes no jefes ni cónyuges desempleados representaban un 11,3% en 1998 y merman a menos de un dígito en 2011, representando el 8,1%. Así, las políticas macroeconómicas y las políticas tendientes a revitalizar las instituciones del mercado de trabajo –sindicatos, negociación colectiva, salario mínimo, formación- adquirieron cierto dinamismo durante el periodo 2002-2015 produciendo condiciones para la generación del empleo, e impactando, por ende, en el incremento de oportunidades de los jóvenes para conseguir un trabajo.

Además, los recursos socio-ocupacionales y educativos de las familias de los jóvenes determinan menos la posibilidad de conseguir una ocupación a la hora de buscarla en el período 2002-2015. El nivel de ingresos, el nivel educativo y la máxima calificación ocupacional hogar en que residen los jóvenes determinan menos que en los 90 la posibilidad de conseguir una ocupación. También se achicaron las brechas por sexo y por nivel de instrucción al momento de conseguir una ocupación La reducción de estas brechas de desigualdad es fruto de la recuperación del empleo que fue extendida en los diferentes niveles de calificación, y con una mayor intensidad en los más bajos según Maurizio (2009a). En cambio, en 2011 la edad incide más que en 1990 a la hora de conseguir una ocupación, siendo los jóvenes de 20 a 24 años quienes más consiguen una ocupación a la hora de buscarla.

De todos modos, en Argentina, cabe resaltar que después de años de sostenido crecimiento económico y mejoras en materia laboral, el desempleo entre los jóvenes ha continuado siendo una problemática crucial. Otro dato problemático que se extiende con el correr de los años son los jóvenes con primaria incompleta, muchos de ellos continúan con bajas probabilidades de estar activos, formando parte de ese núcleo duro vulnerable, aquellos que no estudian ni trabajan.

A su vez, si bien los jóvenes de hogares profesionales (principalmente, con terciaria-universitaria incompleta-completa o con máxima calificación ocupacional profesional) son quienes menos buscan un empleo, en el período 2002-2015 continua mermando la búsqueda de empleo por parte de los jóvenes de hogares con calificaciones técnica u operativa o no calificados como en jóvenes de hogares de ingresos más bajos (quintiles 1 y 2), ante el aumento de la retención educativa como contracara de la inactividad ante el deficiente comportamiento de la demanda de empleo durante las últimas décadas como producto de las políticas educativas implementadas en esos años.

Además, se ha acrecentado comparativamente con los 90, la búsqueda de un trabajo por parte de los jóvenes con primario completo-secundario incompleto, las jóvenes mujeres en relación con los jóvenes varones y los jóvenes adolescentes en relación a los jóvenes adultos. Características educativas y sociodemográficas juveniles muy relacionadas con la búsqueda de un trabajo para complementar ingresos familiares.

La precariedad juvenil si bien ha mermado durante el período 2002-2015, continúa siendo una cuestión pendiente de resolución. También merman los jóvenes subocupados demandantes, principalmente, y los jóvenes sobreocupados, aumentando los jóvenes ocupados plenos. Esta situación podría estar denotando la posibilidad que estos jóvenes sean “trabajadores adicionales” que contribuyen al sostenimiento del grupo familiar, y en este caso, el incremento de oportunidades laborales y educativas durante la posconvertibilidad perdería cierta relevancia.

De este modo, se destacan, comparativamente, muchas mejoras en la situación laboral y educativa de los jóvenes en el período 2002-2015, especificadas por los activos familiares. Si bien no resultan suficientes para el problema de la integración social juvenil, dada la gran heterogeneidad de los jóvenes por sus diferentes trayectorias y activos acumulados.

Más allá del rumbo positivo que ha tenido el mercado de trabajo en algunas de sus variables claves, como ser la desocupación, el trabajo precario, entre otras, existen condiciones de contexto a nivel global en las últimas décadas, como los nuevos usos tecnológicos y las restricciones de calificación que presenta el mercado de trabajo, que afectan de manera especial a los jóvenes a nivel mundial. Así también, más allá que durante el período 2002-2015 hubo no solo más adolescentes y jóvenes insertos en el sistema educativo sino que también hubo una tendencia general de mejora de la calidad educativa, en Argentina, al igual que en América Latina, todavía no se ha logrado transformar al sistema educativo en un mecanismo potente de igualación de oportunidades, en parte porque un importante factor determinante de los logros y retornos educativos se encuentra en el clima y los ingresos disponibles en los hogares de origen. Además, muchas veces esta desigualdad se ve reflejada en una marcada segmentación y estratificación de la calidad y eficiencia del propio sistema de oferta educativa (CEPAL, 2010).

Por ello, mejorar la desigualdad social es una cuestión clave para mejorar las posibilidades de inserción escolar y laboral de los jóvenes. El problema de la integración social juvenil requiere de un contexto general de crecimiento económico con mayor equidad distributiva. El crecimiento, la demanda de empleo y una mejor distribución del ingreso en favor de los grupos más postergados son indispensables para la inclusión social de una gran mayoría de jóvenes.

La inclusión de los jóvenes amerita reflexionar en torno a la necesidad de afianzar políticas activas de promoción del crecimiento y de políticas laborales que favorecen el primer empleo y la formación profesional de los jóvenes, como de políticas educativas nacionales, en función de garantizar una formación integral y de excelencia para todos los jóvenes, y en particular, en función de resolver los déficits que sufren los sectores más rezagados, favoreciendo su transición hacia el mundo laboral1212. Al respecto, l (…) . Por ello, es indispensable también “focalizar para universalizar” al decir de los expertos en la materia. Ello implica detectar sectores específicos que han quedado rezagados, concebir nuevas herramientas de política social y reconocerlos como titulares de derechos. Siguiendo una concepción de políticas que hacen centro en la desigualdad (sin definir discrecionalmente a los grupos tutelados sino fijando pautas objetivas, cuyo cumplimiento habilita el reclamo del derecho), a diferencia de las políticas noventistas, que hacían centro en la pobreza que diferencia y compartimenta.

Bibliografía

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1.

Si bien por el propósito de este trabajo no es apropiado profundizar en las líneas de pensamiento acerca de la marginalidad social cabe mencionar que hacia la década del 60, el término marginalidad comienza a ser utilizado en América Latina como un concepto para dar cuenta de los efectos heterogéneos y desiguales de los procesos de industrialización y desarrollo. La emergencia de esta noción da lugar a dos grandes vertientes interpretativas: la idea de marginalidad social o cultural desarrollada en el marco de la teoría de la modernización –que prevaleció en la década del 50-, y la noción de marginalidad económica elaborada por la teoría de la dependencia. Con las transformaciones estructurales y cambios sociales de los 90 se reabre el debate sobre la marginalidad en torno a estas dos vertientes. Para una mayor especificidad remitirse a Delfino (2012).

2.

El Convenio sobre la edad mínima de la OIT de 1973 establece los 15 años como límite mínimo de admisión al empleo, por debajo del cual se considera trabajo infantil.

3.

Los datos aquí presentados son elaboración propia a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC), Ondas Octubre 1998 -2ª Semestre 2011.

4.

Esta técnica permite analizar con mayor claridad la asociación de los factores contextuales, familiares e individuales con los comportamientos indagados manteniendo constante el efecto de otras características.

5.

Nivel de instrucción alcanzado, categorizado en: 1) Hasta PI (primario incompleto); 2) PC/SI (primario completo / secundario incompleto); 3) SC (secundario completo); 4) S-UI/S-UC (superior o universitario incompleto/superior o universitario completo).

6.

Se utiliza el indicador quintil de ingreso per cápita familiar de la EPH que neutraliza el tamaño de los hogares. Es significativo mencionar que los hogares que presentan ingresos nulos se consideran en la respectiva construcción, dado que esta situación representa una condición objetiva para los hogares. Mientras que se descartan aquellos hogares en los cuales al menos uno de los miembros no responde.

7.

Quedó categorizada en: 1) Sub-ocupados demandantes (trabajan menos de 35 horas por causas involuntarias y están dispuestos a trabajar más horas, estando en la búsqueda de otra ocupación; 2) Ocupados plenos: ocupados que trabajan un lapso considerado “socialmente normal”, entre 35 y 45 horas semanales; 3) Sobre-ocupados (ocupados que trabajan un lapso mayor al considerado “socialmente normal”, más de 45 horas semanales) y 4) Ocupado que no trabajó en la semana de referencia

8.

Son ocupados no precarios, quienes tienen jubilación y contrato permanente, mientras que son ocupados precarios quienes tienen contrato temporario o no tienen jubilación o ambas situaciones.

9.

Asimismo, cabe aclarar que los hogares encabezados por una mujer viene creciendo de manera notable desde 1974 (Federico, 1998).

10.

Exp () es el factor de cambio en la probabilidad de pasar de una categoría de la variable dependiente (Condición de actividad = inactivos) a la otra categoría (Condición de actividad = activos) cuando la variable independiente tiene un cambio de una unidad.

11.

En estos dos modelos la categoría de comparación en cuanto a máximo nivel de instrucción del hogar es PI para un análisis más claro de su incidencia en la asistencia educativa juvenil.

12.

Al respecto, la creación del Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina (PROG.R.ES.AR) por el Decreto 84/2014, se ha delineado en ese sentido. Este programa, ha creado un nuevo derecho para los jóvenes vulnerables de 18 a 24 años, que no trabajan o lo hacen formal o informalmente y sus ingresos son inferiores al salario mínimo, vital y móvil y sus grupos familiares poseen iguales condiciones, con el objetivo que logren iniciar o completar sus estudios en cualquier nivel educativo.

TEI – Métopes

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