Que no se diga en un velorio
Resumen
“La vida es para pelear”. La sentencia que se repite en circunstancias y tiempos diversos, con frecuencia con el aire combativo que parece inspirarla. ¿Pelear contra qué? ¿Pelear contra quién? La existencia requerida de lucha para consagrarse como vida debida, ¿tiene sentido? No, no lo tiene: es un imperativo que no hay por qué admitir. Plantea en cambio la vida marcada por una especie de sino bélico, como si la apelación a algún tipo de guerra la arrojara a una dimensión de nobleza. No, de ninguna manera. Es un imperativo inadmisible. Suena a darwinismo ramplón. Una porquería.Descargas
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Publicado
2015-12-23
Número
Sección
Dossier: Homenaje a Pablo Rieznik